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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

De un gobierno inexistente a ¿un gobierno indiferente?

El próximo domingo se oficiará el réquiem tardío para un gobierno que hace tiempo es cadáver. Asume una nueva gestión, ubicada en las antípodas ideológicas. Un gobierno inexistente como el de Alberto Fernández, será reemplazado por otro, que se propone realizar un ajuste impiadoso que terminará con muchos “caídos”, según ellos mismos lo definen.

“En enero y febrero, el que no tenga un generador, vaya comprándolo”.

Diana Mondino, futura Canciller

Hace más de un año que el presidente Alberto Fernández pasó a formar parte de la lista de desaparecidos. Hizo abandono consciente de sus funciones y dejó el país a cargo y a merced de quién no fue electo para ello, el ministro Sergio Massa, que terminó de gastar las últimas monedas en su campaña electoral.

Hubiéramos preferido un presidente lleno de magullones por su mala praxis en la gestión de los acontecimientos, antes que uno, el que ahora cesa, escapado al anonimato por su evidente falta de temperamento para enfrentar la crisis.

El próximo domingo le daremos el réquiem tardío a un gobierno que fue cadáver hace ya mucho tiempo. Es cierto, tuvo que luchar contra acontecimientos que mellaron la gestión de muchos gobiernos a nivel mundial, tales como la pandemia de Covid, una inédita sequía que impactó directamente sobre nuestras reservas, y sucesos globales de una economía recesiva.

Pero, obviamente, esperábamos de nuestro presidente otro comportamiento, creíamos que un mandatario de la Argentina, cualesquiera hubiera sido su signo político, no debía abandonar la trinchera de la batalla, una batalla que para otros no hubiera significado un problema sino una oportunidad para emerger con la fuerza de un liderazgo democrático. Pero no para Fernández.

La realidad es que el nuevo presidente electo fue parido por la pésima gestión del kirchnerismo, es su hijo putativo, porque es totalmente lógico suponer que el votante se aferraría, como sucedió, a la opción más contundente y disruptiva del cambio, a pesar del riesgo, que todavía existe, de hacer de la Argentina un país ingobernable.

 El próximo domingo le estamos colocando la lápida al estado paternalista, ése del “te solucionamos todo sin que tengas que hacer nada”, un estado que terminó por no solucionar nada, hundir a media sociedad en la pobreza e hipotecar las vidas argentinas por unos cuantos años.

Resulta paradójico que un signo político que ideológicamente hizo del “estado presente” su principal bandera de gestión, culmine su mandato con el producto precisamente contrario: un “estado ausente” en sus principales obligaciones y un gobierno inexistente.

Los gobiernos, es un dato jurídico y fáctico, no pueden recibir la herencia con beneficio de inventario, no pueden elegir entre los bienes y las deudas inventariadas, deben tomar el patrimonio sucesorio “in totum”. Sólo podrán publicitar el detalle, que es lo que se piensa hará Milei en su primer discurso.

Pero, debe señalarse que el único dato permanente en la evolución histórica de los países, no son sus gobiernos, que cambian, unos mejores, otros peores, algunos decididamente malos, sino su sociedad, que es la que no puede escapar hacia adelante. El pueblo argentino, vive y convive con lo que le toca, muy pocas alegrías, poquísimas, mientras debe sufrir el paso de los gobiernos que nos hunden cada día un poquito más.

El 10 de diciembre asume la nueva gestión. Seguramente en su mensaje inicial hará conocer las medidas de shock que adoptará para empezar a conjurar la crisis y un paquete de leyes que enviará al Congreso para su inmediato tratamiento.

 No se espera nada simpático, ya lo adelantaron Milei y sus funcionarios. Por todos los rincones de las oficinas gubernamentales resonará el “no hay plata” acuñado como frase simbólica de los nuevos tiempos.

La herencia es durísima. Lo sabe el pueblo argentino, que es víctima de un populismo que no dejó nada por destruir. Los nuevos funcionarios pintan un panorama negrísimo, un sacrificio casi sin tiempo.

Otras expresiones de los futuros integrantes del elenco gubernamental, completan el paisaje lunar. El propio presidente electo, les contestó a los gobernadores, que reclamaban la devolución del bocado de Ganancias que se comió Massa, para pagar aguinaldos, que “se arreglen como puedan”.

Un simbolismo de los tiempos que se vienen son las declaraciones de la futura Canciller Diana Mondino, que ante un verano caluroso como parece, no anunció medidas de administración, les espetó a los presentes que cada uno “se compre generadores” para hacer frente a la insuficiencia de energía.

 Fue toda una definición, ya no estamos en el estado benefactor, ingresamos a la era del estado mínimo, cuya filosofía parece ser “que cada uno se arregle como pueda”, no sólo en sus quehaceres personales sino además en aquéllos que difícilmente la gente pueda satisfacer individualmente, como la energía.

Es mucha la gente que está dispuesta a sufrir las consecuencias del ajuste si ello conduce a un futuro mejor. Y si bien no queremos al estado populista, tampoco es bueno un estado indiferente, que sólo gobierno con la planilla Excel.

Si a esto le sumamos las continuas alusiones a la gravedad de la crisis, al tiempo sin tiempo de recesión, inflación, y más sacrificio del pueblo argentino, sin el correspondiente correlato de las medidas gubernamentales no sólo macroeconómicas sino también instrumentales, tenemos en todo su esplendor la presentación del estado con niveles del siglo XIX.

 Habrá severo ajuste del gasto público, se eliminará el déficit fiscal, según las promesas, del resto se encargará el mercado. Es decir, tal parece, que se gobernará a través de la planilla Excel de un burócrata desde una oscura oficina pública, que cambiará números conforme las exigencias del ajuste. Así, tal vez algún día o nunca, seremos felices y comeremos perdices.

 Creo, entonces, que de la inexistencia patética del gobierno kirchnerista, es posible que pasemos a un gobierno que no se conmueva con la situación de los argentinos, que sea indiferente a las situaciones reales, con el objetivo innegociable de cerrar los números.

Esperamos todos el mensaje de Javier Milei. Hasta ahora, los futuros gobernantes se limitaron a describir la crisis, cual cronistas de la historia, pero no largan prenda sobre las medidas proactivas que adoptarán para conjurarla, si es que la tienen.

El tiempo, además, parece no correr para ellos como sí para las víctimas de este descalabro, el pueblo argentino. Arriesgar una fecha en la que podremos tomar una bocanada de aire para no morir, disminuir la inflación, comenzar a ver la luz al final del túnel, es una apuesta riesgosa, puede tardar 24, 48, 72 meses o nunca. Así de incierto es el panorama.

 Reiteradamente el líder del espacio LLA, basó su campaña en su ataque hacia “la casta”. Dijo, entonces, que el ajuste lo pagará la clase política, que allí se van a recortar las partidas necesarias para enjugar el déficit.

Pero una cosa es decirlo en abstracto y otra con lápiz en mano, identificar esos gastos políticos y eliminarlos. Hasta ahora son sólo enunciados. Estoy seguro de que ni con toda la furia, la eliminación de los gastos de “la casta” alcanzará siquiera a un tercio del ajuste que se pretende. ¿Y el resto?

 De cualquier manera, estamos en medio del baile y hay que bailar, aunque la pareja no sea de nuestro agrado. Pero, siempre hay un pero, que los organizadores del baile coloquen la música adecuada, que entusiasme a los bailarines, para que, pasado el primer tiempo de la danza, no tengamos ganas de volver a las sillas de la desilusión.

Por lo pronto, rogar para que el estado mínimo no se convierta en el estado indiferente.

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