Por la doctora Marianela Aguirre Ackermann
Colaboración Especial
Cada lunes, mucha gente comienza una nueva dieta. Durante años, la “lucha” con los kilos de más se planteó como estrechamente ligada a la voluntad, al sacrificio y, sobre todo, a la capacidad de privarse de aquello que nos gusta. Sin embargo, las nuevas tendencias en materia de nutrición cuestionan este abordaje y aseguran que el modelo de las dietas restrictivas al extremo y la demonización de determinados alimentos derivó en la aplastante epidemia de obesidad que tenemos hoy en día. En la actualidad, los expertos consideran que no podemos lograr un peso saludable sostenido en el tiempo sin hablar de comida saludable pero rica, sin una relación más amigable con el propio cuerpo y sin un replanteo de los hábitos alimentarios y del movimiento.
Las dietas de moda
Cada día aparece una nueva dieta milagrosa garantizando la rápida pérdida de peso y “sin pasar hambre”. Pero... ¿cuánto tiempo puede seguirla? ¿Cuánto tiempo mantiene el peso perdido al finalizarla? ¿Le ayuda a hacer cambios en su alimentación? ¿Es segura?
En general, son dietas sin ningún fundamento científico, donde lo que se recortan son las calorías (y la salud). Su duración es corta y rápidamente son reemplazadas por una fórmula diferente, una nueva moda. Si funcionaran, ¿le parece que necesitarían ser reemplazadas por otras? La dieta de la luna. La de las 600 calorías. La de las fuerzas armadas. La de los signos. La cronodieta. La de la manzana. La del yogur. ¡La dieta del personal trainer!
Cualquier dieta shock funciona a corto plazo para perder unos kilos, pero todas llevan a la recuperación rápida del peso perdido, con el riesgo de ser peligrosas para la salud. Pueden producir carencias de vitaminas y deshidratación. Además de las carencias alimentarias, quienes pretenden seguirlas se cansan, pierden la motivación para adelgazar, y, a corto plazo, se produce un aumento de peso muy rápido al abandonar la dieta. Se baja de peso, pero no se adelgaza, ya que apenas retomada la alimentación habitual se recuperan los kilos perdidos y no se adquieren hábitos saludables. Además, el 'efecto rebote', dificulta la pérdida de peso en nuevos intentos. Algunas aumentan también los niveles de colesterol y triglicéridos.
Conductas de riesgo
Son mayormente las mujeres quienes van detrás de la promesa de bajar varios kilos en pocos días. Sólo el 10 por ciento de los que consultan específicamente para bajar de peso son hombres. Y entre las mujeres, cada vez son más jóvenes, desde los 13 o 14 años. Esta edad es un campo fértil para la proliferación de “dietas” para perder peso a cualquier precio. Hay cientos de dietas circulando, se pasan en los grupos de amigas una fotocopia que “funcionó” con alguien, que nadie sabe de dónde sale. Estas dietas no solo son peligrosas para la salud, sino que pueden ser el puntapié para conductas alimentarias de riesgo, ya que pueden llevar a la obsesión con la figura, centrando todo el “éxito” en la pérdida de peso. Es importante trabajar desde la consulta médica y nutricional personalizada, haciendo una “reprogramación” de la alimentación, con educación alimentaria, enseñando a “elegir lo más conveniente” para esa persona, no simplemente la restricción de todo lo que le gusta. La restricción, invariablemente, lleva a la liberación en algún momento, muchas veces a los atracones, y a la sensación de fracaso y frustración posterior.
Hay que cuidarse de las falsas promesas. Esta fiebre por parecerse a las modelos, lejos de traer beneficios puede ser riesgosa. Las dietas de moda que prometen bajar varios kilos en pocos días, no hacen que bajemos grasa. Aunque se haga un ayuno total, es imposible bajar varios kilos de grasa en una semana. Lo que se pierde es líquido, tejido muscular, incluso tejido óseo. Está demostrado, por densitometría ósea, que después de una pérdida de peso acelerada producida por una dieta shock, se pierde masa ósea. Además, muchas de las dietas shock van acompañadas de medicamentos, que suelen ser diuréticos. Esto es muy peligroso porque hace perder líquidos y puede producirse pérdida de minerales.
