La fábrica de palabras
ellitoral.com.ar

Miércoles 19 de Junio de 2019 CORRIENTES12°Pronóstico Extendido clima_sol_noche

Dolar Compra: $42,30

Dolar Venta: $44,30

La fábrica de palabras

Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

Por Gabriela Bissaro
Especial para El Litoral

 

Santiago Kalinowski es lexicólogo y director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras. Este año, en el marco del Congreso de la Lengua Española que se realizó en Córdoba, incorporaron al Diccionario de la Lengua Argentina dos palabras que habitan nuestras calles: “angá” y “angaú”. Esto fue posible gracias al trabajo que se hizo teniendo como fuente fundamental las publicaciones en Twitter. Angaú que lo entrevistamos sobre este tema, pero terminamos hablando del lenguaje inclusivo. 

—¿Cómo fue que “angá” y “angaú” se incorporaron al diccionario de habla argentino?
—El diccionario se llama “De la lengua de la Argentina”, se llamaba “Del habla”, pero tenía algunos problemas esa denominación. Se incorporaron esas palabras ahora porque lo detectamos como léxico regional argentino. Nosotros no lo habíamos identificado todavía, y esa es la razón porque persisten casi todas las omisiones en un diccionario, es decir que todavía el trabajo lexicográfico quedó incompleto. Hicimos un trabajo de “corpus con Twitter” que nos permitió detectar esas palabras y otras.
—¿Y qué es un trabajo de corpus con Twitter?
—La internet parece la gran fuente de datos lingüísticos, infinita, pero desde el punto de vista metodológico no se puede poner cualquier cosa en internet porque no podemos acceder a datos estadísticos confiables; entonces, hay que convertir los datos lingüísticos que están en internet en un corpus que podamos defender metodológicamente.
Quiere decir que bajamos de Twitter -nosotros no, la gente del Departamento de Computación  de la UBA-, alrededor de 650.000.000 de formas de tuitear de usuarios en Argentina, en partes iguales por provincias y después ellos son capaces de programar unas métricas que establecen una especie de lista jerárquica de esas palabras que tienen contraste de uso entre las distintas regiones o provincias. Uno evalúa la primera tanda de 5.000 o 10.000 palabras y en ese grupo tiene alta chances de encontrarse con cosas relevantes del léxico regional, muchas de ellas ya estaban incorporadas en el diccionario anteriormente y otras no teníamos ni idea de que existían.
—Las van rankeando, digamos.
—Las rankeamos por regiones. Las palabras que se usan de manera uniforme en todo el territorio se van al fondo de la lista y las que no son uniformemente utilizadas en el territorio empiezan a subir lugares, con una métrica tomada de la física que es la entropía y; gracias a eso podemos, en lugar de pescar en el mar, pescar en una pileta de natación.
—¿Qué otras palabras, por ejemplo se incorporaron?
—También aparecieron cosas en Centro y Cuyo (regiones argentinas), y algunos casos interesantes como el uso del adjetivo “manso”, que nosotros no lo teníamos identificado y de repente en Cuyo tenía una frecuencia de uso, que no era proporcional al uso del resto del territorio; entonces dijimos “bueno, acá tiene que haber algo” y cuando se recuperaron los tuits, descubrimos que se trata de un intensificador, que se usa ahí, nosotros no lo usamos. Es un uso irónico clásico, tipo “pequeña paliza” equivale a “mansa paliza”, es un uso irónico que tiene frecuencias altas solamente en Cuyo. 
—¿Por qué se cambió la denominación “Diccionario del habla” por “Diccionario de la lengua”?
—Cuando uno veía la tapa del “Diccionario del habla de los argentinos”, el usuario en general tenía la expectativa de que ahí había puro léxico coloquial, pura cosa de la calle, puro lunfardo y la verdad es que no es así. Además el 60% se trata de palabras que ya están en el diccionario y desde siempre, no tienen ninguna marca; es decir, son de registro neutro o formal. Era una expectativa errónea, que, por otro lado, acarrea la siguiente idea lingüística, nuestra variedad está marcada, nuestro léxico regional está más lejos de la lengua que otros. 
En todos lados hay un léxico regional, entonces, el nuestro es como cualquier otro, solo que hay que recopilarlo y publicarlo en el diccionario, como se recopila en Chile o en Uruguay. 
El léxico regional es léxico del español, “angá” es una palabra del español que tiene origen en el guaraní, como arroz es una palabra en el español que tiene origen en el árabe. 
—¿Cuáles fueron algunas de las conclusiones o para qué sirvió el Congreso de la Lengua?,
