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Del brillo que enciende pupilas: celestino común

En el tránsito de conocer las aves de la provincia y de la región, hoy abrimos una página para celestino común. Traemos características y las descripciones de dónde fueron tomadas estas fotografías. Además, charlamos con “El Pibe” Ramón Frette de Colonia Carlos Pellegrini, músico y cultor de la lengua guaraní, amante puro de la naturaleza.

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Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleita
Especial para El Litoral

Celestino común (Tangara sayaca), también conocido como semillero. Habita en gran parte de Sudamérica, noroeste y centro de Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Tiene un tamaño aproximado de 18 centímetros, de los cuales 7 a 8 pertenecen a su cola. Los machos tienen la cabeza y cuello azul celeste, más oscuro en lo dorsal. Las alas en su parte superior son de un celeste algo más brillante que el de la cabeza. La hembra presenta colores opacos, con su cuerpo pardo grisáceo. 
Esta ave habita generalmente en matorrales, bosques y hasta en zonas urbanas, acostumbrándose, de ser así, a la presencia del hombre, aunque rara vez se lo ve transitar por el suelo. Son muy prolijos para construir sus nidos con hojas y pastos secos y palitos entrelazados entre sí, en las ramas altas de los árboles. Muy común en época de reproducción -octubre a febrero- es verlos con musgos, pastos suaves, que llevan para darles forma al interior del nido y hacer placentera la incubación de los 3 a 5 huevos que llegan a depositar, como describe en el blog de aves y fotografía Jorge Emir Lludgar.

Naturaleza 
“Para mí, ‘El Pibe’ Frette es como una señal levantada en el medio de la provincia, rodeado del yvera, una señal de nuestra identidad”, así definió en un programa televisivo Julián Zini a Ramón “El Pibe” Frette. En Colonia Carlos Pellegrini, ahí donde el cielo se funde con el agua, donde los pájaros cantan sin parar de árbol en árbol, ahí “El Pibe” Frette sostiene que “el yvera sigue siendo un paraíso de paz. Aquí se respira la naturaleza y el tiempo se detiene”.
Charlamos días atrás por teléfono, una tarde noche donde en la ciudad ya estaban encendiéndose las luces y en Pellegrini todavía seguían cantando los pájaros. El advierte que no es un especialista en aves, sino alguien que goza de la presencia de las aves. “Gozo de las compañías de las aves en este lugar”, subraya. Tiene un pindó frente a su casa y se funde con la naturaleza. “Vivo rodeado por la naturaleza. Cuando voy a la ciudad de Corrientes tengo la sensación de opresión, porque donde salgo hay asfalto, hay coches, un mundo en el que no estoy acostumbrado a vivir. Aquí me siento parte de la naturaleza, en total libertad”. 
José Ramón Frette fue integrante de la primera formación de Los de Imaguaré. Se ha constituido con el paso del tiempo en un especialista del idioma guaraní y ha colaborado en publicaciones sobre el tema. Aves en guaraní se dice guyra, no lleva tilde porque la vocal final nunca se acentúa. Si no hay tilde en una palabra guaraní se da por hecho que la acentuación está en la última vocal. El vive en Pellegrini y cuenta que no cambiará ese lugar por nada del mundo. “Este lugar ahora está en camino de convertirse en algo muy importante, más grande, por ahí nos mete un poco de miedo cómo va a afectar el paisaje que siempre conocimos. Estoy en mi casa, en frente está el sitio del vecino, que es completamente monte, salvo una pequeña entrada que han horadado para hacer un edificio. Entonces siento que el precio que hay que pagar por estar en un mundo más adelantado, más tecnológico, más visitado, es que te van cambiando cosas con las cuales uno estuvo desde hace tiempo familiarizado. Para mí, ser parte de la naturaleza es estar acá afuera de mi casa disfrutando del viento, escuchando el ruido, porque no hay un vecino que esté poniendo música con altoparlantes, porque no hay un coche o una moto que pase. Por momentos nada quiebra esa sensación de escuchar. Cuando vos escuchás algo significa que estás formando parte, porque no se puede escuchar algo sin interiorizarse y sin aplicar ahí todos tus sentidos. Cuando hacés esa intersección entre el objeto que miramos, apreciamos, con nuestra subjetividad es sentirse parte. Soy parte de la naturaleza”. 

