Maestra
Hace 43 años, el 10 de julio de 1970, el entonces gobernador Adolfo “Toco” Navajas Artaza inauguraba en el barrio Ferré de esta ciudad, el Jardín Maternal “Rosa Guarú”, siguiendo los pasos de otro muy recordado gobernador de Corrientes, el doctor Fernando Piragine Niveyro, en cuya gestión fue inaugurado el primer jardín maternal, con el nombre de “Mamá Margarita”.
Poco tiempo después de aquella fecha, una joven maestra jardinera ingresaba a la salita de 3 años para comenzar a cumplir con su vocación docente. Así, Ada Beatriz “Cacha” Cruz (57) se dispuso a desandar un largo camino que hoy la encuentra dirigiendo el jardín.
Fue este su primer trabajo, “crió” niños muy chiquitos que ahora tienen más de 40 años y se los encuentra en el beso diario, porque vienen a traer a sus hijitos, como antes lo hicieron sus mamás. La “seño Cacha” es una mujer muy particular, tiene los brazos con calidez de cuna y cuando se dirige a los niños, lo hace de un modo tan convincente, que sus palabras son el mejor calmante para un llanto, para un reclamo, para una advertencia.
Ayer por la mañana fui a visitar el Jardín Maternal “Rosa Guarú”. Este sol de invierno que nos seduce con su presencia de estío, se volcaba a pleno en el patio de juegos, mientras los pequeños de las salitas de cuatro años disfrutaban de la ronda junto a las maestras. En la recorrida por el lugar, pasé por la salita de los bebés que desde los 45 días son aceptados en el jardín, los niñitos de un año se preparaban para una siesta y los de 2 y 3 años miraban los dibujitos de “Dora la exploradora” en la televisión.
En el jardín hay 165 niños y “Cacha” sabe el nombre de absolutamente todos. Los chicos la siguen con la mirada y ella pasa de sala en sala como si fuera un hada madrina. La varita mágica es su sonrisa que va descorriendo las cortinas para dejar entrar la luz.
“Siempre me gustaron las criaturas, llegué a tener 33 chicos por sala, no sé por qué, pero se encantaban conmigo y no me podía negar”, dice esta mujer, mamá de María Josefina, que me guía por los pasillos que conoce tan bien y que no camina sola en esta recorrida. A su lado va “Tili”, una perra que, con permiso de la directora y de las maestras, cuida de los niños con el celo guardián que tienen esos insustituibles amigos de la infancia. Al verla recuerdo a “Tilo”, el perro de Chico Carlo, aquel amigo que tuvo Juana de Ibarbourou y al que le dedicó su más hondo sentimiento en los cuentos que luego editó en un libro. “En el umbral de mis recuerdos de infancia, guardián y fiel hasta más allá de la vida, esta Tilo, mi fiel perro”, decía la escritora uruguaya. Estos niños buscarán a “Tili” cuando ya adultos traspongan el umbral del “Rosa Guarú” y respiren su infancia.
“El jardín surgió por iniciativa de los vecinos del barrio, pero corrió la voz y comenzaron a llegar niños de todos los sectores, como sucede ahora. El nombre fue moción de la señora Moya de Olivera, quien propuso el de Rosa Guarú, por su asistencia a José de San Martín. De lunes a viernes tenemos dos turnos, de 7 a 13 y de 13 a 19. Algunos chicos hacen los dos turnos porque el objetivo primordial del jardín es que las mamás puedan trabajar y más hoy en día, que todo está tan difícil”.
Actualmente hay 9 salas funcionando, el Gobierno de la provincia brinda asistencia y se puede ver una actitud impecable en el personal, las habitaciones son confortables, cada una con equipamiento de muebles, sanitarios y una tentadora cocina donde se preparaba el almuerzo.
Desde su oficina que da al jardín, “Cacha” señala cuanto la rodea. Apenas unos minutos queda sentada detrás del escritorio. Su lugar está allá, un poco más lejos, donde se escuchan las risas de los chicos.
“Cuando ingresé como maestra, no sabía que esta sería mi casa para siempre. Este es mi hogar y lo voy a defender con uñas y dientes. Los chicos se van, es la ley de la vida, saludan con las manitos en alto y me tiran un beso desde el portón. ¿Ves? Tengo los bolsillos llenos de besos, de promesas chiquitas y esas voces tan pequeñas como ellos, cuando me dicen ‘hasta siempre seño’. Los reconozco cuando me los cruzo por la calle y sabemos que ese ‘hasta siempre’ sigue latiendo en cada salita de este jardín.
“Tili” me acompaña hasta la salida. La visita ha llegado a su fin. Antes de salir, espío por la ventana y veo a “Cacha” acunando a uno de los bebés que dormido en su regazo, espera por sus padres. Cierto, se nota que siempre le gustaron los niños. No se equivocó al elegir esta profesión que la convirtió en mamá de miles de chicos. En el jardín han florecido las rosas y pareciera que en el “Rosa Guarú” siempre será primavera.