ellitoral.com.ar
Domingo 15 de Diciembre de 2019 CORRIENTES24°Pronóstico Extendido clima_nublado

Dolar Compra: $58,00

Dolar Venta: $63,00

Domingo 15 de Diciembre de 2019 CORRIENTES24°Pronóstico Extendido clima_nublado

Dolar Compra: $58,00

Dolar Venta: $63,00

Una maravilla antigua: el coloso de Rodas

Entre las siete maravillas del mundo antiguo figura esta colosal estatua de bronce, de 37 metros de altura, que estuvo ubicada en el puerto de Lindos, en la isla de Rodas, a unos 15 kilómetros de la costa de Turquía. Fue erigida como homenaje a Helios, el dios del Sol.

Colosal. La gran estatua, una maravilla de la época.
Area. La zona donde estaba emplazado el coloso.

Por Francisco Villagrán
villagranmail@gmail.com
Especial para El Litoral

Para la mitología griega antigua, la isla de Rodas era la isla del dios del Sol, Helios y se destacaba como un importante punto de contacto entre Oriente y Occidente, para el comercio de granos, maderas, pieles, lana y esclavos. La ubicación estratégica de la isla quiso ser aprovechada por los griegos, tanto para el comercio como para la guerra.
Aproximadamente en el año 300 a. C., y durante los siguientes 20 años, cientos de artesanos de Rodas, distinguidos en aquel tiempo como expertos forjadores de metales, erigieron una enorme estatua del dios Helios en el puerto de Lindos, para agradecer su protección. La obra estuvo coordinada por Kares, un discípulo del destacado escultor Lisipo. De acuerdo con su autor, se emplearon 12 toneladas de bronce y 7 de hierro para su construcción. Una vez terminado, el coloso alcanzó una altura de 37 metros y su imponente estructura podía verse desde mar adentro. El bronce bruñido y la corona de rayos solares en la cabeza simbolizaban su carácter de dios del Sol. Algunas investigaciones recientes han determinado que la cantidad de bronce utilizada fue relativamente pequeña. Se dice que sólo la capa exterior era de bronce y que, probablemente, fue moldeada sobre un armazón de hierro macizo.
No se sabe con exactitud dónde estaba la estatua. Algunos piensan que se erigía en la entrada del puerto, de manera que los barcos pudieran pasar entre sus piernas. Otros aseguran que se hallaba dentro de la ciudad, para dominar el puerto, mirando hacia el mar. Pese a ello, lo cierto es que durante 56 años el coloso de Rodas maravilló a los navegantes del mar Egeo con su imponente presencia. Nada se asemejaba con el resplandor de la estatua vista desde aguas adentro. Sin embargo, en el año 224 a. C., un violento terremoto derribó la monumental figura y mandó sus restos al fondo del mar, y permanecieron allí por más de 800 años. Hasta hoy los investigadores aún rastrean en el fondo del mar y el puerto en busca de los restos de la estatua, que aún no fueron hallados.
Al parecer, el coloso desapareció definitivamente en el año 653, cuando los ejércitos musulmanes invadieron Rodas y el bronce de la escultura fue llevado a Siria. Se dice que allí un mercader compró las capas de bronce como metal inservible y las fundió, luego de transportarlas en 900 camellos en una gigantesca caravana a través del desierto. Las siete maravillas del mundo antiguo eran los jardines colgantes de Babilonia, el templo de Diana en Efeso, la estatua de Zeus en Olimpia, el mausoleo de Halicarnaso, las pirámides de Gizeh en Egipto, el coloso de Rodas y el faro de Alejandría. De todas ellas, las únicas que permanecen, desafiantes al paso del tiempo, son las pirámides de Gizeh. En cierta forma, el coloso de Rodas tiene una similitud con la estatua de la Libertad, emplazada en la bahía de Nueva York, en la entrada de los Estados Unidos, por los rayos que tiene en la cabeza.

