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Grandes avances en la salud cardiovascular de los bebés

Los avances de la cirugía cardiovascular permiten que los recién nacidos con problemas congénitos puedan llevar una vida normal.
 

Como en muchas otras ramas de la medicina, la cardiología infantil realizó un salto "cuántico" en las últimas décadas: "Hasta hace un par de generaciones, los bebés que nacían con alguna cardiopatía congénita grave tenían una tasa de mortalidad altísima, mayor al 90 %. Y su expectativa de vida no superaba los dos o tres años", le resumió el cirujano Horacio Capelli, consultor del servicio de cardiología del Hospital Garrahan.  "Pero hoy las cosas cambiaron drásticamente y la perspectiva de estos recién nacidos es otra: tienen una expectativa de vida prácticamente igual a la de un bebé sano y la tasa de mortalidad ronda el 2%". José Alonso, jefe de clínica de Hemodinamia del mismo hospital, agrega: "además esos chicos, diagnosticados y tratados a tiempo, suelen gozar de una excelente calidad de vida. Podrán integrarse a todas las actividades, hacer deporte y llevar una vida productiva prácticamente normal".
Para poder llegar a estos resultados promisorios, la cardiología infantil recurre a dos herramientas: por un lado a las cirugías "paliativas" y por el otro, a las "reparadoras". "Las primeras -explica Capelli- solucionan el problema de salud en forma provisoria y permiten dejar para más adelante la resolución definitiva. Nos permiten ganar tiempo para, por ejemplo, que el paciente esté en mejores condiciones de afrontar procedimientos complejos o llegar a un trasplante".
Las segundas -que comenzaron a hacerse en 1954 tras la invención de la bomba de sangre extracorpórea que permitió realizar cirugías "a corazón abierto" y mantener con vida al paciente mientras se arregla el problema- son las que abrieron la posibilidad de resolver el problema cardíaco de la mejor manera. Por supuesto, para minimizar las intervenciones y el riesgo, si la patología lo permite los cirujanos apuestan a completar una cirugía reparadora definitiva. "Los avances en este sentido son inmensos. A tal punto que hoy un 90 % de las operaciones que hacemos en esta especialidad son reparadoras", detalló Pablo Marantz, actual Jefe de Cardiología fetal en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Y no solo esto, sino que "algunos de estos procedimientos, aunque son realmente complejos, se realizan durante las primeras semanas de vida del bebé. No es un tema menor, porque son cirugías que pueden tomar hasta diez horas de trabajo en el quirófano, y demandar la labor en equipo de una docena de especialistas. Pero son cirugías que, de tener resultado exitoso, le abren al paciente la posibilidad de tener una vida completamente normal".

Buenos resultados 
Lo llamativo de estos éxitos médicos logrados en la primera infancia es que esos pacientes fueron creciendo y hoy ya se ha formado un nutrido grupo de personas, que muchos denominan "sobrevivientes" de las cardiopatías congénitas, y cuyas necesidades particulares han generado una situación muy particular. 
"Hoy resulta que hay cardiólogos y cirujanos pediátricos que también terminan atendiendo a gente mayor que atravesaron estas operaciones paliativas y/o correctivas, de chicos. Pero como sus corazones de adultos mantienen ciertas complejidades particulares ocurre que, aunque somos "cardiólogos pediatras", también tenemos que atenderlos de grandes", cuenta Capelli, con una sonrisa.
De hecho, y como resultado de que se hayan ido acumulando buenos resultados en esta materia, la cantidad de pacientes adultos "sobrevivientes" es ya igual, o mayor, que la de pacientes pediátricos. Dado que estos adultos pueden llegar a requerir atención altamente especializada, comienza a darse la particular situación de que no hay centros que puedan cubrirlos.  "Calculamos que, en la Argentina, hay unos 200 adultos con cardiopatías congénitas que, cada año, necesitan operarse y lo cierto es que no cuentan hoy con un hospital público debidamente preparado para darles respuestas adecuadas. De hecho, a veces hasta los hemos terminado operando en el Garrahan, aunque alguno ya tenía treinta años", describe Capelli.  "Es una problemática nueva, para patologías que también son nuevas y muchos de esos pacientes quedan en una lista de espera, por falta de especialistas y de recursos", agrega.

