Más libre y puro, cuervillo de cañada
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Más libre y puro, cuervillo de cañada

Comienza un nuevo mes y vamos a mostrar más aves en vuelo. En cada domingo iremos uniendo cuestiones que liberadas y abiertas nos conectan con la vida. En esta oportunidad tenemos la metáfora de volar con la lengua guaraní: “Está vinculada al poder hacer y al poder ser de algún modo más libres”, sostiene Carolina Gandulfo, nuestra entrevistada. 

Por Paulo Ferreyra
Abel Fleita
Especial para El Litoral

El nombre científico del cuervillo de cañada es Plegadis chihi. En esta ocasión contaremos que la primera palabra, de origen griego, hace referencia a la forma curva del pico, que es semejante a una hoz o guadaña. La segunda parte –chihi-, está relacionada a su vocalización. En la región del litoral también se lo conoce como “carau í”, debido a su parecido con el carau. Al ser más pequeño se le agrega la vocal “í”, que en lengua guaraní significa “chico”.
Aprovecharemos a detallar que el cuervillo de cañada mide unos 40 centímetros, mientras el carau posee 54. Pertenece a la familia Threskiornithidae, que además está integrada por bandurrias y espátulas. 
El cuervillo de cañada vive en ambientes húmedos o acuáticos y se alimenta de invertebrados, peces o de la materia vegetal disponible. Son muy sociables, por lo que a veces podremos verlos comer en grupos pequeños o grandes y hasta cruzarnos con bandadas, que nos llevará una decena de minutos observarlos de principio a fin.  Anidan en colonias, construidas entre juncos y donde mejor protegidos se sienten. Se distribuyen en casi todo el país, a excepción de la zona más austral y los andes.  
Para aproximarnos con mayor detalle a la especie de hoy traeremos a nuestra memoria a otra ave, el cuervillo cara pelada, a quien abordamos en esta sección el año pasado y que junto al carau conforman una tríada de diferencias y semejanzas para tener en cuenta. Basándonos en la imagen del cuervillo de cañada, veremos que es en general de color negruzco, al igual que su pico. Con la luz del sol, su plumaje se torna verde. En relación al cuervillo cara pelada, como su nombre lo indica, tendremos en cuenta el color rosado del pico descubierto. 
En tanto, el carau es más grande que ambos, el cuello posee un nevado blanco y su pico amarillento finaliza en punta, para alimentarse de caracoles. Si están en pleno vuelo estas tres especies, en el carau prestaremos atención a las alas, que en especial las agita hacia arriba, de forma sincopada y el cuello estirado hacia abajo. Estaremos en mayores problemas si en el cielo nos encontramos con bandadas de cuervillos. Sin embargo, un aspecto clave a tener en cuenta serán las extremidades. Si solo vemos la cola negra y recta, es el cuervillo cara pelada. Pero si las patas están descubiertas y se las observa luego de la cola y a simple vista, se trata de la especie que hoy nos ocupa, el cuervillo de cañada.  

Avañee oveve onia 
Hace varios años que está estudiando la cuestión guaraní en Corrientes. Con el tiempo también fue moviéndose hacia donde la lengua la lleva. Hizo su tesis de maestría en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones, tras ello publicó el libro “Entiendo, pero No Hablo. El guaraní “acorrentinado” en una escuela rural: usos y significaciones.” Ahora concluyó una nueva tesis para su doctorado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, el título es Había Sido que Soy Bilingüe. Aquí pretende explicar los procesos emergentes que están ocurriendo en los últimos diez años. Ahí describe cómo la gente empieza a identificarse con el guaraní, cómo se usa más abiertamente y cómo se visibiliza la lengua. También revela cómo están ocurriendo nuevos usos de la lengua que antes no había. 
“Hoy tengo un equipo de trabajo bastante grande, chicos y chicas jóvenes, además de docentes y niños que también participan del proyecto”, explica Carolina Gandulfo. “Tengo un equipo que trabaja en distintas zonas a las cuales habitualmente visito: Colonia La Elisa en San Roque, Arroyo Pontón y Albardón Norte, en San Luis del Palmar”. 
En su nueva tesis se podrá encontrar la reconstrucción la transmisión de dos grupos familiares. El mismo se realizó en función de recoger testimonios y reconstruir la memoria oral. “Es decir, aclara, estudié la transmisión intergeneracional del guaraní en dos grupos familiares del interior de Corrientes. El trabajo concluye retomando el inicio, sobre un trabajo que hice en Colonia Elisa con los chicos y los maestros. Así se vislumbra la emergencia de los nuevos usos de la lengua, de la visibilización del guaraní. Tomo, podríamos decir una categoría que usa la gente como categoría teórica que es la habilitación. Así como en el primer libro hablé de la prohibición aquí se habla de la habilitación”. 
Carolina se entusiasma, su voz se oye viva, enérgica, pletórica de vida, aunque diga que ya es una mujer grande y que peina canas. El sol riega todo a su alrededor, se confiesa afortunada de poder estar cerca de un campo y caminar, el paisaje es un rostro amable que le sonríe. 
Se perdió el miedo a usar el guaraní en distintos ámbitos de la provincia, incluso dentro del sistema educativo. “Algo de eso hay”, desliza al tiempo que advierte que no lo llama miedo, pero sí “es cierto que antes había vergüenza, temor por usar esta lengua. La metáfora del vuelo de las aves y la libertad para expresarse en esta lengua está vinculada al poder ser y al poder ser de algún modo más libres”, subraya Galdulfo. 
“La lengua es el alma de las personas, es muy poderosa. En múltiples sentidos, no exclusivamente en términos discursivos. En los últimos años hemos visto o aprendido cosas de los niños guaraní hablantes. Esos niños son los que en su momento nos alertaron su situación para empezar a estudiar. Los chicos guaraní hablantes en la escuela eran los más silenciosos, los más marginados, los más callados, no se expresaban ni en guaraní ni en castellano. Antes estaba la creencia de que si hablabas guaraní no ibas hablar castellano”, cuenta. “Ahí tenés una cara de la moneda, la otra cara es que no hace pocos años descubro que tenemos una población de niños muy importantes que es bilingüe con una alta competencia del castellano. 
En ellos queda totalmente invisibilizado su guaraní. No te enterás que hablan guaraní porque se expresan muy bien en castellano. Tienen una baja marca del guaraní en su castellano. Estos niños son los que hoy tienen contacto con la radio, la televisión, internet, redes sociales. Ellos tienen un nivel de castellano que pasan desapercibido para los que buscamos esa marca guaraní. Parece verse un nivel de libertad y autonomía más alto de expresión hoy en los jóvenes del interior de Corrientes”.  

