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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Los jóvenes de Milei: del mérito y las decepciones a la construcción de una nueva derecha

Melina Vázquez es socióloga, investigadora del Conicet y profesora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Escribió “Los picantes del liberalismo. Jóvenes militantes de Milei y nuevas derechas”. 

Por Belén Da Costa / Carlos Lezcano / Eduardo Ledesma

“El mileísmo nos hace pensar en la base más relacionada al peronismo que en el perfil asociado a las derechas” dice Melina Vázquez. Es una de las ideas que trabaja el libro y su texto, que dice además que el fenómeno Milei y las nuevas derechas fueron anticipadas a nivel mundial por distintos pensadores. Por ejemplo Cass Mudde, citado en esta nota, pero también por Adam Przeworsky, un conocedor de la política en América Latina y autor de “Las crisis de la democracia”,  Steven Levitsky en “Cómo mueren las democracias” donde da pistas sobre cómo reconocer peligros autoritarios, o Pablo Stefanoni. Acertadamente Pablo Semán señala en la introducción del libro la importancia de “las observaciones tempranas de Mayra Arena” que advertía un panorama político fértil para este tipo de ensayos de derecha ante la pasividad de los sectores tradicionales de la política local.

Vázquez fue entrevistada n el programa Hoja de Ruta de El Litoral Radio, y allí compartió su análisis, con aguda mirada, del nacimiento del heterogéneo espacio que lidera el ahora presidente Javier Milei y examina con rigor científico a los jóvenes militantes de la nuevas derechas.

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-¿Cómo se construye un militante joven de Milei?

Es una respuesta que requiere varias capas. Creo que fue lo que dio forma a este diálogo entre autores que nos consultamos, que teníamos vínculos pero no éramos un equipo de investigación, y de alguna manera todos fuimos encontrándonos con elementos parecidos. Elementos que estaban pasando en una temporalidad un poco más larga a la elección, y sobre todo un momento que marcó una radicalización de la derecha tal como la conocíamos, por lo menos en su masividad y en su capacidad de traccionar votos y adhesiones desde la vuelta a la democracia. 

Más allá de la coyuntura electoral, nosotros desde hace tiempo veníamos registrando algunas inflexiones.  Cada quien desde su campo de experticia, propició un diálogo y la construcción de una perspectiva de trabajo conjunta que expresa cada una de las piezas que va componiendo el libro. 

Un primer capítulo habla de la historia de las derechas y de las características de estas derechas atravesadas por la categoría fusionismo, que es la apuesta teórica e interpretativa que hacen Sergio Morresi y Martín Vicente, mi capítulo hablo de los jóvenes militantes de Milei y las nuevas derechas, el texto de Ezequiel Saferstein trata de pensar la dimensión político, cultural y generacional del fenómeno y piensa los militantes y los consumos culturales.El otro capítulo que es de Pablo Semán con Nicolás Welschinger piensa a los jóvenes que tal vez no son necesariamente militantes pero que adhieren a algunas de estas ideas y no solo por principios ideológicos sino por una experiencia atravesada por lo que ellos llaman las “Mímicas del Estado”.Una relación muy compleja con el Estado y a la vez jóvenes que van a adherir a ese principio de la meritocracia; siendo jóvenes de sectores muy populares, van a creer en esta idea del mejorarse a sí mismo, una idea de un sujeto autodeterminado que con base en el esfuerzo puede llegar a alcanzar una posición mejor.

-La mímica del Estado, ¿cómo llegan a esa idea? 

Aparece algo muy importante que es la característica del mileísmo: su capacidad de movilizar adherentes, militantes, jóvenes que tiene un componente plebeyo.Es decir de alguna manera nos hace pensar en la base social más relacionada al peronismo que al perfil social históricamente asociado a las derechas que tiene un componente de élite. 

