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/Ellitoral.com.ar/ Ciencia & Tecnología

Destacaron el modelo de gestión vecinal usado por un conglomerado poblacional correntino

Una investigadora explicó los motivos que la llevaron a contribuir la formación de la mesa de gestión en un barrio capitalino: un espacio que contribuye a repensar el orden social y sus sentidos hegemónicos. 
Presentación del proyecto “La participación en contextos sociales de vulnerabilidad. Hacia nuevas estrategias de ciudadanía y estrategias políticas” en el Centro de Estudios Sociales (CES).

La docente de la Facultad de Humanidades e Investigadora del Centro de Estudios Sociales (CES) y del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional del Nordeste, y Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona, Mercedes Oraisón, presentó un artículo en el que propuso algunas reflexiones en torno a la ciudadanía y la subjetivación política de acuerdo con una experiencia participativa en el conglomerado poblacional La Olla, en la ciudad de Corrientes.

Allí analizó las dinámicas particulares que instaura la propuesta de la “mesa de gestión” y el nuevo escenario de subjetivación y posicionamiento político que despliega. A partir de estas consideraciones, Oraisón exploró los aprendizajes y sentidos que se desprenden a la hora de pensar la participación popular, las formas de organización vecinal y las acciones colectivas. 

También, reconstruyó los procesos de ocupación, intervención y construcción del territorio de la Olla, que a su vez está integrado por dos barrios, Paloma de la Paz y Ongay, que se puede leer en el artículo completo publicado por la última edición de la revista académica Contraste regional. A continuación, se transcribe parte de su artículo:

La Olla se originó a partir de asentamientos o villas de emergencia. Parte de los terrenos fueron ocupados, durante los años 1980, por familias provenientes en un gran porcentaje del ámbito rural de la provincia de Corrientes y de otras provincias vecinas. Desde el 2007 participaron de un proceso de urbanización desarrollado por el Programa de Mejoramiento Barrial (PROMEBA) que a la fecha ha concretado en esta zona cinco grandes obras: infraestructura pública de agua y cloaca, nexo de agua potable, mitigación ambiental, equipamiento comunitario, viviendas y regulación pluvial.

Tanto el censo nacional de 2010 como un relevamiento que se realizó en el año 2017, permiten describir a los barrios a partir de datos objetivos que destacan aspectos de su población. En ambos barrios viven alrededor de 5000 personas con baja tasa de ocupación y altos índices de NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas).

Más de la mitad de los hogares no cuentan con la propiedad de sus casas y tienen conexión insuficiente a los servicios básicos. Se detecta una población predominantemente joven; un elevado porcentaje de niñxs y jóvenes que no han terminado la escuela primaria y media; un alto índice de desocupación y subocupación, siendo sólo un 56,15% las personas en edad laboral que tienen trabajo. Las ocupaciones predominantes son las de servicio doméstico en el caso de las mujeres, y albañil o changarín en el caso de los varones.

Estas cifras caracterizan al territorio desde fuera, resaltando sus carencias y problemáticas, pero nuestra comprensión de los procesos, las dinámicas, las prácticas y los sentidos se fue construyendo a partir de caminar los barrios, de charlar con lxs vecinxs, de compartir mates y tortas fritas, del acompañamiento en sus actividades cotidianas, de la participación en el espacio que creamos con ellxs y en las reuniones semanales que venimos sosteniendo ininterrumpidamente desde fines del 2015.

Centro de Promoción Comunitaria

A fines del 2015, empezamos con ellxs, a organizar una serie de talleres a los que invitamos a la comunidad en general, además de los referentes institucionales. La idea era identificar un problema a partir del cual construir un proyecto comunitario que promoviera procesos participativos y organizativos. Como en los otros barrios en los que trabajamos, surgieron dos preocupaciones prioritarias: las adicciones de los jóvenes y la inseguridad del barrio. Lxs vecinxs plantearon la necesidad de organizar actividades que pudieran sacar a lxs adolescentes y jóvenes de las esquinas, donde se reunían a consumir por no tener espacios de contención, recreación o entretenimiento.

En el verano del 2016, los talleres que se estaban realizando en el Centro Comunitario entraban en receso, lo que era percibido como un hecho muy contradictorio por lxs propixs vecinxs, ya que era el momento en que se hacían más necesarios. Para compensar esta situación, se decidió organizar talleres de fútbol y cine comunitario. Durante las vacaciones de ese año acompañamos a lxs vecinxs en estas acciones consiguiendo algunos recursos materiales y participando un día a la semana junto a niñxs y jóvenes de la comunidad.

