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Pedersen: un danés en los esteros

Luego de la visita a la Casa-Museo Pedersen en el Parque Nacional Mburucuyá, entrevisté en el programa   Todos los Vientos de Radio Unne a Ricardo Vanni del Ibone, que dio detalles sobre los aportes de Pedersen a las investigaciones botánicas en Corrientes.

Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

El 12 y 13 de mayo pasado, 700 monumentos y sitios de todo el país participaron de cientos de actividades celebrando el Día de los Museos.
En ese marco, por primera vez se abrió al público la casa-estudio de Troels Pedersen en el parque Nacional Mburucuyá, unas 17.680 hectáreas que él mismo donó.
Ese fin de semana llegaron hasta allí más de 200 personas para ver como vivió y cómo era ese famoso e inaccesible lugar de estudio del filántropo danés.
Allí me esperaba mi amigo Abel Fleitas, el guardaparque Julio Sotelo y el agente de conservación Carlos Gómez.
Llegué por la Ruta 6 que va de Concepción a Mburucuyá, por el paso Aguirre sobre el estero Santa Lucía. El recorrido por el casco de la estancia es increíble porque permite acercarse a la vida recoleta de Troels y su mujer Nina en el campo correntino de la década del 40, y también a cómo era el dedicado y minucioso trabajo de recolección de ejemplares para sus herbarios.
Hombre parco, metódico y riguroso, Troels se levantaba temprano, desayunaba, caminaba por el parque y a las 7 en punto, todos los días, montaba su caballo para internarse en el campo.
El ritual era siempre el mismo en Santa Teresa. El peón dejaba el caballo listo y se retiraba. En absoluto silencio, Troels iba al encuentro del equino y partía en busca de plantas.
Antes del mediodía regresaba, almorzaba y después de la siesta tomaba el té para luego dedicarse al estudio.
No hay lujos en la casa, sólo un tocadiscos y mucha música clásica. La austeridad es la norma en todo allí. Austeridad en los gestos, las palabras y las formas de vida.
Así pasaron décadas allí, sólo interrumpidas por los viajes a Europa y la ciudad de Corrientes, al Instituto de Botánica del Nordeste.
La siguiente es la entrevista que hicimos en “Todos los Vientos” de Radio Unne 99.7 con Ricardo Vanni, socio fundador del Ibone y con 46 años de antigüedad como miembro del Departamento de Botánica y Ecología, grupo formado por el ingeniero A. Krapovickas, que después dio origen a un instituto de dependencia compartida Conicet-Unne que se funda allá por el 82.

—Pedersen donó las tierras que hoy es Parque Nacional y está en el corazón de Corrientes. ¿Quién era Pedersen?
—Pedersen era de origen danés y pertenecía a una familia muy pudiente de Dinamarca. Su padre tenía un socio y ambos compraron una serie de estancias en torno al río Paraná, en el lado de Argentina, en Corrientes, y del lado de Paraguay. Ellos llevaban cueros a Europa y hacían ganadería en ambas estancias, y tenían incluso una estancia que en los últimos años nos dimos cuenta de que tenía un saladero de cuero. En el año 45, Troels, abogado recibido en Suiza, viene a hacerse cargo de las estancias del papá.
—¿Cuántas eran?
—Tengo entendido que, además de Santa María y la otra más grande, Santa Teresa en Mburucuyá, tenían una más chica cerca de las costas del Paraná que se llamaba La Hiela. Creo que eran mil hectáreas y yo no sé si era sociedad o tenía acciones en la estancia Las Tres Marías, que está camino a Empedrado y ahora es de otra empresa.
El padre lo manda a Suiza porque veía que a él le faltaba dicción. Además lo manda a estudiar abogacía. Llega de regreso entre 1945-46 y se hace cargo de las estancias y quiere poner en marcha un proyecto de producción sustentable de manejo racional de las pasturas naturales: él las llama praderas, pero en realidad son sabanas. 