Fotografías en vuelo 
Para llevar adelante el concepto del mes que acaba de iniciar, utilizaremos una imagen del perfil del ave posando y otra que estará en vuelo, como la de hoy, donde además son las siluetas las que se destacan en el cielo. 
El primer registro es de una tarde en que un cuervillo permaneció alimentándose sobre el borde de un pequeño estero. La siguiente imagen es de principios del mes de marzo. Se observan tres individuos, de un grupo de cuarenta que pasaron en las últimas jornadas de salida a campo. Aún perdura el viento entre las alas y aquel inmenso cielo, el mismo que hoy alimenta el recuerdo desde la ventana. 

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Más libre y puro, cuervillo de cañada

Comienza un nuevo mes y vamos a mostrar más aves en vuelo. En cada domingo iremos uniendo cuestiones que liberadas y abiertas nos conectan con la vida. En esta oportunidad tenemos la metáfora de volar con la lengua guaraní: “Está vinculada al poder hacer y al poder ser de algún modo más libres”, sostiene Carolina Gandulfo, nuestra entrevistada. 

Por Paulo Ferreyra
Abel Fleita
Especial para El Litoral

El nombre científico del cuervillo de cañada es Plegadis chihi. En esta ocasión contaremos que la primera palabra, de origen griego, hace referencia a la forma curva del pico, que es semejante a una hoz o guadaña. La segunda parte –chihi-, está relacionada a su vocalización. En la región del litoral también se lo conoce como “carau í”, debido a su parecido con el carau. Al ser más pequeño se le agrega la vocal “í”, que en lengua guaraní significa “chico”.
Aprovecharemos a detallar que el cuervillo de cañada mide unos 40 centímetros, mientras el carau posee 54. Pertenece a la familia Threskiornithidae, que además está integrada por bandurrias y espátulas. 
El cuervillo de cañada vive en ambientes húmedos o acuáticos y se alimenta de invertebrados, peces o de la materia vegetal disponible. Son muy sociables, por lo que a veces podremos verlos comer en grupos pequeños o grandes y hasta cruzarnos con bandadas, que nos llevará una decena de minutos observarlos de principio a fin.  Anidan en colonias, construidas entre juncos y donde mejor protegidos se sienten. Se distribuyen en casi todo el país, a excepción de la zona más austral y los andes.  
Para aproximarnos con mayor detalle a la especie de hoy traeremos a nuestra memoria a otra ave, el cuervillo cara pelada, a quien abordamos en esta sección el año pasado y que junto al carau conforman una tríada de diferencias y semejanzas para tener en cuenta. Basándonos en la imagen del cuervillo de cañada, veremos que es en general de color negruzco, al igual que su pico. Con la luz del sol, su plumaje se torna verde. En relación al cuervillo cara pelada, como su nombre lo indica, tendremos en cuenta el color rosado del pico descubierto. 
En tanto, el carau es más grande que ambos, el cuello posee un nevado blanco y su pico amarillento finaliza en punta, para alimentarse de caracoles. Si están en pleno vuelo estas tres especies, en el carau prestaremos atención a las alas, que en especial las agita hacia arriba, de forma sincopada y el cuello estirado hacia abajo. Estaremos en mayores problemas si en el cielo nos encontramos con bandadas de cuervillos. Sin embargo, un aspecto clave a tener en cuenta serán las extremidades. Si solo vemos la cola negra y recta, es el cuervillo cara pelada. Pero si las patas están descubiertas y se las observa luego de la cola y a simple vista, se trata de la especie que hoy nos ocupa, el cuervillo de cañada.  