Nueva etapa
Por suerte, para los habitantes de la isla de Rodas, en el año 323 a. C., cesaron las conquistas de Alejandro Magno y Rodas se independizó. Sin embargo, en el año 304 a. C., los griegos intentaron una vez más anexar los 1.400 kilómetros cuadrados de la isla para el imperio. Pero, nuevamente, la fortuna ayudó a la isla, pues en ese entonces Grecia era gobernada por la dinastía de Tolomeo, dedicada principalmente al desarrollo de las artes. Rodas fue defendida con éxito y el ejército triunfador obtuvo un botín de barcos y armas, utilizados por el pueblo de Rodas para costear la construcción de su famoso coloso.
Era común en esa época que los ejércitos que se enfrentaban en guerras, tanto marítimas como en tierra, dejaran un tendal de elementos pertenecientes a los combatientes, espadas, lanzas, escudos, cascos y todo elemento metálico que eran abandonados en los campos de combate, tanto por los perdedores como por los ganadores. Y allí aprovechaban los mercaderes que, como verdaderas aves de rapiña, se llevaban todo lo que podían y lo vendían en otros lugares, a veces, muy distantes de donde había tenido lugar la batalla.
Para eso usaban un verdadero ejército de animales, especialmente camellos por ser más fuertes y grandes para transportar todo lo que de metal podían cargar en ellos. A veces, los metales eran fundidos y otras, vendidos como simples armas a otros ejércitos y así iban pasando de mano en mano. Era común en esa época ver largas caravanas cargadas de muchos materiales metálicos que quedaban tras las batallas, desplazándose en largas filas por el desierto. Muchos de estos metales quizá hayan sido utilizados para la construcción del legendario coloso de Rodas, que fue uno de los emblemas de esa época legendaria en la historia de la humanidad.
En el año 154 a. C., el poeta griego Antípatro de Sidón dio a conocer una lista de las que, a su juicio, eran las muestras más contundentes de la capacidad creadora del hombre y, con el correr del tiempo, esa relación de construcciones espectaculares llegó a conocimiento de toda la gente como las siete maravillas del mundo antiguo.
El tiempo y las distintas circunstancias fueron derrumbando, una a una, estas sensacionales construcciones y en la actualidad, como ya dijimos, las únicas que permanecen incólumes y desafiantes al paso del tiempo, son las pirámides de Egipto.

¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

Una maravilla antigua: el coloso de Rodas

Entre las siete maravillas del mundo antiguo figura esta colosal estatua de bronce, de 37 metros de altura, que estuvo ubicada en el puerto de Lindos, en la isla de Rodas, a unos 15 kilómetros de la costa de Turquía. Fue erigida como homenaje a Helios, el dios del Sol.