—¿Qué vínculo tenía con Dinamarca?
—Una gran relación con Copenhague. A la Universidad de Copexa perteneció Warming, a quien se lo considera más o menos el padre de la ecología.
Hay dos disciplinas que nacen en Sudamérica: la ecología de Warming que trabajó en Brasil; y a Humboldt (no viajó tanto pero trabajó con Bonpland y Kunth), se los considera el padre de la fitogeografía. O sea, la distribución de las especies en el planeta, y bueno, la ecología ya sabemos todos por definición; a veces mal o bien explicado, es una ciencia. El ya tenía esa visión.
—Viene de esa tradición.
—Claro, en el fondo es naturalista. Además, él venía como dueño, no como encargado. Entonces, cuando quiere empezar a hacer ese proyecto se da cuenta de que no conoce la vegetación del lugar. Entonces, no se puede manejar lo que no se conoce. Ahí empieza su interés de empezar a identificar las plantas.
—¿El había estudiado botánica?
—No. El fue un autodidacta. El no estudió botánica pero manejaba 5 idiomas, manejaba latín. Realmente lo apasionó eso de él mismo poder identificar sus plantas y cuando él empieza a identificar sus plantas, nosotros juntamos normalmente lo que se llama de una planta, dos o tres repeticiones, entonces llamamos duplicado. El empieza a distribuir duplicados a los grandes herbarios del mundo donde están los grandes tipos, donde se han descripto. Llega a mandar duplicados coleccionados por él -después te voy a enumerar varios herbarios importantes del mundo: París (P), Kew (Londres K), Copenhague (D), New York (NY) y algunos de Brasil, Curitiba (MBM)-. ¿Por qué? Porque él necesitaba buenos nombres. Entonces, manda esos duplicados a herbarios del mundo donde había especialistas en las plantas que él juntaba para que le manden identificaciones. Cuando vos donás un duplicado o lo mandás para identificar, en pago por esa identificación queda el ejemplar; esto es una cosa muy importante que lo sabe muy poca gente.
Unos años antes se convierte en un coleccionista que hace reconocer la flora del noreste argentino y él se mueve en las estancias de Paraguay, Corrientes, Entre Ríos en Argentina, y también en Uruguay. Entonces su herbario llega a juntar más o menos 30.000 ejemplares, 30.000 números.
¿Pero cuál es la importancia?: en el 45 eran las primeras colecciones de esta zona. Hay una coincidencia y una contradicción, porque la otra gran colección que empieza en el 35 es la de don Augusto Schulz, que era maestro de escuela; también se lo conoce muy poco científicamente. Don Augusto mandó de su flora chaqueña y también empezó a mandar a varios herbarios del exterior duplicados a cambio de buenos nombres.
Entonces, Pedersen llega a tener un material de comparación importante y se mune de una biblioteca muy importante: llega a tener hasta la enciclopedia de Lamark.
—Al leer varios idiomas y latín es una gran ventaja.
—Era el idioma universal del momento y toda la botánica se manejó y se maneja en base al latín. Incluso hoy se sigue usando para las definiciones de los nuevos taxones en latín; por más que sean cuatro renglones. 
—¿Cómo hacía esa extracción y el secado? ¿Cómo enviaba eso? 
—Las colecciones fundamentalmente son plantas herbáceas. Las herbáceas que pueden ser a lo sumo arbustivas, de acuerdo al porte y al grado de lignificación de los tejidos, se tiene que coleccionar con raíz o con un sistema radicular o con tallos subterráneos. El elegía puntualmente qué planta podía juntar, la juntaba -repito-, hacía los duplicados, las secaba; nosotros usamos un tipo de secadora que es una secuencia de cartón corrugado, felpas secantes, plantas envueltas en papel de diario que son abiertas, papel secantes, felpas y cartón corrugado u otro material. El cartón corrugado tiene de ventaja sus canales. El cartón permite la circulación del aire y va desalojando lentamente la humedad que contiene la planta. Manejó un grupo de plantas que tenía una gran cantidad de líquido acuoso: Cyperáceas, Amarantáceas, Apiaceas Caryofiláceas.
