“Sentí que me reencontré con mi hermano muerto en Malvinas: abracé fuerte su cruz”
ellitoral.com.ar

Miércoles 26 de Junio de 2019 CORRIENTESPronóstico Extendido clima_sol

Dolar Compra: $41,40

Dolar Venta: $43,40

“Sentí que me reencontré con mi hermano muerto en Malvinas: abracé fuerte su cruz”

Mónica Gómez lloró por primera vez a Ramón Cirilo Blanco frente a la tumba en las islas. Su madre falleció hace 22 años y mantenía la esperanza de verlo volver a casa. La hija lo homenajeó pensando también en ella.
 

imagen_1
Gustavo Lescano Gustavo Lescano

Facebbok: 

Gustavo Lescano
glescano@ellitoral.com.ar

De los flashes en la memoria sobre el hermano héroe que atesoraba aquella nena de siete años en 1982, la mujer de hoy -37 años después- pasó a una experiencia que poco puede describir con palabras. Sólo siente y atesora.
Esta semana, Mónica Gómez lloró por primera vez a Ramón Cirilo Blanco frente a la tumba en Malvinas. El estuvo en la guerra y murió en combate, pero nada ni nadie lo confirmó. Hasta su madre, que tanto lo lloró, mantenía la esperanza de verlo llegar a casa, incluso momentos antes de fallecer, hace 22 años.
Mónica, en representación de los familiares, finalmente fue quien le rindió un homenaje íntimo al soldado correntino en el cementerio de Darwin, frente a la lápida que ahora lleva el nombre del malvinero tras confirmarse este año que era su cuerpo el que estaba allí, a partir de la labor de un equipo de antropología forense en el marco de una iniciativa conjunta de una ONG argentina y la Cruz Roja.
“Sentí un alivio interno enorme, fue como que me reencontré con mi hermano muerto en Malvinas: abracé fuerte su cruz”, sintetizó ayer Mónica en diálogo con El Litoral, apenas dos horas después de haber regresado a su casa del barrio San Marcelo de la ciudad de Corrientes. “El 24 de enero pasado nos confirmaron que el cuerpo que estaba en el cementerio de Darwin (en una de las tumbas NN) era de Ramón. Veníamos con muchas expectativas, a partir del 1º de noviembre del año pasado en que me tomaron la muestra para hacer el estudio de ADN”, contó la hermana del correntino caído en Malvinas.
“Después de notificarnos los resultados, me dieron una medallita que él llevaba; fue una emoción enorme”, destacó.
En su reciente viaje a las islas, y frente a la cruz blanca a cuyo pie estaba escrito el nombre completo de su hermano, esta madre de dos chicos pensó en su mamá, quien en los 90 también había pisado suelo malvinero, pero le tuvo que rendir homenaje a su hijo en una de las tumbas tomada al azar. Ella no pudo saber dónde quedó su Ramón, el muchacho de 18 años que partió en el otoño del 82 al sur y nunca más volvió. Mónica se lo reveló ahora, en la intimidad y entre lágrimas. “¿Por qué no se hizo antes esto?”, planteó pensando en la madre.

Campo, ciudad e islas
Ramón Cirilo nació en Pontón, segunda sección del departamento de San Luis del Palmar. Estudió en la Escuela 724 de Rincón del Sombrero, cerca de paraje El Pollo, en Empedrado. “Mi mamá le dio su apellido al separarse del papá de él. Ramón vivía con la abuela en el campo y allí se crió. Nosotros vivíamos en Capital con otro padre, pero siempre estábamos en contacto. El trabajaba en una estancia y venía a la ciudad siempre que podía. También aquí hacía algunas changas: incluso llegó a trabajar en una fábrica de mosaicos”, recordó Mónica.
“Tenía siete años cuando Ramón fue a Malvinas con el Regimiento de Infantería 12 de Mercedes. Y algo me acuerdo de él y de cuando terminó la guerra: mamá lloraba siempre. No entendía mucho hasta que fui más grande y comprendí su dolor”, resaltó y luego hizo una pausa de un par de segundos, amordazada por la emoción.
A Ramón lo recuerdan como un muchacho trabajador, un buen chico, al que “le gustaba el mate, el chamamé y bailar”, acotó la hermana.
Ella siempre supo algo más de la historia de su hermano a través de quien luego fue su esposo y por su cuñado, ambos amigos de Ramón. Le contaron anécdotas y cualidades de aquel joven inquieto y fanático de la música correntina.
Así fue reconstruyendo al chico en la escuela y al muchacho en el trabajo sacrificado, al que le ponía ganas para salir adelante. Así también completó las piezas del héroe de Malvinas, al que esta semana abrazó a la distancia y en nombre de su madre.

¿Te gustó la nota?

