Experiencia de exilio: “Estamos lejos, pero no ausentes de Venezuela”
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Experiencia de exilio: “Estamos lejos, pero no ausentes de Venezuela”

Marjhy Carrillo comentó las circunstancias que la motivaron a huir, sin dejar de lado el contexto político/social y el agradecimiento a Corrientes.
 

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Cuando en Venezuela comenzaba a profundizarse la crisis, entre el desabastecimiento de insumos y la violencia imperante, hace dos años Marjhy Carrillo (39 años) decidió que era hora de dejar su tierra natal. En compañía de su hija, y con tan sólo una valija, decidió venir a Corrientes siguiendo los pasos de su madre que desde hace 15 años residía en la ciudad. 
Se trata sólo de un escueto resumen de la experiencia de exilio de Marjhy, quien comentó su historia, sin dejar de lado el contexto político/social que le cambió la vida. Aspectos que serán desplegados con mayor profundidad en la conferencia “Venezuela hoy”, que se realizará este miércoles a las 19, en el salón auditorio de este matutino. Un evento organizado por Fundación Club de la Libertad junto al diario El Litoral.
Sin dudas, el testimonio de Marjhy está signado por la crisis de Venezuela. Al buscar en su memoria los recuerdos más críticos, sus ojos parecen cargarse de una profunda tristeza. Sin embargo, se enciende una energía especial cuando habla de su nueva vida en Corrientes y la esperanza de cambios.

— ¿Cómo era tu vida en Venezuela?
— Soy licenciada en nutrición y dietética. En Venezuela trabajaba en el Ministerio de Salud y sigo dirigiendo allá una empresa de venta y distribución de productos naturales. Me iba muy bien económicamente, pero todo ese ingreso no alcanzaba. Allá todos sufren, tanto el que tiene como el que no, porque si necesitabas un medicamento lo ofrecen a un precio exorbitante. De pronto fue imposible abastecer a las personas con cáncer, HIV, o dependientes de insulina. Con decir que no hay pañales, toallas sanitarias, pasta dental. Insumos básicos que no puedes sustituirlos.
— ¿Cuándo decidiste venir a Corrientes?
— A pesar de que no me iba mal en el Ministerio de Salud, estaba cansada de algunos comentarios y tú tienes prohibido hablar. Eso me cansó, renuncié y me quedé sólo con mi emprendimiento.  Pero lloraba todos los días, no conseguía alimentos, y tenía que dormir en una fila para comprar algo. Además, te encuentras con mucha gente que no tiene dinero. Un día vi a una mamá buscando en la basura para darle a su hijo. Ahí pensé: “Yo no puedo esperar llegar a ese punto”. Sucede también que cuando tienes un emprendimiento no tienes garantizado el éxito por la inestabilidad económica y porque puede llegar Hacienda, te fiscalizan, te multan o te quitan la empresa. Entonces decidí venir con mi hija de 10 años a Corrientes porque mi mamá vive acá hace 15 años, se casó con un correntino. Se conocieron en Venezuela. Imagínate, ambos vieron que la crisis se venía y decidieron mudarse para Argentina.
— ¿Era predecible?
— Sí.  Hace quince años ya se empezaba a notar. No es sencillo de explicar porque pasaron muchas cosas, pero todo comenzó con Chaves. Desde entonces, no hay ninguna institución sana dentro de Venezuela. En todos lados hay corrupción, lo que sucede ahora es que es pública y notoria.  Recientemente Diosdado Cabello dijo en televisión que no van a recibir ayuda humanitaria, porque Venezuela está bien y no necesitan limosna. Es increíble el grado de maldad. Yo vi con mis ojos que la gente se moría de hambre. Los hospitales se están cayendo, no tienen insumos y se están quedando sin expertos. Tres millones de profesionales están fuera de Venezuela, regados en el mundo. Es más, cuando te encuentras con un compatriota coincidimos en que huimos de esta situación, no porque realmente hayamos querido salir de nuestro país.
— En esta situación ¿cómo es contactarse con los que todavía quedaron en Venezuela?
— Muchos no quieren venir porque tienen miedo o porque tienen cierta edad y saben que emigrar no es fácil. Allá tengo a mi papá y mi tía, ella me mantiene al tanto de lo que ocurre, porque la información es otro de los grandes problemas. Al ser manipulada, no todo lo que se publica es real. Entonces mi tía es la que me da las confirmaciones. También tengo amigos que están en la Asamblea Nacional, porque estudiamos juntos en la universidad así que ellos me van contando lo que ocurre. Estamos lejos, pero no ausentes de Venezuela. Me interesa estar informada porque me preocupa mi país, y quiero que mejore. Estoy desesperada porque Venezuela vuelva a ser lo que era. Un país hermoso, rico, con muchos recursos, con unas playas paradisíacas.
— ¿Tenés esperanzas en una “solución” para Venezuela?
— Antes era pesimista, pero en este momento tengo esperanza. Por primera vez en 20 años, siento que están haciendo las cosas bien. Por fin la oposición reaccionó, se dio cuenta de que tenía que tomar protagonismo. Gracias a eso hoy tenemos apoyo internacional, que es vital. Cuando digo reaccionar no me refiero a la gente obviamente había marchas, personas que murieron manifestando, presos políticos, pero no había un plan político estratégico.
— ¿Volverías?
— Cuando te exilias todo es difícil, pero agradezco la bienvenida que me dio Corrientes. Realmente encontré gente buenísima, dispuesta a ayudar, siempre con palabras de aliento. Tuve la suerte de que, con sólo 15 días de llegar, me dieron trabajo. Soy nutricionista en Grandiet y les agradezco muchísimo el lugar que me dieron. Ahora mi corazón está partido en dos. Claro que volvería porque yo adoro Venezuela, tengo mis amigos, mi familia, mi empresa; pero aquí también conseguí todo eso entonces no sé. De lo que sí estoy segura es que, apenas pueda, necesito ir de vacaciones. Necesito volver a pisar mi tierra.