En los últimos años siempre se secó el material de botánico con calor artificial. Troels usaba calor natural, al sol; en los últimos dos años empezó a usar gas, pero siempre usaba el calor del sol; o sea, no usaba calor artificial. El expandía sus prensas y después las desarmaba, expandía los secantes y los cartones para que se sequen y armarlos al otro día. 
Yo te contaba una anécdota: que normalmente él paraba en hoteles con pileta de natación. Entonces, en torno a la pileta él desplegada las prensas o los secantes, preparaba el material y después seleccionaba esos duplicados y él asignaba a qué herbarios iban a ir. Por supuesto que era correo oficial y el correo ha funcionado siempre muy bien desde el 35, porque don Augusto hacía lo mismo; por supuesto, hay un proceso de embalado porque la planta tiene que estar perfectamente seca y tiene que ser una planta que tenga flor y/o frutos además de su sistema radicular; eso va empacado y se envía entre cartones y aislante.
El mantuvo intercambio con herbarios importantísimos: Copenhague, New York Botanical Garden, Bruselas. New York Botanical Garden, el tercer herbario más grande del mundo, tiene 5,9 millones de ejemplares. Yo estuve becado ahí, mandaba a París, que es el herbario más grande del mundo; mandaba a Curitiba, Brasil, manda a US Instituto, Smithsonian, que es el herbario nacional de Estados Unidos, a Berlín y a Munich, bueno… y en Argentina enviaba ejemplares a San Isidro, donde trabajaba un amigo de él, Burkart, que era un botánico descendiente de alemanes -ya argentino- discípulo de una persona que formó una camada de botánicos muy importante que fue don Lorenzo Parodi, profesor en la UBA. Burkart trabajaba en el Instituto Darwinion que fue un instituto de Conicet, y de la Academia de Ciencias de Buenos Aires, en una donación que hace Cristóbal María Hicken, una persona muy adinerada. El instituto es la casa de Hicken: era un palacio y ahí se hizo un instituto, ¿te imaginás? Ese fue su contacto con Buenos Aires entonces. El mandaba a San Isidro y mandaba al herbario de La Plata, que era uno de los dos herbarios más antiguos junto con el Lillo, el Instituto Miguel Lillo de Tucumán.
—¿Cuáles fueron los grupos de temas que le interesaban a él?
—El viene con una pseudoformación ecológica de manejo de sistemas. Se dedica al estudio de un grupo de plantas muy importantes, llega a ser un referente muy importante en Cyperáceae. Las Ciperáceas es la familia botánica del pirí, es la familia de botánica del cebollín. Es una familia botánica que tiene muchos representantes en los ambientes donde se desenvolvía, porque no te olvides de que Santa Teresa y Santa María lindan con el río Santa Lucía, que es uno de los límites y ahí hay un complejo de bañados, esteros y lugares inundados. En Ciperáceas él llegó a ser entonces uno de los referentes más importantes. En Argentina había un botánico, Barros, que trabajó hace muchos años; después estuvo Rosa Guaglianone, posterior, y ahora la única que queda es mi esposa, M. Gabriela López, que es la única persona que formó Pedersen en Ciperáceas y que trabaja en la Facultad de Ciencias Agrarias e Ibone. Pero te digo, una familia muy importante como maleza, incluso de arroz, indicadoras a veces de suelos anegados. Después incursiona en Amaranthaceae. Su último trabajo son de Amaranthaceas, para la flora de Paraguay, con las que trabajó en un proyecto en el que colaboramos muchos, es un proyecto de Genéve, Suiza. Las Amaranthaceas es la familia botánica del yuyo colorado o la remolacha, los pseudocereales. Después incursionó en Caryophyllaceas, la familia botánica del clavel, siempre nativas.
