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Pestes: la huella de nuestros miedos

¿Cómo se vivieron las pestes en la historia? ¿Hay similitudes o diferencias entre el medioevo  y el presente? Ante la muerte, ¿compartimos los mismos miedos de nuestros antepasados? ¿Las pestes nos hacen más solidarios o más egoístas? Aquí algunas respuestas.

Por Carlos Lezcano

Especial para El Litoral

Por Gabriela Bissaro

Especial para El Litoral

 

La nueva escena mundial nos invita a mirar cómo se vivieron las pestes durante la historia. ¿Podemos pensar en algunas similitudes o diferencias entre el medioevo  y el presente? ¿Hay algún significado posible de todo lo que pasa y nos pasa? Ante la elocuencia de las muertes, ¿podemos ver en los hombres del medioevo alguno de nuestros miedos, emociones, ansiedades, culpas, el escarnio o las demonizaciones de personas? Las pestes,  ¿nos tornan más solidarios o más egoístas?

Para intentar respuestas fuimos a las imágenes medievales y actuales, acompañando la entrevista a Fernando Ruchesi, doctor en Historia de la UBA y docente de la cátedra Historia Medieval en la Unne, donde obtuvo también su título de grado.

— Algunas imágenes medievales

—“Cuando de súbito desaparece un tercio o la mitad de la población, las consecuencias sociales y mentales son enormes”, dice George Duby en “Año 1000 - Año 2000”. Podemos ver rastros de esto en un antifonario, un libro medieval, un instrumento de saber y poder imprescindible en la liturgia porque organizaba el calendario, las oraciones esenciales, las lecturas y cantos. 

Hay una imagen iluminada inquietante en este escrito que se conserva en la Biblioteca Municipal de Siena, Italia, proveniente del monasterio agustino de San Salvatore en Lecceto. Se trata de “Triunfo de la muerte” que está al comienzo del capítulo de servicio para los muertos, pintado entre 1431-1450. El primer dato a tener en cuenta es que fue pintado muy poco después de la peste, luego que la muerte cabalga en busca del hombre, viene por él y por todos.

El antifonario fue iluminado en 1442 por varios artistas, aunque se sabe que fue el pintor sienés Giovanni di Paolo el responsable de completar la mayor parte de las iluminaciones de la obra. Las “iluminaciones” son ilustraciones, la palabra viene de luz, era un recurso que buscaba crearla justamente, algo logrado con el uso del oro o plata, para hacer más luminoso el texto que decoraban.

Otra fuente de imágenes son los libros de las horas que contenían oraciones para laicos, un calendario con festividades del Señor y la Virgen María, los cuatro evangelios, el oficio mariano y un oficio de la pasión y otro para los difuntos. Uno de ellos, El libro de las Horas de Rohan, que data de 1430-1435, contiene doce miniaturas que cuentan actos violentos con un gran dramatismo que da cuenta de una particular dramaturgia espiritual por el tratamiento sobre todo del Juicio Final. Además hay dos folios, una imagen muestra por un lado a los muertos  de las familias ricas que generalmente eran enterrados en las iglesias y otro, a los pobres cuyo destino final eran grandes osarios.

—Algunas imágenes actuales

—La imagen actual es también dramática. La columna de camiones del Ejército italiano desfila de noche por el centro de Bérgamo, en la Lombardía, llevando féretros de decenas de víctimas de coronavirus para su incineración en distintos municipios.

O aquella que muestra a los internados y aislados conectándose a las tablets que les donaron para despedirse de los familiares por videollamada. Cómo se iluminarán los libros de esta historia. ByungChul Han, filósofo surcoreano escribió hace algunos días “el virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia”. ¿Podrán dar cuenta de la época las imágenes que vemos hoy? En el medioevo, los libros citados eran libros privados pero de alguna manera guardaron el registro que nos sirve hoy. Cómo fueron las pestes, qué pasaba, eso explica Fernando Ruchesi en la entrevista.

—¿Cómo fue la famosa peste antonina, que asoló no sólo a Italia, sino un montón de otros lugares?

—La llamada “Plaga antonina” recibe ese nombre por la dinastía del emperador Marco Aurelio, que era la dinastía de los antoninos. Básicamente, surge en el siglo segundo, o sea, en la segunda mitad del siglo segundo (para poner fechas, se dio entre el 165 y 180 d. C.), justamente, en el reinado de este emperador, conocido como el emperador filósofo. No sabemos mucho de esta plaga, porque el que la registró fue Galeno y él estaba más interesado en el tratamiento de la enfermedad que en otras características. Por lo tanto, no podemos saber con exactitud las características físicas de las víctimas que la padecieron.

Entonces, los historiadores suponen que se habría tratado de viruela o de sarampión, y también se calcula que perecieron cinco millones de personas, es decir casi el 10% de la población total del Imperio Romano en ese período.

