Stanovnik instó a tener un corazón de peregrino para no ser vagabundo o errante
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Stanovnik instó a tener un corazón de peregrino para no ser vagabundo o errante

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El arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, quien peregrinó en varias oportunidades, no pudo hacerlo este año por encontrarse en Buenos Aires realizando un tratamiento médico posoperatorio, pero envió un mensaje a quienes caminaron en esta 40ª edición.
Además de destacar el legado histórico de esta experiencia y lo que significa en la región, dijo que “peregrinar es una de las experiencias más humanas y entre las que mejor expresan la condición del ser humano sobre la tierra. Una afirmación obvia: estamos de paso en esta vida. Pero la obviedad de esa realidad la desconocemos a cada paso: nos comportamos como si viviéramos para siempre en esta tierra. Y eso nos lleva a poner el corazón en los bienes materiales, que acumulamos y, en realidad, no sabemos bien para qué lo hacemos; nos apegamos a las personas para sentirnos protegidos o, al contrario, pretendemos poseerlas porque eso nos da la falsa sensación de creernos fuertes e inmortales.
Lo opuesto a peregrino es errante o vagabundo. Vagabundo es el que gira sin ninguna dirección, porque no la tiene en su corazón. Es un hombre frágil y expuesto a sensaciones ocasionales. La persona errante inevitablemente se convierte en adicta: es un corazón vacío de motivaciones, de sentido y de dirección en la vida, compromete su existencia con lo que tiene más a mano para olvidar y negar su triste condición: alcohol, droga, sexo. O también algo más refinado como son las ideologías, a las cuales se adhiere con un fanatismo irracional, convirtiéndose en un ser violento, incapaz para el diálogo abierto y la convivencia respetuosa en la pluralidad de opiniones y modos de vida”.
En el mensaje que envió radio San Cayetano, el prelado destacó que “en cambio, el peregrino no se adhiere a nada en este mundo, porque tiene su meta puesta más allá, y esa meta lo abarca de tal modo que no hay nada que le pueda robar el corazón. Todo lo vive en esa la luz que le llega desde la meta: en nuestro caso, desde el maravilloso misterio que se revela en la Tierna Madre de Itatí”.
“Entonces, el peregrino que tiene claro hacia dónde se dirige su vida, no se desentiende de lo que pasa alrededor suyo. Todo lo contrario, sus vínculos con los otros, en la familia, en el trabajo, en el negocio, en la escuela, en la función pública, lo vive iluminado desde la luz de la fe”. Además resaltó “el peregrino es fraterno y solidario por naturaleza; es paciente, dialogal, y siempre busca crear lazos de amistad”.
En la parte  final de su misiva, dijo: “Gracias, hermanas y hermanos correntinos, por la experiencia de peregrino de la Virgen que ustedes me regalaron y que ustedes viven con tanta fe y entusiasmo. El ser peregrino está en sus raíces, es parte innegable de su identidad, y, al mismo tiempo también de su misión”.

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Stanovnik instó a tener un corazón de peregrino para no ser vagabundo o errante

El arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, quien peregrinó en varias oportunidades, no pudo hacerlo este año por encontrarse en Buenos Aires realizando un tratamiento médico posoperatorio, pero envió un mensaje a quienes caminaron en esta 40ª edición.
Además de destacar el legado histórico de esta experiencia y lo que significa en la región, dijo que “peregrinar es una de las experiencias más humanas y entre las que mejor expresan la condición del ser humano sobre la tierra. Una afirmación obvia: estamos de paso en esta vida. Pero la obviedad de esa realidad la desconocemos a cada paso: nos comportamos como si viviéramos para siempre en esta tierra. Y eso nos lleva a poner el corazón en los bienes materiales, que acumulamos y, en realidad, no sabemos bien para qué lo hacemos; nos apegamos a las personas para sentirnos protegidos o, al contrario, pretendemos poseerlas porque eso nos da la falsa sensación de creernos fuertes e inmortales.
Lo opuesto a peregrino es errante o vagabundo. Vagabundo es el que gira sin ninguna dirección, porque no la tiene en su corazón. Es un hombre frágil y expuesto a sensaciones ocasionales. La persona errante inevitablemente se convierte en adicta: es un corazón vacío de motivaciones, de sentido y de dirección en la vida, compromete su existencia con lo que tiene más a mano para olvidar y negar su triste condición: alcohol, droga, sexo. O también algo más refinado como son las ideologías, a las cuales se adhiere con un fanatismo irracional, convirtiéndose en un ser violento, incapaz para el diálogo abierto y la convivencia respetuosa en la pluralidad de opiniones y modos de vida”.
En el mensaje que envió radio San Cayetano, el prelado destacó que “en cambio, el peregrino no se adhiere a nada en este mundo, porque tiene su meta puesta más allá, y esa meta lo abarca de tal modo que no hay nada que le pueda robar el corazón. Todo lo vive en esa la luz que le llega desde la meta: en nuestro caso, desde el maravilloso misterio que se revela en la Tierna Madre de Itatí”.
“Entonces, el peregrino que tiene claro hacia dónde se dirige su vida, no se desentiende de lo que pasa alrededor suyo. Todo lo contrario, sus vínculos con los otros, en la familia, en el trabajo, en el negocio, en la escuela, en la función pública, lo vive iluminado desde la luz de la fe”. Además resaltó “el peregrino es fraterno y solidario por naturaleza; es paciente, dialogal, y siempre busca crear lazos de amistad”.
En la parte  final de su misiva, dijo: “Gracias, hermanas y hermanos correntinos, por la experiencia de peregrino de la Virgen que ustedes me regalaron y que ustedes viven con tanta fe y entusiasmo. El ser peregrino está en sus raíces, es parte innegable de su identidad, y, al mismo tiempo también de su misión”.