Trabajó en Hydrocotyle, Apiaceas y también hizo una contribución en algunos géneros interesantes como Eryngium. 
Eryngium es lo que llaman turututú, es una maleza que parece inicialmente un caraguatá y después larga un escapoflorífero muy importante; invasor, resistente a quema, indicador de mal manejo. Así que en esas familias Troels Pedersen colabora con flora de Entre Ríos, era un proyecto importante con flora de la provincia de Buenos Aires; flora de Jujuy. Todos los proyectos florísticos lo invitan. En Argentina son grupos muy difíciles, flores muy chicas, de especies muy próximas, bastante complicadas para delimitar, pero él termina trabajando en Amaranthaceae; más o menos llega a publicar en total 40 trabajos.
—¿Dónde están los herbarios de Troels Pedersen?
—Por decisión de la esposa, Nina, después del fallecimiento de Troels dona el herbario al Ibone (Ciencias Agrarias), es un instituto de doble dependencia. 
Ahí están los armarios originales hechos en tartané, en madera. Una beta muy linda, ahí están los treinta mil ejemplares, normalmente son herbarios con ejemplares únicos; o sea no hay repetición de especie, porque él tenía un problema de espacio, ahí están montados por la esposa de él, identificados por él, con todas las etiquetas con los datos puntuales de colección y observación ecológicas del lugar donde las había juntado -te repito-, los viste, los ejemplos son perfectos.
—Además tienen cuadernos de anotaciones.
—Exacto. Tenemos todos los cuadernos de las notas de campo. El tema es que hay cosas que están escritas en danés, pero en su momento la esposa nos mandaba traducciones de las observaciones de campo, hasta que Nina, su esposa, falleció. 
Ellos normalmente en invierno venían a Corrientes y en verano se iban a Dinamarca. Viajaron siempre en barco, alquilaban dos camarotes; en un camarote dormían, por supuesto, y en el otro trabajaban montando las plantas, fichando bibliografía. También están en el Ibone la biblioteca, que realmente enriqueció muchísimo a nuestra biblioteca. Se incorporaron los duplicados que él mandaba. El siempre tuvo una afinidad muy importante con Krapovickas, nuestro maestro. Y tuvo su lugar físico de trabajo en el Ibone. Porque la familia que él tocaba, la familia de botánica era puntualmente complicada y, además, nosotros también necesitábamos nombres para hacer canjes, para llegar donde llegamos, que eran quinientos cincuenta mil ejemplares; nuestro herbario tiene quinientos cincuenta mil ejemplares.
—¿Alguna anécdota entrañable de él, de esas que uno guarda para siempre?
—En su momento, yo haciendo colecciones por el Chaco paraguayo, el Chaco árido donde están las colonias menonitas, yo junté un Amaranthaceae y se la traje. Esa Amaranthaceae resultó ser una especie nueva, pero me hizo una crítica: el sistema radicular tenía un trozo de rizoma del tallo subterráneo; entonces, el rizoma tenía que ser completo; me criticó eso. Cada vez que me veía se acordaba de eso y cuando donó el equipo de secado de plantas que él usó, me lo regaló y yo lo doné al Ibone. Y ahí me regaló una pala del ejército norteamericano. Y esa pala todavía la tengo, una barbaridad.
Una pala es un elemento que tiene que ser cómodo, plegable, liviano. La otra anécdota: en los últimos tiempos él ya no caminaba, se trasladaba en silla de ruedas; entonces, lo traía el chofer de Santa Teresa al hotel donde se hospedaba y del hotel volví a la estancia. Yo tenía que ir con el vehículo oficial del Ibone a buscarlo al hotel y traerlo al Ibone a trabajar, pero siempre me pregunté ¿porqué yo? No era chofer.
Nosotros teníamos gente que podía actuar como tal y un día Krapovickas me dijo: mire Troels, quiere que usted lo vaya a buscar porque es la única persona que vio que respeta la derecha en las esquinas.