—Que era el mundo conocido, ¿no?

—Claro, digamos que sí. Europa, Asia (lo que hoy llamaríamos el Oriente Próximo) y parte de África; pero se estima también que la población total del Imperio Romano en esa época era de 60 millones. Todo esto igual son cifras estimativas; es muy difícil comprobar certeramente estos números. Pero se considera sí, que con la Plaga Antonina perecieron cinco millones de personas

—¿Se sabe de dónde vino?

—Se cree que vino del Asia central, a través de la ruta de la seda, con el comercio terrestre (caravanas) y fluvial que conectaba Asia con Europa. De cualquier manera, conocemos un poco más de otras epidemias, sobre todo, de la Peste de Justiniano o Peste Justiniana o la más conocida Peste Negra, epidemias que también llegaron de Asia.

—¿Y la“justiniana”? ¿Podés contarnos cómo fue y dónde comenzó?

—Bueno, con esta sí hay algo más de información. Aparentemente vino de Asia Central a través del comercio en el siglo VI. Esta Peste de Justiniano es el antecedente de la Peste Negra del siglo XIV, porque también fue un brote de peste bubónica. Los historiadores proponen que se inició en el 542 y fue el primer brote de peste bubónica en la historia. Se da en un contexto en el que el emperador Justiniano quería llevar a cabo la reconquista de ciertos territorios que habían pertenecido el Imperio Romano hasta el siglo V y llega este brote de peste. Algunos autores dicen que incluso afectó al mismo Justiniano, pero sobrevivió.

—Esto significa que los ejércitos de Justiniano avanzaran sobre Asia...

—Sí, como parte de las guerras persas, para recuperar ciertos territorios de frontera con el Imperio Persa Sasánida. O sea, lo que quería hacer Justiniano -lo digo a modo de síntesis- era recobrar ciertos territorios, como por ejemplo Italia, lo que hoy es España y el Norte de África y ciertos territorios que estaban en el Oriente, en el cercano Oriente, a modo de restaurar el Imperio, como en los tiempos de su máxima expansión territorial. Básicamente quería recuperar África, porque África en la historia del Imperio Romano tardío era el gran granero del imperio. Cuando los vándalos, que eran un pueblo bárbaro de origen germánico, llegan a Cartago y toman África, empiezan a controlar los suministros de granos que se enviaban a Italia y a Roma. Entonces, al Imperio no le quedaba otra opción que negociar con los vándalos.

Por eso, desde la segunda mitad del siglo V se planearon expediciones militares que fracasaron y el que logra tomar África es Justiniano, pero todo a un alto costo, porque también después quiso reconquistar Italia, región en la que se asentaron los ostrogodos, otro pueblo germánico.  Él pensaba que iba a ser algo fácil, sencillo, digamos, una operación de poco tiempo, pero fue más complicado y además llegó este brote de peste desde Asia, aparentemente, que se transmitía por la pulga de las ratas. Supongo que las ratas no habrían escaseado en esa época, y se estima que perecieron entre treinta y cincuenta millones de personas. Entonces, ahí todo se complica porque se reduce la fuerza laboral y al reducirse la fuerza laboral, escasean los productos de primera necesidad y se producen aumentos de precios. También escaseaban los reclutas para el ejército en la campaña militar, o sea, todo se volvía más complicado en el contexto de las políticas imperiales.

—¿Y cómo era el hombre de este siglo y cómo era su relación con el poder?

—En esta época hay, con Justiniano, un poder autocrático. De hecho, la mayor parte de la población, obviamente, era población rural o pertenecía a lo que podríamos denominar clase baja. Justiniano encargó una compilación de derecho a partir de leyes existentes, que es la que nosotros conocemos -en la actualidad- como el Corpus Iuris Cilivis, que es la base del derecho romano, del derecho absolutista posterior y de nuestro derecho también en la actualidad.

Justamente, era el emperador quien tenía todo el poder. Para nada era una sociedad que podríamos considerar como democrática en el sentido actual y la media de vida de la gran mayoría de la población era alrededor de 35 a 40 años. O sea, muy poca gente llegaba a vivir o pasar los 60 años de edad, excepto las clases altas, que obviamente tenían acceso a más riquezas, ergo, acceso a alimentos y a mayor calidad de bienes de consumo.

—¿Cómo ves hoy la pandemia que tenemos en la actualidad? ¿Qué cosas te llaman la atención por las similitudes o por las diferencias?

