Qué son la nación y el pacto de convivencia
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Qué son la nación y el pacto de convivencia

Por Noel Breard
El autor es senador provincial
Especial para El Litoral

Es un día para repensar... ¿hay un concepto único de Nación? La respuesta categórica es no. Distintos autores y de acuerdo con la nacionalidad fueron definiendo y construyendo dicha invención humana.
En un análisis primario podemos decir que países expansionistas, conquistadores históricamente, que tuvieron movilidad migratoria, que se distribuyeron por el mundo, los países clásicos europeos eligieron este concepto generalmente, aunque hay excepciones
El concepto de nacionalidad, para determinar, acudió al principio ius sanguinis y los países nuevos emergentes generalmente eligieron el principio ius soli, con el ius sanguinis una persona adquiere la nacionalidad de un país en función de su origen, recibe la nacionalidad de sus padres independientemente donde ha nacido, el ius soli otorga la nacionalidad a aquellos nacidos en territorio nacional.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 sostiene en su artículo 15 que “toda persona tiene derecho a una nacionalidad”; la Convención Americana de los Derechos Humanos de 1969 Pacto San José de Costa Rica, en su artículo 20, también reconoce ese derecho.
En Ciencias Políticas, algunos autores construyen a la nacionalidad en base a la etnia, otros por la raza, religión, lengua, y dan sus razones, es conocido el intercambio epistolar entre el filósofo historiador Joseph Ernest Renan (francés) con Strauss (alemán) y en la discusión después de la guerra franco-prusiana del año 1870-1871, Alsasia y Lorena pasan a Alemania después del triunfo y como parte del tratado de paz el autor alemán en su carta da razones de etnia y varias circunstancias de por qué Alsacia y Lorena eran alemanes. Renan le dice mire... “Suiza está sólidamente construida con tres lenguas, tres razas, dos religiones y es una nación”.
La Unión Soviética (1917-1991) unificó y mantuvo una ideología triunfante con su unidad, luego con la caída en el año 1991 la Unión Soviética, por la declinación del comunismo, termina en la implosión de 15 nuevos países en base a sus históricos nacionalismos, diferentes y acorralados.
Y si sumamos al análisis a Polonia, que en su proceso histórico fue ocupada por distintas potencias, después fue repartida entre varios países, por ejemplo Alemania y Rusia, y luego gracias a su nacionalismo se reconstituyó y rearmo su país, se ve la importancia de la Nación como elemento aglutinante.
Siguiendo el pensamiento de Renan que dice que “un país no es la simple suma de los individuos que lo componen, es un alma, una conciencia, una persona que es más que las sumas de las partes, un resultado vivo”, una nación es pues una solidaridad constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y los sacrificios que todavía se están dispuestos a hacer, supone un gerundio continuo, supone un pasado común, se resume en un presente por un hecho tangible y un futuro de continuar juntos, y afirma aún más, es “un plebiscito de todos los días” y esto se explica por qué dice claramente, esto es más allá de la raza, religión, lengua, es un principio espiritual que garantiza continuidad con la voluntad de una comunidad determinada de querer estar juntos y tener imaginarios comunes a futuro que los contiene y proyecta generando una cohesión social sólida y sustentable más allá de las adversidades y sacrificios.