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Pedersen: un danés en los esteros

Luego de la visita a la Casa-Museo Pedersen en el Parque Nacional Mburucuyá, entrevisté en el programa   Todos los Vientos de Radio Unne a Ricardo Vanni del Ibone, que dio detalles sobre los aportes de Pedersen a las investigaciones botánicas en Corrientes.

Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

El 12 y 13 de mayo pasado, 700 monumentos y sitios de todo el país participaron de cientos de actividades celebrando el Día de los Museos.
En ese marco, por primera vez se abrió al público la casa-estudio de Troels Pedersen en el parque Nacional Mburucuyá, unas 17.680 hectáreas que él mismo donó.
Ese fin de semana llegaron hasta allí más de 200 personas para ver como vivió y cómo era ese famoso e inaccesible lugar de estudio del filántropo danés.
Allí me esperaba mi amigo Abel Fleitas, el guardaparque Julio Sotelo y el agente de conservación Carlos Gómez.
Llegué por la Ruta 6 que va de Concepción a Mburucuyá, por el paso Aguirre sobre el estero Santa Lucía. El recorrido por el casco de la estancia es increíble porque permite acercarse a la vida recoleta de Troels y su mujer Nina en el campo correntino de la década del 40, y también a cómo era el dedicado y minucioso trabajo de recolección de ejemplares para sus herbarios.
Hombre parco, metódico y riguroso, Troels se levantaba temprano, desayunaba, caminaba por el parque y a las 7 en punto, todos los días, montaba su caballo para internarse en el campo.
El ritual era siempre el mismo en Santa Teresa. El peón dejaba el caballo listo y se retiraba. En absoluto silencio, Troels iba al encuentro del equino y partía en busca de plantas.
Antes del mediodía regresaba, almorzaba y después de la siesta tomaba el té para luego dedicarse al estudio.
No hay lujos en la casa, sólo un tocadiscos y mucha música clásica. La austeridad es la norma en todo allí. Austeridad en los gestos, las palabras y las formas de vida.
Así pasaron décadas allí, sólo interrumpidas por los viajes a Europa y la ciudad de Corrientes, al Instituto de Botánica del Nordeste.
La siguiente es la entrevista que hicimos en “Todos los Vientos” de Radio Unne 99.7 con Ricardo Vanni, socio fundador del Ibone y con 46 años de antigüedad como miembro del Departamento de Botánica y Ecología, grupo formado por el ingeniero A. Krapovickas, que después dio origen a un instituto de dependencia compartida Conicet-Unne que se funda allá por el 82.

—Pedersen donó las tierras que hoy es Parque Nacional y está en el corazón de Corrientes. ¿Quién era Pedersen?
—Pedersen era de origen danés y pertenecía a una familia muy pudiente de Dinamarca. Su padre tenía un socio y ambos compraron una serie de estancias en torno al río Paraná, en el lado de Argentina, en Corrientes, y del lado de Paraguay. Ellos llevaban cueros a Europa y hacían ganadería en ambas estancias, y tenían incluso una estancia que en los últimos años nos dimos cuenta de que tenía un saladero de cuero. En el año 45, Troels, abogado recibido en Suiza, viene a hacerse cargo de las estancias del papá.
—¿Cuántas eran?
—Tengo entendido que, además de Santa María y la otra más grande, Santa Teresa en Mburucuyá, tenían una más chica cerca de las costas del Paraná que se llamaba La Hiela. Creo que eran mil hectáreas y yo no sé si era sociedad o tenía acciones en la estancia Las Tres Marías, que está camino a Empedrado y ahora es de otra empresa.
El padre lo manda a Suiza porque veía que a él le faltaba dicción. Además lo manda a estudiar abogacía. Llega de regreso entre 1945-46 y se hace cargo de las estancias y quiere poner en marcha un proyecto de producción sustentable de manejo racional de las pasturas naturales: él las llama praderas, pero en realidad son sabanas. 