—La verdad es que no sé muy bien para qué sirve el Congreso de la Lengua, pero podemos decir que funciona como una significación. Por ejemplo, nosotros no sabíamos que muchas de las tensiones derivadas de los procesos coloniales todavía estaban más abiertas y menos resueltas de lo que pensábamos. Durante el Congreso hubo un fuerte debate en torno a que si hay que llamar español a la lengua o hay que llamarla castellano. Eso es un termómetro de dónde está la intelectualidad, qué temas está imponiendo como importantes.
Ahora me puse a estudiar más de cerca ese tema, porque hay una respuesta que es una disputa, un debate, que ya está saldado, que ya está resuelto, pero evidentemente no está resuelto y tiene que haber razones por las cuales eso no está resuelto.
El congreso es un lugar donde se dan esos debates, uno tiene acceso a los temas que rodean a la lengua en un determinado momento y eso es importante. Un congreso de la lengua es un lugar donde se debate la dinámica que son propias del ordenamiento económico, cultural y demás, el ordenamiento de fuerzas en el ámbito hispánico se ve ahí y se unifican las cosas. Es un congreso básicamente organizado por la Real Academia Española en el Instituto Cervantes. La Academia Argentina participó, pero la voz cantante me parece que la llevan ellos que, además, ponen la financiación.
Quisieron circunscribir la discusión a una mesa de corrección política; o sea, quisieron que todo el debate inclusivo se acotara a esa mesa específicamente donde estaban Ivonne Bordelois, Jorge Volpi, Jorge Fondebrider y Pedro Alvarez de Miranda -si no me olvido de alguien-, que es el ex director del Diccionario de la Real Academia Española.
—¿Hablaron del lenguaje inclusivo? 
—Esa fue una de las mesas más calientes y más divertidas, porque después hubo tiempo hasta para preguntas y dio la palabra Ignacio Bosque.
—¿Quién es Bosque?
—Es uno de los más importantes académicos para la Real Academia Española, el autor de un informe que se llama “Visibilidad de la mujer, sexismo lingüístico, visibilidad de la mujer”, que es una suerte de postura institucional en torno del inclusivo en sus formas anteriores, como el desdoblamiento. Entonces, pidió la voz y la gente no vio de quien se trataba, porque había sido eludido de la mesa; entonces, hubo como un abucheo porque no hacía una pregunta. No por lo que estaba diciendo realmente, si no porque había habido la instrucción de que tenía que  ser una pregunta breve y él se puso a hablar, razón por la cual la gente lo abucheó. 
—El típico problema en ese tipo de espacios. 
—Fue muy divertida y caliente. Porque, además, Jorge Fondebrider volvió a activar todos estos debates y el tema de la presencia del Rey, la dimensión política de la lengua, la denominación que es ahora que se imponen como políticamente correcta para un grupo intelectual que es la de castellano, todos esos temas aparecieron ahí; pero también aparecieron otras mesas. 
Así que no le pudieron… cerrar la puerta al Congreso, como no le pueden cerrar la puerta de ningún lado, no pueden cerrar las puertas de las escuelas porque eso es una demanda que está en la sociedad, están los estudiantes, están los docentes, están los intelectuales; entonces, no hay cómo limitar la cuestión.
Con respecto a mi mirada, hay que entender que los fenómenos lingüísticos son fenómenos en general muy inconscientes, no hay ningún antecedente de que un cambio lingüístico se haya asentado entre los hablantes por que haya habido un grupo que tomara la decisión consciente, calculada, de dar un paso en un determinado sentido. Siempre los cambios lingüísticos son cosas que suceden en los hablantes sin que nadie lo decida. Eso es un cambio lingüístico y así podemos explicar mediante la descripción de distintos patrones de cambio la evolución, por ejemplo, entre el latín y las más de 20 lenguas romances que existen hoy en el mundo. Entonces, cuando estamos hablando de algo que está calculado, diseñado, que es el resultado de un proceso intelectual de una decisión consciente, a lo que nos referimos es a otra cosa, no a un fenómeno lingüístico sino a una intervención sobre la lengua.
—Acá hay un reclamo.
