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“Flora del Iberá”: 20 años de un catálogo imprescindible

Este año se cumplen 20 años de la publicación de “Flora del Iberá'', un libro central en la  identificación de plantas, hongos, líquenes nativos de esa región. Sus editoras fueron Mercedes Arbo y Sara Tressens, bajo el sello de la Unne.

Por Carlos Lezcano

Especial para El Litoral

Para realizar este trabajo se utilizaron 8000 ejemplares recolectados en el área, conservados en el herbario del Instituto de Botánica del Nordeste, las colecciones del ingeniero Romero Carnevalli, del doctor Troels Myndel Pedersen de Carambola en Concepción, Caá Guazú en San Roque y otras estancias, y las del profesor José Neiff. Podemos decir que se trata de una obra colectiva, ya que participaron investigadores, profesores, auxiliares de cátedra y estudiantes, además de la colaboración del gobierno de Corrientes de entonces e instituciones botánicas argentinas y extranjeras.

“Esta es una obra diferente de un área diferente. El Iberá es una de las regiones del país que por su carácter agreste ha sido una de las últimas en ser exploradas científicamente. Los bordes del sistema fueron tocados por los jesuitas, con sus explotaciones ganaderas, por Félix de Azara a fines del siglo XVIII, por Alcides d’Orbigny a principios del XIX y recién a principios del siglo XX, en 1910, año del centenario, por una expedición organizada por la Sociedad Científica Argentina a cargo del naturalista Enrique Puysegur”, sostienen Carmen Cristóbal y Antonio Krapovicas en el prólogo de la obra.

En la entrevista, la doctora Mercedes Arbo cuenta a El Litoral el proceso y la importancia de la obra.

Se cumplen 20 años de la edición de “Flora del Iberá” publicada por la Unne. Usted fue una de sus coordinadoras. ¿Cómo fue hacer ese trabajo en esos años y en qué contexto se hizo?

La “Flora del Iberá” fue un trabajo de muchos años. Cuando llegaron a Corrientes, el ingeniero Antonio Krapovickas y su esposa, la doctora Carmen Cristóbal, se dieron cuenta de que hacía falta conocer la flora de la provincia. Había muchas plantas que no se podían identificar, entonces iniciaron campañas de colección de plantas en Corrientes y otras provincias y también en países vecinos. En Corrientes, el Iberá fue una de las regiones que se visitó más de una vez, las primeras colecciones se hicieron entre 1971 y 1977.

En 1994 asumió como rector de la Unne el doctor Adolfo Torres; durante su gestión aparecieron investigadores extranjeros interesados en trabajar en el Iberá, apoyados por otra universidad argentina. En ese entonces nosotros ya teníamos mucha información sobre el Iberá. Con Sara Tressens, la otra coordinadora de la flora, fuimos a hablar con el rector, a plantearle que había gente del exterior y de otra universidad interesada en este tema y que en el Instituto de Botánica del Nordeste (Conicet-Unne), teníamos mucho material, muchas plantas coleccionadas e identificadas de la región; que creíamos que el estudio del Iberá debería hacerse en nuestra Universidad. Fue entonces cuando el rector concretó el proyecto Iberá, pero no se limitó a la flora, sino que abarcó todas las áreas en las que la Universidad podía contribuir. Por ejemplo, los que manejaron el estudio de la zoología del Iberá fueron los docentes del Área Biología de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. El estudio de la ecología del Iberá estuvo a cargo del Centro de Ecología Aplicada del Litoral, también dependiente del Conicet y de la Unne. 

¿Qué contiene este libro que no había en ese entonces? 

 La flora del Iberá no se conocía y este libro no es una obra acabada, queda todavía mucho por conocer y por estudiar, pero nosotros hicimos una buena aproximación. 

Las floras proporcionan claves para identificar las plantas, es decir, llegar a su nombre científico, que es la llave para acceder a toda la información disponible. En todas las floras de Argentina hay que comenzar por la clave para familias, recién cuando uno sabe la familia a la que pertenece la planta, puede buscar el nombre científico (género y especie). Lo que tiene de particular nuestro libro es que las claves para identificar las plantas no comienzan por buscar la familia de la planta. Nosotros cambiamos el enfoque: nos propusimos llegar directamente al nombre científico de la planta en cuestión, indicando ahí la familia a la que pertenece.  

¿Este es un criterio de organización del libro que está muy vinculado a la difusión? 

En primer lugar, pensamos que de esa manera sería más fácil llegar al nombre de las plantas, usando los caracteres visibles, por ejemplo, el ambiente donde vive la planta, su porte (si es hierba, arbusto, árbol), el color de las flores, la disposición y forma de las hojas.