—¿Qué vínculo tenía con Dinamarca?
—Una gran relación con Copenhague. A la Universidad de Copexa perteneció Warming, a quien se lo considera más o menos el padre de la ecología.
Hay dos disciplinas que nacen en Sudamérica: la ecología de Warming que trabajó en Brasil; y a Humboldt (no viajó tanto pero trabajó con Bonpland y Kunth), se los considera el padre de la fitogeografía. O sea, la distribución de las especies en el planeta, y bueno, la ecología ya sabemos todos por definición; a veces mal o bien explicado, es una ciencia. El ya tenía esa visión.
—Viene de esa tradición.
—Claro, en el fondo es naturalista. Además, él venía como dueño, no como encargado. Entonces, cuando quiere empezar a hacer ese proyecto se da cuenta de que no conoce la vegetación del lugar. Entonces, no se puede manejar lo que no se conoce. Ahí empieza su interés de empezar a identificar las plantas.
—¿El había estudiado botánica?
—No. El fue un autodidacta. El no estudió botánica pero manejaba 5 idiomas, manejaba latín. Realmente lo apasionó eso de él mismo poder identificar sus plantas y cuando él empieza a identificar sus plantas, nosotros juntamos normalmente lo que se llama de una planta, dos o tres repeticiones, entonces llamamos duplicado. El empieza a distribuir duplicados a los grandes herbarios del mundo donde están los grandes tipos, donde se han descripto. Llega a mandar duplicados coleccionados por él -después te voy a enumerar varios herbarios importantes del mundo: París (P), Kew (Londres K), Copenhague (D), New York (NY) y algunos de Brasil, Curitiba (MBM)-. ¿Por qué? Porque él necesitaba buenos nombres. Entonces, manda esos duplicados a herbarios del mundo donde había especialistas en las plantas que él juntaba para que le manden identificaciones. Cuando vos donás un duplicado o lo mandás para identificar, en pago por esa identificación queda el ejemplar; esto es una cosa muy importante que lo sabe muy poca gente.
Unos años antes se convierte en un coleccionista que hace reconocer la flora del noreste argentino y él se mueve en las estancias de Paraguay, Corrientes, Entre Ríos en Argentina, y también en Uruguay. Entonces su herbario llega a juntar más o menos 30.000 ejemplares, 30.000 números.
¿Pero cuál es la importancia?: en el 45 eran las primeras colecciones de esta zona. Hay una coincidencia y una contradicción, porque la otra gran colección que empieza en el 35 es la de don Augusto Schulz, que era maestro de escuela; también se lo conoce muy poco científicamente. Don Augusto mandó de su flora chaqueña y también empezó a mandar a varios herbarios del exterior duplicados a cambio de buenos nombres.
Entonces, Pedersen llega a tener un material de comparación importante y se mune de una biblioteca muy importante: llega a tener hasta la enciclopedia de Lamark.
—Al leer varios idiomas y latín es una gran ventaja.
—Era el idioma universal del momento y toda la botánica se manejó y se maneja en base al latín. Incluso hoy se sigue usando para las definiciones de los nuevos taxones en latín; por más que sean cuatro renglones. 
—¿Cómo hacía esa extracción y el secado? ¿Cómo enviaba eso? 
—Las colecciones fundamentalmente son plantas herbáceas. Las herbáceas que pueden ser a lo sumo arbustivas, de acuerdo al porte y al grado de lignificación de los tejidos, se tiene que coleccionar con raíz o con un sistema radicular o con tallos subterráneos. El elegía puntualmente qué planta podía juntar, la juntaba -repito-, hacía los duplicados, las secaba; nosotros usamos un tipo de secadora que es una secuencia de cartón corrugado, felpas secantes, plantas envueltas en papel de diario que son abiertas, papel secantes, felpas y cartón corrugado u otro material. El cartón corrugado tiene de ventaja sus canales. El cartón permite la circulación del aire y va desalojando lentamente la humedad que contiene la planta. Manejó un grupo de plantas que tenía una gran cantidad de líquido acuoso: Cyperáceas, Amarantáceas, Apiaceas Caryofiláceas.
