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Las sentidas palabras de bendición del padre Julián Zini

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El padre Julián Zini, vicario episcopal para la cultura en Goya, fue el encargado de realizar la bendición de los renovados sectores del Instituto de Cardiología de Corrientes y, en ese marco, emitió un sentido discurso con su característico tono poético.
“Soy amigo, socio y paciente del Cardiológico. Me honra esta invitación, con lo cual quise por lo menos asistir y con este pedido cumplir con este servicio de bendecir. A esta edad, con más razón por mi oficio, debo remitir a mi amigo y hermano Jesús, el médico de los enfermos. Vuestro doctor del alma y del cuerpo”, expresó el padre Julián Zini en primer lugar.
A continuación, abrió su corazón al público comentando su situación de salud y su testimonio de fe. “Estoy viniendo del centro oncológico. Hace una hora estuve cumpliendo con mi tratamiento, así que algo tengo que ver con todo esto de curar, de sanar, de ayudar a vivir y convivir. Por eso les agradezco esta invitación y les recuerdo que, a esta edad, la enfermedad se vuelve una ayuda para entender la vida, para entrar a la muerte con la frente alta y con el corazón cardiológicamente viviendo al máximo. Entonces para mí, esto de tocar al límite que es lo que solemos tocar en estas casas (hospitales), nos enseña a confiar en aquellos que nos van a ayudar. Recién le decía a mi enfermero Luis: ‘Gracias por este gesto de conectarme a lo que me está ayudando a vivir, y pelearle a eso que tanto se teme, pero que es parte de nuestra vida y se llama muerte’”, reflexionó el padre Zini.
Posteriormente, citó un relato bíblico y trazó un paralelismo con las obras que se inauguraron en el Instituto de Cardiología. “La mejor forma de curar de Jesús era estar junto a su pueblo. Un día estaba en la casa de Pedro en Capernaum, que se llenó de gente, y como un enfermo paralítico no tenía por donde entrar, sus amigos decidieron trepar el techo con él, hacer un agujero y lo bajaron justo delante de Jesús (que no podía creer lo que pasaba)”, relató el padre.
La historia culmina con la sanación del paralítico y la felicitación a los amigos por el gesto del esfuerzo y compañerismo.
“Leí ese capítulo bíblico y pensaba en todo estos cambios que tuvo el instituto. Esto de destapar, de agrandar el patio trasero, y de todo lo que se hizo y se está haciendo con este plan maestro. Creo que hay un enorme esfuerzo por encontrarnos con la vida y con el Señor de la vida, que tendrá el nombre que sea según la experiencia de cada uno, pero Dios es tan grande con su gran amor que nos permite quererlo, pensarlo o dejarlo”, indicó.
De esta forma, expresó su gratitud por el esfuerzo y convocó a los presentes a llevarse la mano al corazón para participar de una oración. “Al Dios de la vida, a nuestro padre, a la madre divina providencia y a Jesús nuestro hermano, les pedimos primero por nuestros enfermos, por nuestros seres queridos necesitados, que a veces no tienen los cuatro amigos que lo traigan al lugar de la salud; después pedimos por todo el cuerpo médico, enfermeros y enfermeras que contribuyen a devolver la salud o acompañar en el último momento de la mejor forma posible. Después, a toda la gente que sirve en esta casa y que brinda un servicio cordial, y a todos los que de alguna forma, a veces anónimamente, están apoyando (aunque sea con nuestra cuota) en este servicio para nuestro pueblo”. Dicho esto, impartió la bendición.

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Las sentidas palabras de bendición del padre Julián Zini

El padre Julián Zini, vicario episcopal para la cultura en Goya, fue el encargado de realizar la bendición de los renovados sectores del Instituto de Cardiología de Corrientes y, en ese marco, emitió un sentido discurso con su característico tono poético.
“Soy amigo, socio y paciente del Cardiológico. Me honra esta invitación, con lo cual quise por lo menos asistir y con este pedido cumplir con este servicio de bendecir. A esta edad, con más razón por mi oficio, debo remitir a mi amigo y hermano Jesús, el médico de los enfermos. Vuestro doctor del alma y del cuerpo”, expresó el padre Julián Zini en primer lugar.
A continuación, abrió su corazón al público comentando su situación de salud y su testimonio de fe. “Estoy viniendo del centro oncológico. Hace una hora estuve cumpliendo con mi tratamiento, así que algo tengo que ver con todo esto de curar, de sanar, de ayudar a vivir y convivir. Por eso les agradezco esta invitación y les recuerdo que, a esta edad, la enfermedad se vuelve una ayuda para entender la vida, para entrar a la muerte con la frente alta y con el corazón cardiológicamente viviendo al máximo. Entonces para mí, esto de tocar al límite que es lo que solemos tocar en estas casas (hospitales), nos enseña a confiar en aquellos que nos van a ayudar. Recién le decía a mi enfermero Luis: ‘Gracias por este gesto de conectarme a lo que me está ayudando a vivir, y pelearle a eso que tanto se teme, pero que es parte de nuestra vida y se llama muerte’”, reflexionó el padre Zini.
Posteriormente, citó un relato bíblico y trazó un paralelismo con las obras que se inauguraron en el Instituto de Cardiología. “La mejor forma de curar de Jesús era estar junto a su pueblo. Un día estaba en la casa de Pedro en Capernaum, que se llenó de gente, y como un enfermo paralítico no tenía por donde entrar, sus amigos decidieron trepar el techo con él, hacer un agujero y lo bajaron justo delante de Jesús (que no podía creer lo que pasaba)”, relató el padre.
La historia culmina con la sanación del paralítico y la felicitación a los amigos por el gesto del esfuerzo y compañerismo.
“Leí ese capítulo bíblico y pensaba en todo estos cambios que tuvo el instituto. Esto de destapar, de agrandar el patio trasero, y de todo lo que se hizo y se está haciendo con este plan maestro. Creo que hay un enorme esfuerzo por encontrarnos con la vida y con el Señor de la vida, que tendrá el nombre que sea según la experiencia de cada uno, pero Dios es tan grande con su gran amor que nos permite quererlo, pensarlo o dejarlo”, indicó.
De esta forma, expresó su gratitud por el esfuerzo y convocó a los presentes a llevarse la mano al corazón para participar de una oración. “Al Dios de la vida, a nuestro padre, a la madre divina providencia y a Jesús nuestro hermano, les pedimos primero por nuestros enfermos, por nuestros seres queridos necesitados, que a veces no tienen los cuatro amigos que lo traigan al lugar de la salud; después pedimos por todo el cuerpo médico, enfermeros y enfermeras que contribuyen a devolver la salud o acompañar en el último momento de la mejor forma posible. Después, a toda la gente que sirve en esta casa y que brinda un servicio cordial, y a todos los que de alguna forma, a veces anónimamente, están apoyando (aunque sea con nuestra cuota) en este servicio para nuestro pueblo”. Dicho esto, impartió la bendición.