—Lo que me llamó la atención es -obviamente- el pánico que hubo y, si se quiere, la desinformación o el mal uso de la información que hay por parte de la población y por parte de muchos medios. No es mi intención culpar a alguien, sólo quiero dar cuenta de que me llamó la atención este gran temor y con esto no quiero minimizar tampoco el tema del coronavirus, ni nada. Yo estoy de acuerdo, hay que cumplir con todas estas medidas para tratar de minimizar los casos, pero comparemos, sobre todo, con la peste del siglo XIV. En el siglo XIV, se estima que murieron, a nivel mundial, 200 millones de personas; en Europa pereció un tercio de la población y en esa época la gente no tenía este gran acceso a la información que tenemos hoy y, obviamente, se produjeron escarnios. Por ejemplo, se culpaba al judío en Europa por la peste y se los perseguía. Se creía también que era un castigo divino.

—¿Era vista como una maldición?

—Sí, era una cuestión muy propagada por la Iglesia, que afirmaba era un castigo divino a raíz del pecado de la humanidad. Todo esto, obviamente, generaba conductas irracionales en gran parte de la población. Eso me recuerda un poco a ciertas cosas que pasaron en los últimos días, sobre todo en otros países, con la compra y almacenamiento desmedidos de papel higiénico y otros insumos, etcétera.

Veía la desesperación en eso y me recordaba las cosas que leía, porque en el siglo XIV lo que ocurría es que la gente huía. ¿Pero por qué huía? Porque lo que ellos entendían, lo que los médicos de la época entendían como mejor solución para esto de la peste era conseguir o buscar el aire limpio. Decían que había que cambiar de aire porque ellos todavía creían que esta peste se daba por la corrupción del aire, el “miasma pestilente”. Entonces, muchos decían que había que huir y era como el “sálvese quien pueda”, porque la gente se moría con mucha facilidad y en grandes cantidades y sobre todo porque la base de la economía, en aquel entonces, era la agricultura.

—Dependían de las cosechas…

—Sí, si había malas cosechas, obviamente, disminuía la cantidad de alimentos, la población se alimentaba peor, aumentaban los precios de los alimentos y era difícil conseguir dichos alimentos y todo esto hacía que las defensas de la población sean más bajas, con lo cual era más propensa a contagiarse, a padecer enfermedades.

Entonces, era un “sálvese quien pueda”, incluso muchos clérigos, y las autoridades locales huían. Los que no morían, trataban de escapar. Hubo una gran migración del campo a las ciudades, porque en las ciudades repartían alimentos y podían llegar a encontrar ciertas ayudas; pero el problema era que la gente se amontonaba en las ciudades y eso era también como encender una mecha, en el sentido de que, con estos amontonamientos, era más fácil el contagio y las condiciones sanitarias no eran para nada buenas.

—Allá y aquí entonces tomar aire puro y aislarnos unos de otros eran y son las medidas ¿no? Porque en ese momento se iban de las zonas urbanas, pero en este caso también ahora, estamos hablando de aislarnos.

—Exactamente. Por ejemplo, también, todo esto generaba la persecución hacia ciertos grupos, como ya mencioné; un descontrol social muy grande que, por ahora quiero creer que no lo vivimos así, o no lo estamos viviendo por suerte en esta época, porque era la irracionalidad que decía que había que perseguir a estas minorías. Por ejemplo, también surgieron movimientos como Los Flagelantes, movimientos mesiánicos. Lo curioso es que, si bien esta Peste Negra del siglo XIV afectó de modo similar al mundo islámico, aparentemente, no tuvieron lugar estas respuestas sociales, no hubo persecución hacia otros grupos.

En el mundo islámico de aquel entonces, lo manejaron de otra manera, porque la teología islámica es diferente, no hace hincapié en la cuestión del pecado o de la culpa. Esto hace que la gente pueda reaccionar de manera distinta e incluso los líderes comunales y las élites buscaban que la gente no huya, sino que se quede para ayudar a la comunidad y que sí traten de cambiar el aire. Los médicos musulmanes compartían con Occidente, con los europeos, la misma base científica que conocían hasta el momento, que eran los textos de Galeno y los textos de Avicena, un médico musulmán del siglo XI. Las autoridades recomendaban que la gente permanezca y trate de mejorar su entorno limpiando su hogar y fumigando el aire con esencias varias y frutas frescas. Me llamó la atención esta cuestión de la higiene que tenían ellos, ya para aquel entonces.

—Es llamativo, porque el concepto de higiene es más moderno.

—Claro, las autoridades de las ciudades musulmanas trataban de que no se propague este miedo que después generaba ya una cuestión irracional, trataban de mantener la situación en calma. Esto también me recuerda a lo que está ocurriendo ahora, con el compromiso de las autoridades. Por suerte acá en nuestro país se están tomando estas medidas con tal de que la población pueda cumplir esto, a fin de que los casos se reduzcan.

—El miedo recorre la historia, de algún modo…

—Es importante la cuestión del temor. Hoy en día contamos con un acceso a la información que era impensable en esa época: la mayor parte de la población, al menos en este país, sabe leer y escribir. O sea, contamos con un montón de herramientas para combatir esta pandemia, herramientas que la gente de la Edad Media no poseía.

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