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Rolando Díaz Cabral: el largo anhelo de perpetuidad a través de su obra

A 50 años de su primera exposición individual, Rolando Díaz Cabral dice: “Siempre soñé que volaba y en sueños era feliz. Así estaré con ustedes ese día”.

El Día Internacional de los Museos se celebra cada 18 de mayo y la Asociación Amigos del Museo de Bellas Artes “Doctor Juan Ramón Vidal” acostumbra en esa fecha, realizar un acto recordatorio y destacar la figura de un artista cuya obra y trayectoria, hayan contribuido a enriquecer el patrimonio cultural de los correntinos.

Este año, la nominación ha designado que tal premiación será para Rolando Díaz Cabral, correntino de nacimiento, cultor de la estética y el estilo en sus creaciones de gran y pequeño porte, atrevido modelador de la historia pasajera y eterna de una provincia que lo tuvo en los andamiajes del movimiento carnestolendo (como propulsor de las más premiadas carrozas de comparsas en las gloriosas décadas del ‘60 y el ‘70) y pinsando el barro con los pies descalzos para vivir de cerca esa familia transportada luego a las estatuillas del personaje del “Mencho”.

La Asociación que preside Alicia Aguirre de Vara, prepara el homenaje a realizarse el martes 18 a las 20.30 en el Museo Vidal. Como antes recibieran la distinción Fabriciano Gómez, Luis Llarens, José Ramírez y “Chiche” Almoznino, ahora lo hará Díaz Cabral, aunque por razones de salud no estará presente en la celebración. Pero como la vida (y en especial su vida), merece ser celebrada siempre, quiere transmitir a través de las páginas de El Litoral, su sincera gratitud por el recordatorio de sus coterráneos.

Aunque parezca una incongruencia, Rolando dice que hace 42 años fue a vivir a Buenos Aires y desde entonces se quedó en Corrientes. “Nadie puede entender que mi relación con la ciudad y la gente se formó en la nostalgia y la nostalgia te hermosea todas las cosas. Me fui angaú (de mentira) y traje conmigo los olores, colores, sabores, dolores y pasiones que se fueron potenciando en esta distancia que físicamente me separa de Corrientes, pero que cada vez se afianza más en mi interior”.

Díaz Cabral vivió en esta ciudad desde los 2 hasta los 20 años en la casa paterna, celebridad para la historia, hoy Casa Molina, por calle Carlos Pellegrini al 900. Creció entre los cuentos de su abuela y su padre, con fábulas y leyendas plagadas de personajes que de alguna manera debían prender en la avidez imaginaria del chico que aspiraba a ser artista. Modeló su inspiración y con dos manos hizo de todo, quizás no tanto como hubiese querido, pero dio forma a imponentes carrozas de comparsas (Ará Berá, Copacabana, Sapucay y Fru Fru), las mieles de los aplausos no fueron ajenas a sus oidos y un día, a pedido de su madre, realizó un pequeño pesebre y notó el gusto por esa escultura breve y profunda que desembocó en la familia del “Chamamencho” y significó la experiencia de entrar en cada casa, con el permiso de la esencia del alma del correntino.

Alumno de Spilimbergo, formado profesionalmente con los mejores referentes del ámbito de las bellas artes, Rolando se considera un defensor de la cultura y tiene perfecta conciencia de su modestia. “No me dejo llevar por los honores, pero entiendo que ninguna figura se hace si no tiene aliento. La vida fue muy amable conmigo y hoy, con el corazón asustado y apenado, quiero nombrar a los que facilitaron mi camino. Ellos me hicieron, me construyeron”, agrega y menciona a Darwy Berti, Marcelo Daniel Fernández, “Taka” Benitez, Hugo Zelada, Emilio Noya, Emilio Rodriguez y Carlos Gelmi.

Justamente pide que sea Darwy Berti quien reciba la distinción en el acto y así se hará seguramente.

El mencho correntino

Rolando Díaz Cabral cita a Augusto Roa Bastos al pensar en voz alta y compartir su gesta creativa de la familia del mencho correntino. “Los pies descalzos miran mejor el camino y en Corrientes los ángeles andan descalzos (por su honestidad) y hablan en guaraní, que es el idioma en el que quieren hacerse entender porque les sale de lo más profundo. Yo apelé al corazón y mínimanente a la razón para crear esa serie de personajes donde el Chencho y la Florinda cuentan sus sucedidos. La voz les sale de esa vestimenta poriahú (pobre) de la que son conscientes y por eso el orgullo que se saborea como un triunfo. Todos los que tienen una pieza de estas en sus casas (y son muchos los correntinos que ha adquirido mis obras), aceptaron sin complejos meter un mencho en patas en la sala principal, porque saben que de ahi escendemos todos. Esa gente como Tomasa y Eleuterio, es gente de verdad, simple y modesta, inocente y apasionada, con una santa pureza de humildad, ignorando lo valiosos que son. Yo me los crucé muchas veces y los miré de frente, no di vuelta la cara”, señala.

A 50 años de su primera exposición individual en el Jockey Club de Corrientes, Díaz Cabral recibirá este recordatorio en el Museo de Bellas Artes. “Me siento abrumado y asustado como un chico”, dice. “Pero tengo la facilidad de los sueños y en ellos me veo volando. Me pasó de ensayar un proyecto de despegue desde el techo de una casa en Formosa, hace de esto unas buenas décadas. Descubrí que para algunas realidades lejanas están los sueños y es así como quiero estar presente ese día con ustedes. Llegaré volando puntualmente a las 20.30, con mi mejor sonrisa y vestido para la ocasión. Seguramente la emoción me impide hablar, estoy hecho un viejo sensiblero. Pero Darwy hablará en mi nombre. Quizás después, me atreva a contar un par de cosas ciertas”. (MM).

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