Silencio 
Está el viento, el sonido de los pájaros, está el silencio. José Ramón “El Pibe” Frete dice que nunca tuvo miedo al silencio. Cuenta que cuando era chico y escuchaba historias de mitos y leyendas, no tenía miedo al silencio, sino a lo que pudiera romper ese silencio. “Escuchaba historias de que aparecía un silbido, sin embargo, nunca tuve la suerte o el infortunio de escuchar. Porque uno nunca sabe la reacción que puede tener. Algunos decían que escuchaban el silbido del pomberito, yo nunca lo escuché. Así que el silencio nunca fue perturbado. En mi infancia recuerdo que muchas veces en las noches me iba dormir en el patio, con una tela mosquitera porque no había luz eléctrica. En el patio disfrutaba del silencio, de la luz de la luna, para mí el silencio me trae a la palabra disfrutar, placer, no me da miedo”. 

Música 
Es músico intuitivo. En Mercedes, Corrientes, formó parte de la primera formación del grupo Los de Imaguaré. Cuenta que aprendió música sin que nadie le enseñe. “Cuando era muy chico escuchaba el viento que tiene múltiples voces, porque te trae el sonido de una rama, te trae el aleteo de un pájaro, te trae el movimiento de ciertas hojas; todo eso se asocia a un ritmo. Esos sonidos inconexos uno los asocia a un ritmo. Cualquier ruido es una nota; aprendí a escuchar esa música. Me gustaba viajar, por ejemplo, arriba de un camión donde el viento me silbaba; ahí imaginaba melodías, hasta hoy me pasa eso. Ahora estoy conversando con vos y escucho un crepitar mientras aparece una sucesión de notas una tras otra. Ahora bien, es difícil plasmar eso en una sucesión melódica, pero como oyente escucho música en el sonido del viento y quizás algo de todo eso se transfiera a la manera de ejecutar la guitarra o cantar”, explica. Mientras se va cortando literalmente la charla confiesa que no cambia vivir en Pellegrini por nada del mundo. “Lo único que pienso es dónde descansarán mis huesos. Me gustaría que fuera aquí, en mi casa”, cuenta y los silbidos de las aves vuelven a ganar a su voz en el teléfono. Cuelgo el teléfono y alzo la mirada, primero las paredes del lugar, más allá el asfalto, las motos, los autos. Ahora el teclado, el sol remoto bañando algún paisaje mientras él sigue ahí en Pellegrini, imbricado con la naturaleza, siendo parte y siendo todo un canto. 

Primavera
Con el clima que empieza a percibirse en estos días, el que como estación del año arrancó ayer con el nombre de primavera, especies de aves que no se veían hasta hace poco comienzan a ser observadas o escuchadas. Sin embargo, hay otras que se encuentran todo el año, solo que más activas, aun en la estación de las flores. Entre esas está el celestino, una de las aves que le da identidad natural y cultural a la región del litoral. 
Desde muy temprano su trino nos anuncia la característica hiperactividad y movimiento en los árboles, tanto por las frutas como por las flores. Llegan, van, se cruzan entre sus pares, observan rápidamente su entorno, trinan, van y vuelven. Mientras, en ese tiempo, detrás de las ramas cuando otoño o de las hojas ahora, nos brindan oportunidades de observarlas, registrarlas o capturarlas con la cámara. 
Una de las imágenes que hoy nos acompaña fue tomada en un pequeño monte, con lomadas de pastizal y esteros. Allí llegaban con sus rápidos movimientos varios individuos, a un árbol de tala, a sus pequeñas frutas de color verde. Sin embargo, viendo al celestino comer, se descubría aquello que los atraía y hacía enchastrar de amarillo su pico gris blanquecino. 
El otro registro es de un solitario arbusto cercano a la ruta, que servía de observatorio del ave, pero a la vez de restaurante al paso. Aunque a veces pareciera que abundan y por ello lo podremos encontrar en otro lugar; nunca está de más volver a verlos, detenernos y dejar que nos guíen acerca de nuevos frutos o caminos alados que no siempre percibimos. Además, gris o con sol, su plumaje azulado siempre nos estará regalando el brillo que enciende las pupilas.

