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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Que nos vaya bien a todos, paisanos

Que nos vaya bien a todos, paisanos. Es un buen deseo. Es el abrazo que uno deja al partir para que el inicio a emprender, tenga bríos y ganas.

Recuerdo, haber asistido a las presentaciones de Don Atahualpa Yupanqui, en los tradicionales recitales de “Argentinísima” por televisión, cada vez que regularmente volvía a la Argentina, era un rito que la gente del interior nos dábamos porque representaba el arte del canto, con palabras que cincelan memoriosos derechos muchas veces olvidados. Y la posibilidad misma de palpitar junto a ese mentor, todas las rugosidades de la vida con su áspero sabor, pero también la liberación de nuestros sueños más dibujados construyendo momentos felices.

Ver y oír cómo se desenvolvía, con su austeridad a cuestas, transparente, sin dobles lecturas, yendo directamente a las cosas, dejando siempre un mensaje para fortalecer la convivencia, y la pluralidad de ideas de tantas almas abigarradas en una sociedad.

Nacido en Pergamino, Provincia de Buenos Aires, bajo el nombre de Héctor Roberto Chavero. Caminador empedernido, radicado como gesto de exilio en Francia, ya que su denominador común era la palabra sabia y para colmo militaba en el Partido Comunista, lo cual lo tornaba no conveniente.

De allí que muchos involucrados se enojaban haciéndole la vida imposible, que con el tiempo lo bautizaron “El payador perseguido”, lo que dio lugar a una obra magnífica que inclusive lo llevó al disco.

Sucede que en esa posición el hombre es la concepción misma de libertad y autoridad como debería ser. Interesado por su bienestar y la libre expresión, aunque no guste, como bandera siempre al tope.

Siempre estaba en sus labios una Argentina más justa para con sus hijos, y no como parias buscando el futuro que su país, nuestro país, no lo sabe conceder para que proliferen aquí, y no allá, distantes de su crecimiento como República soberana.

Recordaba Julio Márbiz, que Don Ata siempre se despedía, diciendo: “Que nos vaya bien a todos, paisanos..! ”Un deseo que honra la idea primordial del bienestar y la armonía, de todos y cada uno.

Su pensamiento ilimitado, que no cejaba en su empeño de responder con certezas, daba lugar a textos llenos de afecto y ternura: “Un deseo profundo vive en mí: ser solamente, el eco de un canto, apenas…”

Por estos días y durante muchos años, los argentinos pagamos con angustias nuestro manso error de creer en todos, sin conocerlos en profundidad. Así emancipamos a tantos Mesías, que aún proliferan y terminan siendo sorpresas que nos quitan el sueño. Tanta corrupción permitida anclando al país, cuando los pueblos del mundo lanzados a la mar del desarrollo, lo surcan con ahínco perseverando la carta de navegación. 

Se avienen esas proféticas palabras que involucran un anhelo común: “Que nos vaya bien a todos, paisanos..!” Es el deseo total, abarcador y merecido, si bien la culpa es solamente nuestra y de quienes se aprovechan de nuestras “flojedades” en el carácter y la conducta sujeta a cambiar permanentemente como molinete librado al viento.

Pero alguna vez deben calmar las aguas, porque de otra forma hacernos es una tarea ciclópea que desde nuestras propias actitudes, conspira construyendo solamente problemas que no nos dejan ver el panorama que nos circunda.

Justamente, Márbiz le preguntaba a Yupanqui, en sus permanentes retornos no tan frecuentes: Qué Argentina deseaba encontrar al regreso..?  Y, él, rápidamente respondía: Un país más creíble, más cabal, que se deje de andar jugando a las mentiritas.

Si uno repasa las crispadas páginas institucional de las gestiones de nuestra historia, comprueba las locuras en que incurrimos, y las consecuencias a dónde fuimos a parar arrastrados por esa maldita militancia, receptora de los beneficios mal habidos, mientras los menos cumplen a rajatablas las consignas de los aprendices a iluminados. Pero lamentablemente, rápidamente olvidamos, para volver a incurrir irresponsablemente en lo mismo, o peor.

La evocación del deseo fervoroso de Atahualpa Yupanqui, por encontrar cada vez que volvía una Argentina pujante, con sentido común, alienta recordar algunas líneas de su obra “El payador perseguido”, donde habla y reafirma su condición de indomable cuando se violan los mínimos derechos ciudadanos, manejados como “masa”, en el sentido literal de la compacta mezcla, maleable, obsecuentes a la fuerza al servicio de intereses ajenos y mezquinos.

Sin temblarle el pulso, consciente que somos nada más una hojarasca en el vuelo desenfrenado del viento, dice con voz de pueblo “sobado” por la costumbre cizañera de la angustia y del dolor de lo incumplido:

“Aunque mucho he padecido / No me engrilla la prudencia / Es una falsa experiencia / Vivir temblándole a todo / Cada cual tiene su modo / La rebelión es mi cencia / Pobre nací y pobre vivo / Por eso soy delicado / Estoy con los de mi lao / Cinchando tuitos parejos / Pa´hacer humo lo que es viejo / Y verlo al mundo cambiao. “/

Decía Don Ata: ”Soy cantor de artes olvidadas”. Es decir, donde cada cosa luce en su lugar porque el respeto ancestral por la naturaleza guarda el equilibrio, que entre los hombres sería coincidencia, empatía, pero más que nada respeto por todos y uno mismo. 

Ante tan dura disyuntiva de volver a empezar, reconstruir y esperar, el tiempo en que las cosas toman el rumbo esperado, o no. Al borde del precipicio, jugando con el equilibrio que la altura sentencia, el mejor anhelo, el regalo de un deseo compartido que Atahualpa Yupanqui ofrendaba a su pueblo en cada partida:

“QUE NOS VAYA BIEN A TODOS, PAISANOS..!”

 

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