Expectativas 
Aunque el camino recorrido es largo y fructífero, los expertos afirman que esta especialidad tiene todavía un amplio camino por delante para recorrer.  "Hoy estamos avanzando cada vez más en la realización de cirugías complejas en chicos muy chicos y se las hace por medio de cateterismos y hemodinamia. Se las denomina `cirugías sin cirujanos’ y la llevan a cabo expertos en hemodinamia. Esta situación presenta ventajas, teniendo en cuenta que se emplea anestesia local y son intervenciones prácticamente ambulatorias", detalla José Alonso, jefe de clínica de hemodinamia en el Hospital Garrahan. "En algunas cardiopatías congénitas cardíacas ya llegamos a resolver, por medio de esta opción, hasta un 30% de los casos", agregó.
Para el futuro inmediato la especialidad prevé seguir una ruta promisoria. "En principio creo que seguiremos teniendo, y atendiendo, cada vez más pacientes longevos y haremos cirugías cada vez más reparadoras, apuntando siempre a poder curar en forma definitiva a estos pacientes congénitos", imagina Capelli.
Por su parte, Alonso cree que estas operaciones se volverán cada vez más eficientes "en parte porque ahora podemos tomar imágenes de calidad del paciente e imprimir modelos detallados en impresoras 3D. Eso le permite al equipo de cirujanos planificar cada operación particular en detalle y prever los eventuales problemas. Todo esto termina generando una intervención más breve y, por lo tanto, más segura".
En el mediano plazo, la tecnología está avanzando hacia la puesta a punto de corazones mecánicos que podrían llegar a reemplazar al original, al menos provisoriamente, para -por ejemplo- poder sobrellevar mejor la usualmente larga espera hacia un trasplante. 
"Se los llama asistidores ventriculares -dice Alonso- y ayudan al corazón enfermo a cumplir con su función de bombeo, pero la diferencia es que estas nuevas opciones son intracorpóreas y, sobre todo, no provocan daños en la sangre del paciente, como sí ocurre todavía con muchas de las bombas actuales. Estas -aún cuando cumplen con su función de bombear sangre al cuerpo- al trabajar también rompen los glóbulos rojos y por eso poseen limitaciones en el tiempo de uso y pueden generar complicaciones graves. Pero en el caso de los nuevos corazones mecánicos, que ya se están ensayando en modelos animales, hay experiencias que acumulan una década de uso exitoso con estos artificios", completa.

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LLAMADO

Hasta el 29 de noviembre podrán inscribirse los interesados en cubrir las residencias en cardiología terapia intensiva que ofrece el Instituto de Cardiología de Corrientes. Son requisitos para el concurso, completar una ficha de inscripción, curriculum vitae, poseer título de médico o constancia en trámite, promedio igual o mayor a seis y ser menor de 30 años al cierre de la inscripción. Además, los interesados deberán realizar una entrevista personal y presentar fotografías 4x4 y fotocopia del documento nacional de identidad donde figure el domicilio actualizado.

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Grandes avances en la salud cardiovascular de los bebés

Los avances de la cirugía cardiovascular permiten que los recién nacidos con problemas congénitos puedan llevar una vida normal.
 

Como en muchas otras ramas de la medicina, la cardiología infantil realizó un salto "cuántico" en las últimas décadas: "Hasta hace un par de generaciones, los bebés que nacían con alguna cardiopatía congénita grave tenían una tasa de mortalidad altísima, mayor al 90 %. Y su expectativa de vida no superaba los dos o tres años", le resumió el cirujano Horacio Capelli, consultor del servicio de cardiología del Hospital Garrahan.  "Pero hoy las cosas cambiaron drásticamente y la perspectiva de estos recién nacidos es otra: tienen una expectativa de vida prácticamente igual a la de un bebé sano y la tasa de mortalidad ronda el 2%". José Alonso, jefe de clínica de Hemodinamia del mismo hospital, agrega: "además esos chicos, diagnosticados y tratados a tiempo, suelen gozar de una excelente calidad de vida. Podrán integrarse a todas las actividades, hacer deporte y llevar una vida productiva prácticamente normal".
Para poder llegar a estos resultados promisorios, la cardiología infantil recurre a dos herramientas: por un lado a las cirugías "paliativas" y por el otro, a las "reparadoras". "Las primeras -explica Capelli- solucionan el problema de salud en forma provisoria y permiten dejar para más adelante la resolución definitiva. Nos permiten ganar tiempo para, por ejemplo, que el paciente esté en mejores condiciones de afrontar procedimientos complejos o llegar a un trasplante".
Las segundas -que comenzaron a hacerse en 1954 tras la invención de la bomba de sangre extracorpórea que permitió realizar cirugías "a corazón abierto" y mantener con vida al paciente mientras se arregla el problema- son las que abrieron la posibilidad de resolver el problema cardíaco de la mejor manera. Por supuesto, para minimizar las intervenciones y el riesgo, si la patología lo permite los cirujanos apuestan a completar una cirugía reparadora definitiva. "Los avances en este sentido son inmensos. A tal punto que hoy un 90 % de las operaciones que hacemos en esta especialidad son reparadoras", detalló Pablo Marantz, actual Jefe de Cardiología fetal en el Hospital Italiano de Buenos Aires.
Y no solo esto, sino que "algunos de estos procedimientos, aunque son realmente complejos, se realizan durante las primeras semanas de vida del bebé. No es un tema menor, porque son cirugías que pueden tomar hasta diez horas de trabajo en el quirófano, y demandar la labor en equipo de una docena de especialistas. Pero son cirugías que, de tener resultado exitoso, le abren al paciente la posibilidad de tener una vida completamente normal".

