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Cómo manejar un cambio

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Por Lic. Camila Ontiveros Todone
camilaontiveros@hotmail.com

Con el ritmo de vida actual, los cambios de casa o de escuela suelen ser bastante comunes. Un cambio normalmente es difícil porque implica una situación nueva, desconocida que en general nos produce algún tipo de miedo; y puede convertirse en un problema para los niños si no se sabe cómo afrontarlos.


Si como adultos nos es difícil adaptarnos a los cambios (de trabajo, de hogar, de residencia, etc), imagínate cuanto más difícil puede ser para los niños. Por eso es importante que como papás nos tomemos el tiempo de prepararlos. Es fundamental que nos anticipemos ante ciertas situaciones; que les comentemos con anterioridad lo que va a suceder, es importante que ellos estén enterados e involucrados en todas las decisiones.
Normalmente antes de los dos años, los pequeños no resentirán y se adaptarán fácilmente a los cambios; a menos que sientan a sus padres preocupados, temerosos o inquietos. Es indispensable recordar que los niños están muy conectados con sus padres por ello puede percibir lo que sienten, aunque no lo manifiesten con palabras.
Para manejar el cambio con los niños es muy importante hablar con ellos sobre  las razones que motivan el cambio (sea cual fuera) y responder todas sus preguntas. Crear un espacio de dialogo donde los niños puedan despejar todas sus dudas e inquietudes.
Es importante como padres, sentarse y conversar las razones del cambio. Se debe dedicar tiempo a explicar la importancia que esto tiene, las ventajas que este cambio traerá a toda la familia, sobretodo hablar de los aspectos positivos; hablarle de todos los beneficios (conocer nuevas personas, nuevos lugares, la unión familiar al enfrentar este reto, etc.).

Involucrar al niño

Esto es muy importante: que ellos se sientan parte de la familia y del cambio que se produce. En el caso de una mudanza por ejemplo, involucrarlo puede significar que él o ella guarde sus juguetes, su ropa, lo que más le gusta para llevarlo al nuevo hogar.
En el caso de un cambio de colegio por ejemplo, sería bueno previamente realizar con el niño una visita a la nueva institución; mostrarle el edificio, como será su nueva escuela, el patio, las salas, etc.

¡Chau pañal!
Un cambio por el que todos pasamos: el control de esfínteres y ¡chau pañal! Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Laura Gutman recomienda intentar observar sin prejuicios el proceso natural, “estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años”.
Es importante que ante algunos cambios biológicos y madurativos que deben, necesariamente, atravesar los niños, intentemos calmar nuestras ansiedades al respecto. Nuestra mirada tiene que estar dirigida al niño, en su ser individual y único. Cuando hablamos de desarrollo madurativo tenemos que entender que si bien existen ciertos parámetros “normales” en cuanto a edades en las que se adquieren ciertas habilidades y logros, cada niño es individual y único y tiene sus propios ritmos.
El control de esfínteres no se aprende. Se adquiere cuando el niño está maduro para ello. Caminar, hablar, comer, son funciones que se adquieren, cuando los niños están lo suficientemente maduros. Son adquisiciones paulatinas, lentas, que llevan mucho tiempo.
Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, lo cierto es que todos intentarán caminar alrededor del año, comer alrededor de los 6 meses, y controlar esfínteres entre los 2 1/2 y 3 años. No hay ningún apuro, puesto que la edad para comenzar a hacer todas estas cosas, no tiene relación alguna con el desempeño posterior en la vida adulta, y a nadie le van a preguntar en la universidad, a qué edad aprendió a caminar. Los adultos deberíamos preguntarnos ¿qué nos pasa que estamos tan apurados por conseguir logros en nuestros hijos?
Al haber fijado como "normal" la edad de 2 años para el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.
Bien entrada la segunda mitad del segundo año de vida (o sea, después del año y medio), algunos bebés pueden empezar a darse cuenta cuando tienen sucio el pañal, e incluso a saber cuándo "lo están haciendo". Este es un lento proceso que puede llevar alrededor de 2 años más, desembocando en el control de esfínteres.
Es frecuente escuchar a las mamás excusando a sus hijos que se lo hicieron encima, diciendo "estaba tan entretenido jugando, que se olvidó", o preguntando millones de veces antes de salir de cada lugar, si quieren hacer pis, o limitando la ingesta de líquidos a la noche para que aguante sin mojar la cama. Cuando el control de esfínteres está adquirido, estas escenas son infrecuentes. A los adultos y a los niños mayores no nos ocurren estas cosas.

Tener en cuenta
Es importante procurar que los cambios se produzcan uno a la vez; que no se junten varios cambios (nacimiento de un hermanito, cambio de habitación, cambio de casa). Sin embargo, hay momentos en que inevitablemente esto se produce. En ocasiones así, solo es importante que el cambio vaya acompañado de un diálogo abierto y un espacio de escucha para el niño. Ningún cambio suele ser muy difícil de asimilar para el niño, siempre cuando vaya acompañado de palabras, escucha, contención y mucho amor.

