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Juego en vuelo, garza bruja

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Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleita
Especial para El Litoral

Garza bruja (Nycticorax nycticorax). También es conocida como zorro de agua, cuaco, martinete, cachi, bruja, garza solitaria, hocó, pájaro bobo. Se encuentra en gran parte del país y en casi toda América, hasta Canadá. Es un ave zancuda que no tiene diferencias entre el macho y la hembra. Los juveniles son de un color grisáceo jaspeado con blanco, amarillento.
Esta ave habita diferentes regiones, pero tiene preferencias por márgenes de ríos y arroyos, lagunas y pantanos con arboledas aledañas. Por lo general permanece oculta en los pajonales, reconociéndoselo por su grito estridente. Se alimenta principalmente de peces, sapos, ranas y algún otro habitante del cañadón. 
La garza bruja es de vuelo lento y pausado, recién lo emprende cuando se siente amenazada. En épocas de reproducción se los puede ver agrupados en grandes pueblos donde producen una inaguantable algarabía. Mide de 58 a 65 centímetros de largo y es ave de porte grueso, información del web site patrimonionatural.com. 
Estas aves reciben la denominación de garzas brujas debido a que salen a cazar durante la noche y temprano por la mañana. Luego descansan el resto del día. Nycticorax significa “cuervo nocturno”, aludiendo tanto a los hábitos de caza nocturnos de la garza como a su tajante llamada similar a la de los cuervos. Algunas regiones del mundo se refieren a la garza bruja con nombres onomatopéyicos, por ejemplo, en las islas Malvinas se la llama “quark”, en los Países Bajos la llaman “kwak”. Las garzas brujas son las que tienen mayor distribución dentro de la familia de las garzas. Además, las juveniles, que son nuestro tema del mes, pueden vomitar el contenido de sus estómagos como un mecanismo de defensa. Las garzas brujas suelen nidificar junto a otras especies de aves tales como otras garzas, ibis y garcetas. Cuidarán de los pichones de otras especies si fueran colocados en sus propios nidos, explica así sus características otra web llamada Expeditions. 

Un espacio de juego 
Escuchaba música desde el vientre de su madre. Empezó tomando clases de guitarra y eso quería hacer, no pensaba en el canto. Sin embargo, la música lo llevaba necesariamente al canto y entonces entró a un taller de canto donde aprendió rock nacional. Joaquín Insausti es el joven del mes que hoy engalana la página de aves y juventud. 
El joven entró a la música primero por el rock y después pasó al chamamé, despacio, muy lentamente. “Me fui a la escuela municipal de música de Santo Tomé. Ahí enseñan los profesores Daniel Segovia y Adolfo Piriz, son grandes músicos de esta localidad y ellos me inculcaron el chamamé”, cuenta. Se fue formando y le gustó el género. Le gustaron las canciones, las letras del chamamé, porque desde ese lugar se pueden transmitir cosas desde la palabra. “Dentro del chamamé hay diferentes géneros, eso me gusta y me encanta, me apasiona y siento que nunca lo voy a dejar de hacer música”, manifiesta exultante, alegre, feliz. 
Fue creciendo en el conocimiento de la música hasta encontrar su lugar. Hoy canta canciones de Pocho Roch porque advierte que esas letras y melodías le gustan y le apasionan. De la zona del río Uruguay, de su ciudad toma temas de Antonio Marcos Pérez, quien escribe sus canciones con descripciones del paisaje de Santo Tomé. 
Joaquín comenzó su itinerario de competencias teniendo menos de 15 años. En el 2015 pasó por los juegos culturales correntinos, donde ganó dos veces. Después fue por el prefestival de Goya y también por la Pre Fiesta Nacional del Chamamé, donde le fue muy bien y llegó a subir al escenario más importante del chamamé. Actualmente ganó este año el Pre Cosquín e irá a Córdoba en enero del 2020 por un lugar en el escenario mayor del folclore argentino. En ese marco lo acompañaron su profesora de canto Verónica Noguera, Fernando Soto en guitarra y Oscar Playuk en acordeón. 
“Para la instancia del Pre Cosquín interpreté ‘El patio’, un rasguido doble de Mateo Villalba, y también interpreté ‘Grinda Chaqueña’ de Félix Luna. Para desempatar volví a cantar e interpreté el tema ‘Fiesta dorada’ de Eugenio Arístides Servín y Roberto Rodríguez. Todavía no hay fecha exacta para la final del Pre Cosquín, pero por lo general se hace en el mes de enero”, explica.
Cuando se presentó en la Fiesta Nacional del Chamamé en la última edición estuvo acompañado por un grupo de jóvenes. Martín Espinosa en primera guitarra, Germán Stefan en bajo, Luana Rodríguez en acordeón, Pilar en segunda voz y Joaquín en primera voz. Son todos chicos menores de 15 años cuando hicieron su estreno en un escenario grande de la música de Corrientes. El joven va cambiando y ahora, por ejemplo, se presenta como solista; en esta nueva conformación lo acompañan Martín Espinosa, un chico que tiene 14 años, y Luana Rodríguez que tiene 16, excelente acordeonista. 
Hace un año Joaquín recibió una beca de Nación y desde entonces Verónica Noguera pasó a ser su profesora de canto. Ella lo acompaña. “Es exigente. Tiene experiencia en el género y me corrige mucho”, advierte él ahora con una sonrisa. Cuando va a competir a determinados festivales, Verónica no sólo lo orienta, sino que también lo acompaña. Analizan juntos cada repertorio para presentar en los distintos escenarios. 
Joaquín con el tiempo entró en el profesionalismo de la música. Cuando empezó era un pasatiempo, sin embargo, con el tiempo empezó a profesionalizarse en el canto, las horas de ensayo y estudio. Sobre este cambio él cuenta: “Con el paso del tiempo me voy metiendo sin querer en ese rubro de ser un artista y recorrer escenarios. Pero yo lo sigo tomando como un juego porque me divierto arriba del escenario y eso me encanta, me hace bien”, explica. 