Buenos resultados 
Lo llamativo de estos éxitos médicos logrados en la primera infancia es que esos pacientes fueron creciendo y hoy ya se ha formado un nutrido grupo de personas, que muchos denominan "sobrevivientes" de las cardiopatías congénitas, y cuyas necesidades particulares han generado una situación muy particular. 
"Hoy resulta que hay cardiólogos y cirujanos pediátricos que también terminan atendiendo a gente mayor que atravesaron estas operaciones paliativas y/o correctivas, de chicos. Pero como sus corazones de adultos mantienen ciertas complejidades particulares ocurre que, aunque somos "cardiólogos pediatras", también tenemos que atenderlos de grandes", cuenta Capelli, con una sonrisa.
De hecho, y como resultado de que se hayan ido acumulando buenos resultados en esta materia, la cantidad de pacientes adultos "sobrevivientes" es ya igual, o mayor, que la de pacientes pediátricos. Dado que estos adultos pueden llegar a requerir atención altamente especializada, comienza a darse la particular situación de que no hay centros que puedan cubrirlos.  "Calculamos que, en la Argentina, hay unos 200 adultos con cardiopatías congénitas que, cada año, necesitan operarse y lo cierto es que no cuentan hoy con un hospital público debidamente preparado para darles respuestas adecuadas. De hecho, a veces hasta los hemos terminado operando en el Garrahan, aunque alguno ya tenía treinta años", describe Capelli.  "Es una problemática nueva, para patologías que también son nuevas y muchos de esos pacientes quedan en una lista de espera, por falta de especialistas y de recursos", agrega.

Expectativas 
Aunque el camino recorrido es largo y fructífero, los expertos afirman que esta especialidad tiene todavía un amplio camino por delante para recorrer.  "Hoy estamos avanzando cada vez más en la realización de cirugías complejas en chicos muy chicos y se las hace por medio de cateterismos y hemodinamia. Se las denomina `cirugías sin cirujanos’ y la llevan a cabo expertos en hemodinamia. Esta situación presenta ventajas, teniendo en cuenta que se emplea anestesia local y son intervenciones prácticamente ambulatorias", detalla José Alonso, jefe de clínica de hemodinamia en el Hospital Garrahan. "En algunas cardiopatías congénitas cardíacas ya llegamos a resolver, por medio de esta opción, hasta un 30% de los casos", agregó.
Para el futuro inmediato la especialidad prevé seguir una ruta promisoria. "En principio creo que seguiremos teniendo, y atendiendo, cada vez más pacientes longevos y haremos cirugías cada vez más reparadoras, apuntando siempre a poder curar en forma definitiva a estos pacientes congénitos", imagina Capelli.
Por su parte, Alonso cree que estas operaciones se volverán cada vez más eficientes "en parte porque ahora podemos tomar imágenes de calidad del paciente e imprimir modelos detallados en impresoras 3D. Eso le permite al equipo de cirujanos planificar cada operación particular en detalle y prever los eventuales problemas. Todo esto termina generando una intervención más breve y, por lo tanto, más segura".
En el mediano plazo, la tecnología está avanzando hacia la puesta a punto de corazones mecánicos que podrían llegar a reemplazar al original, al menos provisoriamente, para -por ejemplo- poder sobrellevar mejor la usualmente larga espera hacia un trasplante. 
"Se los llama asistidores ventriculares -dice Alonso- y ayudan al corazón enfermo a cumplir con su función de bombeo, pero la diferencia es que estas nuevas opciones son intracorpóreas y, sobre todo, no provocan daños en la sangre del paciente, como sí ocurre todavía con muchas de las bombas actuales. Estas -aún cuando cumplen con su función de bombear sangre al cuerpo- al trabajar también rompen los glóbulos rojos y por eso poseen limitaciones en el tiempo de uso y pueden generar complicaciones graves. Pero en el caso de los nuevos corazones mecánicos, que ya se están ensayando en modelos animales, hay experiencias que acumulan una década de uso exitoso con estos artificios", completa.