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¿Con la democracia se come, se educa, se cura?

Por Ricardo “Caito” Leconte 

Abogado. Director del Club de la Libertad, Corrientes

Desde el año 2008 se recuerda el 15 de septiembre como el Día Internacional de la Democracia, en reconocimiento a que ese día del año 1997, la organización mundial de parlamentos “Unión Interparlamentaria” desarrolló una declaración universal sobre democracia que reafirma los principios, elementos y prácticas necesarios para un gobierno democrático.

“La voluntad del pueblo será la base de la autoridad del gobierno”, es la frase de la declaración universal que contribuyó a la aceptación global de los valores y principios democráticos. 

Se recuerda la importancia de promover y proteger la democracia, destacando algunos de los valores fundamentales: la libertad, el respeto por los derechos humanos, como también la celebración de elecciones periódicas libres mediante el voto.

Es un recordatorio para los gobiernos del mundo que lo que distingue a una democracia exitosa es la presencia de una sociedad civil fuerte, que funciona libremente, donde el gobierno y la sociedad civil trabajan por objetivos comunes y la sociedad exige al gobierno que rinda cuentas.

El significado que da el diccionario de democracia es: “Sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”. 

En la República Argentina vivimos en democracia desde el 10 de diciembre de 1983; el presidente que asumió en esa fecha, Raúl Alfonsín, nos motivaba con su discurso… “con la democracia no solo se vota, sino que también se come, se educa y se cura”. Esa frase encierra un deseo genuino del expresidente y, sin duda, de la mayoría del pueblo argentino que desea vivir en un clima de paz, prosperidad, con salud, educación y trabajo para todos.

Y es aquí, celebrando el Día Internacional de la Democracia y a casi treinta y siete años de ese resurgir democrático, debemos preguntarnos como sociedad: ¿hemos hecho todo lo necesario para hacer realidad esa frase o tenemos una deuda moral desde la recuperación de la democracia? 

Desde esa fecha, no sin gran esfuerzo, hemos sabido vivir ininterrumpidamente en democracia. Lo que nos plantea un dilema moral por el hecho de que, aun con dificultades, las instituciones perduran, se respeta -en algunos momentos más, en otros menos- la división de poderes, hemos votado sin interrupciones todo este tiempo, optando por uno u otro signo político, pero eso no aseguró que se cumpliera lo previsto por el expresidente. 

Los indicadores muestran que en este tiempo hemos retrocedido en todos los índices (educación, salud, pbi per cápita, salario, nivel de ocupación). Y no se debió a una guerra, invasión, desastres naturales y no podemos atribuir culpas a interrupciones del orden constitucional, no hay dictadores a quien hacer responsables, no se puede mirar hacia el costado. Queda claro que la responsabilidad recae en la clase dirigente que ha elegido el populismo para gobernar y que para salir de esta situación debe reconocer sus fallas como primer paso para la búsqueda de soluciones.

En 1863, en el cementerio nacional de Gettysburg, Abraham Lincoln inmortalizó lo que es la democracia representativa y directa; allí desarrolló el concepto más claro: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Desde 1983 a 2002 el gasto del Estado fue subiendo de 22.000 millones de dólares a 65.000 millones de dólares, se triplicó en 20 años para, de 2003 a 2015, en doce años quintuplicar esa suma, llegando a los 300.000 millones de dólares, manteniéndose así hasta 2019, previendo que el impacto de la pandemia aumentará considerablemente esos números. Así y con todo ese dinero destinado a tener un Estado presente, tenemos índices de pobreza que superan el cuarenta por ciento y de desocupación por arriba del diez por ciento.

Para mantener ese gasto descomunal, Argentina se convirtió en uno de los países de mayor presión impositiva (166 impuestos) y así y todo no logra mejorar la calidad de vida de los argentinos. Entonces debemos reconocer que se gasta mal y mucho, sobre todo el gasto político, que es desenfrenado y con privilegios indignos en un país empobrecido y en crisis. El trabajador paga ganancias; las pymes y empresas, impuestos, y la política gasta, no hace el mínimo esfuerzo en bajar el gasto. Sin ir más lejos, esta semana trataban la reforma judicial con un aumento de 10 mil millones en el presupuesto.

¿Es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, o es el gobierno de la clase política, por la clase política y para la clase política? 

Winston Churchill, primer ministro de Inglaterra durante la Segunda Guerra Mundial dijo con relación a la democracia: “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”.

La democracia está en crisis, pero no es culpa de la democracia. Quien quiera oír que oiga.

 

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