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En honor a Juana Manso

Escritora, periodista, traductora y maestra. Nació un 26 de junio, pero de 1819. ¿Cuál fue su gran aporte a la sociedad y qué tiene para decirle a este presente? Hablaron para esta nota, Felipe Pigna, Fernanda Gil Lozano y María De Giorgio.

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Por Luciano Sáliche 
Extracto
Nota publicada en infobae.com

Todavía no llegó la primavera a Chivilcoy. Estamos en septiembre de 1866, por eso el clima es templado, casi caluroso. Chivilcoy no es una ciudad, apenas es un pueblo, pero nuevo, porque se fundó en 1854, doce años atrás. Juana Manso está sentada frente a un grupo de gente que no le quita la mirada de encima. A su lado, Nicolás Avellaneda -que en unos años será Presidente de la República- la escucha atentamente. Es la primera vez que Juana Manso visita Chivilcoy y, francamente, está maravillada. La invitó su fundador, Don Manuel Villarino, y ella aceptó sin dudarlo. Ahora habla con firmeza sobre la cultura popular. Explica la importancia de la educación pública y mixta y hace especial énfasis en la igualdad que debe primar entre hombres y mujeres. No todo es silencio. Hay también insultos y en un momento se oyen piedrazos en el techo. Ella no se intimida, continúa. Cuando concluye, todos aplauden.
Juana Manso ya es Juana Manso, una de las grandes teóricas de la educación nacional. Sus ideas son de vanguardia, pero también muy resistidas por el arco conservador. Tiene 47 años y un fuego insaciable encendido en su pecho. Entonces decide organizar, para el día siguiente, una nueva charla, esta vez más literaria. El objetivo es recaudar fondos para formar una biblioteca pública en Chivilcoy. La primera, no sólo de Chivilcoy, sino de toda la provincia. Era algo nuevo, casi inédito. En ese entonces, sólo la capital contaba con una. A Avellaneda le pareció una gran idea. Tal es así que donó una gran cantidad de libros. Ella también: donó un cajón de pino con 144 tomos. Se inauguró en noviembre con una velada literaria. Hubo lecturas -ella leyó un cuento de la narradora salteña Juana Manuela Gorriti- y algunos músicos tocaron con entusiasmo.
“Es una mujer extraordinariamente valiosa que debería ser más reconocida de lo que es, más allá de esa calle en Puerto Madero”. El que habla, del otro lado del teléfono, es Felipe Pigna. El historiador conversa con Infobae Cultura sobre la figura de Juana Manso, una mujer inquieta e inquietante. “Es una de las primeras periodistas mujeres, pero después, como educadora, fue la gran promotora de la educación pública. Basta con ver cómo traducía las teorías más modernas de su tiempo a su lugar. Y una librepensadora, una mujer muy crítica, lo cual le valió una fuerte percusión y una gran condena”. 
(...) Cuando Juan Manuel de Rosas llegó al poder, expresó su oposición. Esto le valió el exilio. Juana Manso vivió un tiempo en Uruguay y también en Brasil. “Por el exilio, ella aportó mucho en los tres países: Argentina, Uruguay y Brasil. Hizo revistas y escribió muchísimo. Fue un aporte muy polifacético que al mundo femenino lo enriqueció”. 
