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/Ellitoral.com.ar/ Cultura

Carlos Battilana o la quietud como estrépito

Nació en Paso de los Libres en 1964. Reside en Buenos Aires. Poeta, escritor y docente universitario. Es una de las voces más destacadas de la poesía argentina de los noventa. Ha publicado, entre otros poemarios: El fin del verano (Siesta, 1999), La demora (Siesta, 2003), El lado ciego (Siesta, 2005), Materia (Vox, 2010), Velocidad crucero (Conejos, 2014), Un western del frío (Viajero Insomne, 2015) y Una mañana boreal (Club Hem, 2018). Recientemente (2018) la editorial Caleta Olivia publicó su poesía reunida bajo el título de Ramitas. 

Por Rodrigo Galarza

Especial para El Litoral

En los años ochenta, el poeta y narrador norteamericano Raymond Carver publicó un emblemático poema titulado “Mi cuervo”. El mismo puede ser considerado una poética válida tanto para su obra narrativa como específicamente poética. Recordémoslo: “Un cuervo voló hasta el árbol del exterior de mi ventana./ No era el cuervo de Ted Hughes, ni el cuervo de Galway,/ ni el cuervo de Frost, Pasternak, o Lorca./ Ni uno de los cuervos de Homero, harto de sangre/ después de la batalla. Era sólo un cuervo./ Que jamás encajó en parte alguna,/ ni hizo nada digno de mención./ Estuvo posado allí en la rama durante unos cuantos minutos./ Luego alzó el vuelo y desapareció bellamente de mi vida”. Inmerso en el “minimalismo”, Carver despoja a su palabra de toda retórica bajo el influjo de William Carlos Williams. Una palabra directa y a la vez elusiva, compleja, tal como sucede en el poema aludido en el que, contra toda la tradición literaria, no simboliza nada, el pájaro es solo pájaro que no obstante deja su estela de belleza y emoción. Cercana a esta búsqueda, o mejor dicho, a estos “hallazgos”, se halla la poesía de Battilana, nacido en Paso de los libres aunque radicado en Buenos Aires hace ya largos años. Sus poemas de corte narrativos despliegan situaciones cotidianas sostenidas con elementos comunes que en apariencia no dejan de ser “nieve”, “silla”, “árbol”, “olla”, etc., pero un soplo invisible (beso o huracán) los trabaja, los dota de una tensión emocional que termina por preñar los campos semánticos de corrimientos metafóricos (entiéndase esto no como el uso de esta figura sino como un constructo de significación elidida en todo el artefacto): “Raspo el fondo de la olla/ la fina lámina de grasa/ impregnada/ en el metal/ se resiste/ a salir/ con cuchillo/ con espátula/ las virutas/ finalmente/ se desprenden/ de la base/ y se desparraman/ en derredor/ el músculo/ del brazo/ vuelve/ específico el tiempo/ mientras/ el resultado/ de la labor/ son/ esas virutas/ en el fondo/ del metal/ desprendidas/ de su base/ y allí/ dispersas”.

Con motivo de la aparición de “Ramitas” (poesía reunida), Diana Bellessi ha dicho acertadamente: “Seco pero tierno, Battilana va como un monje cuya diosa es la melancolía”. Lo “seco”, lo escueto, nos lleva al sosiego, a la aparente calma para afrontar aquello que el mundo hace con nosotros, aún ante la melancolía de lo que se repite, la fe aparece  como una reparación: “Levanto con pocas migajas/ las posibilidades del día/ el sol de la terraza/ amanece/ otra vez,/ por suerte/ sonreír ante lo evidente/ -las plantas, la ropa doblada/ en la silla,/ el muro manchado de gris-...”.

