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Sonreír

Por José Ceschi

¡Buen día! José Miguel Heredia pone en la boca de uno de sus personajes la reflexión que sigue: “Los hombres inventaron los armamentos para conquistar a otros hombres. Dios inventó la sonrisa -que viene del corazón- para conquistar otros corazones. Esa es la diferencia entre lo humano y lo divino ¿vio?”. No es la única diferencia, por supuesto, pero hay algo de verdad en todo esto: cada sonrisa que brota espontánea de un corazón bueno expresa de algún modo la presencia del Señor. Por ello es importante permitirnos sonreír.

“¿No puedes permitirte una sonrisa?” pregunta Phil Bosmans en su libro “Sí a la vida”. Su respuesta es, por supuesto, positiva: 

“Mira en el espejo, te verás tu propia cara. Detrás de ella habitas tú. En tu cara puede verse que te has puesto máscaras: una de desprecio para los de debajo de ti, una repugnantemente igual para tus semejantes, y la de sometimiento para los que están sobre ti, una dulce-amarga y sonriente para cuando vendes, una de indiferencia para el trabajo, una de impertinente decisión para el bar, una amarga para la circulación y una hermética para la casa. Detrás de esa cara vives tú. Y tu cara es el espejo de tu fuero interno. Y si tu cara ya no soporta ninguna sonrisa más, es que detrás de ella hay algo que se pudre. Tu corazón está enfermo. Un rostro frío viene de un corazón frío. La gente de caras amargas amarga la vida. Trata de sanar tu corazón. Saca de él una sonrisa: en la calle, en la ventanilla, en la oficina, en el coche, en el trabajo, en casa. Simplemente porque te parece hermoso. Solamente por eso”.

Y en letras grandes leemos: “Si no sabes sonreír, es que no sabes vivir”. Alguien me acercó unas líneas que quisiera compartir:

“La sonrisa es un poco el alma de una persona o por lo menos su manifestación más exterior, más visible. Esta es la razón por la cual es inimitable. Podríamos decir que, para embellecer la sonrisa, hay que desarrollar en uno mismo lo mejor de sus sentimientos, dejarse llevar por la simpatía, la indulgencia, la tolerancia.

Si no se pone el corazón en la sonrisa, por más que se haga, no será más que un rictus destinado a mostrar los dientes”…

¡Hasta mañana!

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