—Exacto. Entonces ¿qué pasa?, ¿cuál es la intervención? A lo largo de todos los milenios en que los humanos nos organizamos socialmente, los hombres acapararon todos los espacios, administraron todos los bienes, absolutamente toda la visibilidad fue de los hombres. Entonces qué pasó, la gramática a lo largo de esos mismos milenios terminó creando un correlato de ese ordenamiento social, en la forma de una estructura sintáctica del género que es triple, tiene un masculino, un femenino y tiene un masculino que no está marcado, que engloba todo. Porque como era tal la preponderancia del hombre, y lo sigue siendo, ante la duda los hablantes resolvieron poner el masculino no marcado, y tener un femenino y un masculino y un masculino no marcado.
Entonces el hecho de que eso sea un correlato de un ordenamiento social ancestral de la especie hace que no sea casual que sea el género masculino el que cumple ese rol, de modo que si uno se quiere plantar en un momento, es decir, si vienen grupos que se plantan frente a la injusticia de la preponderancia del hombre heterosexual en la sociedad, tiene mucho sentido intervenir precisamente en el correlato que esa situación social tuvo en la gramática.
Es decir, la gramática codificó el sexismo, no se puede decir que no lo hizo, pero eso hay que ponerlo en el ámbito de los recursos retóricos. Es un recurso retórico discursivo que tiene como objetivo crear conciencia sobre una situación de justicia que persiste en la sociedad y por ese medio busca crear consensos que a través de los mecanismos democráticos terminen impactando en lo real. La lengua no hace lo real, yo sé que está muy de moda decir, “¿qué viene primero las cosas o la lengua?”. Las cosas vienen primero, cuando vamos a la ciencia de la lingüística las cosas son y las lenguas después representan. Entonces, este fenómeno cada vez que aparece, si yo uso la “e” oralmente o por escrito utilizo la “x”, o lo que sea, estoy marcando discursivamente lo que digo o lo que escribo y eso implica que estoy tomando una posición política. A la vez, anima a la otra persona a no permanecer al margen. Entonces, como se trata de un fenómeno retórico político discursivo, nadie puede venir a decirme que yo no lo puedo usar, yo tengo derecho a mi configuración discursiva. Esta es la configuración discursiva que rodea la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer y las demás identidades sexuales minoritarias. 
Entonces, nadie me puede venir a impedir usar eso, que es además un recurso de extraordinaria potencia porque yo no hablo de otra cosa desde enero del 2018, o sea, evidentemente, la opinión pública está ahí y esto arde en la opinión pública, y su potencia está precisamente ahí: fuera de las reglas del sistema lingüístico para criticar la codificación de sexismo de la gramática. Y por ese medio propagar también la idea de que no puede ser que siga habiendo tal injusticia en la sociedad, y al mismo tiempo, eso no puede obligar a alguien a usarlo porque valdría a imponerle un posicionamiento político al que tiene que llegar por su propio albedrío.
—Una cosa es la lengua escrita, otra la oral. ¿Tiene dificultades en el habla la incorporación de la “x” o la “e”? 
—No importa si se convierte en gramática, las marchas dicen “se va a caer” y ahí está lo que busca el inclusivo. Porque, además, gramaticalmente siendo una futurología que es una especulación total, pero digamos milenios llevó para que la gramática codificara el ordenamiento social en un masculino genérico. Entonces. si nosotros. finalmente, y esto es muy difícil, pero si finalmente una sociedad se torna absolutamente igualitaria es probable que con el paso de los siglos los hablantes terminen codificando algo diferente que será esto u otra cosa, pero va a ser como resultado en un cambio del ordenamiento social.
De todas maneras, es muy difícil incorporar la “x” o la “e”, porque no lo tenemos asimilado en el sistema, porque crecimos escuchando de un determinado modo y así aprendimos.
No hay que empezar a acusar a las personas que usan el masculino genérico de nada, porque esa es la gramática de la lengua. Ahora, cuando uno ve el uso de la “e”, especialmente, de forma oral en todos los lugares que corresponde, eso merece aplauso, porque la competencia lingüística y la conciencia metalingüística que se requiere para poder poner adecuadamente cada “e” en cada lugar es superior a la que tiene un hablante que habla a la perfección. Entonces, uno puede enojarse con la persona que lo usa por razones políticas, los enojos son políticos, porque como esto viene es lo que vocaliza a la amenaza de un privilegio, los que gozan de ese privilegio se enojan. Entonces, la persona que lo sabe usar no es porque es ignorante o porque no sabe, o porque no entendió lo que dijo la RAE. Al contrario cuenta con una competencia mayor y lo que está haciendo es pronunciarse políticamente ante un determinado tema.

¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

La fábrica de palabras

Por Carlos Lezcano
Especial para El Litoral

Por Gabriela Bissaro
Especial para El Litoral

 

Santiago Kalinowski es lexicólogo y director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras. Este año, en el marco del Congreso de la Lengua Española que se realizó en Córdoba, incorporaron al Diccionario de la Lengua Argentina dos palabras que habitan nuestras calles: “angá” y “angaú”. Esto fue posible gracias al trabajo que se hizo teniendo como fuente fundamental las publicaciones en Twitter. Angaú que lo entrevistamos sobre este tema, pero terminamos hablando del lenguaje inclusivo. 

—¿Cómo fue que “angá” y “angaú” se incorporaron al diccionario de habla argentino?
—El diccionario se llama “De la lengua de la Argentina”, se llamaba “Del habla”, pero tenía algunos problemas esa denominación. Se incorporaron esas palabras ahora porque lo detectamos como léxico regional argentino. Nosotros no lo habíamos identificado todavía, y esa es la razón porque persisten casi todas las omisiones en un diccionario, es decir que todavía el trabajo lexicográfico quedó incompleto. Hicimos un trabajo de “corpus con Twitter” que nos permitió detectar esas palabras y otras.
—¿Y qué es un trabajo de corpus con Twitter?
—La internet parece la gran fuente de datos lingüísticos, infinita, pero desde el punto de vista metodológico no se puede poner cualquier cosa en internet porque no podemos acceder a datos estadísticos confiables; entonces, hay que convertir los datos lingüísticos que están en internet en un corpus que podamos defender metodológicamente.
Quiere decir que bajamos de Twitter -nosotros no, la gente del Departamento de Computación  de la UBA-, alrededor de 650.000.000 de formas de tuitear de usuarios en Argentina, en partes iguales por provincias y después ellos son capaces de programar unas métricas que establecen una especie de lista jerárquica de esas palabras que tienen contraste de uso entre las distintas regiones o provincias. Uno evalúa la primera tanda de 5.000 o 10.000 palabras y en ese grupo tiene alta chances de encontrarse con cosas relevantes del léxico regional, muchas de ellas ya estaban incorporadas en el diccionario anteriormente y otras no teníamos ni idea de que existían.
—Las van rankeando, digamos.
—Las rankeamos por regiones. Las palabras que se usan de manera uniforme en todo el territorio se van al fondo de la lista y las que no son uniformemente utilizadas en el territorio empiezan a subir lugares, con una métrica tomada de la física que es la entropía y; gracias a eso podemos, en lugar de pescar en el mar, pescar en una pileta de natación.
—¿Qué otras palabras, por ejemplo se incorporaron?
—También aparecieron cosas en Centro y Cuyo (regiones argentinas), y algunos casos interesantes como el uso del adjetivo “manso”, que nosotros no lo teníamos identificado y de repente en Cuyo tenía una frecuencia de uso, que no era proporcional al uso del resto del territorio; entonces dijimos “bueno, acá tiene que haber algo” y cuando se recuperaron los tuits, descubrimos que se trata de un intensificador, que se usa ahí, nosotros no lo usamos. Es un uso irónico clásico, tipo “pequeña paliza” equivale a “mansa paliza”, es un uso irónico que tiene frecuencias altas solamente en Cuyo. 
—¿Por qué se cambió la denominación “Diccionario del habla” por “Diccionario de la lengua”?
—Cuando uno veía la tapa del “Diccionario del habla de los argentinos”, el usuario en general tenía la expectativa de que ahí había puro léxico coloquial, pura cosa de la calle, puro lunfardo y la verdad es que no es así. Además el 60% se trata de palabras que ya están en el diccionario y desde siempre, no tienen ninguna marca; es decir, son de registro neutro o formal. Era una expectativa errónea, que, por otro lado, acarrea la siguiente idea lingüística, nuestra variedad está marcada, nuestro léxico regional está más lejos de la lengua que otros. 
En todos lados hay un léxico regional, entonces, el nuestro es como cualquier otro, solo que hay que recopilarlo y publicarlo en el diccionario, como se recopila en Chile o en Uruguay. 
El léxico regional es léxico del español, “angá” es una palabra del español que tiene origen en el guaraní, como arroz es una palabra en el español que tiene origen en el árabe. 
—¿Cuáles fueron algunas de las conclusiones o para qué sirvió el Congreso de la Lengua?,