Peligros para el cuerpo
Las dietas altamente restrictivas, de 600 calorías por día, son imposibles de seguir por mucho tiempo; y en la mayoría de los casos terminan de mala manera. Son dietas que utilizan como manejo psicológico la culpa, y pretenden que la persona se aísle de las comidas con harinas. Esta demostrado que si la persona se “prohíbe” ciertos alimentos, tiende a tener un peso yo-yo (sube y baja de peso todo el tiempo). Pasa de la restricción total al descontrol, el todo o nada.
Además, cuando el organismo recibe una cantidad de calorías muy baja, se produce un “ahorro” de energía. Esto quiere decir que nuestro cuerpo quema menos calorías con las dietas shock. Si a esto le sumamos que lo que baja no es tejido graso sino en gran medida liquido y tejidos importantes para el organismo, podemos imaginar las consecuencias a futuro con estas dietas. Cuando se abandonan, la persona tiene una fuerte sensación de hambre. Empieza a comer mucho más y sube de peso rápidamente. Claro que estos métodos solo muestran a los “exitosos”, y no muestran a los cientos de pacientes que recuperaron rápidamente el peso luego de “éxito” aparente. El éxito en el tratamiento del sobrepeso es bajar de peso y mantenerlo. No es simplemente bajar de peso.
Proceso de cambio
Una persona obesa no puede pensar en una solución de acá al verano. Es necesario un proceso de cambio. Claro que el plan de descenso tiene etapas, y en la primera etapa se busca un descenso de peso “motivador”, pero tiene que haber un aprendizaje durante el descenso de peso, para que pueda mantenerse a largo plazo. Esto supone modificaciones en la conducta, que deben sostenerse a largo plazo.
El plan de comidas, en realidad, es sólo una parte del tratamiento. Lo fundamental, y lo que lleva a resultados duraderos es el cambio de los hábitos alimentarios. Aprender a elegir mejor, más conveniente. Entre otras cosas, evitar las situaciones en las que nos exponemos al descontrol, que nos hacen comer más. Hacer al menos cuatro comidas diarias. Es importante el cambio en las compras, el almacenamiento, la preparación de la comida, cómo sirvo y qué llevo a la mesa; la programación semanal, y para esto se necesita el apoyo de la familia.
Buscando un balance
La principal causa del fracaso de los programas de descenso de peso es tener objetivos mal planteados, con expectativas desmedidas. Si una persona inicia una dieta pensando que va a bajar 10 kilos en diez días, va a sentirse frustrada y la abandonará si bajó 6 kilos.
Las dietas shock favorecen el ascenso y descenso de peso cíclico. Y esto aumenta las posibilidades de riesgo de enfermedades cardiovasculares, además de producir, a la larga, un mayor aumento de peso. Y hay otro peligro: esas dietas tan rígidas pueden producir carencias de vitaminas y minerales, y provocar debilidad, mareos, deshidratación y otros problemas.
Todo plan para bajar de peso debe ser balanceado. No puede dejar de incluir proteínas, hidratos de carbono, poca grasa, además de vitaminas y minerales. Ninguna dieta basada en un solo alimento puede ser eficaz.
Para lograr un peso adecuado es fundamental, en principio, tomar la decisión de iniciar un tratamiento, que debe adaptarse a cada persona, según sus características y necesidades. Por eso es central la consulta al especialista. De nada sirve adelgazar en poco tiempo si no se incluye el mantenimiento del peso. Los tratamientos shock son un camino directo al fracaso.
El único camino posible será un cambio en el estilo de vida. Por lo tanto cualquier tratamiento elegido deberá apunta a ello, para lograr no sólo el objetivo a corto plazo, sino que sea capaz de mantenerlo a largo plazo.
Dieta vs. plan alimentario
Reemplacemos la palabra “dieta”. Más bien usemos “plan alimentario”. Las dietas dan idea de restricción, de corto, de aburrido, de dejar de comer cosas ricas. Comencemos a pensar en mejorar nuestras elecciones diarias, registrar nuestras sensaciones corporales evaluando si lo que tenemos es “hambre” o simplemente ansiedad, enojo, aburrimiento o tristeza.
Elegir, con el asesoramiento profesional, un plan alimentario saludable, en el que aprendamos a comer lo que nos conviene, a probar nuevas combinaciones, a mejorar las porciones, y que incluya todos los alimentos, sin prohibiciones. Es la fórmula que nos ayudará a tener éxito en lograr un peso más saludable, y a mantenerlo a largo plazo.
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