De hecho, cuando llegó el macrismo al poder, aparecía una imagen de los jóvenes ricos del Newman, de una escuela muy prestigiosa, muy cara y de élite, y los jóvenes mileistas no tienen este perfil social. Nosotros estudiamos en el AMBA y en la provincia de Buenos Aires a jóvenes que hacen uso del hospital y escuelas públicas, que vivieron las complejidades de la relación con lo público y que ponen en tensión la idea de un Estado presente. Ahí aparece uno de los nudos de manera transversal de las distintas investigaciones durante la pandemia. La idea de un Estado presente, de una gestión, de una administración de la salud pública basada en  la idea “quédate en su casa”, cuando buena parte de esos jóvenes no podían quedarse en su casa porque no tenían un trabajo en relación de dependencia que puedan virtualizar. Son trabajadores, por ejemplo, de aplicaciones de reparto, informales, entonces debían salir a la calle. Es decir que tiene que ver con una experiencia concreta que luego se va politizando y se convierte  en ir en contra de las medidas de aislamiento social preventivo y obligatorio, que los encuentra en las calles construyendo reclamos, sociabilidades, construyendo un principio de identificación común donde la crítica al Estado va a ser muy fuerte. Sobre esa crítica van a aparecer tal vez los hechos más destacados como las vacunaciones Vip y la fiesta de Olivos. Esos dos elementos anudan esa experiencia, la politizan y recorren transversalmente las experiencias, donde los testimonios permiten pensar cómo se articula una fuerte oposición al gobierno, al kirchnerismo y sobre todo una crítica a la idea de ese Estado presente que te cuida, que te va a dar las vacunas de manera gratuita pero prioriza a los políticos, por eso también ahí se anuda la idea de la casta. ¿Quién se vacunó primero? ¿Quiénes están de fiesta mientras a nosotros nos guardan en nuestra casa? Ahí se construye un hito bastante significativo para entender este mileísmo donde la cuestión juvenil me parece que anuda de una manera muy singular, aunque obviamente sus votantes no fueron solamente ni jóvenes ni de sectores populares. Eso quedó claro a la luz de las elecciones. 

-¿Cómo analizas la cuestión del progresismo? Hasta hace algunos años el tema del momento tenía que ver con el feminismo, la diversidad, los derechos de las mujeres, el aborto. ¿Cómo en tan poco tiempo pasamos de eso a odiar o a perseguir estas ideas? 

Un estudioso del tema a nivel internacional que es Cas Mudde, dice que hay una cuarta ola de estas derechas que tiene que ver con distintas temporalidades. Así como podemos encontrar distintas olas de feminismo también hay distintas oleadas de derechas que obviamente hay que analizar en cada caso particular, donde hay puntos en común.Los casos hay que pensarlos en su singularidad y en sus especificidades, pero ese elemento común de esta cuarta ola de las derechas tiene que ver con lo que él llama la desmarginación.Hay ideas, hay prácticas de grupos que existían hace mucho tiempo. Pensemos, por ejemplo, en los sectores que se oponen al aborto legal y gratuito, los hemos visto movilizarse en las calles. Acá pienso en Victoria Villarruel y las llamadas “Agrupaciones de la memoria completa”, es decir agrupaciones estaban desde antes. Lo que pasa es que tenían una posición política y públicamente marginal. 

-¿Cómo salen de esa marginación, cómo se convierten en una narrativa, en una identidad pública y política que empieza a atraer a otras personas?

Pienso que en los debates en torno a la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE)  en el 2018 y en el 2020 fueron muy importantes porque muchos jóvenes van a empezar a reconocerse como parte de la derecha. En la oposición al aborto legal seguro y gratuito van a encontrar una identidad pública que los aglutina. Tal vez antes no sabían o no se sentían parte de esa derecha, es decir que la idea de ser de derecha permitió aglutinar una heterogeneidad de agendas entre las cuales reconocerse antiaborto legal seguro y gratuito traccionó una parte de esa militancia. Tal vez no estaba en las calles como estaban los pañuelos verdes, pero sin duda reactivó sociabilidades, tramos familiares, vínculos.Suelo decir que para muchos jóvenes Victoria Villarruel no expresa la agenda de las organizaciones de la memoria completa, sino una referente que ellos asocian a las movilizaciones opositoras contra la IVE, es decir, la reconocen en relación con otras agendas y con otras causas. 

-Hay un hito ahí.