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Experiencia de exilio: “Estamos lejos, pero no ausentes de Venezuela”

Marjhy Carrillo comentó las circunstancias que la motivaron a huir, sin dejar de lado el contexto político/social y el agradecimiento a Corrientes.
 

Cuando en Venezuela comenzaba a profundizarse la crisis, entre el desabastecimiento de insumos y la violencia imperante, hace dos años Marjhy Carrillo (39 años) decidió que era hora de dejar su tierra natal. En compañía de su hija, y con tan sólo una valija, decidió venir a Corrientes siguiendo los pasos de su madre que desde hace 15 años residía en la ciudad. 
Se trata sólo de un escueto resumen de la experiencia de exilio de Marjhy, quien comentó su historia, sin dejar de lado el contexto político/social que le cambió la vida. Aspectos que serán desplegados con mayor profundidad en la conferencia “Venezuela hoy”, que se realizará este miércoles a las 19, en el salón auditorio de este matutino. Un evento organizado por Fundación Club de la Libertad junto al diario El Litoral.
Sin dudas, el testimonio de Marjhy está signado por la crisis de Venezuela. Al buscar en su memoria los recuerdos más críticos, sus ojos parecen cargarse de una profunda tristeza. Sin embargo, se enciende una energía especial cuando habla de su nueva vida en Corrientes y la esperanza de cambios.

