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La primera bandera de Belgrano es la de Curuzú

El 4 de septiembre de 1810, la Junta Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata designó a su vocal, Manuel Belgrano, al decir de su primer biógrafo Bartolomé Mitre, en su doble carácter de “Jefe Militar y Gobernante” de los pueblos de la Banda Oriental (hoy Uruguay): 20 días después se extendió su mandato a Corrientes y Paraguay.

El día 26, repuesto de una dolencia, partió el prócer desde Buenos aires al frente de un pequeño contingente de unos 200 hombres, reclutados en los Regimientos de Arribeños, Pardos y Morenos, y Batallón de Fernando VII.

El plan consistía en reforzar el contingente con las milicias disponibles en los pueblos del trayecto, a más de las tropas estables del Regimiento de Caballería de la Patria, surto* en San Nicolás, y los Blandengues de Santa Fe. (*surto; que está fondeado o detenido en un lugar con anclas o pesos. Ambos cuerpos con escasas tropas veteranas. Se contaba además con un  refuerzo prometido de 200 patricios, y con 6 piezas de artillería. En suma, en su mayoría tropas bisoñas, con escasa instrucción militar y pésimo armamento.

La nota dominante de esta expedición  militar, denominada  Ejército del Norte, era el apresuramiento y la improvisación, nacidos ambos del optimismo generado por los falsos informes del enviado por la Junta al Paraguay, el natural de esa provincia, don José Espinola, para quien el sentimiento de adhesión a la Junta entre sus paisanos era de tal grado “que bastaban 200 hombres para proteger al partido de la Revolución”.

Belgrano, el hombre de Mayo signado por el destino para emprender las misiones imposibles que debió enfrentar la Revolución, dirá melancólicamente en su autobiagrafía: “esta expedición solo pudo caber en unas cabezas acaloradas que solo veían el objetivo, y a las que nada era difícil porque no reflexionaban ni tenían conocimiento”.

La presencia de Belgrano en Santa Fe duró ocho días. Desde su llegada en la noche del 1º de octubre; tiempo que dedicó a controlar el paso a Paraná de los efectivos militares, artillería y el tren, a la vez que adoptaba disposiciones de buen gobierno, recababa fondos de la Real Hacienda y recibía contribuciones particulares, creando asimismo vínculos de relaciones personales, etc.

El día 7 de octubre llegó a Santa Fe el sacerdote patriota Juan José Arboleya, que venía fugado de su curato en Rosario de Colla, jurisdicción de la Colonia, por la persecución de los de los realistas de Montevideo. Arboleya le vino de perillas a Belgrano, obligado a cubrir el cargo de Capellán del ejército, vacante por destitución de su titular Fray José Zambrano, nombramiento que habría de despertar resistencia en las autoridades civiles y eclesiásticas de Buenos Aires.

El cruce del río por los efectivos se completó recién el día 17, pero Belgrano ya se encontraba en Paraná desde el 9 de octubre.

Este pueblo por su ubicación en la margen oriental del río Paraná ofrecía las mejores condiciones para organizar el pequeño Ejército en formación. Denominada entonces “La Bajada”. Mucho más tarde pasó a llamarse Paraná.

Esta circunstancia obligaba a mantener un constante intercambio de comunicaciones entre Belgrano y las autoridades, que afortunadamente se conservan. Bien conocida es la aptitud epistolar de Belgrano, puesta de manifiesto en reiteradas oportunidades con La Junta de Gobierno, se constata una correspondencia paralela y personal con su amigo y Secretario de la Junta Dr. Mariano Moreno de tono  amistoso y confidencial.

La Bandera de Curuzú Cuatiá: Entre las numerosas cuentas, recibos y órdenes del Patricio, conservada en el Archivo de Santa Fe, se destaca una orden de compra de telas, que con sus correspondientes facturas y recibo, constituye un conjunto documental cuya importancia destaqué oportunamente. Se dice en el documento: “En el instante remitirán piezas de azul, de amarillo y colorado, más hilo o recia”. La respuesta de Belgrano, expresó “he recibido las 6 piezas de estafeta que me remitieron”. Dios guarde autoridades de la Bajada del Paraná.  Fechada y sellada por Manuel Belgrano.

En la orden de compra se especifica claramente la longitud de las telas y su calidad. Lo que significa que las telas adquiridas por Belgrano era de un considerable tamaño, suficiente para confeccionar cuatro o más bandera; porque no cabe duda alguna que su destino fue hacer banderas, como se verá a continuación; y agregamos, banderas distintas a las reglamentarias españolas para las tropas de tierra que comandaba Belgrano.

Comentaba en su carta a la Junta, haber completado la formación de su ejército, que contaba con 678 plazas en total y que preveía su llegada a la Villa de Curuzú Cuatiá, tras la recorrida de 111 leguas, para el día 7 de Noviembre con sus 4 divisiones.  La Junta le contesta con fecha 29 de octubre, que aprueba todo lo actuado por el General Belgrano. 

Parece superfluo decir que esas tres banderas de las divisiones marcan el destino de las telas adquiridas en Santa Fe.  Y que su puesta en uso parece transgredir las reglamentaciones vigentes sobre el particular en el régimen español; a menos que se permitiera el uso de banderas convencionales en algunos casos,  muy importante a este respecto parece la aprobación de la Junta.

