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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

“A la neurosis hay que cebarle mate”

Por Carlos Lezcano y Gabriela Bissaro

Especial para El Litoral

La salud de los papas. Medicina, complots y fe. Desde León XIII hasta Francisco” es el nuevo libro del periodista y médico Nelson Castro, que recorre el tema de la salud y las enfermedades de los pontífices. En esta entrevista hablamos de él y también sobre los secretos que guarda el Vaticano desde hace siglos, las consecuencias políticas que plantea el ejercicio del poder del vicario de Cristo en las cuestiones terrenales.

El capítulo dedicado a la muerte impredecible e intrigante de Juan Pablo I da cuenta de un enorme trabajo de investigación y, a la vez, del misterio que rodea al poder vaticano respecto de la salud de los pontífices. En este contexto, la actitud del papa Francisco es particularmente valiosa y valiente al contar en primera persona sus problemas de salud.

“Han pasado más de cuatro décadas de la sorpresiva e impactante muerte de Juan Pablo y aún surgen dudas, contradicciones e interrogantes sobre su muerte”, y Castro lo señala puntualmente. Por ejemplo, no está claro cómo fueron las últimas horas de vida de Juan Pablo I. El padre Maggie y el secretario Lorenzi afirman que tuvo un dolor en el pecho que calmó con las medicaciones “fabulosas” que le suministraba sor Vincenza. Pero el médico personal del papa, Antonio Da Ros, y su sobrina niegan la existencia de ese dolor. No está identificada cuál era esa fabulosa medicación que sor Vincenza le administraba al papa.

Sor Vincenza estimó que el sumo pontífice falleció entre las 3 y 4 de la mañana del 29 de septiembre, en tanto que Bruzzonetti afirmó que el deceso ocurrió a las 23 del día 28. El comunicado oficial de la santa sede, donde se señala al padre Maggie como la persona que entró a la habitación del papa y lo encontró sin vida, contiene una falacia, ya que fue sor Vincenza quien ingresó al cuarto del pontífice y lo halló muerto. Sor Vincenza fue forzada al silencio y quedan dudas acerca de las razones por las que no se realizó la autopsia ni el examen toxicológico. O la existencia de dos certificados de defunción.

Episodios como estos resultan relevantes a la hora de pensar la relación entre la salud y el poder. Cómo el bienestar físico, mental y social de una persona puede determinar el futuro de una comunidad. Este es el eje de la conversación que tuvimos con Nelson Castro, periodista y neurólogo, que desde hace tiempo viene mirando esta dinámica tan delicada. 

—Puede contarnos cómo fue la experiencia que significó la escritura y  por qué este recorte de la salud de los papas entre León XIII y Francisco.

—Por dos razones. Primero porque obviamente es imposible abarcar en un solo libro todo el tema de la salud de los papas de la historia. Pero la otra razón fue que los papas anteriores a León XIII, toda la evidencia médica que había, incluyendo Pío Nono, del que ya teníamos elementos novedosos, era muy incierta. En ese momento la medicina estaba en pañales y todos los diagnósticos eran muy erráticos, muy alejados de cualquier tipo de precisión y con pocos parámetros científicos. Así que nos pareció que  primero teníamos que hacer un corte, y segundo decidimos hacerlo a partir de aquel papa, de aquel caso en el cual la medicina tuviera elementos de incertidumbre, más compatible con lo que es la ciencia médica moderna. Y por eso empezamos con León XIII, que tenía ya un elemento importante de diagnóstico con evaluaciones patológicas del caso y demás; evaluaciones clínicas que, repito, tenían una mayor aproximación de conocimientos científicos de lo que tenía la medicina en los casos de los papas precedentes a León XIII.

—En todos los casos que tomaron para el análisis, ¿cuáles fueron las fuentes consultadas? ¿dónde está esa información?