Por Francisco Villagrán
villagranmail@gmail.com
Especial para El Litoral

Para la mitología griega antigua, la isla de Rodas era la isla del dios del Sol, Helios y se destacaba como un importante punto de contacto entre Oriente y Occidente, para el comercio de granos, maderas, pieles, lana y esclavos. La ubicación estratégica de la isla quiso ser aprovechada por los griegos, tanto para el comercio como para la guerra.
Aproximadamente en el año 300 a. C., y durante los siguientes 20 años, cientos de artesanos de Rodas, distinguidos en aquel tiempo como expertos forjadores de metales, erigieron una enorme estatua del dios Helios en el puerto de Lindos, para agradecer su protección. La obra estuvo coordinada por Kares, un discípulo del destacado escultor Lisipo. De acuerdo con su autor, se emplearon 12 toneladas de bronce y 7 de hierro para su construcción. Una vez terminado, el coloso alcanzó una altura de 37 metros y su imponente estructura podía verse desde mar adentro. El bronce bruñido y la corona de rayos solares en la cabeza simbolizaban su carácter de dios del Sol. Algunas investigaciones recientes han determinado que la cantidad de bronce utilizada fue relativamente pequeña. Se dice que sólo la capa exterior era de bronce y que, probablemente, fue moldeada sobre un armazón de hierro macizo.
No se sabe con exactitud dónde estaba la estatua. Algunos piensan que se erigía en la entrada del puerto, de manera que los barcos pudieran pasar entre sus piernas. Otros aseguran que se hallaba dentro de la ciudad, para dominar el puerto, mirando hacia el mar. Pese a ello, lo cierto es que durante 56 años el coloso de Rodas maravilló a los navegantes del mar Egeo con su imponente presencia. Nada se asemejaba con el resplandor de la estatua vista desde aguas adentro. Sin embargo, en el año 224 a. C., un violento terremoto derribó la monumental figura y mandó sus restos al fondo del mar, y permanecieron allí por más de 800 años. Hasta hoy los investigadores aún rastrean en el fondo del mar y el puerto en busca de los restos de la estatua, que aún no fueron hallados.
Al parecer, el coloso desapareció definitivamente en el año 653, cuando los ejércitos musulmanes invadieron Rodas y el bronce de la escultura fue llevado a Siria. Se dice que allí un mercader compró las capas de bronce como metal inservible y las fundió, luego de transportarlas en 900 camellos en una gigantesca caravana a través del desierto. Las siete maravillas del mundo antiguo eran los jardines colgantes de Babilonia, el templo de Diana en Efeso, la estatua de Zeus en Olimpia, el mausoleo de Halicarnaso, las pirámides de Gizeh en Egipto, el coloso de Rodas y el faro de Alejandría. De todas ellas, las únicas que permanecen, desafiantes al paso del tiempo, son las pirámides de Gizeh. En cierta forma, el coloso de Rodas tiene una similitud con la estatua de la Libertad, emplazada en la bahía de Nueva York, en la entrada de los Estados Unidos, por los rayos que tiene en la cabeza.

Nueva etapa
Por suerte, para los habitantes de la isla de Rodas, en el año 323 a. C., cesaron las conquistas de Alejandro Magno y Rodas se independizó. Sin embargo, en el año 304 a. C., los griegos intentaron una vez más anexar los 1.400 kilómetros cuadrados de la isla para el imperio. Pero, nuevamente, la fortuna ayudó a la isla, pues en ese entonces Grecia era gobernada por la dinastía de Tolomeo, dedicada principalmente al desarrollo de las artes. Rodas fue defendida con éxito y el ejército triunfador obtuvo un botín de barcos y armas, utilizados por el pueblo de Rodas para costear la construcción de su famoso coloso.
Era común en esa época que los ejércitos que se enfrentaban en guerras, tanto marítimas como en tierra, dejaran un tendal de elementos pertenecientes a los combatientes, espadas, lanzas, escudos, cascos y todo elemento metálico que eran abandonados en los campos de combate, tanto por los perdedores como por los ganadores. Y allí aprovechaban los mercaderes que, como verdaderas aves de rapiña, se llevaban todo lo que podían y lo vendían en otros lugares, a veces, muy distantes de donde había tenido lugar la batalla.
Para eso usaban un verdadero ejército de animales, especialmente camellos por ser más fuertes y grandes para transportar todo lo que de metal podían cargar en ellos. A veces, los metales eran fundidos y otras, vendidos como simples armas a otros ejércitos y así iban pasando de mano en mano. Era común en esa época ver largas caravanas cargadas de muchos materiales metálicos que quedaban tras las batallas, desplazándose en largas filas por el desierto. Muchos de estos metales quizá hayan sido utilizados para la construcción del legendario coloso de Rodas, que fue uno de los emblemas de esa época legendaria en la historia de la humanidad.
En el año 154 a. C., el poeta griego Antípatro de Sidón dio a conocer una lista de las que, a su juicio, eran las muestras más contundentes de la capacidad creadora del hombre y, con el correr del tiempo, esa relación de construcciones espectaculares llegó a conocimiento de toda la gente como las siete maravillas del mundo antiguo.
El tiempo y las distintas circunstancias fueron derrumbando, una a una, estas sensacionales construcciones y en la actualidad, como ya dijimos, las únicas que permanecen incólumes y desafiantes al paso del tiempo, son las pirámides de Egipto.