Nada se dice de la comunicación de Belgrano sobre la Bandera que debía haber llevado las cuatro divisiones, a la que correspondía la bandera principal por ser comandada por el Jefe del Ejército en persona.

El día 7 de Noviembre de 1810, al ponerse el sol, llegó el general Belgrano y su ejército a Curuzú Cuatiá, un pequeño poblado de una veintena de ranchos. El 12 remitió Belgrano una nota comunicando a la Junta que ese día fue bendecida en una ceremonia religiosa por el Padre Arboleya, que pronunció palabras encendidas de patriotismo frente a todo el Ejército formado.

    Pudo haberse tratado de una Bandera nueva, revolucionaria, quizá tricolor resumiendo en su tela los tres colores. Esta expedición militar fracasó en sus objetivos bélicos, pero en sus objetivos políticos se le cuenta como triunfo personal del gran Manuel Belgrano. Así lo han reconocido los historiadores que estudiaron el tema. Opinión resumida por su primer biógrafo. Bartolomé Mitre, al decir “que Belgrano dejó preparada la Revolución que debía sustraer más tarde Paraguay a la dominación española”.

Más significativas son sin duda las opiniones de los historiadores del Paraguay, como Justo Pastor Benítez y muy especialmente, el doctor Julio César Chavez quien, en documentada obra, aporta una tan profusa como valiosa información que demuestra la influencia preponderante del pensamiento de Belgrano en los criollos paraguayos, a quienes infundió el ideal de Mayo. En carta privada del doctor Pedro Somellera, contemporáneo y testigo de la revolución paraguaya, dice: “la única y verdadera e inmediata causa que influyó en ella fue la inoculación que los paraguayos recibieron en Tacuarí, 

A mayor abundancia, citaré modesta afirmación del propio Manuel Belgrano, a su oficio al superior Gobierno de Buenos Aires del 24 de mayo de 1811, dirigido desde Candelaria (Misiones) ya en argentina, e ignorando aún los sucesos asunceños de esos días, en que “Declararon su Independencia”. Decía Belgrano V.E. ve que ya está injertada nuestra causa en Paraguay, y bien. Por consiguiente ella va a profundizar, y quitándome yo de la vista, hoy punto común a que se dirigen, la volverán a su interior y espero que sea en adelante la obra de nuestros paisanos paraguayos presentar a V. E. el fruto de nuestros trabajos.

Efectivamente, en la noche del 14 de mayo un grupo de jóvenes militares civiles se apoderaron del Cuartel de Asunción, estableciéndose al día siguiente un nuevo gobierno de elementos criollos.

Demuestra la indiscutible influencia que Manuel Belgrano ejerció en el movimiento emancipador paraguayo, que es lícito relacionar a su nueva enseña tricolor, que lo simbolizó, , con las tres banderas de la divisiones del Ejército de Belgrano, y la unión de esos tres colores, al confeccionar las mujeres de la Villa de Curuzú Cuatiá, la Bandera que presidía el Estado Mayor que integraba el mismísimo general Manuel Belgrano. Esta bandera y la bibliografía que describo en este artículo, es la que logró reunir el doctor René Borderes en 1985 para redescubrir que sus colores fueron los mismos que el Gran Francisco de Miranda, plantó como bandera libertaria en 1806 en las costas de su Colombia, siendo el primer intento de emancipación sud americana. 

Esta Bandera el doctor René Borderes, entendiendo que reunía los fundamentos auténticos de su existencia y que fue bendecida el 12 de Noviembre en la Iglesia de Curuzú y jurada antes las tropas del Ejército del Norte el 16 de Noviembre, día en que Belgrano funda formalmente la Villa de Nuestra Señora del Pilar de Curuzú Cuatiá, reúne valores y antecedentes para que este año - 1895 - el Concejal Dr. Horacio Julio Rodríguez presente el proyecto que institucionalizará la “Tricolor amarilla, azul y roja” como el emblema oficial de la ciudad que “Nació con la Patria”.

Decía Miguel de Cervantes “una cosa es escribir como poeta y otra como historiador: el poeta puede cantar o contar las cosas, no como fueron, sino como debían ser; el historiador ha de escribir, no como debían ser sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna”. Y agrega: Los historiadores que de mentira se valen habrían de ser quemados como los que hacen moneda falsa. 

Para finalizar, diré que los tres colores de la Bandera de mi pueblo: rojo, amarillo y azul, además de constituir lo colores básicos del espectro solar, que es como decir, los padres de la luz, tenían por entonces un franco sentido revolucionario, por lo cual su elección por parte de Belgrano quizá tenga el sentido más profundo que el que pueda derivarse de un análisis superficial. 

Forman ellos los colores de la bandera que el Precursor de la Revolución Hispanoamericana, don Francisco de Miranda, enarboló al tope del “barco Leandro” que lo condujo en 1806 para iniciar su aventura Revolucionaria. En la actualidad forman los colores de las banderas tricolores de tres naciones de la América Hispana. 

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