La patria es lo que se ama, la casa común, y volviendo a esa anexión maldita de Alsacia y Lorena a Alemania después del triunfo prusiano en el año 1871, dice Renan puede ser que Alsacia y Lorena sean alemanas por la raza y la lengua pero, por la nacionalidad y por el sentimiento de la patria, son francesas desde la revolución francesa, ellos compartieron todos los destinos franceses, todas nuestras guerras, todo lo que sentíamos y vivíamos. Ellos lo vivían y pensaban, compartieron nuestras alegrías y dolores.
Renan va neutralizando con su construcción intelectual cuando querían atropellar con la lengua, religión, raza, etc., por eso Renan es, en mi idea, lo mejor en definir en su famosa conferencia en la Sorbona ¿Qué es una nación? y en su libro.
Es importante recordar aquí los cantos espartanos: “Somos lo que vosotros fuisteis, seremos lo que vosotros sois, es un himno compendiado de toda la patria”.
La síntesis seria “en el pasado una herencia de gloria y de fracasos a compartir, en el porvenir, un mismo programa a realizar, haber sufrido, disfrutado y esperado juntos”.
Y redondeando la idea de Renan al introducir el elemento espiritual y voluntad común de vivencia continuas y objetivos imaginarios a futuros comunes y un plebiscito de todos los días, de estar juntos, destruye y nos libra de que los elementos aglutinadores sean la lengua, raza o religión, y este aporte además si fuera todo lo que él cuestiona ese concepto de nación nos sitúa afuera y definido en el pasado y a nuestra espalda con lo cual es un concepto pétreo que nos es dado y no tenemos nada que hacer. La nación sería “algo que es” y no “algo que se hace”, este aporte dinámico y con visión de futuro que lo tenemos que seguir construyendo nos da responsabilidad y nos obliga a cuidar juntos nuestra causa común. Como mandato de la hora un país con nación e imaginario colectivo comunes nos obliga a que el que gana tiene derecho a imponer sus ideas respetando la casa común, los valores democráticos compartidos, el Estado de Derecho, los Derechos Humanos, fundamentalmente el pacto de convivencia, que los derechos fundamentales y los derechos de las minorías, que sino no se respetan la justicia independiente debe poner en su lugar, porque precisamente su legitimidad democrática de justicia no está en la mayoría sino en defender los derechos fundamentales y los derechos de las minorías, esta es la regla de oro de una nación democrática, el que gobierna tiene derecho a imponer su plan conforme a los límites que impone nuestra Constitución Nacional.
Esto que expresamos nos crea el interrogante que se planteó el primer ministro británico, Benjamin Disraeli, en su momento de una Inglaterra desigual, injusta y fragmentada: “¿queremos ser una nación o dos naciones?”, se eligió el camino de construir una nación. Este dilema en la construcción y la pregunta para nosotros sigue subsistente.

