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Silbidos penetrantes, taguató común

Las juveniles, que es nuestro tema del mes, en el caso de esta ave tienen la cabeza y partes dorsales jaspeadas de pardo y ocráceo blanquecino. El hábitat común es al borde de bosques y caminos, zonas rurales, áreas suburbanas. Así, también en paralelo miramos la historia de Matías Geneyro, quien desde Caá Catí trae sus pulsiones de vida. 

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Paulo FerreyraPaulo Ferreyra

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Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleita
Especial para El Litoral

Taguató común, también conocido como el gavilán pollero (Buteo magnirostris). Este y otros nombres dan cuenta de esta ave como aguilucho de ala rojiza o taguató común, es una especie de ave accipitriforme de la familia Accipitridae. Es a veces colocado en el género monotípico Rupornis en vez de Buteo. Se los encuentra desde el sur de México hasta el norte de Argentina. Mide aproximadamente 35 cm y pesa alrededor de 295 gramos. Se alimenta de insectos, pequeños mamíferos y pequeños reptiles. Habita en sabanas, montes y bosques. 
En ocasiones se posan erguidos. Con frecuencia es posible avistarlos al lado de caminos. El capuchón y dorso son pardo oscuro. El pico gris, cera y patas naranjas, con el iris amarillo. Las partes inferiores son blanquecinas, con estriado canela en el pecho y con borrado canela en el abdomen. Las alas son pardo-oscuras con manchas canelas en las primarias. En vuelo las alas tienen las cubiertas ocráceas finamente rayadas y las secundarias y primarias son ocráceas claras con barras oscuras separadas y punta de las primarias oscuro. La cola dorsal es pardo-rojiza con cuatro bandas oscuras y cola ventral blanquecina con cuatro o cinco bandas oscuras. Algunos individuos son más grises y otros casi negros. 
Las juveniles, que es nuestro tema del mes, tienen la cabeza y partes dorsales jaspeadas de pardo y ocráceo blanquecino. El hábitat común es al borde de bosques y caminos, zonas rurales, áreas suburbanas, sábanas con bosques en galería y forestaciones implantadas. 
A diferencia de otras aves rapaces esta es la que más vocaliza. Durante el cortejo, la pareja se comunica con diferentes cantos mientras realiza despliegues aéreos. Tiene dos llamadas características, un silbido penetrante y una serie de notas nasales rápidas como las de un carpintero. Además, emite una tercera voz de pedido corta y de baja intensidad, usualmente en una secuencia de 2 notas. Se posa erecto en postes, alambrados o árboles cerca de caminos. Es gritón. La pareja vuela en semicírculos vocalizando. 

Avistaje 
La tarde está tranquila y en el aire un recto aleteo, un tanto veloz, pero de lento avance, atraviesa decidido el horizonte a media altura. El tono marrón de sus alas es lo que predomina. 
Momentos antes, la erguida silueta reposa sobre el árbol solo, entre las hierbas mojadas. Instantes después, otro arriba al mismo lugar y entona su típica vocalización, anunciándose. Los días vienen húmedos y con lluvias en el norte de Corrientes. 
Hace algunas jornadas, el sol no daba tregua y la sequía se reflejaba roja y de arena en el cielo. La arena, el pastizal, los postes y el taguató común lucen marrones. El sol en su caída los hace dorados. 
El taguató colabora con el necesario silencio y la mirada fija y amarilla hacia la posible presa. Tiene esta vez cierta ceja blanca sobre el ojo, un tono que nos habla de su edad de juventud, la que casi pasa desapercibida. 
A veces el taguató hace tanta compañía en rutas, árboles y portones, que no nos damos el tiempo de imaginar su ausencia. Entre tantos cambios, es el grito silvestre que alerta cada día. 
Llega la noche y es hora de volver a casa, pero en el callejón verde, cerrado y bondadoso, un pedazo de tronco parece estar sobre la huella perdida de fina arena. 
Sólo el brillo amarillo de las pupilas nos anuncia al taguató tendido. Quieto, de alas abiertas, reposa el guerrero del aire, inmóvil. Tras el aviso, un vecino lo alumbra y envuelve para socorrerlo. Bajo las alas, las plumas se confunden entre el barrado crema y marrón y el rojo herido. Otra vez, la humanidad ha hecho bajar a un ave al inapropiado lugar. Vuela ahora, rapaz, en vuelo infinito, el taguató común. 

