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El adolescente y su vulnerabilidad frente a las adicciones

Por El Litoral

Sabado, 19 de abril de 2014 a las 14:33
Por la lic. Noelia Goldfarb

Para poder entender la vulnerabilidad del adolescente ante las adicciones, primero tenemos que comprender el mundo en el que vive éste.
La adolescencia es un proceso, donde se producen grandes cambios, tanto a nivel físico, como psicológico, emocional y social. Es una etapa en donde no se es más un niño, pero tampoco se es un adulto. Es quizá uno de los momentos más complicados y difíciles en la vida de una persona, así como también uno de los más divertidos y libres.
Cuando se habla de cambios físicos, no solo hablamos de los hormonales y corporales, también estamos hablando de los cambios a nivel cerebral. Los avances en la neurociencia permitieron descubrir que los seres humanos nacemos con aproximadamente 100 millones de neuronas, y durante los primeros 12 meses de vida el cerebro crece y se desarrolla rápidamente. Luego de este proceso acelerado de crecimiento, aparece otro proceso que se denomina “poda”, este, se encuentra fuertemente influenciado por el ambiente en donde el sujeto está inmerso. De esta manera, esta etapa de maduración del cerebro finaliza alrededor de los 25 años; cuando el proceso se completa, el cerebro es mucho más fuerte, rápido y eficiente; pero hasta que la etapa de desarrollo no finalice, no funciona con toda su capacidad. Un adolescente que tiene su cerebro en pleno desarrollo, y opta por tomar acciones que pueden llevar a una adicción como por ejemplo ingerir sustancias, puede desenlazar en un final no favorable.
Dentro de los cambios psicológicos, se produce una importante búsqueda personal donde muchas veces no es si quiera perceptible para el propio adolescente.  este, busca ser aceptado en una sociedad, un adolescente que va formando ideales; esos ideales se van desde la familia, los amigos, el colegio y de los medios de comunicación; como consecuencia, muchas veces al no poder llegar a estos ideales, caen en un estado de extravío, de frustración y confusión.

Adicciones 
La adicción es una enfermedad bio-psico-social, que se define por la manera de relacionarnos con un objeto, una sustancia, una actividad e incluso con una persona. Una persona es adicta cuando tiene la necesidad constante de llevar a cabo cierto acto, ya sea de consumir algo, de estar con una persona, así como de poseer un objeto. Es aquella necesidad la que lleva a que la acción por conseguir esa “cosa” domine a la persona. 
Existen distintos tipos de adicciones. Las adicciones al trabajo/estudio, las adicciones al sexo; a la computadora/internet; al tabaco; al alcohol; a las drogas; a las sustancias entre otras. 
Se considera adicto al que no puede resistir la necesidad constante de llevar a cabo cierto acto (consumir una sustancia, estar con una persona, poseer un objeto) y se siente impulsado a satisfacerla de inmediato, cerrando los ojos a las consecuencias de su adicción. El uso adictivo se instaura cuando la voluntad de la persona deja de dominar los actos del individuo. La adicción es el síntoma de una enfermedad. 
En el momento que la persona consigue el objeto de su adicción entra  en un estado sedante, el cual permite olvidarse o distraerse por un momento de ciertos dolores, frustraciones o preocupaciones en la que la persona está viviendo. Pero este es solo un momento, y cuando se acaba, vuelve a sentir la necesidad de controlar tanto los problemas, los dolores, frustraciones y vuelve a buscar aquella “cosa” que le relaja. Con este mecanismo, la persona se distancia del conflicto; y así experimenta una sensación de paz, de alegría, del “todo lo puedo”, al repetirla varias veces, se pasa la barrera, ese acto se vuelve un acto compulsivo, y cada vez más necesario, debido que va perdiendo el efecto, lo que antes le conformaba con una hora en internet, con un sustancia para dormir, hoy no le hace efecto y necesita dos.

¿Causas?
Cuando me preguntan acerca de son las causas que pueden llevar a los adolescentes al consumo de drogas, contesto que puede ser una, dos o muchas más. En este caso, describiré solo las principales:

> Problemas emocionales
Un factor que puede llevar a la adicción es tener una autoestima negativa o baja, es decir; sentirse inseguro/a, desconociendo las cualidades y pensando solamente en el aspecto negativo. Además muchas personas, por determinadas razones ocultan sentimientos de frustración, ira, vergüenza, rencor tanto por el comportamiento de los padres, amigos o conocidos y se aíslan; estos jóvenes buscan la manera de salir de ese sentimiento de depresión emocional con la ayuda de estos actos que se pueden volver en una adicción.  

> Problemas familiares
Los conflictos familiares de los adolescentes se suelen relacionar con muchas variables, como ser la incomprensión, la agresión (física o verbal), la falta de comunicación entre padres e hijo, el rechazo, los duelos, o separaciones, una mala situación económica, el desamor e incluso la incomprensión de los padres hacia los hijos en las dificultades en la escuela. Es importante aclarar que muchas veces estos problemas no son objetivos, puede que estén pasando por una buena situación económica familiar, o que un padre sienta que hay buena comunicación con su hijo, pero aquí lo que importa es la mirada del adolescente, muchas veces la persona no siente la comunicación, no se siente escuchado, y para poder atravesar alguno de estos problemas, buscan las salidas más “fáciles”, “más accesibles”. 