—La verdad es que no sé muy bien para qué sirve el Congreso de la Lengua, pero podemos decir que funciona como una significación. Por ejemplo, nosotros no sabíamos que muchas de las tensiones derivadas de los procesos coloniales todavía estaban más abiertas y menos resueltas de lo que pensábamos. Durante el Congreso hubo un fuerte debate en torno a que si hay que llamar español a la lengua o hay que llamarla castellano. Eso es un termómetro de dónde está la intelectualidad, qué temas está imponiendo como importantes.
Ahora me puse a estudiar más de cerca ese tema, porque hay una respuesta que es una disputa, un debate, que ya está saldado, que ya está resuelto, pero evidentemente no está resuelto y tiene que haber razones por las cuales eso no está resuelto.
El congreso es un lugar donde se dan esos debates, uno tiene acceso a los temas que rodean a la lengua en un determinado momento y eso es importante. Un congreso de la lengua es un lugar donde se debate la dinámica que son propias del ordenamiento económico, cultural y demás, el ordenamiento de fuerzas en el ámbito hispánico se ve ahí y se unifican las cosas. Es un congreso básicamente organizado por la Real Academia Española en el Instituto Cervantes. La Academia Argentina participó, pero la voz cantante me parece que la llevan ellos que, además, ponen la financiación.
Quisieron circunscribir la discusión a una mesa de corrección política; o sea, quisieron que todo el debate inclusivo se acotara a esa mesa específicamente donde estaban Ivonne Bordelois, Jorge Volpi, Jorge Fondebrider y Pedro Alvarez de Miranda -si no me olvido de alguien-, que es el ex director del Diccionario de la Real Academia Española.
—¿Hablaron del lenguaje inclusivo? 
—Esa fue una de las mesas más calientes y más divertidas, porque después hubo tiempo hasta para preguntas y dio la palabra Ignacio Bosque.
—¿Quién es Bosque?
—Es uno de los más importantes académicos para la Real Academia Española, el autor de un informe que se llama “Visibilidad de la mujer, sexismo lingüístico, visibilidad de la mujer”, que es una suerte de postura institucional en torno del inclusivo en sus formas anteriores, como el desdoblamiento. Entonces, pidió la voz y la gente no vio de quien se trataba, porque había sido eludido de la mesa; entonces, hubo como un abucheo porque no hacía una pregunta. No por lo que estaba diciendo realmente, si no porque había habido la instrucción de que tenía que  ser una pregunta breve y él se puso a hablar, razón por la cual la gente lo abucheó. 
—El típico problema en ese tipo de espacios. 
—Fue muy divertida y caliente. Porque, además, Jorge Fondebrider volvió a activar todos estos debates y el tema de la presencia del Rey, la dimensión política de la lengua, la denominación que es ahora que se imponen como políticamente correcta para un grupo intelectual que es la de castellano, todos esos temas aparecieron ahí; pero también aparecieron otras mesas. 
Así que no le pudieron… cerrar la puerta al Congreso, como no le pueden cerrar la puerta de ningún lado, no pueden cerrar las puertas de las escuelas porque eso es una demanda que está en la sociedad, están los estudiantes, están los docentes, están los intelectuales; entonces, no hay cómo limitar la cuestión.
Con respecto a mi mirada, hay que entender que los fenómenos lingüísticos son fenómenos en general muy inconscientes, no hay ningún antecedente de que un cambio lingüístico se haya asentado entre los hablantes por que haya habido un grupo que tomara la decisión consciente, calculada, de dar un paso en un determinado sentido. Siempre los cambios lingüísticos son cosas que suceden en los hablantes sin que nadie lo decida. Eso es un cambio lingüístico y así podemos explicar mediante la descripción de distintos patrones de cambio la evolución, por ejemplo, entre el latín y las más de 20 lenguas romances que existen hoy en el mundo. Entonces, cuando estamos hablando de algo que está calculado, diseñado, que es el resultado de un proceso intelectual de una decisión consciente, a lo que nos referimos es a otra cosa, no a un fenómeno lingüístico sino a una intervención sobre la lengua.
—Acá hay un reclamo.
—Exacto. Entonces ¿qué pasa?, ¿cuál es la intervención? A lo largo de todos los milenios en que los humanos nos organizamos socialmente, los hombres acapararon todos los espacios, administraron todos los bienes, absolutamente toda la visibilidad fue de los hombres. Entonces qué pasó, la gramática a lo largo de esos mismos milenios terminó creando un correlato de ese ordenamiento social, en la forma de una estructura sintáctica del género que es triple, tiene un masculino, un femenino y tiene un masculino que no está marcado, que engloba todo. Porque como era tal la preponderancia del hombre, y lo sigue siendo, ante la duda los hablantes resolvieron poner el masculino no marcado, y tener un femenino y un masculino y un masculino no marcado.