Abriendo jóvenes alas 
Matías Geneyro es de Caá Catí. Cuando terminó el secundario fue a Corrientes Capital a estudiar a iniciar la carrera de Historia. Sin embargo, cuestiones económicas lo empujaron a abandonar y volver a su pueblo. Buscó e intentó comenzar algunos trabajos. Cuando el universo parecía oponérsele, algo se alineó y se abrió la carrera del profesorado de nivel primario, “así pude estudiar y concluir esta carrera”, comentó como quien exhala aire puro y respira aliviado. 
La suerte comenzó a cambiar porque tras su primer título en el pueblo se abrió el profesorado de Historia. Se inscribió y comenzó a cursar, actualmente está estudiando felizmente en su tierra, rodeado de afectos y amigos. Ahora escribe, además es músico autodidácta, primero se acercó al rock y después se inclinó hacia la música folclórica de Corrientes. 
Junto a un grupo de amigos formó el grupo Cultural Nativo. Desde sus comienzos tuvieron puesta la mirada en torno del quehacer de su pueblo, así emprendieron la loable tarea de devolverle la vida a la Biblioteca Popular. Esta estuvo cerrada por mucho tiempo y antes tenía comisión, ellos pusieron lo mejor de sí y tras un proceso de largas charlas y debates se logró conformar una nueva comisión. La empresa fue ardua, pero fructífera, logrando los jóvenes tener en mano los títulos de un terreno para la biblioteca y después a través de diferentes fondos se hizo el edificio que actualmente ocupa la misma. 
Cuando comenzaron a trabajar sobre la biblioteca no dimensionaron el alcance que podría tener su constitución. Cuenta desde el grupo que desde su lugar de estudiantes sentían que era una causa justa. Habían encontrado en diferentes puntos del pueblo libros que pertenecían a la biblioteca, eso hizo que su interés también aumentara y buscaran así reunir todo ese material bibliográfico. 

Espacio para muchos 
La biblioteca Popular de Caá Catí, Juan Manuel Rivera es centenaria en Corrientes. Rivera desde su rol de diputado había creado una ley por la cual se constituyeron en la provincia varias bibliotecas, entre ellas la de este pueblo. Su inauguración data de 1912, por esos años sólo había escuelas primaras ya que la primera escuela secundaria recién se inaugura en la década del 50.  “En un principio teníamos idea de lo que podíamos hacer más allá de un lugar donde se puedan consultar por libros de distintos tipos, sino lo que se podía realizar en este espacio, en el que se hacen muestras de fotografía, pintura, presentación de libros, el grupo literario ‘Pájaro de Tinto’ realiza ahí sus talleres, entre otras actividades. Hay cosas muy diversas que se buscan que tengan lugar en un espacio que es de todos”, explica Matías. 
Oscar Sánchez es un referente de este pueblo, es un referente indiscutido de la música chamamecera. El papá de Matías era empleado público, pero en su tiempo libre iba a la fonda que tenía por nombre “Tambo”, ese lugar era muy visitado por Los Hermanos Barrios, Isaco, Tránsito Cocomarola. Había pista de baile, pero el “Tambo” era un comedor donde los músicos iban a comer antes de ir a tocar. Hace un año atrás también aquí se dio a conocer esta historia a través de un libro, el parlamento del Tambo. 
“Ese espíritu está en el aire y se respira. En cada encuentro, en cada fogón, los músicos locales se acunan en esa música chamamecera. En una siesta conocí a un peluquero que tocaba el acordeón dos hileras. El me abrió un mundo distinto que me volcó a aprender más del género”, explica Matías sobre su incursión en la música y en las letras. 
Cuando junto al grupo Cultural Nativo comenzaron a trabajar por la Biblioteca Popular de Caá Catí los jóvenes tenían un promedio de 24 años. Jóvenes. Piel nueva, colores y pulsiones briosas hacia el futuro. Hoy apenas superan los 30 años y ven parte de los frutos que lograron su búsqueda. El grupo, Matías Geneyro tienen algo del taguató común, están ahí erguidos y con las alas dispuestos a echar vuelo a una nueva empresa. Sus silbos penetrantes tienen fuerte eco en el hacer antes que en decir de muchas cosas. 