Además, está vinculado con la organización del libro, porque quisimos presentar todos los conocimientos disponibles y los adquiridos sobre el tema por los investigadores del Instituto de Botánica del Nordeste.  

O sea que las fuentes de este libro son los herbarios de la Universidad y también el trabajo de campo realizado hasta ese momento.

Exactamente. El trabajo de campo y de laboratorio que hicimos en el Instituto sobre el Iberá. El personal del Instituto recolectó 8000 ejemplares en el área de estudio, conservados en el herbario del Instituto de Botánica del Nordeste. Es el principal herbario del área y tiene en este momento cerca de 500.000 ejemplares. Tenemos buenas colecciones de Corrientes, Misiones, otras provincias argentinas, también de Paraguay y áreas de Brasil. 

¿Qué colecciones?

Krapovickas fue uno de los especialistas mundiales en maní, y buscando las especies silvestres relacionadas con el maní cultivado, viajó mucho por América del Sur. La colección de plantas en esos viajes nunca se limitó a las especies de maní, las plantas que él estudiaba, sino que se hicieron colecciones generales. Por eso es que nuestro herbario del Instituto (digo nuestro herbario aunque hace años que estoy jubilada), tiene muy buena representación de plantas de muchos lugares de América, no solamente de Corrientes o de Argentina.

El herbario está ordenado desde el punto de vista de la clasificación botánica, o sea que las plantas están ordenadas por familia, dentro de cada familia por género y dentro de cada género por especie. El herbario tiene representación de la mayoría de las familias de plantas que hay en América. Además, la doctora Cristóbal, quien dirigió el herbario muchos años (ahora el herbario lleva su nombre), se preocupó muchísimo del canje, el trueque de material con otros herbarios del país y del extranjero. Hizo todo lo posible para que el herbario fuera realmente un herbario general, que abarque todas las especies, todas las familias posibles, incluyendo plantas superiores, musgos, hongos y líquenes. 

¿Cuáles fueron algunas de las dificultades mayores que tuvieron para este trabajo? 

Primero tuvimos que resolver cuál sería el formato de la “Flora del Iberá”. Si uno necesita el nombre de una planta, tiene que usar las floras y si no se conoce la familia a la que corresponde esa planta, se hace muy difícil. Entonces optamos por lo que comenté antes, primero llegar al nombre de cada planta usando caracteres visibles, caracteres evidentes y, por último,  a la familia.  

Otro criterio es que casi todas las especies mencionadas en el texto están ilustradas. En una página se ilustran nueve especies y en algunos capítulos pudimos lograr que al abrir el libro para usar una clave, todas las especies que aparecen en la misma, en la página izquierda, estén ilustradas en la página derecha, la página de enfrente. Así usted tiene el nombre de la planta y enfrente la ilustración, los caracteres fundamentales que sirven para reconocer la planta.

Eso fue lo principal. Después organizamos los distintos capítulos.

Normalmente, el Iberá está dominado por ambientes acuáticos. Si usted mira el mapa satelital del Iberá, hay muy pocas zonas que tienen tierras no inundables, la mayoría son esteros, cañadas, arroyos, lagunas, malezales, es decir una cantidad de ambientes muy relacionados con el agua. Ahora con la sequía espantosa que estamos padeciendo, y la quemazón brutal, los ambientes acuáticos están limitados. 

La “Flora...” tiene 9 capítulos: 1- Plantas hidrófilas (acuáticas, de embalsado, palustres o anfibias, capaces de sobrevivir en ambientes inundados como también resistir la sequía); 2- Trepadoras; 3- Carnívoras; 4- Parásitas; 5- Epífitas; 6- Terrestres (bosques, sabanas, praderas); 7- Hongos y líquenes; 8- Sistema de base de datos multimedia, ya que el libro va acompañado por un CD; y 9- Anatomía de especies hidrófilas. En varios capítulos se proporcionan datos sobre los usos y aplicaciones de las especies estudiadas. 

“Flora del Iberá” incluye además un catálogo de las especies nativas registradas de plantas, hongos y líquenes, bibliografía, glosario e índices. 

¿Puede explicarnos qué son las plantas carnívoras? 

Son plantas que se han adaptado a ambientes pobres en nitrógeno y sales minerales; para su nutrición cazan pequeños insectos u otros organismos. En las lagunas, esteros y zonas muy húmedas del Iberá son muy abundantes las especies del género Utricularia; su nombre hace referencia a sus hojas, formadas por una cantidad de bolsitas muy pequeñas, de 1 a 3 milímetros de diámetro, encargadas de capturar organismos acuáticos pequeños que utilizan como aporte de nitrógeno. Los tallos y hojas viven sumergidos, lo único que sale fuera del agua son las flores, pequeñas, muy vistosas, polinizadas por insectos.

