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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Partió don Adolfo, quien vio nacer a El Litoral

Por Juan Carlos Raffo

Especial

Para El Litoral

Yo le decía don Adolfo, otros lo llamaban don Toco, cuando que son más los que al nombrarlo le decían Navajas Artaza, y los que más lo recuerdan como “el gobernador”. Hoy ya está con Kelita, el amor de su vida. Para mí fue durante siete años de charlas interminables, una experiencia fantástica. Las vivía en Buenos Aires y en Las Marías como si fueran el primer mate de una madrugada, pero siempre abrazando su Gobernador Virasoro natal.

En La Vuelta del Ombú nace don Adolfo Navajas Artaza y antes de los cuatro meses el gobierno de José Robert le impone a ese aún pequeño poblado el nombre de Gobernador Virasoro. Y llega a este mundo don Adolfo el 26 de mayo de 1925, quien me contaba que la estación del ferrocarril, hoy transformada en museo, fue la sala de parto donde su mamá, Silvia Artaza, arribando de un viaje desde Posadas, da a luz. 

Será por siempre Virasoro su lugar en este mundo y allí formó su hogar con Kela Fournier —la “Kelita”— con quien tuvieron sus hijos Silvita, Víctor Jorge, Fernando y Adolfo, los que le han dado 15 nietos y retoños de ellos que siguen viniendo al mundo.

Entre tantas cosas que hizo por la empresa desde niño, su padre, don Víctor Navajas Centeno, le encomienda el control, en la ciudad de Corrientes, del diario La Provincia que acababa de fundar porque —y así cuenta don Adolfo — “otra actividad que me resultó muy provechosa fue mi experiencia periodística al frente del diario La Provincia”. 

-¿Qué fue el diario La Provincia? Y don Adolfo me cuenta, con un gesto de agrado, satisfacción y nostalgia: “Tuvo que ver, cuando no, una vez más, con don Víctor, su papá. Ocurrida la Revolución Libertadora, don Víctor se preguntó... ¿qué puedo hacer yo por Corrientes? Y tuvo la idea de fundar un diario. Puso manos a la obra y con la colaboración de don Humberto T. Pérez, propietario y director de El Territorio de Posadas, y empujado por José Miguel Irigoyen, a quien designó director, se puso manos a la obra. Al poco tiempo “Josecho” Irigoyen fue sucedido por Adolfo Navajas Artaza. Se dio así el gusto don Víctor de cumplir con su inquietud ciudadana. Fue lema del diario: “Iluminar con diarios el camino de la libertad”.

Con ese rótulo en la tapa apareció el nuevo diario de Corrientes, La Provincia. Dice don Adolfo: “Me tocó ser interventor/director/administrador, y asumí la responsabilidad de dirigir un diario, de orientar a la opinión pública, hacer conocer lo que pasa en la ciudad, en la provincia, en la región, en el país, en el mundo. Estaba convencido de que si se lo hace honestamente como debiera ser, es una actividad trascendente a la que se debe dedicar todo el tiempo que ello requiere. Yo no podía hacerlo porque, primero, tenía a Las Marías del otro lado del Iberá, con malos teléfonos y peores caminos. Ello fue el factor decisivo para que don Víctor resolviera vender el diario. Quedó en buenas manos”.

Después de muchas alternativas, y siempre con el propósito de pasar la posta a las mejores manos posibles, se lo transferimos a don Juan Romero. 

No eran tiempos fáciles ni para vender ni para cobrar, pero un buen día mi tío Cesáreo volvió de La Flecha con las vacas que saldaban la operación. En todo este trámite anduvo el doctor Iván Posse Molina, un gran amigo y abogado de la empresa.

Yo valoro mucho la actitud de don Juan Romero me señaló don Adolfo, porque siendo un estanciero tomó la posta de lo que hoy es El Litoral de Corrientes, una obra exitosa, y estamos a más de medio siglo del suceso. 