Vital importancia cobran en la poesía de Battilana los asuntos familiares como proyección de/en el tiempo: instantes de la infancia, mapas rotos de recuerdos que sin embargo fulguran o regresan tenues, morosos. Los padres, los hermanos, los hijos en el acto de existir, el amor en lo cotidiano: “(…) En mi habitación/ retiro a mis hijos, los abrazo,/ les recuerdo/ con palabras pequeñas/ que el viento/ es indestructible (…) Sin cansancio/ recibo el deterioro/ como una forma de avance”. También cobra relevancia el tratamiento del paisaje como espacio de alegoría de implicancias humanas a la manera (decantada y otra) de Robert Frost. Veamos, para finalizar, este aspecto en el poeta correntino: “Donde una vez vi (…) cómo/ las ramas de los árboles/ apenas se movían/ y la quietud/ era el único estrépito,/ la más maravillosa/ agitación”.

 

Muestrario mínimo

Parrilla

Sobre el fin de la calle

rumbo al cuartel

hay un asador:

es verano

pero corre una 

pequeña

brisa.

Mi padre

mi madre

nuestros hermanos

disfrutan de la cena

familiar

al aire libre.

No hay nada que temer

estamos abrazados 

    [por el campo

el mundo acontece 

    [en este punto

minúsculo del universo. Tengo

seis años. Conozco

todo

lo que me circunda.

Somos libres

en el lugar.

Mi padre es feliz;

se rodea de sus hijos

de su mujer

tiene información 

    [suficiente

para proveernos

durante algunos años:

axiomas, libros, 

    [narraciones

de adolescencia.

Ahora que

su muerte es fresca

y reciente, recreo 

    [el instante

en que mi padre

distribuye la carne,

las achuras, 

    [las ensaladas

en derredor.

Mi madre lo roza 

    [con los ojos

y deliberadamente

lo deja hacer

deja que su fuerza crezca

allí, en ese punto

minúsculo del universo.

El viento

Toco con mano indeleble

lo escaso de la materia.

 

En mi habitación

retiro a mis hijos, 

    [los abrazo,

les recuerdo

con palabras pequeñas

que el viento

es indestructible.

 

Brilloso como un 

    [témpano

el día

persiste

aquí, allí. Sin cansancio

recibo el deterioro

como una forma 

    [de avance.

 

Una mañana boreal

¿Qué es el Artico, Groenlandia, Alaska?

maneras de lo blanco, 

matices

de una gradación.

 

Una creencia popular

afirma que los 

    [esquimales

tienen

siete formas

de designar la nieve

sus voces

nombran

detalles leves

que un individuo

de la llanura

ni siquiera

logra ver.

 

En las zonas templadas

decimos

“nieve”

como si fuera

un solo objeto

y no

una materia

de varias puntas

en dirección

a infinitas

constelaciones.

 

La lengua resulta

móvil

y se adapta

a distintos lugares

y temperamentos.

 

En los territorios 

    [boreales

la palabra “nieve”

puede ser

un modo de la utilidad

una forma de la 

    [transacción

 

otras veces

refiere

un mercado sigiloso

de sopor

en medio del frío.

 

La mayoría de las 

    [ocasiones

en aquellas latitudes

“nieve”

designa

un acto reflejo

donde la mente

desentierra

letras de un idioma 

    [desconocido

 

una mente

minuciosa,

aligerada de su peso

que no deja de oscilar

 

El humo

Crece

como un animalito 

    [mullido:

Emilia, la niña más 

chica, es

un humo dulce

–los afluentes

de una droga profunda–

que trajo

la alegría

a todas las horas 

    [del hogar.

Juega, aún, en su 

    [habitación:

cuando lo hace

quiebra todas las 

cosas herméticas del mundo,

nuestra voz más áspera,

la más dura.

**

En la noche

sentí el olor de la nieve.

No sabía que un inmenso invierno comenzaba

y

que desde ese momento

sucedería

una larga historia

de

exploraciones.

La nieve duerme 

    [en mi memoria.

Me habla

durante los sueños.

De vez en cuando

emite

un largo suspiro

repleto de plumas.

**

raspo

el fondo

de la olla

la fina lámina de grasa

impregnada

en el metal

se resiste

a salir

con cuchillo

con espátula

las virutas

finalmente

se desprenden

de la base

y se desparraman

en derredor

el músculo

del brazo

vuelve

específico

el tiempo

mientras

el resultado

de la labor

son esas virutas

en el fondo

del metal

desprendidas

de su base

y allí dispersas.

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