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El edificio histórico del Banco de la Provincia

Moglia Ediciones. Del libro “Aparecidos, tesoros y leyendas”.

Sabado, 04 de abril de 2026 a las 18:56

Andamos por el mundo a las apuradas corriendo sin saber por qué, abstraídos con los celulares, el exceso de información, la locura del tránsito, los gritos que ensordecen, bocinas que llenan el espacio de decibeles inaguantables, nos impiden frenar un momento para tener un solaz que nos permita mirar las casas, los árboles, veredas, el cielo, no tenemos que seguir corriendo sin saber que vamos a llegar al destino tarde o temprano. Nos estamos olvidando de vivir, conversar, intercambiar miradas, tomarnos de la mano, respetar a los demás, prodigar un abrazo sincero a un amigo/amiga.  
Un sábado a la tarde me desplacé lentamente con destino a la esquina de Mendoza y 9 de Julio desde la calle La Rioja al 400. Iba caminando despacio como es mi costumbre mirando las paredes, las alturas de los edificios antiguos, sólo me costó levantar la mirada para observar la riqueza arquitectónica de las añosas casas del Corrientes del ayer que perviven, sus estructuras me brindan sorpresas, entreteniéndome sanamente además de sentirme orgulloso de habitar esta centenaria ciudad. Arribé frente al edificio del antiguo Banco de la Provincia de Corrientes, hoy destinado a otra función. Me senté enfrente para contemplarlo mejor sobre un borde mármol, que sirve de base a un mástil de la bandera frente a Tribunales por calle San Juan.  
Mientras la memoria recorría a su placer el pasado, volvían a mi mente las personas que conocí dentro de esa construcción. Fui hasta 1971 cuando comencé la profesión de abogado, allí funcionaba en la planta baja a la derecha (cardinal oeste) el banco judicial (atendía sólo cuestiones tribunalicias) desde la venta de sellados, estampillas, depósitos judiciales etc.  
Divagando con el recuerdo ingreso al sótano obscuro como tuve que hacerlo en algunas oportunidades, sitio lúgubre con alguna luz mortecina que parpadea, luego al gran salón donde se apiñaban los clientes planta baja, continúo al primer piso de las oficinas, llamativo entrepiso sumado al arcano del altillo.  
He pintado el escenario para narrarles los hechos sobrenaturales que allí ocurren. 
Los que vivieron experiencias sobrenaturales expresan que los empleados de OCA y OCASA ingresaban al edificio en un horario que iba de 18 (6 pm) a 2 am, desde la tarde hasta la plena madrugada. 
Había que ser valiente para ingresar al subsuelo, en él se escuchaban ruidos raros como si ocurrieran cosas raras.  
El antiguo ascensor dejaba de funcionar sin motivo alguno, las luces perdían su fuerza, dejaban de alumbrar, se apagaban, las sombras se cernían sobre los dos empleados, entretanto figuras extrañas pasaban con un brillo diáfano delante de ellos, con las mangas de las camisas protegidas por elemento que las protegía de la suciedad de sellos y tintas, hombres de otros tiempos, mientras desde el entrepiso se escuchaban voces, algunas alegres, otras tristes al borde del mismo, aseguran que resaltaba un olor penetrante a cosméticos, perfumes varios que hoy no existen. 
Los testigos aseguran que nunca rompían la costumbre de andar de a dos, bajaban las escaleras desde la entrada de Agustín González con los bolsos de dinero, los guardias de la policía generalmente quedaban fuera, por precaución decían, pero me aseguran que tenían miedo. 
De pronto en el lugar sonaban varias conversaciones, llantos contagiosos, el sitio se llenaba de un profundo olor a café recién hecho, al observar hacia el lugar de donde provenía el aroma, curiosamente aparecía una señora mayor manipulando los utensilios del lugar, con un rodete en el cabello, un guardapolvo gris, que enfrascada en su tarea no dejaba de trajinar, no le interesaban los extraños del otro mundo. Los asustados empleados se mantenían quietos, cautelosos no fuera que el espíritu de otros tiempos los detectara. De pronto las canillas, que eran varias, comenzaban a derramar agua sin presencia alguna, salvo el espíritu de la dama.  
Horripilados salieron a Agustín Gonzáles donde los esperaba otro fantasma, una mujer con vestido largo, canasto de pan en el brazo que los miró con curiosidad para perderse en las paredes del antiguo Mercado, esa aparición asustó también al guardia del Banco, más a los policías que tenían costumbre de reírse de los relatos que les hacíamos. 
Volviendo a la faena todos juntos comenzaron a escuchar desde el entrepiso y el primer piso un acompasado ritmo de máquinas de escribir mecánicas, sin que mano alguna las impulsara, sumado a ello las primeras computadores, armatostes que se encendían y apagaban sin cesar, una señorita de antes los saludó desde el balcón del primer piso, brillante y espectral. 
Los dos empleados luego de esa noche pidieron el cambio de destino, el edificio histórico del Banco los ahuyentó. 
En el mismo, un gerente se suicidó cuando se enteró de un faltante importante al cierre de las operaciones bancarias, había jugado mal con el dinero ajeno, sentado en su despacho con llave tomó un coñac en la fría tarde del viernes de un julio ominoso descerrajándose un tiro en la cien, la sangre bañó las baldosas, dicen que la mancha nunca se pudo sacar. Ese es otro de los espíritus que recorren en sitio, con ahogados gemidos. 
Una pregunta cabe hacerse ¿Es posible que existan otros espectros que recorren el lugar? 
Posiblemente sí, o sino que lo digan los funcionarios veedores del Banco Central que tenían sus oficinas en el territorio, que al atardecer salían disparando como corridos por alguna sombra nefasta. 
Otro que terminó preso prácticamente enloquecido, fue un funcionario de alto rango que no tuvo mejor idea que drogar a una señorita, de las primeras que ingresó al banco por eso de la discriminación a las mujeres, para violarla. 
Dicen que era hermosa, a punto de casarse, tuvo que enfrentar las burlas porque hasta no hace mucho tiempo las mujeres eran humilladas en esos casos. Antes de suicidarse la joven lo denunció, extrañamente la justicia cumplió con su cometido, lo condenaron enviándolo a la cárcel donde duró poco. Se atribuye el llanto que se escucha a esta pobre muchacha víctima de la conducta libidinosa del criminal, pues con un potente veneno con el uniforme del banco se quitó la vida en el despacho del suicida para seguirle los pasos seguramente. 
Cuando quieran damos un recorrido por el edificio ¿Les parece?

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