En los últimos años siempre se secó el material de botánico con calor artificial. Troels usaba calor natural, al sol; en los últimos dos años empezó a usar gas, pero siempre usaba el calor del sol; o sea, no usaba calor artificial. El expandía sus prensas y después las desarmaba, expandía los secantes y los cartones para que se sequen y armarlos al otro día. 
Yo te contaba una anécdota: que normalmente él paraba en hoteles con pileta de natación. Entonces, en torno a la pileta él desplegada las prensas o los secantes, preparaba el material y después seleccionaba esos duplicados y él asignaba a qué herbarios iban a ir. Por supuesto que era correo oficial y el correo ha funcionado siempre muy bien desde el 35, porque don Augusto hacía lo mismo; por supuesto, hay un proceso de embalado porque la planta tiene que estar perfectamente seca y tiene que ser una planta que tenga flor y/o frutos además de su sistema radicular; eso va empacado y se envía entre cartones y aislante.
El mantuvo intercambio con herbarios importantísimos: Copenhague, New York Botanical Garden, Bruselas. New York Botanical Garden, el tercer herbario más grande del mundo, tiene 5,9 millones de ejemplares. Yo estuve becado ahí, mandaba a París, que es el herbario más grande del mundo; mandaba a Curitiba, Brasil, manda a US Instituto, Smithsonian, que es el herbario nacional de Estados Unidos, a Berlín y a Munich, bueno… y en Argentina enviaba ejemplares a San Isidro, donde trabajaba un amigo de él, Burkart, que era un botánico descendiente de alemanes -ya argentino- discípulo de una persona que formó una camada de botánicos muy importante que fue don Lorenzo Parodi, profesor en la UBA. Burkart trabajaba en el Instituto Darwinion que fue un instituto de Conicet, y de la Academia de Ciencias de Buenos Aires, en una donación que hace Cristóbal María Hicken, una persona muy adinerada. El instituto es la casa de Hicken: era un palacio y ahí se hizo un instituto, ¿te imaginás? Ese fue su contacto con Buenos Aires entonces. El mandaba a San Isidro y mandaba al herbario de La Plata, que era uno de los dos herbarios más antiguos junto con el Lillo, el Instituto Miguel Lillo de Tucumán.
—¿Cuáles fueron los grupos de temas que le interesaban a él?
—El viene con una pseudoformación ecológica de manejo de sistemas. Se dedica al estudio de un grupo de plantas muy importantes, llega a ser un referente muy importante en Cyperáceae. Las Ciperáceas es la familia botánica del pirí, es la familia de botánica del cebollín. Es una familia botánica que tiene muchos representantes en los ambientes donde se desenvolvía, porque no te olvides de que Santa Teresa y Santa María lindan con el río Santa Lucía, que es uno de los límites y ahí hay un complejo de bañados, esteros y lugares inundados. En Ciperáceas él llegó a ser entonces uno de los referentes más importantes. En Argentina había un botánico, Barros, que trabajó hace muchos años; después estuvo Rosa Guaglianone, posterior, y ahora la única que queda es mi esposa, M. Gabriela López, que es la única persona que formó Pedersen en Ciperáceas y que trabaja en la Facultad de Ciencias Agrarias e Ibone. Pero te digo, una familia muy importante como maleza, incluso de arroz, indicadoras a veces de suelos anegados. Después incursiona en Amaranthaceae. Su último trabajo son de Amaranthaceas, para la flora de Paraguay, con las que trabajó en un proyecto en el que colaboramos muchos, es un proyecto de Genéve, Suiza. Las Amaranthaceas es la familia botánica del yuyo colorado o la remolacha, los pseudocereales. Después incursionó en Caryophyllaceas, la familia botánica del clavel, siempre nativas.