Tarde oscura
Los últimos domingos fueron reveladores de los venideros, o al menos así fueron dos de los más reciente, e inclusive el de hoy. El caso es que cuando se publicó la nota dedicada al taguató común, justo el domingo previo por la tarde nos encontramos con esa ave herida en la calle, el individuo del que hablamos después. El pasado domingo, 20 de octubre, cuando tuvimos las líneas dedicadas al taguató común -recordemos que eran días grises y con lluvia-, por la tarde salimos a la ruta para contemplar esos ambientes tan particulares de este mes húmedo. En un momento, el clima permitió que bajáramos al camino de tierra para respirar la lluvia y percibir el agua de la tarde gris, casi oscura. Tras unos instantes, al subir nuevamente al vehículo, sobre el alambrado de la derecha se encontraba el ave de hoy, la garza bruja, y además, era una garza bruja joven. El detalle de su postura, un poco agachada, con las patas liadas al poste, como haciendo gala de la edad, viene ahora a la memoria. Luego, el iris naranja de sus ojos, con pupilas grandes y negras, completan la sorpresa vivida. 
Taguató común y garza bruja, ambas juveniles, eran las especies que estaban preparándose para salir al lector de los domingos. Sus apariciones repentinas lo confirmaron. En relación a la garza bruja, un ave popularmente conocida como pájaro yaguá, nos pareció pertinente poder compartir la estampa de su vida joven, ya que es posible que la veamos en vuelo y a veces no la reconozcamos. También se la podría ver de forma solitaria, buscándose alimentos entre las hojas verdes de los camalotes florecidos. ¡Guac!, las vocalizaciones de los adultos, cual ladridos de perros en el aire, se oyen y retumban junto al agua. Algunos llegan, otros planean, algunos se posan en los árboles. Entre ellos, decenas a veces, pueden estar los juveniles, mirando y aprendiendo las posturas que vendrán en el futuro. Llamativos contrastes de plumas azules, grises y blancas, con las de los jóvenes, grises amarronadas. En ellos de repente una lluvia amarillo crema por todo el cuerpo, hasta la cara, pareció haber pasado. ¿Qué sería de la vida sin los pájaros yaguá? ¿Valdría la pena que el sepia de la tarde existiera sin la garza bruja próxima a aterrizar?

