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CORRIENTES:

Comedores afrontaron un día complicado y siguen recibiendo cada vez más gente

El temporal de ayer provocó anegamientos en algunos barrios, afectando directamente el trabajo en centros comunitarios que brindan asistencia. Desde algunos de estos lugares aseguraron que la demanda continúa en aumento.
 

Inundación. El acceso era casi imposible en el barrio Juan de Vera.
Convocatoria. “Corazón Contento” nuclea a varias familias del Patono.

El temporal, que afectó ayer a gran parte de la provincia, repercutió en el funcionamiento de algunos de los comedores y merenderos barriales de la Capital. Estos centros comunitarios, que  en esta época reciben  una mayor cantidad de gente por acercarse el fin de mes y por no haber clases, aún se sustentan en gran parte gracias al esfuerzo y la solidaridad de particulares.
“No pudimos entrar al comedor. Llegué a la esquina y volví, y ya me caí varias veces”, fueron las palabras con las que María Luisa Barrientos, encargada del comedor “Pocho Roch” del barrio Juan de Vera, relató a El Litoral las dificultades que provocaron las lluvias a este centro comunitario. Con 66 años de edad y 18 de trabajo solidario en el comedor, Barrientos sostiene el lugar sin asistencia estatal. Sólo con ayuda de otros voluntarios.
“Por entrar en estas condiciones hasta terminé internada y mis hijos se enojan. Hoy (por ayer) fue lo mismo, está un desastre el barrio”, sostuvo la mujer. Las lluvias provocaron que el ingreso a la casa donde funciona el comedor se inundara, por lo que el acceso al mismo era casi imposible.
Similar panorama fue relatado a este medio por Eva Romero, integrante del movimiento “Barrios de Pie”, que colabora con algunos comedores y merenderos de la ciudad. Según relató, debido a que estos espacios funcionan en casas de familias, la mayoría padeció el anegamiento de las calles. “Hoy fue un día complicado hasta que bajó el agua y sólo quedó el barro”, señaló; aunque aclaró que “en otras oportunidades hemos tenido más problemas, porque esta vez bajó más rápido el agua”.
Por otra parte, en el comedor “Sembrando Sueños” de La Tosquera también tuvieron la ventaja de que “en la zona escurrió rápido el agua”, según consignó Stela Sánchez, encargada del lugar. Lo que sí subrayó la mujer es que en el último tiempo tuvieron un crecimiento en la demanda, provocado tanto por el período de vacaciones escolares, que hace que los niños y niñas busquen el alimento que ya no les brinda el colegio; y el hecho de que estemos acercándonos al fin del mes.
“Nosotros trabajamos sólo los fines de semana. Al principio, arrancamos dando unas 45 jarras de la merienda, y al terminar el mes ya estamos dando más de 60”, contó a El Litoral.
De la misma manera, Isabel Ríos, del comedor “Corazón Contento” del barrio Patono, relató que “la gente se va sumando, por ahí viene un chico nuevo, y luego va trayendo a su familia”. “Por ahora nos vamos manteniendo, luchando y, por suerte, en estas últimas semanas recibimos una buena cantidad de donaciones”, añadió.
Por último, Romero manifestó algo similar: “Muchos vienen en vacaciones y ya se quedan. De este modo, se van sumando entre unas 10 o 15 personas por comedor, todas ellas son familias”.

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Comedores afrontaron un día complicado y siguen recibiendo cada vez más gente

El temporal de ayer provocó anegamientos en algunos barrios, afectando directamente el trabajo en centros comunitarios que brindan asistencia. Desde algunos de estos lugares aseguraron que la demanda continúa en aumento.
 

El temporal, que afectó ayer a gran parte de la provincia, repercutió en el funcionamiento de algunos de los comedores y merenderos barriales de la Capital. Estos centros comunitarios, que  en esta época reciben  una mayor cantidad de gente por acercarse el fin de mes y por no haber clases, aún se sustentan en gran parte gracias al esfuerzo y la solidaridad de particulares.
“No pudimos entrar al comedor. Llegué a la esquina y volví, y ya me caí varias veces”, fueron las palabras con las que María Luisa Barrientos, encargada del comedor “Pocho Roch” del barrio Juan de Vera, relató a El Litoral las dificultades que provocaron las lluvias a este centro comunitario. Con 66 años de edad y 18 de trabajo solidario en el comedor, Barrientos sostiene el lugar sin asistencia estatal. Sólo con ayuda de otros voluntarios.
“Por entrar en estas condiciones hasta terminé internada y mis hijos se enojan. Hoy (por ayer) fue lo mismo, está un desastre el barrio”, sostuvo la mujer. Las lluvias provocaron que el ingreso a la casa donde funciona el comedor se inundara, por lo que el acceso al mismo era casi imposible.
Similar panorama fue relatado a este medio por Eva Romero, integrante del movimiento “Barrios de Pie”, que colabora con algunos comedores y merenderos de la ciudad. Según relató, debido a que estos espacios funcionan en casas de familias, la mayoría padeció el anegamiento de las calles. “Hoy fue un día complicado hasta que bajó el agua y sólo quedó el barro”, señaló; aunque aclaró que “en otras oportunidades hemos tenido más problemas, porque esta vez bajó más rápido el agua”.
Por otra parte, en el comedor “Sembrando Sueños” de La Tosquera también tuvieron la ventaja de que “en la zona escurrió rápido el agua”, según consignó Stela Sánchez, encargada del lugar. Lo que sí subrayó la mujer es que en el último tiempo tuvieron un crecimiento en la demanda, provocado tanto por el período de vacaciones escolares, que hace que los niños y niñas busquen el alimento que ya no les brinda el colegio; y el hecho de que estemos acercándonos al fin del mes.
“Nosotros trabajamos sólo los fines de semana. Al principio, arrancamos dando unas 45 jarras de la merienda, y al terminar el mes ya estamos dando más de 60”, contó a El Litoral.
De la misma manera, Isabel Ríos, del comedor “Corazón Contento” del barrio Patono, relató que “la gente se va sumando, por ahí viene un chico nuevo, y luego va trayendo a su familia”. “Por ahora nos vamos manteniendo, luchando y, por suerte, en estas últimas semanas recibimos una buena cantidad de donaciones”, añadió.
Por último, Romero manifestó algo similar: “Muchos vienen en vacaciones y ya se quedan. De este modo, se van sumando entre unas 10 o 15 personas por comedor, todas ellas son familias”.