Trabajó en Hydrocotyle, Apiaceas y también hizo una contribución en algunos géneros interesantes como Eryngium. 
Eryngium es lo que llaman turututú, es una maleza que parece inicialmente un caraguatá y después larga un escapoflorífero muy importante; invasor, resistente a quema, indicador de mal manejo. Así que en esas familias Troels Pedersen colabora con flora de Entre Ríos, era un proyecto importante con flora de la provincia de Buenos Aires; flora de Jujuy. Todos los proyectos florísticos lo invitan. En Argentina son grupos muy difíciles, flores muy chicas, de especies muy próximas, bastante complicadas para delimitar, pero él termina trabajando en Amaranthaceae; más o menos llega a publicar en total 40 trabajos.
—¿Dónde están los herbarios de Troels Pedersen?
—Por decisión de la esposa, Nina, después del fallecimiento de Troels dona el herbario al Ibone (Ciencias Agrarias), es un instituto de doble dependencia. 
Ahí están los armarios originales hechos en tartané, en madera. Una beta muy linda, ahí están los treinta mil ejemplares, normalmente son herbarios con ejemplares únicos; o sea no hay repetición de especie, porque él tenía un problema de espacio, ahí están montados por la esposa de él, identificados por él, con todas las etiquetas con los datos puntuales de colección y observación ecológicas del lugar donde las había juntado -te repito-, los viste, los ejemplos son perfectos.
—Además tienen cuadernos de anotaciones.
—Exacto. Tenemos todos los cuadernos de las notas de campo. El tema es que hay cosas que están escritas en danés, pero en su momento la esposa nos mandaba traducciones de las observaciones de campo, hasta que Nina, su esposa, falleció. 
Ellos normalmente en invierno venían a Corrientes y en verano se iban a Dinamarca. Viajaron siempre en barco, alquilaban dos camarotes; en un camarote dormían, por supuesto, y en el otro trabajaban montando las plantas, fichando bibliografía. También están en el Ibone la biblioteca, que realmente enriqueció muchísimo a nuestra biblioteca. Se incorporaron los duplicados que él mandaba. El siempre tuvo una afinidad muy importante con Krapovickas, nuestro maestro. Y tuvo su lugar físico de trabajo en el Ibone. Porque la familia que él tocaba, la familia de botánica era puntualmente complicada y, además, nosotros también necesitábamos nombres para hacer canjes, para llegar donde llegamos, que eran quinientos cincuenta mil ejemplares; nuestro herbario tiene quinientos cincuenta mil ejemplares.
—¿Alguna anécdota entrañable de él, de esas que uno guarda para siempre?
—En su momento, yo haciendo colecciones por el Chaco paraguayo, el Chaco árido donde están las colonias menonitas, yo junté un Amaranthaceae y se la traje. Esa Amaranthaceae resultó ser una especie nueva, pero me hizo una crítica: el sistema radicular tenía un trozo de rizoma del tallo subterráneo; entonces, el rizoma tenía que ser completo; me criticó eso. Cada vez que me veía se acordaba de eso y cuando donó el equipo de secado de plantas que él usó, me lo regaló y yo lo doné al Ibone. Y ahí me regaló una pala del ejército norteamericano. Y esa pala todavía la tengo, una barbaridad.
Una pala es un elemento que tiene que ser cómodo, plegable, liviano. La otra anécdota: en los últimos tiempos él ya no caminaba, se trasladaba en silla de ruedas; entonces, lo traía el chofer de Santa Teresa al hotel donde se hospedaba y del hotel volví a la estancia. Yo tenía que ir con el vehículo oficial del Ibone a buscarlo al hotel y traerlo al Ibone a trabajar, pero siempre me pregunté ¿porqué yo? No era chofer.
Nosotros teníamos gente que podía actuar como tal y un día Krapovickas me dijo: mire Troels, quiere que usted lo vaya a buscar porque es la única persona que vio que respeta la derecha en las esquinas.