Si, es una de las cuestiones que organiza este espacio tan heterogéneo hacia adentro, porque es verdad que la oposición al progresismo aparece como una marca identitaria, pero hacia adentro hay muchas tensiones.Hace poco tiempo descubrí un grupo de jóvenes mujeres mileístas que se reconocen feministas libertarias que discuten hacia adentro la agenda antiaborto. Pero tal vez el elemento que más configura las tensiones internas son las posiciones más conservadoras, antiaborto y las posiciones liberal-libertarias, que en algunos casos hay militantes que van a decir: “yo no me opongo al aborto legal pero pagátelo vos”. Con este argumento de un Estado mínimo, el asunto no es un problema ideológico, ni de creencias religiosas o de orden personal, sino más bien de que no sea el Estado aquel que financie tu aborto. Entonces surgen ahí matices. 

Creo que a nivel global la oposición al progresismo es una agenda que supo leer algunos elementos. Milei retoma la lectura que hace Agustín Laje en un libro que se llama “La batalla cultural” donde hay categorías del progresismo que revisitan, como las de Gramsci y de Laclau. Lo hace el propio Laje que es uno de los intelectuales y articuladores de algunas de las ideas más fuertes que circulan entre los militantes. Reconceptualiza esta categoría propia del pensamiento político de la izquierda como batalla cultural para pensar su propio quehacer intelectual militante dentro de las derechas. Es decir, que no se trata sólo de oponerse a las derechas, sino que hay una lectura de esas derechas y también hay una construcción de sentidos que permiten sumar a otros a sus propias filas.

-Para algunos Milei representa un extremo de una derecha que ya estaba institucionalizada en Cambiemos, pero que fracasó, entonces encontró un catalizador en Milei. ¿Es así?

Sí, empezaría con una afirmación contundente: sin Macri no podríamos tener a Milei y viceversa.

Hay muchos de los elementos que hoy aparecen de una manera contundente, o afirmaciones como la agenda del llamado adoctrinamiento, la idea de que en las universidades y en las escuelas públicas se adoctrina a los estudiantes. Esta idea que Milei y muchos de sus seguidores dicen sin ningún pudor, de alguna manera se va gestando desde hace mucho tiempo, por ejemplo recordemos cuando Esteban Bullrich como Ministro de Educación de la Ciudad de Buenos Aires lanzó el 0800 para denunciar actividad política en las escuelas. 

Es decir que hay elementos que se fueron configurando desde hace mucho tiempo y que permiten entender cómo se llega a esta expresión de esta derecha que sin duda es más radical, pero que de alguna manera articula con procesos en curso desde hace muchísimo más tiempo. 

-La configuración de ese espacio juvenil tiene un inicio, una prehistoria que es UPAU, que en la UNNE tuvo mucha presencia. Contanos algo de eso.

Hay una colega que hizo un estudio respecto de las trayectorias militantes, que nos permiten entender cómo personas con ciertos perfiles habitan lugares que por ahí ideológicamente parecen estar en las antipodas, pero que permiten entender soluciones de continuidad. Ella mostraba la importancia que tenían dentro del armado del PRO, quienes habían sido militantes de UPAU (Unión para la Apertura Universitaria), y esta idea, que me parece que es muy potente y que muchos de sus militantes recuperan, llega a ser un semillero de militantes liberales. 

Algo que a mí me llamaba la atención, y esto lo vi en el cierre de campaña de las elecciones legislativas en la ciudad en 2021, tuvo como uno de sus maestros de ceremonias del cierre del acto de Parque Lezama a Carlos Maslatón, hoy peleado con Miléi que hablaba de la experiencia de UPAU como algo muy significativo y permite entender ese hilo militante porque construia o tejía un hilo entre las experiencias de esas derechas que habían tenido puntos de contacto, y también sus antiguas diferencias.

Me parece importante decir que para muchos militantes de UPAU de los 80, reconocerse de derecha era una mochila difícil de cargar estando a la vuelta a la democracia, con el hostigamiento de los militares, con amenazas concretas, decir que ser de derecha era un problema. 

El esfuerzo fue decir que eran una derecha democrática, construir una agenda propia, pensar en los reclamos sectoriales del estudiantado, diferenciarse de las agrupaciones que ellos consideraban prosecistas. 

-¿Qué permiten leer los estudios de campo?

En el equipo que coordino aplicamos una encuesta entre militantes de distintos espacios políticos partidarios, y nos llamaba la atención que entre los jóvenes del PRO tendían en esta escala de 1 a 10 izquierda-derecha, ante la pregunta: ¿dónde te ubicas?, casi todos primero decían no somos ni izquierda ni derecha, pero si había que colocarse en algún puntaje de 1 a 10, se colocaban del centro para la izquierda. 