 “Youngboy” y “Chaque”

“Fue un amigo —dice don Adolfo— pero también una avispa que nos mantenía alerta”. Se refiere, como no puede ser de otra manera, a quien dio fama a la palabra “cuidado” en guaraní. Mario Mauriño, el famoso “Chaque”, sin duda “el analista de política” más notable que diera nuestra provincia en la segunda mitad del siglo XX.

“Chaque” cuenta que sus primeros trabajos, enviados desde su pueblo natal Palmar Grande, los pagos de la “Capilla de Curuzú José”, llegaron a la redacción del diario La Provincia con una carta de presentación dirigida al señor Víctor Navajas Centeno y a su hijo Adolfo”.

“Grande fue mi sorpresa y alegría cuando advertí que en sus páginas se publicó mi primer envío”. Hacía referencia a la asunción del gobernador Fernando Piragine Niveyro.

Entre los años 1958 y 1962, Mario Mauriño elaboró sus caricaturas y humor político y social en su Palmar Grande. Enviaba sus creaciones por cartas que eran transportadas por el Tren Económico. “Nunca me hicieron ni su director ni don Víctor una indicación o comentario sobre el tenor de mis entregas”. Destacaba “Chaque” la gran flexibilidad que demostraron tanto don Víctor como Toco. Eran muy abiertos conmigo como con todos los que escribían en el diario, entre ellos Carlos Gelmi, con algo más de 20 años. Constituyeron al diario en una verdadera tribuna plural, con cabida para los más variados pensamientos”.

El Toco está ligado íntimamente a mi trabajo periodístico. Un trabajo que... no quiero ‘inflarlo’, pero que a mí me ha dado respetabilidad y consideración de la gente. Cosa que la fortuna, el dinero y el poder, a otros, no les ha dado. Por ello, yo tengo un gran reconocimiento a ese oficio mío, en el que Navajas Artaza está puesto en las raíces. 

Un día vengo a Corrientes y recién a los tres meses conocí a don Víctor y a Toco. Por supuesto que mi “anonimato” quedó develado. Pero antes me di el gusto de mantener una charla con Irigoyen, a quien, provocándolo, le pregunté: “Che, vasco, ¿quién es ese ‘Youngboy’?. Y me dijo: “No sabemos. Sabe de política, dibuja, pero nadie se aproxima a su identidad. Fulano puede ser, pero no sabe dibujar. Este otro dibuja bien pero no sabe de política”. Hasta que le confesé mi condición de autor. No lo podía creer. Tengo firmada la prueba de galera de ese día, porque me llevó a la redacción y firmaron todos los periodistas. Entre las rúbricas, está la de un joven aprendiz de la época, Carlos Gelmi.

La vida es tan extensa como las mil y una vueltas que la tierra gira sobre sí misma. Es que la vida no se detendrá nunca a menos que los soles y lunas que marcan sus días y noches decidan eclipsarse en un final tan eterno como inolvidable. 

“Siempre hay mil soles en el reverso de las nubes”. Este proverbio rescatado por Dominique Lapierre de la marquesina de una parada de autobús, en un paraje del sur de la India, lo hizo descubrir que la fuerza del hombre consiste en continuar, en momentos de prueba, creyendo en sus sueños y luchando por hacerlos realidad.

Solo me resta transcribir parte de una semblanza que hiciera sobre don Adolfo nuestro recordado Florencio Godoy Cruz: “Un hombre que en vez de mantenerse en la vida fácil de potentado industrial o, ante la difícil situación de su tiempo permanecer protegido en una dorada soledad, prefiere jugarse, arriesgarse y defender hasta donde pueda a su pueblo, a su provincia y a su país.

Un hombre decidido a continuar el legado familiar en la conservación de la cultura de su pueblo, coincidente con el filósofo Edgar Morin, de que la cultura está constituida por el conjunto de los saberes, saber hacer; reglas, normas; creencias, ideas, valores, mitos que se transmite de generación en generación; se reproduce en cada individuo; controla la existencia de la sociedad; mantiene la complejidad psicológica y social y particularmente, liga una comunidad singular a sus ancestros, sus tradiciones y sus muertos”. 

Que descanse en paz quien fue uno de mis grandes amigos de la vida.   

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