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CORRIENTES:

Ante el gran interrogante

A poco más de un mes de gobierno de Alberto Fernández las señales que está enviando en su conjunto son positivas, sin embargo, en algunas áreas son confusas o contradictorias. Este accionar dentro de un marco de extrema vulnerabilidad como el que encontró es sumamente peligroso, ponen en riesgo la incipiente estabilidad de los mercados y alientan ambiciones latentes de retornos no deseados.
Desde el 10 de diciembre algunos nombramientos y acciones están alimentando la presunción de que este sería un gobierno bicéfalo, el Presidente al que conocemos como una persona inteligente, dialoguista, y bien intencionada, por el otro lado a la vicepresidenta junto con La Cámpora.
¿Qué encontró el Presidente Fernández? tierra arrasada por décadas de desgobiernos, un país dividido, endeudado, con una inflación galopante, con índices de pobreza inadmisibles, con niveles inigualables de empresas quebradas o concursadas, con economías regionales agonizantes al igual que las Pymes, con una grieta política irreconciliable, con una corrupción endémica en todos los estamentos del poder y de la sociedad, en síntesis un Estado que en todas sus estructuras es una Torre de Babel.
Ante una situación tan grave, complicada y confusa, lo que se espera del Presidente es serenidad, equilibrio, decisión, firmeza y por sobre todas las cosas sentido común y coherencia. Sin embargo los primeros pasos si bien es lógico que resulten vacilantes, pero necesariamente deben dejar vislumbrar un rumbo para así sumar voluntades y adherentes.
Para ser más gráfico, y a modo de ejemplo, tomemos los pasos que se están dando con nuestras relaciones exteriores y en particular con EE.UU. nuestro principal acreedor, y con el presidente Donald Trump. Esto indubitablemente nos indica que debemos ser muy cautos y claros en nuestra política exterior, no debemos dejar dudas en cuál es nuestra posición.
Hoy la política mundial como siempre lo fue y continúa siendo es complicada y confusa dado que responde a múltiples intereses, tenemos las potencias políticas, económicas y militares hegemónicas concentradas en tres países EE.UU., Rusia y China, a ellas debemos sumar la Unión Europea y en menor grado a diferentes asociaciones económicas desparramadas en el mundo.
La tercera posición que siempre fue bandera del peronismo y que hoy aparentemente el Presidente estaría nuevamente tratando de levantar, es una utopía, que nació en la primera presidencia de Perón cuando pretendió ser árbitro y buscar un equilibrio equidistante entre la Unión Soviética junto con países de tercer mundo y el compacto grupo integrado por los EE.UU., la comunidad económica de Europa y países del mundo occidental. En su segundo mandato esta pretensión se le diluyó de entre las manos a Perón cuando agotó las reservas de oro acumuladas durante años por gobiernos de diferentes signos políticos y luego durante la segunda guerra mundial.
En conclusión, luego de mal invertir y malgastar esas reservas debió mansa y sumisamente acudir a los EE.UU., y después de extensas conversaciones mantenidas con el embajador norteamericano Albert Nufer y otros funcionarios americanos, finalmente recibió a Milton Eisenhower, hermano del residente estadounidense. y a su secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Henry Holland, para entregarles en bandeja de plata un área de concesión petrolífera de 49.800 kilómetros cuadrados en la Provincia de Santa Cruz con derecho único y exclusivo para explorar, perforar y catear, tratar, extraer y explotar el petróleo por 40 años a la Compañía California Argentina de Petróleo SA, del estado de Delaware y subsidiaria de la Standard Oil Company de California, acuerdo firmado y luego ratificado por el decreto 6.688 del 6 de mayo de 1955 por Perón, Juan Ignacio San Martín (Asuntos Técnicos) y Jerónimo Remorino (Relaciones Exteriores y Culto).
Esto nos indica que nuestra debilidad intrínseca limita nuestra autonomía, dificultando la participación en la tan difícil disputa de poderes mundiales. Este equilibrio si bien lo comprendieron los presidentes Menem y Macri, por el contrario, Cristina Fernández con su concepción autocrática nunca lo entendió ni entiende.
Es aquí y ahora donde el Presidente debe definir su rol en el gobierno y fijar posiciones y limites. 