Avañee oveve onia 
Hace varios años que está estudiando la cuestión guaraní en Corrientes. Con el tiempo también fue moviéndose hacia donde la lengua la lleva. Hizo su tesis de maestría en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones, tras ello publicó el libro “Entiendo, pero No Hablo. El guaraní “acorrentinado” en una escuela rural: usos y significaciones.” Ahora concluyó una nueva tesis para su doctorado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, el título es Había Sido que Soy Bilingüe. Aquí pretende explicar los procesos emergentes que están ocurriendo en los últimos diez años. Ahí describe cómo la gente empieza a identificarse con el guaraní, cómo se usa más abiertamente y cómo se visibiliza la lengua. También revela cómo están ocurriendo nuevos usos de la lengua que antes no había. 
“Hoy tengo un equipo de trabajo bastante grande, chicos y chicas jóvenes, además de docentes y niños que también participan del proyecto”, explica Carolina Gandulfo. “Tengo un equipo que trabaja en distintas zonas a las cuales habitualmente visito: Colonia La Elisa en San Roque, Arroyo Pontón y Albardón Norte, en San Luis del Palmar”. 
En su nueva tesis se podrá encontrar la reconstrucción la transmisión de dos grupos familiares. El mismo se realizó en función de recoger testimonios y reconstruir la memoria oral. “Es decir, aclara, estudié la transmisión intergeneracional del guaraní en dos grupos familiares del interior de Corrientes. El trabajo concluye retomando el inicio, sobre un trabajo que hice en Colonia Elisa con los chicos y los maestros. Así se vislumbra la emergencia de los nuevos usos de la lengua, de la visibilización del guaraní. Tomo, podríamos decir una categoría que usa la gente como categoría teórica que es la habilitación. Así como en el primer libro hablé de la prohibición aquí se habla de la habilitación”. 
Carolina se entusiasma, su voz se oye viva, enérgica, pletórica de vida, aunque diga que ya es una mujer grande y que peina canas. El sol riega todo a su alrededor, se confiesa afortunada de poder estar cerca de un campo y caminar, el paisaje es un rostro amable que le sonríe. 
Se perdió el miedo a usar el guaraní en distintos ámbitos de la provincia, incluso dentro del sistema educativo. “Algo de eso hay”, desliza al tiempo que advierte que no lo llama miedo, pero sí “es cierto que antes había vergüenza, temor por usar esta lengua. La metáfora del vuelo de las aves y la libertad para expresarse en esta lengua está vinculada al poder ser y al poder ser de algún modo más libres”, subraya Galdulfo. 
“La lengua es el alma de las personas, es muy poderosa. En múltiples sentidos, no exclusivamente en términos discursivos. En los últimos años hemos visto o aprendido cosas de los niños guaraní hablantes. Esos niños son los que en su momento nos alertaron su situación para empezar a estudiar. Los chicos guaraní hablantes en la escuela eran los más silenciosos, los más marginados, los más callados, no se expresaban ni en guaraní ni en castellano. Antes estaba la creencia de que si hablabas guaraní no ibas hablar castellano”, cuenta. “Ahí tenés una cara de la moneda, la otra cara es que no hace pocos años descubro que tenemos una población de niños muy importantes que es bilingüe con una alta competencia del castellano. 
En ellos queda totalmente invisibilizado su guaraní. No te enterás que hablan guaraní porque se expresan muy bien en castellano. Tienen una baja marca del guaraní en su castellano. Estos niños son los que hoy tienen contacto con la radio, la televisión, internet, redes sociales. Ellos tienen un nivel de castellano que pasan desapercibido para los que buscamos esa marca guaraní. Parece verse un nivel de libertad y autonomía más alto de expresión hoy en los jóvenes del interior de Corrientes”.  

Fotografías en vuelo 
Para llevar adelante el concepto del mes que acaba de iniciar, utilizaremos una imagen del perfil del ave posando y otra que estará en vuelo, como la de hoy, donde además son las siluetas las que se destacan en el cielo. 
El primer registro es de una tarde en que un cuervillo permaneció alimentándose sobre el borde de un pequeño estero. La siguiente imagen es de principios del mes de marzo. Se observan tres individuos, de un grupo de cuarenta que pasaron en las últimas jornadas de salida a campo. Aún perdura el viento entre las alas y aquel inmenso cielo, el mismo que hoy alimenta el recuerdo desde la ventana.