Es muy difícil describir capítulo por capítulo, pero sí me gustaría detenerme en un capítulo, me parece que es importante en este momento: las sabanas. ¿Puede explicarnos qué significa una sabana en nuestro territorio correntino?

Las sabanas son extensiones de terreno donde domina la vegetación herbácea, las hierbas, con arbustos o árboles aislados o en grupos. Un tipo de sabana muy característica son nuestros palmares, donde las únicas plantas que sobresalen en los pastizales son las palmeras.

En varios departamentos de Corrientes hay palmares de Butia yatay, su nombre vulgar es “yatay”. Pero  todos los palmares que se han registrado en el Iberá, son de otra especie, Butia paraguayensis, el yatay enano o “yatay poñí”.

En otras partes hay sabanas, pastizales, donde surgen de vez en cuando arbustos intercalados; son zonas muy alteradas por el pastoreo de ganado bovino u ovino, las quemas y los cultivos. Las gramíneas, los pastos, son la familia dominante, acompañadas por una enorme diversidad de plantas con flores. Cuando una sabana está en flor es un verdadero jardín.

¿Qué de todo esto que usted me está describiendo y que describe el libro, estaba estudiado y qué no?

Todos los tipos de vegetación hallados en el Iberá han sido estudiados en otros lugares de Argentina, los trabajos publicados como resultado figuran en la bibliografía de nuestra flora. Por ejemplo, Ragonese (en su momento director del Inta) y Covas estudiaron el yatay poñí y recorrieron los palmares en varias provincias.

Es decir que la obra lo que tiene es que es un trabajo local, hecho íntegramente en Corrientes y publicado en Corrientes.

Exactamente. El libro fue editado y distribuido por Eudene, la editorial de la Universidad Nacional del Nordeste. 

En este momento, las cátedras de Botánica Sistemática de las Facultades de Ciencias Agrarias y de Ciencias Exactas y Naturales están utilizando la flora del Iberá para que los alumnos identifiquen las plantas. Como parte del desarrollo de la asignatura, cada alumno tiene que presentar un herbario, y aprender a identificar las plantas y se usan las claves de la “Flora del Iberá” para identificar esas plantas.

Me gustaría que me pueda contar alguna anécdota personal, si usted quiere, de esos viajes al Iberá en esos años.

Hemos tenido viajes muy interesantes. Uno de los primeros fue en colaboración con personas del Instituto Nacional de Ciencia y Técnica Hídricas (Incyth). Estuvimos en la región norte del Iberá, en una de las estancias de la familia Amadey, en el departamento de Ituzaingó. Estuvimos más de una semana recorriendo allí todos los lugares posibles, los distintos ambientes en camioneta, en carreta, a caballo, en canoa, en un acoplado tirado por un tractor, gracias a la gentileza de los dueños, que nos facilitaron los medios. 

Siempre tuvimos mucha ayuda de los dueños de las estancias y de establecimientos ganaderos, o arroceros, también de la Subsecretaría de Recursos Naturales y Medio Ambiente. Nos recibieron, nos dieron alojamiento, lugar de trabajo y los medios de transporte, como le dije: caballos, carreta, tractor, a veces canoas o lanchas para desplazarnos a distintos lugares. 

Fue un trabajo muy lindo a lo largo de muchos años. Como ya mencioné, la primera colección del Iberá data de 1971 y el trabajo se publicó en 2002. Así que, imagínese cuánto tiempo anduvimos con ese tema. Y fue un trabajo de equipo, porque cada investigador tiene un tema central de trabajo, y cada técnico una tarea específica a su cargo, pero para “Flora del Iberá” colaboramos todos, toda la gente del instituto participó de alguna manera. Tanto los investigadores como los técnicos, inclusive muchos alumnos hicieron un trabajo importante. Todo está detallado en la “Introducción de la Flora”.

Para mí su valor principal es que es un trabajo local, de nuestra universidad, hecho en Corrientes, por nuestra gente y en equipo. Trabajamos todos unidos para sacar adelante el libro.

¿Tiene esperanza de que la tierra renazca, después de todo lo que nos pasó con la sequía y los incendios en gran parte de la provincia y del Iberá?

Francamente, estoy rezando con todo mi corazón para que así sea (se emociona). Tengo fe, creo que sí, aunque en este momento los cataclismos climáticos son tremendos. Usted cada día puede leer o mirar en YouTube  los desastres ecológicos, las catástrofes que están ocurriendo en todo el mundo, inundaciones, sequías espantosas, temperaturas extremas, movimientos sísmicos; en fin, el clima está totalmente alterado. Y estamos viviendo ahora el resultado de haber descuidado la tierra, no respetando la naturaleza. Creo que ahora estamos pagando las consecuencias.

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