Al concluir las vacaciones continuamos reuniéndonos una vez por semana, lo que se ha hecho de manera ininterrumpida hasta la fecha. En los meses siguientes surgieron nuevos proyectos que nos movilizaron: la organización de varias ferias de artesanías, ropas usadas, realización de varias fiestas del día de la niñez, de cierre de año, talleres de artesanía y economía solidaria, la pintura de un mural, la construcción de una placita de juegos en un espacio desocupado del Centro de Promoción Comunitaria, la venta de arroz con pollo y empanadas para reunir fondos, entre otras actividades. Todas estas acciones fueron desarrolladas con mucho esfuerzo, pero limitados recursos.

Las mayores dificultades que tenemos tienen que ver con la carencia de presupuesto, por lo que el grupo ha aprendido a trabajar conforme a expectativas reales, alcanzables a partir de lo que podemos gestionar con los entes del Estado o con nuestros propios recursos.

Consideramos que la mesa de gestión ha atravesado por tres momentos en su reciente historia de conformación y construcción de su identidad que reflejan los procesos de subjetivación y posicionamiento político que se despliegan en su interior. Iniciamos el trabajo con lxs vecinxs apuntando al fortalecimiento del Centro de Promoción Comunitaria como espacio de encuentro común y desarrollo de actividades comunitarias, de hecho todas las actividades realizadas en los primeros años se encuadraron en este propósito. Pero luego, los intereses como las preocupaciones fueron transitando hacia el tratamiento de problemáticas que afectan a los barrios de manera más integral y que exceden a las tareas originales del Centro de Promoción Comunitaria.

En este sentido, fue dándose al espacio de la mesa otra significancia respecto del rol asumido inicialmente. La misma se ha estado posicionando como agencia de promoción comunitaria, participación comunitaria e interlocución con el Estado, buscando actuar sobre aquellas áreas carentes dentro del barrio: salud, ambiente, deporte, seguridad, recreación.

Políticas públicas

Lxs vecinxs empezaron a plantear esta nueva agenda, en muchos casos convirtiendo a la mesa en caja de resonancia de los problemas más urgentes de la comunidad e interpelando a distintas instancias y actores estatales responsables directos de las políticas sociales. Así, por cuestiones atinentes a la seguridad de los barrios y en la larga campaña por garantizar una custodia policial en el centro comunitario nos entrevistamos con el Ministro de Seguridad de la Provincia, Director de la Dirección de Seguridad Metropolitana, el Secretario y Subsecretario de Seguridad Ciudadana de la Provincia, además acudimos varias veces para presentar y actualizar un expediente en la Defensoría del Pueblo. Por las demandas de lxs vecinxs en relación con una mejor atención médica, nos reunimos con el Director de Centro de Atención Primaria de la Salud y la Directora de la Sala de Atención Primaria de Salud donde se presentaron notas al Ministerio respectivo.

En conjunto con el Subsecretario de Salud de la Municipalidad de la ciudad de Corrientes, se realizaron por primera vez en los barrios, tres operativos de salud integral y de zoonosis (vacunaciones y castraciones masivas). Con el Secretario de Desarrollo Humano e Igualdad de la Provincia, quien fuera nuestro interlocutor estatal más directo, se tramitaron cuestiones que hacen al funcionamiento del Centro de Promoción Comunitaria, la organización de actividades comunitarias recreativas y festivas, a la vez se iniciaron gestiones para ofrecer la merienda los fines de semana. Con la Secretaría de Deportes de la Provincia se consiguió el arreglo de la cancha y la provisión de materiales para distintas actividades deportivas.

Cooperación con el Estado

La segunda fase del desarrollo de la mesa es clave para entender el impacto de esta experiencia en los procesos de subjetivación política y de construcción de ciudadanía. Las acciones desplegadas son parte de un conjunto de iniciativas que dan cuenta de un proceso de (re)politización en la medida en que la mesa exige formar parte de instancias de negociación, concertación o cooperación con el Estado.

La (re)politización se concreta en la visibilización de lxs actorxs, de los intereses y de los problemas comunitarios. Al interpelar al Estado, la mesa ha podido sacar las voces y los problemas de la esfera privada y volverlos públicos. En este sentido, la mesa proporciona un escenario en el que los sujetos territoriales pueden ser vistos y oídos y pueden entrar a formar parte del mundo común.

