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Escuela y pobreza

Por José Ceschi

 ¡Buen día! En el Nº 862 de la revista “Consudec” hay una nota de Cecilia Barone con un título que lo dice todo: “El aumento de la pobreza repercute en la educación”. ¿No quisiera asomarse a lo que dice? “La escuela vuelve a estar sobre el tapete. Lo que sucede en su interior no es sino reflejo de lo que pasa afuera, en la sociedad. Con una población escolar pobre, pasa a cubrir sobre todo una función asistencial, dificultándose la transmisión de saberes imprescindibles para forjar tanto a buenos ciudadanos como a eficientes trabajadores. Los esfuerzos se redoblan, pero en forma aislada. Escuelas con población pobre tienen a maestros pobres y la institución en sí es pobre, pues carece de recursos suficientes para hacerse cargo de la compleja problemática que los alumnos traen a ella, junto con su desnutrición, sus enfermedades y sus conflictos familiares. La escuela se hizo receptora de los dramas sociales provocados por la desocupación y la pauperización de los hogares.
Sabemos de tantos docentes que realizan un verdadero apostolado de su profesión, que se involucran con sus alumnos y sus familias, que reflejan su magro sueldo para comprar las cosas que los chicos necesitan; de tantas cooperadoras de padres que no ahorran esfuerzos para levantar paredes y comprar algún insumo imprescindibles, de tantos comedores anexos a escuelas parroquiales que dan de comer no sólo a los chicos sino también a sus familiares, y de tantos que buscan realizar microemprendimientos para enseñar a los grandes alguna forma de ganarse el sustento. Esa labor excede ampliamente el motivo de ser de la escuela. Sin embargo, hoy más que nunca la escuela es una de las pocas instituciones que quedan capaces de acoger a los más débiles, de transmitir algún conocimiento, de crear las bases de la argentinidad.
Hacerse cargo de semejante función es de por sí todo un desafío para las instituciones escolares, pues no suelen tener los recursos materiales y pedagógicos apropiados para afrontar estos nuevos signos.
¡Hasta mañana!

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Escuela y pobreza

Por José Ceschi

 ¡Buen día! En el Nº 862 de la revista “Consudec” hay una nota de Cecilia Barone con un título que lo dice todo: “El aumento de la pobreza repercute en la educación”. ¿No quisiera asomarse a lo que dice? “La escuela vuelve a estar sobre el tapete. Lo que sucede en su interior no es sino reflejo de lo que pasa afuera, en la sociedad. Con una población escolar pobre, pasa a cubrir sobre todo una función asistencial, dificultándose la transmisión de saberes imprescindibles para forjar tanto a buenos ciudadanos como a eficientes trabajadores. Los esfuerzos se redoblan, pero en forma aislada. Escuelas con población pobre tienen a maestros pobres y la institución en sí es pobre, pues carece de recursos suficientes para hacerse cargo de la compleja problemática que los alumnos traen a ella, junto con su desnutrición, sus enfermedades y sus conflictos familiares. La escuela se hizo receptora de los dramas sociales provocados por la desocupación y la pauperización de los hogares.
Sabemos de tantos docentes que realizan un verdadero apostolado de su profesión, que se involucran con sus alumnos y sus familias, que reflejan su magro sueldo para comprar las cosas que los chicos necesitan; de tantas cooperadoras de padres que no ahorran esfuerzos para levantar paredes y comprar algún insumo imprescindibles, de tantos comedores anexos a escuelas parroquiales que dan de comer no sólo a los chicos sino también a sus familiares, y de tantos que buscan realizar microemprendimientos para enseñar a los grandes alguna forma de ganarse el sustento. Esa labor excede ampliamente el motivo de ser de la escuela. Sin embargo, hoy más que nunca la escuela es una de las pocas instituciones que quedan capaces de acoger a los más débiles, de transmitir algún conocimiento, de crear las bases de la argentinidad.
Hacerse cargo de semejante función es de por sí todo un desafío para las instituciones escolares, pues no suelen tener los recursos materiales y pedagógicos apropiados para afrontar estos nuevos signos.
¡Hasta mañana!