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Juego en vuelo, garza bruja

Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleita
Especial para El Litoral

Garza bruja (Nycticorax nycticorax). También es conocida como zorro de agua, cuaco, martinete, cachi, bruja, garza solitaria, hocó, pájaro bobo. Se encuentra en gran parte del país y en casi toda América, hasta Canadá. Es un ave zancuda que no tiene diferencias entre el macho y la hembra. Los juveniles son de un color grisáceo jaspeado con blanco, amarillento.
Esta ave habita diferentes regiones, pero tiene preferencias por márgenes de ríos y arroyos, lagunas y pantanos con arboledas aledañas. Por lo general permanece oculta en los pajonales, reconociéndoselo por su grito estridente. Se alimenta principalmente de peces, sapos, ranas y algún otro habitante del cañadón. 
La garza bruja es de vuelo lento y pausado, recién lo emprende cuando se siente amenazada. En épocas de reproducción se los puede ver agrupados en grandes pueblos donde producen una inaguantable algarabía. Mide de 58 a 65 centímetros de largo y es ave de porte grueso, información del web site patrimonionatural.com. 
Estas aves reciben la denominación de garzas brujas debido a que salen a cazar durante la noche y temprano por la mañana. Luego descansan el resto del día. Nycticorax significa “cuervo nocturno”, aludiendo tanto a los hábitos de caza nocturnos de la garza como a su tajante llamada similar a la de los cuervos. Algunas regiones del mundo se refieren a la garza bruja con nombres onomatopéyicos, por ejemplo, en las islas Malvinas se la llama “quark”, en los Países Bajos la llaman “kwak”. Las garzas brujas son las que tienen mayor distribución dentro de la familia de las garzas. Además, las juveniles, que son nuestro tema del mes, pueden vomitar el contenido de sus estómagos como un mecanismo de defensa. Las garzas brujas suelen nidificar junto a otras especies de aves tales como otras garzas, ibis y garcetas. Cuidarán de los pichones de otras especies si fueran colocados en sus propios nidos, explica así sus características otra web llamada Expeditions. 

Un espacio de juego 
Escuchaba música desde el vientre de su madre. Empezó tomando clases de guitarra y eso quería hacer, no pensaba en el canto. Sin embargo, la música lo llevaba necesariamente al canto y entonces entró a un taller de canto donde aprendió rock nacional. Joaquín Insausti es el joven del mes que hoy engalana la página de aves y juventud. 
El joven entró a la música primero por el rock y después pasó al chamamé, despacio, muy lentamente. “Me fui a la escuela municipal de música de Santo Tomé. Ahí enseñan los profesores Daniel Segovia y Adolfo Piriz, son grandes músicos de esta localidad y ellos me inculcaron el chamamé”, cuenta. Se fue formando y le gustó el género. Le gustaron las canciones, las letras del chamamé, porque desde ese lugar se pueden transmitir cosas desde la palabra. “Dentro del chamamé hay diferentes géneros, eso me gusta y me encanta, me apasiona y siento que nunca lo voy a dejar de hacer música”, manifiesta exultante, alegre, feliz. 
Fue creciendo en el conocimiento de la música hasta encontrar su lugar. Hoy canta canciones de Pocho Roch porque advierte que esas letras y melodías le gustan y le apasionan. De la zona del río Uruguay, de su ciudad toma temas de Antonio Marcos Pérez, quien escribe sus canciones con descripciones del paisaje de Santo Tomé. 
Joaquín comenzó su itinerario de competencias teniendo menos de 15 años. En el 2015 pasó por los juegos culturales correntinos, donde ganó dos veces. Después fue por el prefestival de Goya y también por la Pre Fiesta Nacional del Chamamé, donde le fue muy bien y llegó a subir al escenario más importante del chamamé. Actualmente ganó este año el Pre Cosquín e irá a Córdoba en enero del 2020 por un lugar en el escenario mayor del folclore argentino. En ese marco lo acompañaron su profesora de canto Verónica Noguera, Fernando Soto en guitarra y Oscar Playuk en acordeón. 
“Para la instancia del Pre Cosquín interpreté ‘El patio’, un rasguido doble de Mateo Villalba, y también interpreté ‘Grinda Chaqueña’ de Félix Luna. Para desempatar volví a cantar e interpreté el tema ‘Fiesta dorada’ de Eugenio Arístides Servín y Roberto Rodríguez. Todavía no hay fecha exacta para la final del Pre Cosquín, pero por lo general se hace en el mes de enero”, explica.
Cuando se presentó en la Fiesta Nacional del Chamamé en la última edición estuvo acompañado por un grupo de jóvenes. Martín Espinosa en primera guitarra, Germán Stefan en bajo, Luana Rodríguez en acordeón, Pilar en segunda voz y Joaquín en primera voz. Son todos chicos menores de 15 años cuando hicieron su estreno en un escenario grande de la música de Corrientes. El joven va cambiando y ahora, por ejemplo, se presenta como solista; en esta nueva conformación lo acompañan Martín Espinosa, un chico que tiene 14 años, y Luana Rodríguez que tiene 16, excelente acordeonista. 
Hace un año Joaquín recibió una beca de Nación y desde entonces Verónica Noguera pasó a ser su profesora de canto. Ella lo acompaña. “Es exigente. Tiene experiencia en el género y me corrige mucho”, advierte él ahora con una sonrisa. Cuando va a competir a determinados festivales, Verónica no sólo lo orienta, sino que también lo acompaña. Analizan juntos cada repertorio para presentar en los distintos escenarios. 
Joaquín con el tiempo entró en el profesionalismo de la música. Cuando empezó era un pasatiempo, sin embargo, con el tiempo empezó a profesionalizarse en el canto, las horas de ensayo y estudio. Sobre este cambio él cuenta: “Con el paso del tiempo me voy metiendo sin querer en ese rubro de ser un artista y recorrer escenarios. Pero yo lo sigo tomando como un juego porque me divierto arriba del escenario y eso me encanta, me hace bien”, explica. 