—Fue una tarea apasionante buscar esto que llevó dos años y medio. Mucha información hay en los archivos secretos vaticanos a los cuales tuvimos acceso, exigió mucho rigor el trabajo del archivo vaticano -llevó un año-, y el trabajo de búsqueda en otras fuentes. Hay bibliografía muy perdida que fue difícil de encontrar. Hay archivos de diarios que no existen más, que tenían verdaderos hallazgos informativos, de enorme riqueza, de diarios españoles y diarios italianos, y la búsqueda fue, diría, una búsqueda de biblioteca. En algunos había materiales que estaban en internet, en otros, a través de colegas, gente que tenía conocimiento, que recordaba haber leído algo. Así que fue un trabajo artesanal, por eso llevo dos años y medio de búsqueda, sobre todo los casos precedentes hasta Pío XII; ya con Pío XII había información de más fácil acceso. Pero hasta Pío XII, es decir León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pío XI fueron realmente complejos; y el caso de Juan Pablo I dentro de esos dos años y medio de trabajo, Pablo I fue un simultáneo presente, con todo eso nos llevó nueve meses; nosotros contactamos a uno de los sobrinos de Juan Pablo I y consultamos toda la bibliografía existente, todos los libros que existen hasta el momento. Por lo tanto, el capítulo de Juan Pablo I es un capítulo más completo que hemos encontrado de todo lo que se ha escrito de esa muerte polémica.

—Y en relación a este cambio que usted menciona, a partir de un momento en el que se empiezan a registrar con más sistematicidad las cuestiones de salud, ¿puede leer alguna decisión sobre esto o simplemente se le empezó a prestar más atención por alguna cuestión particular?

—No, no. Lo que ocurrió es que la medicina tenía más elementos científicos y entonces aparecen nombres importantes de la medicina atendiendo a los papas, a León XIII, a Pío X, que obviamente representan personalidades de la medicina que produjeron cambios en toda la aproximación científica a la medicina y, entonces, generaron mejores diagnósticos y obviamente una posibilidad de tratamiento mejor para los papas, que además han tenido una propiedad que emerge, que es un elemento común, los papas son longevos, es un elemento interesante de la historia. Los papas son realmente longevos, inclusive contradiciendo las expectativas de aquellos que los eligieron. Por ejemplo, después del larguísimo papado de Pío Nono, un papado de 30 años, los cardenales decidieron elegir a un cardenal como papa, uno lo suficientemente mayor como para que viviera pocos años y el papado tenga corta vida; por eso lo eligieron a León XIII, que tenía 68 años, pero no imaginaban que viviría 25 años, hasta los 93.

Son elementos muy notables que se dan en la historia, por lo menos de todos los papas que hemos abarcado en el libro.

—Tanto en sus investigaciones sobre la salud de los presidentes o los papas, hay una delgada línea entre lo público y lo privado, porque se trata de hombres públicos. ¿Podemos reflexionar sobre la responsabilidad que les cabe por su status político y sobre la relación entre salud y función pública ante su comunidad?

—Ahí se dan dos cosas en simultáneo; obviamente está esta responsabilidad frente a la comunidad, pero también está el impacto de la salud como dato político, por eso hay tanto secretismo.

Los que vayan a leer el libro se van a encontrar que como consecuencia de los problemas de salud hubo varios papas que estuvieron a punto de renunciar, el único que lo concretó en la época moderna fue Benedicto XVI. Ustedes recuerdan, dijo en su renuncia que le faltaban fuerzas físicas, claramente identificado a un tema de salud como argumento fundamental para seguir adelante con su papado. Pero, obviamente, el conocimiento de un mal estado de salud se niega como elemento de debilidad en el caso del poder, y aparece el secretismo para no exponerse a un caso de debilidad. Es un elemento muy interesante que además tiene una vigencia enorme.

En el libro ustedes van a leer que nosotros contamos cómo el tema de la salud de Francisco, es decir, del cardenal Jorge Bergoglio, fue un punto que intentaron utilizar sus adversarios para frenar su asunción. Así que, claramente, lo que emerge en el sentido de la responsabilidad del papa es que todos son conscientes que la salud tiene un valor político en el Estado, pero así como son conscientes de eso, paradojalmente, en vez de exponerlos hay una búsqueda de ocultamiento, porque efectivamente entienden que un problema de salud puede generar debilidad.