“Fue a la escuela Montserrat y no le fue fácil. Tejió una intensa amistad con Domingo Faustino Sarmiento porque ambos entendían, casi como nadie, el verdadero rol de la educación en la formación de una país. El triángulo se completó con Mary Mann, una prestigiosa educadora de Estados Unidos. Intercambiaron varias cartas sobre literatura y pedagogía”. 
“No es que fue rica -comenta, ahora, Gil Lozano-, pero sí manejó mucho poder en torno a su capital simbólico. Era una mujer que se hizo muy de abajo. Y eso le interesaba a Sarmiento, que era un tipo muy difícil. No por nada le decían ‘el loco Sarmiento’. Ella tuvo una muy buena relación. Compartían ese espíritu muy individualista, si querés. Pensaban a los individuos como autogestores, entonces impartieron esa educación: homogénea, de calidad y gratuita. Compartían una línea muy positivista. Pero no se agota sólo en la educación ella como referente”.
“La llamaban ‘Juana, la loca’ y era una persona tan lúcida”, comenta Felipe Pigna y explica que “fue tan perseguida que no pudo ser enterrada en el cementerio de la Chacarita ni el de Recoleta”. En efecto, fue enterrada en el Cementerio Británico porque se negó a recibir la extremaunción (recién en 1915, sus restos fueron trasladados al panteón de Maestros del Cementerio de la Chacarita de Buenos Aires). Juana Manuela Gorriti, autora de aquel cuento que leyó Juana Manso en Chivilcoy, la despidió allí, junto con sus amigos, con estas palabras: “Juana Manso, gloria de la educación, sin ella nosotros seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer”. 
(...) El gran aporte de Juana Manso “está vinculado a dos temas fundamentales para nuestra sociedad: la educación universal como base para el desarrollo y sostén de la república, y la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer. Su intensa labor educativa da su fruto en 1884 con la promulgación de la Ley 1.420, de educación común, laica, gratuita y obligatoria, con la que el Estado garantiza la educación como un derecho. Hoy, sumergidos en una crisis educativa sin precedentes, sus escritos son premonitorios”.
¿Y cómo se enlaza su feminismo con el feminismo actual? ¿Qué tiene para decirle esta pedagoga, periodista, escritora y educadora al presente y las nuevas generaciones? “Es un diálogo total con el presente”, sostiene Pigna, porque “es una persona que nos remite a la importancia a la educación pública y gratuita, y una gran luchadora de los derechos femeninos. Una luchadora que nunca se dio por vencida, que fue insultada y agredida físicamente y nunca bajó la guardia”.
“Juana se opone a la masacre de los indios -dice María De Giorgio-, denuncia la hipocresía de la iglesia, es antiesclavista, promueve la eliminación de prejuicios, de dogmas, de tradiciones, cree en el progreso continuo de la humanidad sobre una base espiritual”. 
Por su parte, Fernanda Gil Lozano, hace esta pequeña reflexión: “Los destinos no están escritos. Son los deseos que nosotros ponemos en una construcción. Juana Manso y todas esas mujeres de la época les importó nada los mandatos sociales. Por eso la historia las condenó al olvido. El statu quo o lo que debía ser una mujer a ellas no les importó. Hicieron lo que se le dio la gana. Como tenían todo prohibido, hicieron todo”. 
Es de noche en Chivilcoy. El calendario pegado en la pared dice que estamos en 1866. La gente, en este cuarto enorme, oye. 