— ¿Cómo era tu vida en Venezuela?
— Soy licenciada en nutrición y dietética. En Venezuela trabajaba en el Ministerio de Salud y sigo dirigiendo allá una empresa de venta y distribución de productos naturales. Me iba muy bien económicamente, pero todo ese ingreso no alcanzaba. Allá todos sufren, tanto el que tiene como el que no, porque si necesitabas un medicamento lo ofrecen a un precio exorbitante. De pronto fue imposible abastecer a las personas con cáncer, HIV, o dependientes de insulina. Con decir que no hay pañales, toallas sanitarias, pasta dental. Insumos básicos que no puedes sustituirlos.
— ¿Cuándo decidiste venir a Corrientes?
— A pesar de que no me iba mal en el Ministerio de Salud, estaba cansada de algunos comentarios y tú tienes prohibido hablar. Eso me cansó, renuncié y me quedé sólo con mi emprendimiento.  Pero lloraba todos los días, no conseguía alimentos, y tenía que dormir en una fila para comprar algo. Además, te encuentras con mucha gente que no tiene dinero. Un día vi a una mamá buscando en la basura para darle a su hijo. Ahí pensé: “Yo no puedo esperar llegar a ese punto”. Sucede también que cuando tienes un emprendimiento no tienes garantizado el éxito por la inestabilidad económica y porque puede llegar Hacienda, te fiscalizan, te multan o te quitan la empresa. Entonces decidí venir con mi hija de 10 años a Corrientes porque mi mamá vive acá hace 15 años, se casó con un correntino. Se conocieron en Venezuela. Imagínate, ambos vieron que la crisis se venía y decidieron mudarse para Argentina.
— ¿Era predecible?
— Sí.  Hace quince años ya se empezaba a notar. No es sencillo de explicar porque pasaron muchas cosas, pero todo comenzó con Chaves. Desde entonces, no hay ninguna institución sana dentro de Venezuela. En todos lados hay corrupción, lo que sucede ahora es que es pública y notoria.  Recientemente Diosdado Cabello dijo en televisión que no van a recibir ayuda humanitaria, porque Venezuela está bien y no necesitan limosna. Es increíble el grado de maldad. Yo vi con mis ojos que la gente se moría de hambre. Los hospitales se están cayendo, no tienen insumos y se están quedando sin expertos. Tres millones de profesionales están fuera de Venezuela, regados en el mundo. Es más, cuando te encuentras con un compatriota coincidimos en que huimos de esta situación, no porque realmente hayamos querido salir de nuestro país.
— En esta situación ¿cómo es contactarse con los que todavía quedaron en Venezuela?
— Muchos no quieren venir porque tienen miedo o porque tienen cierta edad y saben que emigrar no es fácil. Allá tengo a mi papá y mi tía, ella me mantiene al tanto de lo que ocurre, porque la información es otro de los grandes problemas. Al ser manipulada, no todo lo que se publica es real. Entonces mi tía es la que me da las confirmaciones. También tengo amigos que están en la Asamblea Nacional, porque estudiamos juntos en la universidad así que ellos me van contando lo que ocurre. Estamos lejos, pero no ausentes de Venezuela. Me interesa estar informada porque me preocupa mi país, y quiero que mejore. Estoy desesperada porque Venezuela vuelva a ser lo que era. Un país hermoso, rico, con muchos recursos, con unas playas paradisíacas.
— ¿Tenés esperanzas en una “solución” para Venezuela?
— Antes era pesimista, pero en este momento tengo esperanza. Por primera vez en 20 años, siento que están haciendo las cosas bien. Por fin la oposición reaccionó, se dio cuenta de que tenía que tomar protagonismo. Gracias a eso hoy tenemos apoyo internacional, que es vital. Cuando digo reaccionar no me refiero a la gente obviamente había marchas, personas que murieron manifestando, presos políticos, pero no había un plan político estratégico.
— ¿Volverías?
— Cuando te exilias todo es difícil, pero agradezco la bienvenida que me dio Corrientes. Realmente encontré gente buenísima, dispuesta a ayudar, siempre con palabras de aliento. Tuve la suerte de que, con sólo 15 días de llegar, me dieron trabajo. Soy nutricionista en Grandiet y les agradezco muchísimo el lugar que me dieron. Ahora mi corazón está partido en dos. Claro que volvería porque yo adoro Venezuela, tengo mis amigos, mi familia, mi empresa; pero aquí también conseguí todo eso entonces no sé. De lo que sí estoy segura es que, apenas pueda, necesito ir de vacaciones. Necesito volver a pisar mi tierra.