El único caso que va contra eso es Juan Pablo II, que mostró al mundo su estado de salud realmente ruinoso, con una consecuencia además política muy importante. Porque la mala salud de Juan Pablo II generó un desgobierno en el Vaticano, que dio pie a muchas de las cosas que después padeció Benedicto XVI.

—El secreto en la política tiene además una dimensión estratégica que muchas veces no es revelada y el Estado vaticano es un estado sui generis, pero es un estado, por lo tanto, sus actos tienen consecuencias religiosas y terrenales. ¿Cómo vio esta situación del secreto, su dimensión política estratégica y la oportunidad o la obligación de revelar algunas cosas?

—Bueno, es algo permanente, en todo lo que es el manejo del papado, y la mejor respuesta para que se den cuenta de eso es que uno debería asumir la responsabilidad en consecuencia de la repercusión de tal acto; es decir, si no estoy en condiciones de asumir el cargo, no puedo hacerlo para fallar, ¿no es cierto? Esto no se da en ninguna parte del mundo. El papado además es una monarquía teocrática que tiene una característica particular, porque, digamos, a diferencia de otras monarquías que hoy tienen eso solamente institucional formal y el papado tiene un peso ejecutivo; es decir, no es que está el papa pero gobierna el cardenal, un primer ministro. No, gobierna el papa y eso te da un valor enorme. Y tiene otra característica además el papado: el papa gobierna hasta que se muere y, entonces, el tema de la salud es un tema indefectible, porque todos los papas van a tener problemas de salud, los que vendrán después de Francisco también, pero el tema es que este secretismo se impulsa, habrá que ver si después de este reportaje a Francisco las cosas cambian, porque detrás de este concepto de que efectivamente no es antinomia, si soy responsable le tengo que decir a mi comunidad cómo estoy, si estoy en condiciones de estar en el poder, y esta preeminencia que tiene el afán de querer estar en el poder te hace ocultar todas esas cuestiones; esa es una lucha que está presente en la historia del Vaticano y que el libro lo muestra.

—Tuvieron la oportunidad de ingresar al Archivo del Vaticanos para hacer sus investigaciones. ¿Puede contarnos esa experiencia?

—Sí, fue una experiencia espectacular. Ahí quiero marcar el trabajo de Marina Artusa; yo estuve una vez en el Archivo del Vaticano para conocerlo, después durante un año trabajando todos los días dentro de la biblioteca estuvo ella. Es una cosa impactante porque se te presenta la historia del mundo, no solamente del papado. Allí hay incunables, que vos sabés que no lo podés tocar, para entrar tenés que dejar el celular, tenés que dejar la computadora, tenés que dejar todo. Hay muchas cosas que podés tocar solo con guantes y hay muchas cosas que no las podés tocar; para poder ir al baño tenés que pedir permiso, tenés que tener una autorización enorme, es una experiencia realmente impactante porque está presente el secretismo. Hay muy poca gente, son muy pocos los que entran. 

Ahora mismo hay toda una demanda por la búsqueda de los archivos de Pío XII, creo que dejaron entrar a veinte y hasta el año que viene no hay más lugar; y obviamente en medio de un silencio y en un lugar que es, yo te iría, mágico, ahí todo está impecable, todo está perfectamente cuidado, te encontrás con material que lo ves y no lo podés tocar porque está a punto de deshacerse, a pesar de que está todo digitalizado, el material original se cuida con una disciplina enorme; por supuesto, para entrar tenés que tener una autorización de una autoridad importante del Vaticano, a nosotros nos la dio el papa, para que ustedes se den cuenta de la envergadura que ha tenido esta investigación en relación a poder tener acceso a ese material privilegiado.

—¿Por qué cree que Francisco habilita esta posibilidad de hablar de la salud de los papas? Porque de hecho él mismo se lo dijo, lo sabemos a partir de que usted ha contado esta anécdota que dio origen al libro, ¿y por qué decide hablar y decide hablar de su neurosis? 