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Silbidos penetrantes, taguató común

Las juveniles, que es nuestro tema del mes, en el caso de esta ave tienen la cabeza y partes dorsales jaspeadas de pardo y ocráceo blanquecino. El hábitat común es al borde de bosques y caminos, zonas rurales, áreas suburbanas. Así, también en paralelo miramos la historia de Matías Geneyro, quien desde Caá Catí trae sus pulsiones de vida. 

Por Paulo Ferreyra
Colaboración: Abel Fleita
Especial para El Litoral

Taguató común, también conocido como el gavilán pollero (Buteo magnirostris). Este y otros nombres dan cuenta de esta ave como aguilucho de ala rojiza o taguató común, es una especie de ave accipitriforme de la familia Accipitridae. Es a veces colocado en el género monotípico Rupornis en vez de Buteo. Se los encuentra desde el sur de México hasta el norte de Argentina. Mide aproximadamente 35 cm y pesa alrededor de 295 gramos. Se alimenta de insectos, pequeños mamíferos y pequeños reptiles. Habita en sabanas, montes y bosques. 
En ocasiones se posan erguidos. Con frecuencia es posible avistarlos al lado de caminos. El capuchón y dorso son pardo oscuro. El pico gris, cera y patas naranjas, con el iris amarillo. Las partes inferiores son blanquecinas, con estriado canela en el pecho y con borrado canela en el abdomen. Las alas son pardo-oscuras con manchas canelas en las primarias. En vuelo las alas tienen las cubiertas ocráceas finamente rayadas y las secundarias y primarias son ocráceas claras con barras oscuras separadas y punta de las primarias oscuro. La cola dorsal es pardo-rojiza con cuatro bandas oscuras y cola ventral blanquecina con cuatro o cinco bandas oscuras. Algunos individuos son más grises y otros casi negros. 
Las juveniles, que es nuestro tema del mes, tienen la cabeza y partes dorsales jaspeadas de pardo y ocráceo blanquecino. El hábitat común es al borde de bosques y caminos, zonas rurales, áreas suburbanas, sábanas con bosques en galería y forestaciones implantadas. 
A diferencia de otras aves rapaces esta es la que más vocaliza. Durante el cortejo, la pareja se comunica con diferentes cantos mientras realiza despliegues aéreos. Tiene dos llamadas características, un silbido penetrante y una serie de notas nasales rápidas como las de un carpintero. Además, emite una tercera voz de pedido corta y de baja intensidad, usualmente en una secuencia de 2 notas. Se posa erecto en postes, alambrados o árboles cerca de caminos. Es gritón. La pareja vuela en semicírculos vocalizando. 

Avistaje 
La tarde está tranquila y en el aire un recto aleteo, un tanto veloz, pero de lento avance, atraviesa decidido el horizonte a media altura. El tono marrón de sus alas es lo que predomina. 
Momentos antes, la erguida silueta reposa sobre el árbol solo, entre las hierbas mojadas. Instantes después, otro arriba al mismo lugar y entona su típica vocalización, anunciándose. Los días vienen húmedos y con lluvias en el norte de Corrientes. 
Hace algunas jornadas, el sol no daba tregua y la sequía se reflejaba roja y de arena en el cielo. La arena, el pastizal, los postes y el taguató común lucen marrones. El sol en su caída los hace dorados. 
El taguató colabora con el necesario silencio y la mirada fija y amarilla hacia la posible presa. Tiene esta vez cierta ceja blanca sobre el ojo, un tono que nos habla de su edad de juventud, la que casi pasa desapercibida. 
A veces el taguató hace tanta compañía en rutas, árboles y portones, que no nos damos el tiempo de imaginar su ausencia. Entre tantos cambios, es el grito silvestre que alerta cada día. 
Llega la noche y es hora de volver a casa, pero en el callejón verde, cerrado y bondadoso, un pedazo de tronco parece estar sobre la huella perdida de fina arena. 
Sólo el brillo amarillo de las pupilas nos anuncia al taguató tendido. Quieto, de alas abiertas, reposa el guerrero del aire, inmóvil. Tras el aviso, un vecino lo alumbra y envuelve para socorrerlo. Bajo las alas, las plumas se confunden entre el barrado crema y marrón y el rojo herido. Otra vez, la humanidad ha hecho bajar a un ave al inapropiado lugar. Vuela ahora, rapaz, en vuelo infinito, el taguató común. 

