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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Reglas claras, elección transparente

El Gobierno, aunque lo oculte, lleva como objetivo para las próximas elecciones suspender las Primarias, un mecanismo que, en 2023, sin dudas será de gran utilidad para Juntos por el Cambio. Es así dada la alta variedad de postulantes para los cargos en juego, principalmente el presidencial.

Si se tratara simplemente del libre juego de la política, vaya y pase, pero se está hablando de la alteración de una regla electoral.

Para dimensionarlo mejor, el politólogo, profesor de ciencia política y vicepresidente de la International Political Science Association (Ipsa) Martín D’Alessandro, escribió en Clarín una columna titulada “Paso: las reglas electorales, basamento de la democracia”.

Vale la pena repasar algunos de sus conceptos.

“Las discusiones sobre las reglas electorales (o incluso sobre los instrumentos de votación, como el tipo de boletas a utilizar que se dio este mismo año) aparecen frente a la opinión pública como preocupaciones que solo afectan a los políticos. Y en cierta medida es así. Sin embargo, de lo que se acuerde (o no) sobre ellas depende gran parte de la posibilidad de mejorar (o no) en temas que sí interesan a la ciudadanía.

La Argentina necesita alcanzar lo que para otros países ya es un hecho: políticas públicas sólidas (bien diseñadas y aceptadas por amplios sectores) y estables en el tiempo. En otras palabras, políticas de Estado que, fruto de algunos acuerdos básicos, puedan lograr resultados positivos en el mediano plazo para el desarrollo del país y el bienestar de la ciudadanía.

Pero ese sueño es irrealizable sin una condición previa, que es lograr un acuerdo estable no ya sobre el contenido, sino sobre las reglas que permiten la confianza en el sistema, y por lo tanto en el comportamiento de los rivales.

En cualquier país hay preferencias diversas y hasta contradictorias sobre qué políticas implementar. Por eso las sociedades se han dado reglas para administrar esas diferencias. Las mejores reglas que existen son las de la democracia, que a pesar de sus problemas y sus complejidades, garantizan algo tan sencillo como dar la oportunidad periódica de que se prueben todos los rumbos políticos que los ciudadanos vayan decidiendo mayoritariamente en cada turno.

Los gobiernos suelen tener ventajas sobre las oposiciones: según cálculos del célebre politólogo polaco-estadounidense Adam Przeworski, entre 1788 y 2008 se celebraron en el mundo unas 3000 elecciones, en las que triunfaron los oficialismos en casi un 80 %. Pero lo importante de la democracia no es tanto quién gana como la expectativa futura que generan, precisamente, las reglas.

De allí que en las democracias las reglas sean más importantes que los contenidos. Las recetas se pueden ir probando y cambiando, pero para que eso sea posible, las reglas son un insumo esencial. De hecho, la mayoría de las elecciones no se ganan con una mayoría absoluta (más del 50 %), por lo que cada elección produce más perdedores que ganadores. Y esos perdedores están dispuestos a esperar el siguiente turno porque confían en que se respetarán las reglas. Corolario: manipular las reglas electorales atenta directamente contra la posibilidad de cimentar una confianza mínima en los que piensan distinto. Sin eso, no podremos ni siquiera soñar con grandes acuerdos, diálogos, o políticas de Estado.

Es verdad que no hay reglas perfectas. Y es verdad que las Paso han tenido y tienen problemas: no son del todo aprovechadas por los partidos, y en ocasiones sus resultados han vaciado de sentido a la elección general. Pero por otro lado, también es cierto que brindan una buena oportunidad para democratizar la función más importante y más sensible que tienen los partidos políticos: proponer candidatos a los cargos públicos.

Entonces, en la discusión de fondo sobre las Paso (si son convenientes o no) e incluso en los detalles técnicos (el porcentaje de votos a superar, etc.), hay y puede haber debate entre los especialistas, e incluso más allá. 

El problema es que la discusión en Argentina responde siempre al interés de cortísimo plazo. La salud de la democracia y de la representación queda siempre en segundo plano. Así, generalmente los gobiernos quieren eliminar las Paso, y las oposiciones quieren conservarlas. Esto es así porque el partido o coalición que tiene un liderazgo claro y por lo tanto está “ordenado” internamente, no las necesita”.

La conclusión es clara: es necesario dejar de alimentar la desconfianza.

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