—Es importante el día del viaje a Bagdad, cuando cuenta esta misma historia, ¿no es cierto? Solamente que contada por el protagonista tiene este valor único, ¿no es cierto? que le da al libro una proyección histórica que tiene. Creo que quería mandar un mensaje, claramente para el presente y para el futuro, para sacerdotes, para obispos y para el futuro papa.

Lo tiene en el sentido de mostrar. Nos dice, mire, el papa es un ser humano y en su afán de dar transparencia a toda esa intriga vaticana, que cuando vos entrás, la intriga está en el aire. Entrás al Vaticano y es un ambiente intrigante, el poder, esos edificios y esa magnificencia te hablan del poder. Yo creo que habrá querido dejar un mensaje, en el sentido de decir, miren, sobre todo de este hecho extraordinario y hablar de su salud psíquica, yo diría que era un tema que iba a ser tabú y él lo describe tan bien que me parece que tiene un valor que supera todo. Es un mensaje de decir: miren, no desconozcan sus problemas de salud, busquen ayuda. Porque cuando él habla de sus neurosis no habla de un elemento pasado, habla de un elemento presente y habla de la importancia -que ustedes lo van a ver en el libro- que para él tuvo esa terapia psiquiátrica que desarrolló, la terapia psiquiátrica, terapia psicológica que desarrolló varios meses para ver cómo manejaba su neurosis, y dice “esto hoy todavía me acompaña y lo que yo aprendí ahí todavía me sirve”.

—Hay una frase que dijo el arzobispo de Corrientes, Andrés Stanovnik, cuando contrajo una enfermedad, que también la dio a conocer. Dijo: “Es tiempo para mí de abrazar a la hermana enfermedad”. Y el papa Francisco muchas veces habla de la misericordia, es un gran tema que él plantea. ¿Cuál es el vínculo que tiene la población con la salud y por qué tiene esa resonancia tan fuerte?

—Bueno, porque está en juego la vida. Es interesante la reflexión y lo que decía el arzobispo de Corrientes. La enfermedad afecta lo más sagrado nuestro, que es la vida. Así que es importante reconocerla como tal, porque a medida que vos lo reconoces la podés enfrentar con inteligencia, con una actitud sensata y con la posibilidad de reconocer el problema; si vos lo ocultás, lo ignorás o además te sentís abatido por ella y no tenés un ratito para decir, bueno, esto es lo que me toca, lo voy a enfrentar, obviamente tenés un problema.

Pero cuando el papa dice “a la neurosis hay que cebarle el mate”, él te dice esto me va a acompañar toda la vida y tengo que vivir con esto, y no tengo que sucumbir ante ella. Hay una diferencia muy importante.

—Es una especie de conjuro ¿no?

—Sí, sí. Efectivamente; por eso digo, es muy rico lo que él dice. Además que, repito, dice los papas somos seres humanos, los obispos son seres humanos como somos los periodistas, como son los médicos. Todos tenemos las mismas condiciones humanas y enfrentamos los mismos problemas.

—Nelson, ¿usted es un hombre de fe?

—Sí, yo soy católico. Agradezco a la vida tener esta oportunidad.

—Hacer este libro, que es un testimonio histórico de alcance mundial, va a quedar para la historia. ¿Cómo lo vive?

—Uno nunca sabe qué le va dar la vida. No imagino nada que supere esto, no imagino nada que pueda superar esto; por lo que fue esa entrevista, por lo que fue eso, por lo que fue generando el papa. Ustedes imaginen que en mi vida pude haber imaginado -perdón por la redundancia del término- que un papa iba a hablar de mí ante el mundo, ante la prensa mundial en un vuelo papal. Así que imaginen que esto para mí es un sueño. 

 

“No imagino nada que supere esto, no imagino nada que pueda superar esto; por lo que fue esa entrevista, por lo que fue eso, por lo que fue generando el papa. Ustedes imaginen que en mi vida pude haber imaginado -perdón por la redundancia del término- que un papa iba a hablar de mí ante el mundo, ante la prensa mundial en un vuelo papal”.  

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