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Qué son la nación y el pacto de convivencia

Por Noel Breard
El autor es senador provincial
Especial para El Litoral

Es un día para repensar... ¿hay un concepto único de Nación? La respuesta categórica es no. Distintos autores y de acuerdo con la nacionalidad fueron definiendo y construyendo dicha invención humana.
En un análisis primario podemos decir que países expansionistas, conquistadores históricamente, que tuvieron movilidad migratoria, que se distribuyeron por el mundo, los países clásicos europeos eligieron este concepto generalmente, aunque hay excepciones
El concepto de nacionalidad, para determinar, acudió al principio ius sanguinis y los países nuevos emergentes generalmente eligieron el principio ius soli, con el ius sanguinis una persona adquiere la nacionalidad de un país en función de su origen, recibe la nacionalidad de sus padres independientemente donde ha nacido, el ius soli otorga la nacionalidad a aquellos nacidos en territorio nacional.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 sostiene en su artículo 15 que “toda persona tiene derecho a una nacionalidad”; la Convención Americana de los Derechos Humanos de 1969 Pacto San José de Costa Rica, en su artículo 20, también reconoce ese derecho.
En Ciencias Políticas, algunos autores construyen a la nacionalidad en base a la etnia, otros por la raza, religión, lengua, y dan sus razones, es conocido el intercambio epistolar entre el filósofo historiador Joseph Ernest Renan (francés) con Strauss (alemán) y en la discusión después de la guerra franco-prusiana del año 1870-1871, Alsasia y Lorena pasan a Alemania después del triunfo y como parte del tratado de paz el autor alemán en su carta da razones de etnia y varias circunstancias de por qué Alsacia y Lorena eran alemanes. Renan le dice mire... “Suiza está sólidamente construida con tres lenguas, tres razas, dos religiones y es una nación”.
La Unión Soviética (1917-1991) unificó y mantuvo una ideología triunfante con su unidad, luego con la caída en el año 1991 la Unión Soviética, por la declinación del comunismo, termina en la implosión de 15 nuevos países en base a sus históricos nacionalismos, diferentes y acorralados.
Y si sumamos al análisis a Polonia, que en su proceso histórico fue ocupada por distintas potencias, después fue repartida entre varios países, por ejemplo Alemania y Rusia, y luego gracias a su nacionalismo se reconstituyó y rearmo su país, se ve la importancia de la Nación como elemento aglutinante.
Siguiendo el pensamiento de Renan que dice que “un país no es la simple suma de los individuos que lo componen, es un alma, una conciencia, una persona que es más que las sumas de las partes, un resultado vivo”, una nación es pues una solidaridad constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y los sacrificios que todavía se están dispuestos a hacer, supone un gerundio continuo, supone un pasado común, se resume en un presente por un hecho tangible y un futuro de continuar juntos, y afirma aún más, es “un plebiscito de todos los días” y esto se explica por qué dice claramente, esto es más allá de la raza, religión, lengua, es un principio espiritual que garantiza continuidad con la voluntad de una comunidad determinada de querer estar juntos y tener imaginarios comunes a futuro que los contiene y proyecta generando una cohesión social sólida y sustentable más allá de las adversidades y sacrificios.
La patria es lo que se ama, la casa común, y volviendo a esa anexión maldita de Alsacia y Lorena a Alemania después del triunfo prusiano en el año 1871, dice Renan puede ser que Alsacia y Lorena sean alemanas por la raza y la lengua pero, por la nacionalidad y por el sentimiento de la patria, son francesas desde la revolución francesa, ellos compartieron todos los destinos franceses, todas nuestras guerras, todo lo que sentíamos y vivíamos. Ellos lo vivían y pensaban, compartieron nuestras alegrías y dolores.
Renan va neutralizando con su construcción intelectual cuando querían atropellar con la lengua, religión, raza, etc., por eso Renan es, en mi idea, lo mejor en definir en su famosa conferencia en la Sorbona ¿Qué es una nación? y en su libro.
Es importante recordar aquí los cantos espartanos: “Somos lo que vosotros fuisteis, seremos lo que vosotros sois, es un himno compendiado de toda la patria”.
La síntesis seria “en el pasado una herencia de gloria y de fracasos a compartir, en el porvenir, un mismo programa a realizar, haber sufrido, disfrutado y esperado juntos”.
Y redondeando la idea de Renan al introducir el elemento espiritual y voluntad común de vivencia continuas y objetivos imaginarios a futuros comunes y un plebiscito de todos los días, de estar juntos, destruye y nos libra de que los elementos aglutinadores sean la lengua, raza o religión, y este aporte además si fuera todo lo que él cuestiona ese concepto de nación nos sitúa afuera y definido en el pasado y a nuestra espalda con lo cual es un concepto pétreo que nos es dado y no tenemos nada que hacer. La nación sería “algo que es” y no “algo que se hace”, este aporte dinámico y con visión de futuro que lo tenemos que seguir construyendo nos da responsabilidad y nos obliga a cuidar juntos nuestra causa común. Como mandato de la hora un país con nación e imaginario colectivo comunes nos obliga a que el que gana tiene derecho a imponer sus ideas respetando la casa común, los valores democráticos compartidos, el Estado de Derecho, los Derechos Humanos, fundamentalmente el pacto de convivencia, que los derechos fundamentales y los derechos de las minorías, que sino no se respetan la justicia independiente debe poner en su lugar, porque precisamente su legitimidad democrática de justicia no está en la mayoría sino en defender los derechos fundamentales y los derechos de las minorías, esta es la regla de oro de una nación democrática, el que gobierna tiene derecho a imponer su plan conforme a los límites que impone nuestra Constitución Nacional.
Esto que expresamos nos crea el interrogante que se planteó el primer ministro británico, Benjamin Disraeli, en su momento de una Inglaterra desigual, injusta y fragmentada: “¿queremos ser una nación o dos naciones?”, se eligió el camino de construir una nación. Este dilema en la construcción y la pregunta para nosotros sigue subsistente.