Identificaron a Carlos Frías

El cuerpo de Carlos Alberto Frías, de Corrientes, quien combatió en Malvinas como integrante del Regimiento de Infantería 12 de Mercedes, fue identificado en una de las tumbas NN del cementerio de Darwin. Con este caso totalizan una decena de correntinos que hasta ahora permanecían en Malvinas bajo lápidas que rezaban: “Soldados sólo conocidos por Dios”. Al caso de Frías se suma el de Eduardo Antonio Vallejos, un soldado conscripto de Córdoba que falleció en combate.

Comentarios
Logo

“Sentí que me reencontré con mi hermano muerto en Malvinas: abracé fuerte su cruz”

Mónica Gómez lloró por primera vez a Ramón Cirilo Blanco frente a la tumba en las islas. Su madre falleció hace 22 años y mantenía la esperanza de verlo volver a casa. La hija lo homenajeó pensando también en ella.
 

Gustavo Lescano
glescano@ellitoral.com.ar

De los flashes en la memoria sobre el hermano héroe que atesoraba aquella nena de siete años en 1982, la mujer de hoy -37 años después- pasó a una experiencia que poco puede describir con palabras. Sólo siente y atesora.
Esta semana, Mónica Gómez lloró por primera vez a Ramón Cirilo Blanco frente a la tumba en Malvinas. El estuvo en la guerra y murió en combate, pero nada ni nadie lo confirmó. Hasta su madre, que tanto lo lloró, mantenía la esperanza de verlo llegar a casa, incluso momentos antes de fallecer, hace 22 años.
Mónica, en representación de los familiares, finalmente fue quien le rindió un homenaje íntimo al soldado correntino en el cementerio de Darwin, frente a la lápida que ahora lleva el nombre del malvinero tras confirmarse este año que era su cuerpo el que estaba allí, a partir de la labor de un equipo de antropología forense en el marco de una iniciativa conjunta de una ONG argentina y la Cruz Roja.
“Sentí un alivio interno enorme, fue como que me reencontré con mi hermano muerto en Malvinas: abracé fuerte su cruz”, sintetizó ayer Mónica en diálogo con El Litoral, apenas dos horas después de haber regresado a su casa del barrio San Marcelo de la ciudad de Corrientes. “El 24 de enero pasado nos confirmaron que el cuerpo que estaba en el cementerio de Darwin (en una de las tumbas NN) era de Ramón. Veníamos con muchas expectativas, a partir del 1º de noviembre del año pasado en que me tomaron la muestra para hacer el estudio de ADN”, contó la hermana del correntino caído en Malvinas.
“Después de notificarnos los resultados, me dieron una medallita que él llevaba; fue una emoción enorme”, destacó.
En su reciente viaje a las islas, y frente a la cruz blanca a cuyo pie estaba escrito el nombre completo de su hermano, esta madre de dos chicos pensó en su mamá, quien en los 90 también había pisado suelo malvinero, pero le tuvo que rendir homenaje a su hijo en una de las tumbas tomada al azar. Ella no pudo saber dónde quedó su Ramón, el muchacho de 18 años que partió en el otoño del 82 al sur y nunca más volvió. Mónica se lo reveló ahora, en la intimidad y entre lágrimas. “¿Por qué no se hizo antes esto?”, planteó pensando en la madre.

Campo, ciudad e islas
Ramón Cirilo nació en Pontón, segunda sección del departamento de San Luis del Palmar. Estudió en la Escuela 724 de Rincón del Sombrero, cerca de paraje El Pollo, en Empedrado. “Mi mamá le dio su apellido al separarse del papá de él. Ramón vivía con la abuela en el campo y allí se crió. Nosotros vivíamos en Capital con otro padre, pero siempre estábamos en contacto. El trabajaba en una estancia y venía a la ciudad siempre que podía. También aquí hacía algunas changas: incluso llegó a trabajar en una fábrica de mosaicos”, recordó Mónica.
“Tenía siete años cuando Ramón fue a Malvinas con el Regimiento de Infantería 12 de Mercedes. Y algo me acuerdo de él y de cuando terminó la guerra: mamá lloraba siempre. No entendía mucho hasta que fui más grande y comprendí su dolor”, resaltó y luego hizo una pausa de un par de segundos, amordazada por la emoción.
A Ramón lo recuerdan como un muchacho trabajador, un buen chico, al que “le gustaba el mate, el chamamé y bailar”, acotó la hermana.
Ella siempre supo algo más de la historia de su hermano a través de quien luego fue su esposo y por su cuñado, ambos amigos de Ramón. Le contaron anécdotas y cualidades de aquel joven inquieto y fanático de la música correntina.
Así fue reconstruyendo al chico en la escuela y al muchacho en el trabajo sacrificado, al que le ponía ganas para salir adelante. Así también completó las piezas del héroe de Malvinas, al que esta semana abrazó a la distancia y en nombre de su madre.