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En honor a Juana Manso

Escritora, periodista, traductora y maestra. Nació un 26 de junio, pero de 1819. ¿Cuál fue su gran aporte a la sociedad y qué tiene para decirle a este presente? Hablaron para esta nota, Felipe Pigna, Fernanda Gil Lozano y María De Giorgio.

Por Luciano Sáliche 
Extracto
Nota publicada en infobae.com

Todavía no llegó la primavera a Chivilcoy. Estamos en septiembre de 1866, por eso el clima es templado, casi caluroso. Chivilcoy no es una ciudad, apenas es un pueblo, pero nuevo, porque se fundó en 1854, doce años atrás. Juana Manso está sentada frente a un grupo de gente que no le quita la mirada de encima. A su lado, Nicolás Avellaneda -que en unos años será Presidente de la República- la escucha atentamente. Es la primera vez que Juana Manso visita Chivilcoy y, francamente, está maravillada. La invitó su fundador, Don Manuel Villarino, y ella aceptó sin dudarlo. Ahora habla con firmeza sobre la cultura popular. Explica la importancia de la educación pública y mixta y hace especial énfasis en la igualdad que debe primar entre hombres y mujeres. No todo es silencio. Hay también insultos y en un momento se oyen piedrazos en el techo. Ella no se intimida, continúa. Cuando concluye, todos aplauden.
Juana Manso ya es Juana Manso, una de las grandes teóricas de la educación nacional. Sus ideas son de vanguardia, pero también muy resistidas por el arco conservador. Tiene 47 años y un fuego insaciable encendido en su pecho. Entonces decide organizar, para el día siguiente, una nueva charla, esta vez más literaria. El objetivo es recaudar fondos para formar una biblioteca pública en Chivilcoy. La primera, no sólo de Chivilcoy, sino de toda la provincia. Era algo nuevo, casi inédito. En ese entonces, sólo la capital contaba con una. A Avellaneda le pareció una gran idea. Tal es así que donó una gran cantidad de libros. Ella también: donó un cajón de pino con 144 tomos. Se inauguró en noviembre con una velada literaria. Hubo lecturas -ella leyó un cuento de la narradora salteña Juana Manuela Gorriti- y algunos músicos tocaron con entusiasmo.
“Es una mujer extraordinariamente valiosa que debería ser más reconocida de lo que es, más allá de esa calle en Puerto Madero”. El que habla, del otro lado del teléfono, es Felipe Pigna. El historiador conversa con Infobae Cultura sobre la figura de Juana Manso, una mujer inquieta e inquietante. “Es una de las primeras periodistas mujeres, pero después, como educadora, fue la gran promotora de la educación pública. Basta con ver cómo traducía las teorías más modernas de su tiempo a su lugar. Y una librepensadora, una mujer muy crítica, lo cual le valió una fuerte percusión y una gran condena”. 
(...) Cuando Juan Manuel de Rosas llegó al poder, expresó su oposición. Esto le valió el exilio. Juana Manso vivió un tiempo en Uruguay y también en Brasil. “Por el exilio, ella aportó mucho en los tres países: Argentina, Uruguay y Brasil. Hizo revistas y escribió muchísimo. Fue un aporte muy polifacético que al mundo femenino lo enriqueció”. 
“Fue a la escuela Montserrat y no le fue fácil. Tejió una intensa amistad con Domingo Faustino Sarmiento porque ambos entendían, casi como nadie, el verdadero rol de la educación en la formación de una país. El triángulo se completó con Mary Mann, una prestigiosa educadora de Estados Unidos. Intercambiaron varias cartas sobre literatura y pedagogía”. 
“No es que fue rica -comenta, ahora, Gil Lozano-, pero sí manejó mucho poder en torno a su capital simbólico. Era una mujer que se hizo muy de abajo. Y eso le interesaba a Sarmiento, que era un tipo muy difícil. No por nada le decían ‘el loco Sarmiento’. Ella tuvo una muy buena relación. Compartían ese espíritu muy individualista, si querés. Pensaban a los individuos como autogestores, entonces impartieron esa educación: homogénea, de calidad y gratuita. Compartían una línea muy positivista. Pero no se agota sólo en la educación ella como referente”.
“La llamaban ‘Juana, la loca’ y era una persona tan lúcida”, comenta Felipe Pigna y explica que “fue tan perseguida que no pudo ser enterrada en el cementerio de la Chacarita ni el de Recoleta”. En efecto, fue enterrada en el Cementerio Británico porque se negó a recibir la extremaunción (recién en 1915, sus restos fueron trasladados al panteón de Maestros del Cementerio de la Chacarita de Buenos Aires). Juana Manuela Gorriti, autora de aquel cuento que leyó Juana Manso en Chivilcoy, la despidió allí, junto con sus amigos, con estas palabras: “Juana Manso, gloria de la educación, sin ella nosotros seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer”. 
(...) El gran aporte de Juana Manso “está vinculado a dos temas fundamentales para nuestra sociedad: la educación universal como base para el desarrollo y sostén de la república, y la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer. Su intensa labor educativa da su fruto en 1884 con la promulgación de la Ley 1.420, de educación común, laica, gratuita y obligatoria, con la que el Estado garantiza la educación como un derecho. Hoy, sumergidos en una crisis educativa sin precedentes, sus escritos son premonitorios”.
¿Y cómo se enlaza su feminismo con el feminismo actual? ¿Qué tiene para decirle esta pedagoga, periodista, escritora y educadora al presente y las nuevas generaciones? “Es un diálogo total con el presente”, sostiene Pigna, porque “es una persona que nos remite a la importancia a la educación pública y gratuita, y una gran luchadora de los derechos femeninos. Una luchadora que nunca se dio por vencida, que fue insultada y agredida físicamente y nunca bajó la guardia”.
“Juana se opone a la masacre de los indios -dice María De Giorgio-, denuncia la hipocresía de la iglesia, es antiesclavista, promueve la eliminación de prejuicios, de dogmas, de tradiciones, cree en el progreso continuo de la humanidad sobre una base espiritual”. 
Por su parte, Fernanda Gil Lozano, hace esta pequeña reflexión: “Los destinos no están escritos. Son los deseos que nosotros ponemos en una construcción. Juana Manso y todas esas mujeres de la época les importó nada los mandatos sociales. Por eso la historia las condenó al olvido. El statu quo o lo que debía ser una mujer a ellas no les importó. Hicieron lo que se le dio la gana. Como tenían todo prohibido, hicieron todo”. 
Es de noche en Chivilcoy. El calendario pegado en la pared dice que estamos en 1866. La gente, en este cuarto enorme, oye.