> El entorno social
Cuando el adolescente tiene una relación cotidiana con un grupo que consume droga por ejemplo, el querer estar dentro de un grupo, el no ser aceptado, el tratar de imitar, ve a aquellos jóvenes que son más “felices” y para olvidar sus problemas, acepta incluirse, hay una excitación por tener conductas imprudentes y no medir los riesgos que pueden ocasionar.

Prevención 
Para prevenir las adicciones tenemos que asumir el rol de padres o amigos y no el rol de “policía”. Cuando llevamos adelante ciertas acciones como oler la ropa, revisar toda la habitación del adolescente, observar los ojos irritados o el cambio de humor, no estamos ayudando. La mejor prevención es poner el énfasis en el desarrollo global del adolescente, anticiparse a no desarrollar una personalidad adictiva brindando las herramientas para que la persona crezca en un contexto nutritivo y contenedor, estas herramientas se construyen a partir de escenarios simples, cotidianos, compartiendo experiencias juntos, los éxitos como también los temores, las dudas y las crisis que se van atravesando etapa a etapa en la vida. 
Cuando un joven está en una etapa difícil de su vida, manifestada tanto por problemas en sus estudios, como problemas sociales, familiares y emocionales, lo más recomendable si no se sabe cómo actuar frente a estas situaciones hay que buscar ayuda a un profesional idóneo que sepa como orientarlo frente a esta etapa maravillosa de la vida, pero así también, bastante complicada y llena de cambios.

EL DATO  
Licenciada en Psicología. Especialidad en niños, adolescentes y adultez joven. Egresada de la Universidad de Palermo, Buenos Aires Capital Federal. 
Teléfono: (011) 1531068845. 
Dirección: 25 de mayo 513. 
Atendrá en Corrientes, los días: 
Sábado 19 de abril.
Lunes 21 de abril.

Tres preguntas y respuestas sobre el cerebro y las drogas

1. ¿Cómo actúan las drogas sobre el cerebro?

Las drogas son sustancias químicas. Actúan sobre el cerebro penetrando el sistema de comunicación del cerebro e interfiriendo con la manera que las células nerviosas normalmente envían, reciben y procesan la información. Algunas drogas, como la marihuana y la heroína, pueden activar a las neuronas porque su estructura química imita aquella de un neurotransmisor natural. Esta similitud en la estructura “engaña” a los receptores y permite que las drogas se adhieran y activen a las células nerviosas. Aunque estas drogas imitan a las sustancias químicas del cerebro, no activan las células nerviosas de la misma manera que los neurotransmisores naturales y hacen que se transmitan mensajes anormales a través de la red. Otras drogas, como la anfetamina o cocaína, pueden hacer que las células nerviosas liberen cantidades inusualmente grandes de neurotransmisores naturales o pueden prevenir el reciclaje normal de estas sustancias químicas cerebrales, haciendo que la señal se vea sumamente amplificada, lo que eventualmente trastorna los canales de comunicación. La diferencia se puede describir como la diferencia entre alguien que te susurra algo en el oído y alguien que grita en un micrófono.

2. ¿Qué le pasa al cerebro si se continúa consumiendo drogas?

De igual manera que bajamos el volumen cuando el radio está muy alto, el cerebro se ajusta a las oleadas abrumadoras de dopamina (y de otros neurotransmisores) produciendo menos dopamina o disminuyendo el número de receptores que pueden recibir y transmitir señales. Como resultado, el impacto de la dopamina sobre el circuito de gratificación del cerebro de una persona que abusa de drogas se puede volver muy limitado y puede disminuir su habilidad para sentir cualquier placer. Es por eso que el abusador eventualmente se siente triste, sin vida y deprimido y no puede disfrutar de las cosas que anteriormente le producían placer. Ahora necesita consumir drogas solamente para lograr que la función de la dopamina regrese a lo normal. Es más, necesita tomar cantidades más grandes de la droga de lo que antes consumía para crear la euforia de la dopamina, efecto que se conoce como tolerancia.

3. ¿Cómo afecta a los circuitos del cerebro el consumo de drogas a largo plazo?

Sabemos que los mismos tipos de mecanismos que están implicados en el desarrollo de la tolerancia pueden eventualmente causar cambios profundos en las neuronas y en los circuitos del cerebro, con la posibilidad de comprometer severamente la salud del cerebro a largo plazo. Por ejemplo, el glutamato es otro neurotransmisor que influye sobre el circuito de gratificación y la habilidad para aprender. Cuando se altera la concentración óptima del glutamato mediante el abuso de drogas, el cerebro intenta compensar este cambio, lo que puede deteriorar la función cognitiva. De manera similar, el abuso de drogas a largo plazo puede disparar adaptaciones en los sistemas del hábito o de la memoria no conciente. El condicionamiento es un ejemplo de este tipo de aprendizaje, mediante el cual las señales ambientales terminan siendo asociadas con la experiencia de la droga y pueden disparar deseos incontrolables en el usuario cuando posteriormente sea expuesto a estas señales ambientales, aun cuando la droga en sí no esté disponible. Este “reflejo” aprendido es sumamente fuerte y puede resurgir aun muchos años después de haber dejado de usar la droga.

Fuente: National Institute on Drug Abuse


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