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Ante el gran interrogante

A poco más de un mes de gobierno de Alberto Fernández las señales que está enviando en su conjunto son positivas, sin embargo, en algunas áreas son confusas o contradictorias. Este accionar dentro de un marco de extrema vulnerabilidad como el que encontró es sumamente peligroso, ponen en riesgo la incipiente estabilidad de los mercados y alientan ambiciones latentes de retornos no deseados.
Desde el 10 de diciembre algunos nombramientos y acciones están alimentando la presunción de que este sería un gobierno bicéfalo, el Presidente al que conocemos como una persona inteligente, dialoguista, y bien intencionada, por el otro lado a la vicepresidenta junto con La Cámpora.
¿Qué encontró el Presidente Fernández? tierra arrasada por décadas de desgobiernos, un país dividido, endeudado, con una inflación galopante, con índices de pobreza inadmisibles, con niveles inigualables de empresas quebradas o concursadas, con economías regionales agonizantes al igual que las Pymes, con una grieta política irreconciliable, con una corrupción endémica en todos los estamentos del poder y de la sociedad, en síntesis un Estado que en todas sus estructuras es una Torre de Babel.
Ante una situación tan grave, complicada y confusa, lo que se espera del Presidente es serenidad, equilibrio, decisión, firmeza y por sobre todas las cosas sentido común y coherencia. Sin embargo los primeros pasos si bien es lógico que resulten vacilantes, pero necesariamente deben dejar vislumbrar un rumbo para así sumar voluntades y adherentes.
Para ser más gráfico, y a modo de ejemplo, tomemos los pasos que se están dando con nuestras relaciones exteriores y en particular con EE.UU. nuestro principal acreedor, y con el presidente Donald Trump. Esto indubitablemente nos indica que debemos ser muy cautos y claros en nuestra política exterior, no debemos dejar dudas en cuál es nuestra posición.
Hoy la política mundial como siempre lo fue y continúa siendo es complicada y confusa dado que responde a múltiples intereses, tenemos las potencias políticas, económicas y militares hegemónicas concentradas en tres países EE.UU., Rusia y China, a ellas debemos sumar la Unión Europea y en menor grado a diferentes asociaciones económicas desparramadas en el mundo.
La tercera posición que siempre fue bandera del peronismo y que hoy aparentemente el Presidente estaría nuevamente tratando de levantar, es una utopía, que nació en la primera presidencia de Perón cuando pretendió ser árbitro y buscar un equilibrio equidistante entre la Unión Soviética junto con países de tercer mundo y el compacto grupo integrado por los EE.UU., la comunidad económica de Europa y países del mundo occidental. En su segundo mandato esta pretensión se le diluyó de entre las manos a Perón cuando agotó las reservas de oro acumuladas durante años por gobiernos de diferentes signos políticos y luego durante la segunda guerra mundial.
En conclusión, luego de mal invertir y malgastar esas reservas debió mansa y sumisamente acudir a los EE.UU., y después de extensas conversaciones mantenidas con el embajador norteamericano Albert Nufer y otros funcionarios americanos, finalmente recibió a Milton Eisenhower, hermano del residente estadounidense. y a su secretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Henry Holland, para entregarles en bandeja de plata un área de concesión petrolífera de 49.800 kilómetros cuadrados en la Provincia de Santa Cruz con derecho único y exclusivo para explorar, perforar y catear, tratar, extraer y explotar el petróleo por 40 años a la Compañía California Argentina de Petróleo SA, del estado de Delaware y subsidiaria de la Standard Oil Company de California, acuerdo firmado y luego ratificado por el decreto 6.688 del 6 de mayo de 1955 por Perón, Juan Ignacio San Martín (Asuntos Técnicos) y Jerónimo Remorino (Relaciones Exteriores y Culto).
Esto nos indica que nuestra debilidad intrínseca limita nuestra autonomía, dificultando la participación en la tan difícil disputa de poderes mundiales. Este equilibrio si bien lo comprendieron los presidentes Menem y Macri, por el contrario, Cristina Fernández con su concepción autocrática nunca lo entendió ni entiende.
Es aquí y ahora donde el Presidente debe definir su rol en el gobierno y fijar posiciones y limites.