Abriendo jóvenes alas 
Matías Geneyro es de Caá Catí. Cuando terminó el secundario fue a Corrientes Capital a estudiar a iniciar la carrera de Historia. Sin embargo, cuestiones económicas lo empujaron a abandonar y volver a su pueblo. Buscó e intentó comenzar algunos trabajos. Cuando el universo parecía oponérsele, algo se alineó y se abrió la carrera del profesorado de nivel primario, “así pude estudiar y concluir esta carrera”, comentó como quien exhala aire puro y respira aliviado. 
La suerte comenzó a cambiar porque tras su primer título en el pueblo se abrió el profesorado de Historia. Se inscribió y comenzó a cursar, actualmente está estudiando felizmente en su tierra, rodeado de afectos y amigos. Ahora escribe, además es músico autodidácta, primero se acercó al rock y después se inclinó hacia la música folclórica de Corrientes. 
Junto a un grupo de amigos formó el grupo Cultural Nativo. Desde sus comienzos tuvieron puesta la mirada en torno del quehacer de su pueblo, así emprendieron la loable tarea de devolverle la vida a la Biblioteca Popular. Esta estuvo cerrada por mucho tiempo y antes tenía comisión, ellos pusieron lo mejor de sí y tras un proceso de largas charlas y debates se logró conformar una nueva comisión. La empresa fue ardua, pero fructífera, logrando los jóvenes tener en mano los títulos de un terreno para la biblioteca y después a través de diferentes fondos se hizo el edificio que actualmente ocupa la misma. 
Cuando comenzaron a trabajar sobre la biblioteca no dimensionaron el alcance que podría tener su constitución. Cuenta desde el grupo que desde su lugar de estudiantes sentían que era una causa justa. Habían encontrado en diferentes puntos del pueblo libros que pertenecían a la biblioteca, eso hizo que su interés también aumentara y buscaran así reunir todo ese material bibliográfico. 

Espacio para muchos 
La biblioteca Popular de Caá Catí, Juan Manuel Rivera es centenaria en Corrientes. Rivera desde su rol de diputado había creado una ley por la cual se constituyeron en la provincia varias bibliotecas, entre ellas la de este pueblo. Su inauguración data de 1912, por esos años sólo había escuelas primaras ya que la primera escuela secundaria recién se inaugura en la década del 50.  “En un principio teníamos idea de lo que podíamos hacer más allá de un lugar donde se puedan consultar por libros de distintos tipos, sino lo que se podía realizar en este espacio, en el que se hacen muestras de fotografía, pintura, presentación de libros, el grupo literario ‘Pájaro de Tinto’ realiza ahí sus talleres, entre otras actividades. Hay cosas muy diversas que se buscan que tengan lugar en un espacio que es de todos”, explica Matías. 
Oscar Sánchez es un referente de este pueblo, es un referente indiscutido de la música chamamecera. El papá de Matías era empleado público, pero en su tiempo libre iba a la fonda que tenía por nombre “Tambo”, ese lugar era muy visitado por Los Hermanos Barrios, Isaco, Tránsito Cocomarola. Había pista de baile, pero el “Tambo” era un comedor donde los músicos iban a comer antes de ir a tocar. Hace un año atrás también aquí se dio a conocer esta historia a través de un libro, el parlamento del Tambo. 
“Ese espíritu está en el aire y se respira. En cada encuentro, en cada fogón, los músicos locales se acunan en esa música chamamecera. En una siesta conocí a un peluquero que tocaba el acordeón dos hileras. El me abrió un mundo distinto que me volcó a aprender más del género”, explica Matías sobre su incursión en la música y en las letras. 
Cuando junto al grupo Cultural Nativo comenzaron a trabajar por la Biblioteca Popular de Caá Catí los jóvenes tenían un promedio de 24 años. Jóvenes. Piel nueva, colores y pulsiones briosas hacia el futuro. Hoy apenas superan los 30 años y ven parte de los frutos que lograron su búsqueda. El grupo, Matías Geneyro tienen algo del taguató común, están ahí erguidos y con las alas dispuestos a echar vuelo a una nueva empresa. Sus silbos penetrantes tienen fuerte eco en el hacer antes que en decir de muchas cosas.