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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Soberanía energética, una cuestión de pesos

Al sumir como ministro, Sergio Massa pregonó que licitará la construcción de la segunda etapa del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (Gpnk) para transportar el gas natural desde Vaca Muerta, la empresa Energía Argentina (Enarsa) carece de los fondos para encarar la primera, casi 1.000 millones de dólares.

Así lo reveló ayer el periodista Hernán Dobry en una columna aparecida en la sección Opinión del portal Infobae.

Entre la información que publica, recuerda las palabras del nuevo jefe de la cartera de Economía.

“Vamos a licitar el segundo tramo del gasoducto Néstor Kirchner, Salliqueló-San Jerónimo”, anunció Massa, el 3 de agosto, en un discurso que sumó algunas precisiones. Dijo que lo licitarán “con financiamiento privado”, tras sostener que “en la matriz energética está el futuro de la economía argentina”.

Para encarar la obra primero deberá conseguir 130.081,17 millones de pesos (978,95 millones de dólares a la cotización oficial de hoy), más IVA, que le faltan a Enarsa para llevar adelante la primera etapa del proyecto. Es decir, la que debería unir a la localidad neuquina de Tratayén con la bonaerense de Salliqueló, pero que aún no comenzó su construcción.

La diferencia, que equivale a un 42,09 % del costo total de la obra, se debe a que los precios obtenidos en las diferentes licitaciones ya alcanzan los 309.057,11 millones de pesos mientras que la empresa estatal de energía recibirá del Gobierno nacional 178.975,94 millones.

Todo está volcado en documentos oficiales. El presidente Alberto Fernández destinó los fondos para la construcción de la primera etapa a fines del año pasado a través de los decretos 809/21 y 882/21, a lo que se le suma el 25 % de lo recaudado con ley 27.605 de Aporte Solidario durante 2021.

Este problema es aún mayor ya que Enarsa podría quedarse sin 60.815,30 millones de pesos (el 34 % del total) ya que la norma estipula que lo recaudado con el impuesto a las grandes fortunas debe ser destinado “a programas y proyectos que apruebe la Secretaría de Energía de la Nación, de exploración, desarrollo y producción de gas natural”.

Como el gasoducto es una obra de transporte, no podrían utilizarse estos fondos para su construcción a no ser que el gobierno envíe al Congreso nacional una modificación de la ley. Algunos juristas, en cambio, sostienen que esto no es así ya que, al incrementarse la capacidad para trasladar el fluido, se promoverá automáticamente su explotación.

A esto se le suma otro factor que afecta a todos los actores económicos del país. ¿Cuál? La devaluación. En efecto, el poder de compra de Enarsa se ha ido erosionando diariamente desde noviembre debido a que la moneda nacional se ha depreciado un 32,27 % desde esa fecha.

Como el 40 % de los costos del proyecto es en dólares, al no haber invertido nunca esos aportes en instrumentos que le permitieran contrarrestar este fenómeno, ese mismo dinero le alcanza para pagar cada vez una porción menor de las obras. La empresa estatal de energía no respondió a las consultas realizadas para esta nota.

Este agujero presupuestario será uno de los principales problemas que deberá enfrentar Massa antes de lanzar la segunda etapa del gasoducto, debido a la escasez de fuentes de financiamiento que tiene la Argentina en la actualidad.

Massa a su vez, dijo que respetará la meta del 2,5 % de déficit primario del Sistema Público Nacional, a lo que se suma la decisión de no utilizar el saldo de los adelantos del Tesoro para lo que resta del año, por lo que también verá acotada las posibilidades de fondeo por ese lado.

Mientras el gobierno resuelve este problema, Enarsa deberá terminar con el proceso de adjudicación de los contratos para la obra civil del gasoducto y con la licitación para la adquisición de válvulas.

El lunes al anunciar que Flavia Royón es la nueva secretaria de Energía, el ministro aseguró que “el objetivo de todos debe ser nuestra soberanía energética y la transformación de Argentina como potencia en este sector”. Sin embargo, no parece ser ahora una cuestión de nombres, sino de pesos.

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