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Del brillo que enciende pupilas: celestino común

En el tránsito de conocer las aves de la provincia y de la región, hoy abrimos una página para celestino común. Traemos características y las descripciones de dónde fueron tomadas estas fotografías. Además, charlamos con “El Pibe” Ramón Frette de Colonia Carlos Pellegrini, músico y cultor de la lengua guaraní, amante puro de la naturaleza.

Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleita
Especial para El Litoral

Celestino común (Tangara sayaca), también conocido como semillero. Habita en gran parte de Sudamérica, noroeste y centro de Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay. Tiene un tamaño aproximado de 18 centímetros, de los cuales 7 a 8 pertenecen a su cola. Los machos tienen la cabeza y cuello azul celeste, más oscuro en lo dorsal. Las alas en su parte superior son de un celeste algo más brillante que el de la cabeza. La hembra presenta colores opacos, con su cuerpo pardo grisáceo. 
Esta ave habita generalmente en matorrales, bosques y hasta en zonas urbanas, acostumbrándose, de ser así, a la presencia del hombre, aunque rara vez se lo ve transitar por el suelo. Son muy prolijos para construir sus nidos con hojas y pastos secos y palitos entrelazados entre sí, en las ramas altas de los árboles. Muy común en época de reproducción -octubre a febrero- es verlos con musgos, pastos suaves, que llevan para darles forma al interior del nido y hacer placentera la incubación de los 3 a 5 huevos que llegan a depositar, como describe en el blog de aves y fotografía Jorge Emir Lludgar.

Naturaleza 
“Para mí, ‘El Pibe’ Frette es como una señal levantada en el medio de la provincia, rodeado del yvera, una señal de nuestra identidad”, así definió en un programa televisivo Julián Zini a Ramón “El Pibe” Frette. En Colonia Carlos Pellegrini, ahí donde el cielo se funde con el agua, donde los pájaros cantan sin parar de árbol en árbol, ahí “El Pibe” Frette sostiene que “el yvera sigue siendo un paraíso de paz. Aquí se respira la naturaleza y el tiempo se detiene”.
Charlamos días atrás por teléfono, una tarde noche donde en la ciudad ya estaban encendiéndose las luces y en Pellegrini todavía seguían cantando los pájaros. El advierte que no es un especialista en aves, sino alguien que goza de la presencia de las aves. “Gozo de las compañías de las aves en este lugar”, subraya. Tiene un pindó frente a su casa y se funde con la naturaleza. “Vivo rodeado por la naturaleza. Cuando voy a la ciudad de Corrientes tengo la sensación de opresión, porque donde salgo hay asfalto, hay coches, un mundo en el que no estoy acostumbrado a vivir. Aquí me siento parte de la naturaleza, en total libertad”. 
José Ramón Frette fue integrante de la primera formación de Los de Imaguaré. Se ha constituido con el paso del tiempo en un especialista del idioma guaraní y ha colaborado en publicaciones sobre el tema. Aves en guaraní se dice guyra, no lleva tilde porque la vocal final nunca se acentúa. Si no hay tilde en una palabra guaraní se da por hecho que la acentuación está en la última vocal. El vive en Pellegrini y cuenta que no cambiará ese lugar por nada del mundo. “Este lugar ahora está en camino de convertirse en algo muy importante, más grande, por ahí nos mete un poco de miedo cómo va a afectar el paisaje que siempre conocimos. Estoy en mi casa, en frente está el sitio del vecino, que es completamente monte, salvo una pequeña entrada que han horadado para hacer un edificio. Entonces siento que el precio que hay que pagar por estar en un mundo más adelantado, más tecnológico, más visitado, es que te van cambiando cosas con las cuales uno estuvo desde hace tiempo familiarizado. Para mí, ser parte de la naturaleza es estar acá afuera de mi casa disfrutando del viento, escuchando el ruido, porque no hay un vecino que esté poniendo música con altoparlantes, porque no hay un coche o una moto que pase. Por momentos nada quiebra esa sensación de escuchar. Cuando vos escuchás algo significa que estás formando parte, porque no se puede escuchar algo sin interiorizarse y sin aplicar ahí todos tus sentidos. Cuando hacés esa intersección entre el objeto que miramos, apreciamos, con nuestra subjetividad es sentirse parte. Soy parte de la naturaleza”. 

