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Un duende juguetón

Por Enrique Eduardo Galiana

Moglia Ediciones

Del libro “Aparecidos, tesoros  y leyendas”

Los extraños lugares que tiene la ciudad de Corrientes nos sorprenden cada día. Sus antiguas casas esconden en sus entrañas glorias y derrotas, risas y llantos, fiestas, casamientos, cumpleaños, como sus conclusiones naturales: los velorios. Es por eso -afirmo- que algunos espíritus o se encariñaron con su hospedaje pasajero, o tienen algo pendiente en esta vida por lo cual no se marchan hacia el más allá. 

Al recorrer sus calles, la gente me detiene para contarme secretos y vivencias que experimentaron, pero como el juicio social suele ser muy gravoso sobre estos temas, me piden que por favor guarde el secreto de sus nombres. Debo cumplir con la palabra empeñada, pues de ese modo se retroalimentan las historias que me encargo de contar. En un libro anterior ubiqué el antiguo bar Florida en la esquina de La Rioja y Plácido Martínez donde hoy funciona una librería de gran porte. 

¿Cuál es la pregunta y el secreto que esconde este edificio? ¿Quiénes son sus moradores del más allá? 

Parece que un duendecillo se quedó para habitar el inmueble desde las tinieblas del pasado, y me atrevo a decir duendecillo, porque evidentemente no tiene intenciones de amedrentar, sino como veo que se desarrollan las cosas, considero que quiere jugar. 

Los que habitualmente se encuentran en la librería, no los clientes, se hallan con sorpresas cuando vuelven, especialmente en el turno tarde. La siesta es su cómplice y compañera, allí es donde muestra sus picardías, el estante de los libros de cuentos resultan ser su objetivo predilecto, los desparrama.

Ello no significa que ese estante acapare toda su actividad, con picardía, no veo maldad en él, y en las noches los empleados de la librería salen casi todos juntos, y no es una sola vez que el pícaro habitante del solar se muestra en su forma de niño luminoso y transparente y como es de suponer, tamaño susto para algunos e incredulidad para otros. 

Como la más tozuda e incrédula de las que trabajan en el lugar, negaba su existencia, una siesta que entraba temprano a trabajar, el pilluelo le arrojó un libro sobre la cabeza. Es lógico pensar que no tenía intenciones de pegarle, por lo menos esa es la explicación más acertada que podemos dar sobre el asunto. 

Eso sí, cambió su forma de pensar porque el ente, llevando el libro sobre lo que resulta ser un espacio vacío, en vez de dejarlo caer, hizo volar el libro sobre la asustada cabeza de Zulma. Por si fuera poco, en otras oportunidades este inquieto personaje desparrama algunos papeles, si puede decirse desparramos, porque los coloca en orden sobre el piso de la librería. 

Más travieso se puso cuando apareció en escena una nueva integrante al grupo de la librería, Ángela, no había buena relación entre la inquieta aparición y la dulce Ángela, quien dejaba sus útiles sobre un escritorio y cuando volvía los encontraba todo desparramados, incluyendo una bufanda que delicadamente dejaba sobre el respaldo de la silla, la colocaba en el suelo simulando un reptil junto a sus útiles. ¿Qué hizo Ángela para firmar la paz con el travieso?

Nunca lo sabremos, pero según dicen y yo que repito, simplemente le habló con dulzura y eso fue más que suficiente para que la convivencia entre el fantasmita y los que estamos en este mundo terrenal, volviera a reinar. Podrá creerse o no, cada cual se hace cargo de los espíritus que habitan en sus lugares. 

En una oportunidad entró en escena Julia, la hermana mayor de Ángela, quien una noche fue a buscar un sobre que había dejado sobre el mostrador, al ingresar observó que en el suelo estaban nuevamente la bufanda de su hermana menor, rodeada de libros de cuentos, cuando se agachó a levantarla sintió un grito detrás de ella. -¡No! y el susto que se pegó Julia es digno de retratarlo. 

Ella era otra negadora absoluta de la presencia, y atribuía a un chiste de Ángela o de los demás para con ella. Hoy Julia entra con los demás y se va con los demás, no sé si su relación es o no buena con el fantasmita, el tiempo dirá. 

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