Es decir, había una idea de reconocerse desde una mirada de una derecha que tiende a adherir a visiones desideologizadas dentro de una centro izquierda. Esta derecha reivindica ser de derecha, critica la corrección política y dice lo que piensa. Y hay algo de clima de época que creo Milei expresa. Expresa esto: decir lo que piensa sin ningún filtro. Lo expresa en las redes sociales, y expresa la manera en que esos militantes reivindican y hacen de la condición de ser de derecha una bandera. Por eso, la idea de ser picantes también quiere decir que, hay una idea de ser jóvenes militantes y picantearla, ir a los lugares donde no se espera que estén y hacer acciones con contundencia que les dé visibilidad, reivindicando esta agenda y esta condición política de ser parte de la derecha. De alguna manera, dejó de dar vergüenza a esta categoría. 

-Hay ciertos sectores de la juventud que creen que el camino es individual. ¿Es individual el camino o es colectivo? ¿Estamos en una deriva que puede tener consecuencias o no? 

Puedo decir que para ellos hay una idea de que el camino tiene más que ver con el sustrato individual. Hace muchos años pensamos que era el Estado el que iba a tener una intervención para propiciar que algunos sectores sociales tengan acceso, por ejemplo, a la educación pública gratuita y de calidad. Entre ellos hay una idea de que, en todo caso será el voucher que cada uno pueda tener y en la escuela que elija aquello que le va a dar una salida auspiciosa a un recorrido personal, a una trayectoria personal o familiar. Sin duda hay una idea, una adhesión a una suerte de moral individualista. Podría discutirla en términos políticos, pero eso hace sentido para esa gente, sobre todo a la luz de esta experiencia compleja que tienen con el Estado y un discurso meritocrático que me parece que atraviesa muchas capas y no necesariamente es nuevo. Creo que hoy se articula como un lenguaje político, pero creo que la idea del esfuerzo y del mérito, de conseguirse uno mismo lo que tiene también resuena en una experiencia de vida, como decíamos, este chico que yo tomo en el texto que escribí para Anfibia. Un chico dice: para ganarse el sustento hay que pedalear y si necesito más plata tendré que pedalear más para llegar a redondear un sueldo mejor a fin de mes. Depende de uno. 

-¿Es decir que no aceptan el consejo?

Como dice Pablo Semán y Nicolás en su capítulo, hay algo de la experiencia que tuvieron en relación con la pandemia y que tiene que ver un poco con eso, “yo salí a rebuscármela solo” nos decían. Ahora no me vas a decir vos qué es lo que puedo o no puedo hacer.Como una cuestión hasta idiosincrática que anuda y hace pensar en esta categoría tan potente que es la de jóvenes “mejoristas”.Vamos a mejorar sobre la base del esfuerzo personal e individual, las valoraciones que podamos hacer sobre esa narrativa (yo tendría bastantes críticas) pero más allá de pensar qué críticas le podemos hacer, creo que es un poco lo que anima entender cómo se piensan a sí mismos estos jóvenes. 

Estas narrativas meritocráticas no nacen con la llegada de Milei al poder ni con la creación de La Libertad Avanza pero la hondura y la difusión que tienen sus ideas, sí, sin duda. Me parece que esto de nuevo se masificó y construyó un sentido común y construyó adhesiones mucho más masivas y creo que el efecto tal vez más problemático de estas narrativas, como dice Francois Dubé, que él analiza los efectos de estas miradas tan meritocráticas, es que individualiza las responsabilidades. Entonces si uno fracasa no es porque vive en una sociedad excluyente, que hay desigualdades persistentes, sino porque uno no fue capaz o no fue lo suficientemente emprendedor o voluntarista o no se esforzó lo suficiente para alcanzar allí donde quería llegar. Entonces eso también me parece que es problemático a la hora de pensar la salida colectiva y política respecto de cómo correr el foco de la responsabilidad individual a los fracasos sociales, o en la movilidad social.Si hay una movilidad social descendente, uno podría decir, hay que encontrar las causas colectivas y articular respuestas colectivas a una situación que de ninguna manera puede explicarse por el mérito, el esfuerzo o la voluntad de los individuos. Entonces reponer los elementos colectivos y sociales sí me parece que es importante para pensar una respuesta política a estas narrativas.

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