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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

La pobreza es como la belleza

Por Jorge Eduardo Simonetti

jorgesimonetti.blogspot.com

PREMIO DE LA FAO

La pobreza, como la belleza, está en el ojo de quien la percibe”, es una famosa frase de Mollie Orshansky, economista y experta en estadísticas estadounidense que se especializó en el estudio de los umbrales de la pobreza. Esta expresión es en sí riesgosa por la posibilidad de concluir en la relativización total de la pobreza, pero está significando que la definición del término tiene múltiples ángulos de abordaje y que la variabilidad de componentes para la determinación del nivel de corte es muy amplia y puede llevar a confundirnos si no estamos atentos.

La estadística, entonces, debe ser tomada con pinzas. Me viene a la mente una frase del dictador José Stalin, que dijo: “Una muerte es una tragedia, un millón de muertes una estadística”. Reemplazamos los “muertos” por los “pobres”, y también cínicamente podríamos decir: “Un pobre es una tragedia, un millón de pobres una estadística”.

El premio otorgado a la Argentina por la FAO, organismo de las Naciones Unidas sobre alimentación y agricultura, animó a la presidenta Kirchner para afirmar en su discurso que en el país el índice de pobreza está hoy por debajo del 5%. Lo que siguió en la perorata oficial ya fue demasiado: en Alemania y Dinamarca hay más pobres que en Argentina. Ojalá fuera cierto, pero merece algunas aclaraciones que surgen de datos objetivos y comprobables:

1°) El reconocimiento de la FAO al país es porque mantiene el hambre por debajo del 5% desde 1990. Es decir que el logro abarca casi todo el gobierno de Menem, los de De la Rúa y Eduardo Duhalde, incluido el período de la megacrisis de 2001/2002, y los doce años de Néstor y Cristina Kirchner.

2°) Las conclusiones de la FAO se basan en los números oficiales de cada país, en nuestro caso del Indec, organismo que hace siete años falsea descaradamente las estadísticas.

3°) Los datos difundidos por Cristina en su discurso son los del Indec del primer semestre de 2013, porque a partir de esa fecha no se publican más en Argentina los índices de pobreza e indigencia. Recordar lo dicho por Kicillof hace apenas dos meses, cuando consultado al respecto expresó textualmente: “Yo no tengo el número de pobres, me parece que es una medida bastante estigmatizante” (sic).

4°) Para otorgar los reconocimientos, la FAO excluyó a los países desarrollados, y de los 129 restantes (no desarrollados) recibieron el premio 72 (es decir el 55%), entre ellos la Argentina. Para tener una idea de la naturaleza de la distinción, vale decir que también la recibió Venezuela, país que atraviesa una crisis terrible de escasez y desabastecimiento de alimentos y medicinas. 

5°) Ante la falta de datos oficiales, debemos recurrir a estimaciones alternativas para calcular la pobreza y la indigencia. Mencionaremos a dos fuentes: la CTA de Yasky, porque es oficialista, que calcula la indigencia en 4,4% y la pobreza en 17,8%; y la del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), por su indubitable seriedad y autoridad científica, que ubica a la indigencia sobre el 5% y a la pobreza entre el 25,6 y el 27,5%.

6°) Los datos del discurso de Cristina en la FAO, entonces, son comparables, en la envergadura de su falsedad burlesca, a los famosos y recordados “seis pesos” que el Gobierno difundió como suficientes para que coma una familia tipo.

Si los números son tan claros, ¿por qué la Presidenta y sus adláteres salen a realizar afirmaciones que rayan lo ridículo? Nos referimos a que en Dinamarca y en Alemania hay más pobres que en Argentina.

La explicación de lo inexplicable está en que, como se dijo más arriba, las estadísticas pueden tener distintos puntos de partida, bases diferentes o universo de datos no compatibles. La mala fe, la intención de engañar, hace el resto.

Veamos la diferencia:

1°) En Argentina se mide (la última en 2013) la pobreza de manera absoluta, es decir se fija un nivel mínimo de ingresos para cubrir necesidades básicas, y los que están por debajo son considerados pobres. La Canasta Básica Alimentaria es la pieza central en el método de medición de la pobreza, así lo expresa el “apartado metodológico” utilizado por el Indec. Pobres son aquellos que no pueden alimentarse adecuadamente y carecen de los servicios no alimentarios elementales.

2°) En los países desarrollados, entre los que se encuentran Alemania y Dinamarca (los dos países supuestamente con más pobres que el nuestro, según el discurso oficial), se adopta el índice de la Ocde (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), mediante el cual la pobreza es comparativa con el ingreso promedio de la población: si se gana menos del 50% de ese promedio, se es pobre. 

3°) La otra forma de medir en esos países es la de considerar pobre a aquellos que no alcanzan a cubrir por lo menos cuatro de los siguientes rubros: pagar los servicios, mantener el hogar adecuadamente caliente, encarar gastos inesperados, comer carne, pescado o una proteína equivalente día por medio, tener una semana de vacaciones fuera de casa, tener un auto, un lavarropas, un televisor color y un teléfono.

4°) La Oficina de Censo de los Estados Unidos desde hace décadas viene informando que un 10% de su población es pobre, unos treinta millones de norteamericanos, aunque entre los considerados pobres se hallen quienes según un estudioso del tema -James Q. Wilson- tienen vivienda propia, automóvil y otras comodidades propias de una familia de clase media de estas latitudes.

Si Cristina compara peras con vacas, no hacen falta tantos números para darnos cuenta de las falsedades oficiales, que subestiman verdaderamente la inteligencia del pueblo argentino. 

De cualquier modo, hay que decirlo, no podemos estar felices descubriendo las mentiras del Gobierno, sobre todo cuando el propósito es ocultar que hay más pobres de los que nos quieren hacer pensar.

No obstante todo lo expresado, no olvidamos dos realidades del mundo de hoy. La primera es que hay suficiente alimento en el mundo para que no exista el hambre, el problema es de distribución justa. La segunda, que el mundo ha generado un silogismo cruel y contradictorio: a mayor riqueza, mayor pobreza, porque la riqueza se continúa privatizando y la pobreza se socializa cada vez más.

Es cierto que los subsidios oficiales permiten a mucha gente alimentarse, pero no es la solución digna y definitiva para ningún ser humano ni para un país que debe crecer.

Comencemos, entonces, exigiendo que no nos mientan más, y menos aún, que subestimen nuestra inteligencia.

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