En esta (re)politización la mesa ha podido pasar de la urgencia al proyecto, enraizando la ciudadanía en lo local, construyendo un espacio público que articula demandas e intereses y se posiciona de manera más horizontal en relación con el poder político administrativo 

Volver a empezar

El tercer momento por el que transita actualmente la mesa de gestión, que es un corolario del segundo, se vincula con su lucha por el reconocimiento estatal e institucionalización.

Tras irse de la Secretaria de Desarrollo Humano –dependencia que estaba a cargo del Centro de Promoción Comunitaria– la persona que estaba al frente, se pierde el canal de comunicación con el estado provincial y se instala la necesidad de su formalización. Una de las primeras gestiones se orientó a conseguir que el Ministro de Desarrollo Social avale el acta fundacional en la que se identifican sus principales funciones y objetivos de la mesa, que había sido redactada y firmada por sus miembrxs promotorxs.

Presentamos notas y solicitamos telefónicamente una audiencia, sin tener éxito. Con la convicción de que sin el reconocimiento oficial no estaban dadas las condiciones para el desarrollo de otras acciones, se inició un proceso muy interesante de elaboración de un reglamento de uso y funcionamiento del CPC que permitiría institucionalizar a la mesa como comisión administradora del espacio. Habiendo concluido el documento, empezamos a hablar con diferentes actorxs estatales con presencia en el territorio para dar a conocer este instrumento y recoger sus opiniones.

En ese momento nos sorprendió la pandemia. Este tercer momento es también crucial en la historia de la mesa, porque fue una instancia de recontratación, de revisar las prácticas y de analizar la experiencia para rescatar los logros, detectar obstáculos y pensar posibles formas de resolución. La pandemia interrumpió la dinámica del activismo que había caracterizado a la mesa años anteriores y habilitó un tiempo de reconstrucción crítica, reflexión y discusión sumamente rico.

Cuando pudimos volver a juntarnos de manera presencial, continuamos reuniéndonos en la casa de Nilda y Mártires ya que el Centro de Promoción Comunitaria estaba cerrado y hasta el día de hoy mantiene un acceso muy restringido por órdenes de las autoridades a cargo.

En esas reuniones la charla sobre lo que pasaba en el barrio y lo que nos pasaba a cadx unx, daba pie para comentar sobre “la política” a nivel nacional, provincial y municipal, también sobre las relaciones o el impacto de algunas medidas y acciones para la comunidad. Asimismo, las conversaciones abordaron cuestiones propias de la mesa, de las formas de trabajo, las dinámicas instituidas, los vínculos a su interior y exterior.

Estas reflexiones nos permitieron advertir que el espacio de la mesa se fue conformando como una herramienta política que pone en discusión las otras formas de organización que no potencian el diálogo entre actores, la horizontalidad como forma de trabajo y que establecen relaciones con el Estado desde la óptica de la administración tecnocrática. La mesa es vista como un lugar que habilita otro tipo de interlocución, de interpelación y de relación.

“En la procomisión yo pensaba toda la noche y después venía y decía lo que había que hacer”, dice Mártires. “Pero la mesa de gestión es para colaborar entre todos […] todos tenemos la misma palabra, el mismo tono, la misma voz, todos tenemos que ser igual” (nota de campo).

En este último tiempo de análisis y reflexión hemos observado que la mesa de gestión es un espacio que permite la narración de las experiencias, la revisión de las historias individuales atravesadas por la política, la reactualización de los puntos coincidentes o divergentes con otrxs participantes, por ello contribuye a repensar el orden social y sus sentidos hegemónicos. Promociona otros modos de entender el orden político y las formas de actuación dentro de él.

Cuando se produce una ruptura, una dislocación que atenta a la naturalización del orden social es que se lo cuestiona y en este marco, es a partir de la subjetividad colectiva que otros discursos se hacen posibles. El trabajo dentro de la mesa apela a la reelaboración de la memoria colectiva, la que opera como un deconstructor de lo dado, de lo instituido y como elaboración de un “nosotrxs”. Suponemos con esto que la mesa de gestión permite un ejercicio político más crítico, donde es posible resignificar las experiencias personales, exponerlas y reconvertirlas para comprenderlas en términos colectivos.

Esta organización reconstruye así sus fuerzas no sólo en la solidaridad sino en su capacidad para generar prácticas políticas. En este sentido, se rescata el carácter político de las articulaciones y agrupaciones voluntarias formadas con el propósito de elevar el tono de sus reclamos y elaborar estrategias de acción política más ofensivas. 

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