Entonces el hecho de que eso sea un correlato de un ordenamiento social ancestral de la especie hace que no sea casual que sea el género masculino el que cumple ese rol, de modo que si uno se quiere plantar en un momento, es decir, si vienen grupos que se plantan frente a la injusticia de la preponderancia del hombre heterosexual en la sociedad, tiene mucho sentido intervenir precisamente en el correlato que esa situación social tuvo en la gramática.
Es decir, la gramática codificó el sexismo, no se puede decir que no lo hizo, pero eso hay que ponerlo en el ámbito de los recursos retóricos. Es un recurso retórico discursivo que tiene como objetivo crear conciencia sobre una situación de justicia que persiste en la sociedad y por ese medio busca crear consensos que a través de los mecanismos democráticos terminen impactando en lo real. La lengua no hace lo real, yo sé que está muy de moda decir, “¿qué viene primero las cosas o la lengua?”. Las cosas vienen primero, cuando vamos a la ciencia de la lingüística las cosas son y las lenguas después representan. Entonces, este fenómeno cada vez que aparece, si yo uso la “e” oralmente o por escrito utilizo la “x”, o lo que sea, estoy marcando discursivamente lo que digo o lo que escribo y eso implica que estoy tomando una posición política. A la vez, anima a la otra persona a no permanecer al margen. Entonces, como se trata de un fenómeno retórico político discursivo, nadie puede venir a decirme que yo no lo puedo usar, yo tengo derecho a mi configuración discursiva. Esta es la configuración discursiva que rodea la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer y las demás identidades sexuales minoritarias. 
Entonces, nadie me puede venir a impedir usar eso, que es además un recurso de extraordinaria potencia porque yo no hablo de otra cosa desde enero del 2018, o sea, evidentemente, la opinión pública está ahí y esto arde en la opinión pública, y su potencia está precisamente ahí: fuera de las reglas del sistema lingüístico para criticar la codificación de sexismo de la gramática. Y por ese medio propagar también la idea de que no puede ser que siga habiendo tal injusticia en la sociedad, y al mismo tiempo, eso no puede obligar a alguien a usarlo porque valdría a imponerle un posicionamiento político al que tiene que llegar por su propio albedrío.
—Una cosa es la lengua escrita, otra la oral. ¿Tiene dificultades en el habla la incorporación de la “x” o la “e”? 
—No importa si se convierte en gramática, las marchas dicen “se va a caer” y ahí está lo que busca el inclusivo. Porque, además, gramaticalmente siendo una futurología que es una especulación total, pero digamos milenios llevó para que la gramática codificara el ordenamiento social en un masculino genérico. Entonces. si nosotros. finalmente, y esto es muy difícil, pero si finalmente una sociedad se torna absolutamente igualitaria es probable que con el paso de los siglos los hablantes terminen codificando algo diferente que será esto u otra cosa, pero va a ser como resultado en un cambio del ordenamiento social.
De todas maneras, es muy difícil incorporar la “x” o la “e”, porque no lo tenemos asimilado en el sistema, porque crecimos escuchando de un determinado modo y así aprendimos.
No hay que empezar a acusar a las personas que usan el masculino genérico de nada, porque esa es la gramática de la lengua. Ahora, cuando uno ve el uso de la “e”, especialmente, de forma oral en todos los lugares que corresponde, eso merece aplauso, porque la competencia lingüística y la conciencia metalingüística que se requiere para poder poner adecuadamente cada “e” en cada lugar es superior a la que tiene un hablante que habla a la perfección. Entonces, uno puede enojarse con la persona que lo usa por razones políticas, los enojos son políticos, porque como esto viene es lo que vocaliza a la amenaza de un privilegio, los que gozan de ese privilegio se enojan. Entonces, la persona que lo sabe usar no es porque es ignorante o porque no sabe, o porque no entendió lo que dijo la RAE. Al contrario cuenta con una competencia mayor y lo que está haciendo es pronunciarse políticamente ante un determinado tema.