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Cómo manejar un cambio

Por Lic. Camila Ontiveros Todone
camilaontiveros@hotmail.com

Con el ritmo de vida actual, los cambios de casa o de escuela suelen ser bastante comunes. Un cambio normalmente es difícil porque implica una situación nueva, desconocida que en general nos produce algún tipo de miedo; y puede convertirse en un problema para los niños si no se sabe cómo afrontarlos.


Si como adultos nos es difícil adaptarnos a los cambios (de trabajo, de hogar, de residencia, etc), imagínate cuanto más difícil puede ser para los niños. Por eso es importante que como papás nos tomemos el tiempo de prepararlos. Es fundamental que nos anticipemos ante ciertas situaciones; que les comentemos con anterioridad lo que va a suceder, es importante que ellos estén enterados e involucrados en todas las decisiones.
Normalmente antes de los dos años, los pequeños no resentirán y se adaptarán fácilmente a los cambios; a menos que sientan a sus padres preocupados, temerosos o inquietos. Es indispensable recordar que los niños están muy conectados con sus padres por ello puede percibir lo que sienten, aunque no lo manifiesten con palabras.
Para manejar el cambio con los niños es muy importante hablar con ellos sobre  las razones que motivan el cambio (sea cual fuera) y responder todas sus preguntas. Crear un espacio de dialogo donde los niños puedan despejar todas sus dudas e inquietudes.
Es importante como padres, sentarse y conversar las razones del cambio. Se debe dedicar tiempo a explicar la importancia que esto tiene, las ventajas que este cambio traerá a toda la familia, sobretodo hablar de los aspectos positivos; hablarle de todos los beneficios (conocer nuevas personas, nuevos lugares, la unión familiar al enfrentar este reto, etc.).

Involucrar al niño

Esto es muy importante: que ellos se sientan parte de la familia y del cambio que se produce. En el caso de una mudanza por ejemplo, involucrarlo puede significar que él o ella guarde sus juguetes, su ropa, lo que más le gusta para llevarlo al nuevo hogar.
En el caso de un cambio de colegio por ejemplo, sería bueno previamente realizar con el niño una visita a la nueva institución; mostrarle el edificio, como será su nueva escuela, el patio, las salas, etc.

¡Chau pañal!
Un cambio por el que todos pasamos: el control de esfínteres y ¡chau pañal! Hemos impuesto a los niños el control de esfínteres alrededor de los dos años de edad, con lo que este tema se ha convertido en todo un problema. Laura Gutman recomienda intentar observar sin prejuicios el proceso natural, “estaríamos ante la evidencia de que los niños humanos la realizan después de los tres años, algunos después de los tres años y medio, o incluso después de los cuatro años”.
Es importante que ante algunos cambios biológicos y madurativos que deben, necesariamente, atravesar los niños, intentemos calmar nuestras ansiedades al respecto. Nuestra mirada tiene que estar dirigida al niño, en su ser individual y único. Cuando hablamos de desarrollo madurativo tenemos que entender que si bien existen ciertos parámetros “normales” en cuanto a edades en las que se adquieren ciertas habilidades y logros, cada niño es individual y único y tiene sus propios ritmos.
El control de esfínteres no se aprende. Se adquiere cuando el niño está maduro para ello. Caminar, hablar, comer, son funciones que se adquieren, cuando los niños están lo suficientemente maduros. Son adquisiciones paulatinas, lentas, que llevan mucho tiempo.
Aunque la estimulación puede influir en algunos niños, lo cierto es que todos intentarán caminar alrededor del año, comer alrededor de los 6 meses, y controlar esfínteres entre los 2 1/2 y 3 años. No hay ningún apuro, puesto que la edad para comenzar a hacer todas estas cosas, no tiene relación alguna con el desempeño posterior en la vida adulta, y a nadie le van a preguntar en la universidad, a qué edad aprendió a caminar. Los adultos deberíamos preguntarnos ¿qué nos pasa que estamos tan apurados por conseguir logros en nuestros hijos?
Al haber fijado como "normal" la edad de 2 años para el control de esfínteres, nos hemos creado un problema y sobre todo, se lo hemos creado a nuestros hijos.
Bien entrada la segunda mitad del segundo año de vida (o sea, después del año y medio), algunos bebés pueden empezar a darse cuenta cuando tienen sucio el pañal, e incluso a saber cuándo "lo están haciendo". Este es un lento proceso que puede llevar alrededor de 2 años más, desembocando en el control de esfínteres.
Es frecuente escuchar a las mamás excusando a sus hijos que se lo hicieron encima, diciendo "estaba tan entretenido jugando, que se olvidó", o preguntando millones de veces antes de salir de cada lugar, si quieren hacer pis, o limitando la ingesta de líquidos a la noche para que aguante sin mojar la cama. Cuando el control de esfínteres está adquirido, estas escenas son infrecuentes. A los adultos y a los niños mayores no nos ocurren estas cosas.

Tener en cuenta
Es importante procurar que los cambios se produzcan uno a la vez; que no se junten varios cambios (nacimiento de un hermanito, cambio de habitación, cambio de casa). Sin embargo, hay momentos en que inevitablemente esto se produce. En ocasiones así, solo es importante que el cambio vaya acompañado de un diálogo abierto y un espacio de escucha para el niño. Ningún cambio suele ser muy difícil de asimilar para el niño, siempre cuando vaya acompañado de palabras, escucha, contención y mucho amor.