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Nosotros y el dolor

Frente al dolor emocional o psíquico que todos experimentamos en algún momento solemos hacernos esta pregunta: “¿por qué?”. Lo cierto es que, nos guste o no, sufrir es inevitable porque forma parte de la vida. El problema aparece cuando convertimos el sufrimiento en un ídolo.
 

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Por Bernardo Stamateas
Colaboración Especial

 Como lo explico en mi reciente libro “Dolor que fortalece”, ante el dolor, el sufrimiento pensamos ¿qué significa esto? ¿por qué? Considerarlo algo que nos purifica o nos hace mejores que los demás. Mucha gente tiene la creencia de que el dolor aparece en sus vidas porque hicieron algo malo, o porque no tienen suficiente fe en un ser superior. Y otros, incluso, se resignan a sufrir y no hacen nada para cambiar la situación.
Si bien preguntarnos “¿por qué me pasó esto?” es normal frente al sufrimiento, ser incapaces de aceptar la situación nos conduce a sufrir más. Esto es así porque el dolor es en realidad una pregunta sin respuesta. Aun cuando hallemos una explicación racional, no dejamos de sentirlo. Jamás el “¿por qué?” es la salida para un problema. Buscar respuestas nos devuelve al pasado, a lo que antes era de un modo y ya no es; permitirnos el dolor hasta gastarlo nos permite vislumbrar un futuro mejor.
Lo más aconsejable, cuando sufrimos, es intercambiar el “¿por qué?” por el “¿para qué?”. Todo dolor es somático y tiene como objetivo ser una alarma o un despertador que nos haga reaccionar. Es entonces que podemos comenzar a ver al dolor como lo que en realidad es: un aliado que nos ayuda a darnos cuenta de que algo no anda bien y necesitamos enfrentarlo. 

Sin dolor, no habría registro en nosotros de que algo está mal
El dolor emocional funciona del mismo modo que el dolor físico. Es por ello que lastimarnos una parte del cuerpo duele tanto como perder un ser querido, ser abandonado por la pareja o cualquier otra situación que nos conduzca a sufrir. Ahora, según la forma de ser de cada persona, será su nivel de sufrimiento. Dos individuos pueden vivir la misma situación, por ejemplo, ser despedidos del trabajo, y no sufrir de la misma forma, pues uno cae en depresión, mientras que la otra toma impulso para encontrar otro empleo. Esto es así porque cada ser humano posee una construcción emocional particular.

¿Por qué sufrimos los seres 
humanos? 
Muchos pueden ser los motivos: una pérdida, una mala noticia, una injusticia, un abuso, una carencia de algo, una crisis, un abandono y la lista continúa. Lo cierto es que sufrimos porque todos, en el fondo, deseamos una vida feliz. Entonces cuando sentimos dolor, aun sin darnos cuenta, nos resistimos a él. Pero lo que ignoramos es que, cuanto más uno se resiste, más sufrimiento tendrá.
Y el sufrimiento o dolor emocional despierta en nosotros estas dos emociones: 
1. Ira
2. Vacío.

Solamente cuando nos animamos a transitar el dolor, a sentirlo sin resistirnos a él, a aceptarlo, logramos agotarlo y ambas emociones desaparecen. Es entonces que surge en nosotros una nueva habilidad: ayudar a otros que están sufriendo. Porque sabemos de qué se trata, porque hemos estado allí antes.

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Nosotros y el dolor

Frente al dolor emocional o psíquico que todos experimentamos en algún momento solemos hacernos esta pregunta: “¿por qué?”. Lo cierto es que, nos guste o no, sufrir es inevitable porque forma parte de la vida. El problema aparece cuando convertimos el sufrimiento en un ídolo.
 

Por Bernardo Stamateas
Colaboración Especial

 Como lo explico en mi reciente libro “Dolor que fortalece”, ante el dolor, el sufrimiento pensamos ¿qué significa esto? ¿por qué? Considerarlo algo que nos purifica o nos hace mejores que los demás. Mucha gente tiene la creencia de que el dolor aparece en sus vidas porque hicieron algo malo, o porque no tienen suficiente fe en un ser superior. Y otros, incluso, se resignan a sufrir y no hacen nada para cambiar la situación.
Si bien preguntarnos “¿por qué me pasó esto?” es normal frente al sufrimiento, ser incapaces de aceptar la situación nos conduce a sufrir más. Esto es así porque el dolor es en realidad una pregunta sin respuesta. Aun cuando hallemos una explicación racional, no dejamos de sentirlo. Jamás el “¿por qué?” es la salida para un problema. Buscar respuestas nos devuelve al pasado, a lo que antes era de un modo y ya no es; permitirnos el dolor hasta gastarlo nos permite vislumbrar un futuro mejor.
Lo más aconsejable, cuando sufrimos, es intercambiar el “¿por qué?” por el “¿para qué?”. Todo dolor es somático y tiene como objetivo ser una alarma o un despertador que nos haga reaccionar. Es entonces que podemos comenzar a ver al dolor como lo que en realidad es: un aliado que nos ayuda a darnos cuenta de que algo no anda bien y necesitamos enfrentarlo. 

Sin dolor, no habría registro en nosotros de que algo está mal
El dolor emocional funciona del mismo modo que el dolor físico. Es por ello que lastimarnos una parte del cuerpo duele tanto como perder un ser querido, ser abandonado por la pareja o cualquier otra situación que nos conduzca a sufrir. Ahora, según la forma de ser de cada persona, será su nivel de sufrimiento. Dos individuos pueden vivir la misma situación, por ejemplo, ser despedidos del trabajo, y no sufrir de la misma forma, pues uno cae en depresión, mientras que la otra toma impulso para encontrar otro empleo. Esto es así porque cada ser humano posee una construcción emocional particular.

¿Por qué sufrimos los seres 
humanos? 
Muchos pueden ser los motivos: una pérdida, una mala noticia, una injusticia, un abuso, una carencia de algo, una crisis, un abandono y la lista continúa. Lo cierto es que sufrimos porque todos, en el fondo, deseamos una vida feliz. Entonces cuando sentimos dolor, aun sin darnos cuenta, nos resistimos a él. Pero lo que ignoramos es que, cuanto más uno se resiste, más sufrimiento tendrá.
Y el sufrimiento o dolor emocional despierta en nosotros estas dos emociones: 
1. Ira
2. Vacío.

Solamente cuando nos animamos a transitar el dolor, a sentirlo sin resistirnos a él, a aceptarlo, logramos agotarlo y ambas emociones desaparecen. Es entonces que surge en nosotros una nueva habilidad: ayudar a otros que están sufriendo. Porque sabemos de qué se trata, porque hemos estado allí antes.