Silencio 
Está el viento, el sonido de los pájaros, está el silencio. José Ramón “El Pibe” Frete dice que nunca tuvo miedo al silencio. Cuenta que cuando era chico y escuchaba historias de mitos y leyendas, no tenía miedo al silencio, sino a lo que pudiera romper ese silencio. “Escuchaba historias de que aparecía un silbido, sin embargo, nunca tuve la suerte o el infortunio de escuchar. Porque uno nunca sabe la reacción que puede tener. Algunos decían que escuchaban el silbido del pomberito, yo nunca lo escuché. Así que el silencio nunca fue perturbado. En mi infancia recuerdo que muchas veces en las noches me iba dormir en el patio, con una tela mosquitera porque no había luz eléctrica. En el patio disfrutaba del silencio, de la luz de la luna, para mí el silencio me trae a la palabra disfrutar, placer, no me da miedo”. 

Música 
Es músico intuitivo. En Mercedes, Corrientes, formó parte de la primera formación del grupo Los de Imaguaré. Cuenta que aprendió música sin que nadie le enseñe. “Cuando era muy chico escuchaba el viento que tiene múltiples voces, porque te trae el sonido de una rama, te trae el aleteo de un pájaro, te trae el movimiento de ciertas hojas; todo eso se asocia a un ritmo. Esos sonidos inconexos uno los asocia a un ritmo. Cualquier ruido es una nota; aprendí a escuchar esa música. Me gustaba viajar, por ejemplo, arriba de un camión donde el viento me silbaba; ahí imaginaba melodías, hasta hoy me pasa eso. Ahora estoy conversando con vos y escucho un crepitar mientras aparece una sucesión de notas una tras otra. Ahora bien, es difícil plasmar eso en una sucesión melódica, pero como oyente escucho música en el sonido del viento y quizás algo de todo eso se transfiera a la manera de ejecutar la guitarra o cantar”, explica. Mientras se va cortando literalmente la charla confiesa que no cambia vivir en Pellegrini por nada del mundo. “Lo único que pienso es dónde descansarán mis huesos. Me gustaría que fuera aquí, en mi casa”, cuenta y los silbidos de las aves vuelven a ganar a su voz en el teléfono. Cuelgo el teléfono y alzo la mirada, primero las paredes del lugar, más allá el asfalto, las motos, los autos. Ahora el teclado, el sol remoto bañando algún paisaje mientras él sigue ahí en Pellegrini, imbricado con la naturaleza, siendo parte y siendo todo un canto. 

Primavera
Con el clima que empieza a percibirse en estos días, el que como estación del año arrancó ayer con el nombre de primavera, especies de aves que no se veían hasta hace poco comienzan a ser observadas o escuchadas. Sin embargo, hay otras que se encuentran todo el año, solo que más activas, aun en la estación de las flores. Entre esas está el celestino, una de las aves que le da identidad natural y cultural a la región del litoral. 
Desde muy temprano su trino nos anuncia la característica hiperactividad y movimiento en los árboles, tanto por las frutas como por las flores. Llegan, van, se cruzan entre sus pares, observan rápidamente su entorno, trinan, van y vuelven. Mientras, en ese tiempo, detrás de las ramas cuando otoño o de las hojas ahora, nos brindan oportunidades de observarlas, registrarlas o capturarlas con la cámara. 
Una de las imágenes que hoy nos acompaña fue tomada en un pequeño monte, con lomadas de pastizal y esteros. Allí llegaban con sus rápidos movimientos varios individuos, a un árbol de tala, a sus pequeñas frutas de color verde. Sin embargo, viendo al celestino comer, se descubría aquello que los atraía y hacía enchastrar de amarillo su pico gris blanquecino. 
El otro registro es de un solitario arbusto cercano a la ruta, que servía de observatorio del ave, pero a la vez de restaurante al paso. Aunque a veces pareciera que abundan y por ello lo podremos encontrar en otro lugar; nunca está de más volver a verlos, detenernos y dejar que nos guíen acerca de nuevos frutos o caminos alados que no siempre percibimos. Además, gris o con sol, su plumaje azulado siempre nos estará regalando el brillo que enciende las pupilas.