Tarde oscura
Los últimos domingos fueron reveladores de los venideros, o al menos así fueron dos de los más reciente, e inclusive el de hoy. El caso es que cuando se publicó la nota dedicada al taguató común, justo el domingo previo por la tarde nos encontramos con esa ave herida en la calle, el individuo del que hablamos después. El pasado domingo, 20 de octubre, cuando tuvimos las líneas dedicadas al taguató común -recordemos que eran días grises y con lluvia-, por la tarde salimos a la ruta para contemplar esos ambientes tan particulares de este mes húmedo. En un momento, el clima permitió que bajáramos al camino de tierra para respirar la lluvia y percibir el agua de la tarde gris, casi oscura. Tras unos instantes, al subir nuevamente al vehículo, sobre el alambrado de la derecha se encontraba el ave de hoy, la garza bruja, y además, era una garza bruja joven. El detalle de su postura, un poco agachada, con las patas liadas al poste, como haciendo gala de la edad, viene ahora a la memoria. Luego, el iris naranja de sus ojos, con pupilas grandes y negras, completan la sorpresa vivida. 
Taguató común y garza bruja, ambas juveniles, eran las especies que estaban preparándose para salir al lector de los domingos. Sus apariciones repentinas lo confirmaron. En relación a la garza bruja, un ave popularmente conocida como pájaro yaguá, nos pareció pertinente poder compartir la estampa de su vida joven, ya que es posible que la veamos en vuelo y a veces no la reconozcamos. También se la podría ver de forma solitaria, buscándose alimentos entre las hojas verdes de los camalotes florecidos. ¡Guac!, las vocalizaciones de los adultos, cual ladridos de perros en el aire, se oyen y retumban junto al agua. Algunos llegan, otros planean, algunos se posan en los árboles. Entre ellos, decenas a veces, pueden estar los juveniles, mirando y aprendiendo las posturas que vendrán en el futuro. Llamativos contrastes de plumas azules, grises y blancas, con las de los jóvenes, grises amarronadas. En ellos de repente una lluvia amarillo crema por todo el cuerpo, hasta la cara, pareció haber pasado. ¿Qué sería de la vida sin los pájaros yaguá? ¿Valdría la pena que el sepia de la tarde existiera sin la garza bruja próxima a aterrizar?