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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Manuel Florencio Mantilla, el estadista superlativo

Por Juan Carlos Raffo

Especial para El Litoral

Manuel Florencio Mantilla fue doctor en Jurisprudencia, asesor municipal, fiscal de estado, ministro de gobierno, diputado y senador nacional. También fue un destacado periodista, escritor e historiador. Junto a Pedro Ferré son las figuras más elevadas de Corrientes. Ambos, en un pedestal de actividad intelectual vasta con rasgos de estadistas superlativos.

El primer Mantilla que viene al Río de la Plata es Diego Mantilla de los Ríos, nacido en Soto de Campos, Burgos, España, el 7 de abril de 1719. Se radica en Buenos Aires hacia 1740, y fue regidor del Cabildo que presidía el gobernador Miguel Fernando de Salcedo Sierra Alta. Uno de sus ocho hijos fue Manuel Mantilla, nacido en Buenos Aires el 27 de junio de 1759. Luego se radica en Corrientes hacia 1780 cuando era teniente de gobernador Juan García de Cossio. En 1791 se casa con Dolores Fernández Blanco, hija de José Fernández Blanco y de Catalina Aguirre y hermana del patriota y empresario Ángel Fernández Blanco, hermano de Juan José Fernández Blanco, quien fuera el primer gobernador constitucional de Corrientes en 1821. El matrimonio Mantilla-Fernández Blanco tuvo 12 hijos. Uno de ellos, Juan Ramón Mantilla, nacido en 1809, se casa con Avelina Benítez y son los padres de Manuel Florencio, quien nace en Saladas el 25 de julio de 1853. Recibió su primera educación en la escuela de Mercedes y luego en la ciudad de Corrientes, donde concluyó sus estudios primarios en la Escuela del Convento de San Francisco.

Luego de quedar huérfano de padre, víctima de la invasión paraguaya a la provincia de Corrientes en 1865, a los 11 años fue enviado por su madre a proseguir sus estudios a la provincia de Santa Fe, bajo el cuidado de los padres jesuitas en el Colegio de la Inmaculada Concepción. Más tarde pasó a la Universidad de Buenos Aires a cursar jurisprudencia, donde terminó su carrera en 1873, cuando cumplía 21 años. En mérito a ser el alumno con calificaciones más sobresalientes, la facultad le concedió el más alto galardón al que podía aspirar un alumno, consistente en costear la impresión de su tesis. Esta tesis se titulaba “Traición a la patria”. Egresado en 1874, volvió a Corrientes, incorporándose al Partido Liberal en el que militaría toda su vida hasta su muerte.

Su vida y obra

De regreso a su provincia el 4 de mayo de 1874, se inició en el periodismo formando parte del cuerpo de redactores del diario El Argos, dirigido por el doctor Emilio Díaz, coronel Daniel Artaza y Manuel Pedevilla (quienes apoyaban la candidatura de Nicolás Avellaneda a la presidencia).

En un principio, no fue partidario de la candidatura de Avellaneda y tampoco de la de Bartolomé Mitre, ya que simpatizaba con el doctor Manuel Quintana, de quien fue discípulo. Tampoco simpatizaba con la alianza gobernante en Corrientes, conocida como El Fusionismo, agrupación política que aglomeraba federales y sectores del liberalismo.

Al sumarse al Partido Liberal inició una intensa tarea de reconstrucción y unificación partidaria. El ambiente de la provincia para ese entonces estaba caldeado. El Argos cambió de tono, se volvió crítico a la gestión del gobernador Victorio Gelabert, remarcando sus errores aunque sin dejar de reconocerle sus aciertos.

Comenzó su carrera pública en Corrientes en 1875 a los 22 años, siendo nombrado fiscal de Estado, pasando luego a desempeñarse como asesor municipal y a la edad de 25 años fue nombrado ministro de gobierno. Cuando se acercaba la elección nacional, la provincia estaba dividida en el apoyo a dos candidatos: El gobernador Juan Vicente Pampín organizó todo para apoyar a Nicolás Avellaneda y Roberto Billinghurst gestionó el apoyo a Bartolomé Mitre. Finalmente Mantilla, a través de las páginas de El Argos, sostuvo el apoyo a la candidatura de Avellaneda (mientras que el diario La Esperanza apoyó la candidatura de Mitre). El 9 de julio de 1877 funda el periódico La Libertad. Al mismo tiempo, colaboró escribiendo en La Revista Universitaria de Buenos Aires, El Orden, El Constitucional; La Campaña de Corrientes; La Nación, La Tribuna; La Bandera Liberal de Buenos Aires; Las Cadenas y la Patria de Corrientes; asimismo redactó columnas en El Sudamericano y la Revista Nacional.

Tiempo después, ocupó el cargo de ministro general de gobierno, desde donde contribuyó a la organización del estado provincial durante el gobierno de Felipe J. Cabral en el año 1878, inaugurando en esa oportunidad el Consejo Provincial de Educación.

Casamiento y familia

El 11 de julio de 1878 contrajo matrimonio con Rosalía Pampín, hija del ex gobernador Juan Vicente Pampín y Ana Lagraña. Con 27 años, dio el salto a la escena nacional en 1880 al ser electo diputado de la Nación, pero con el estallido de la revolución de ese año el Congreso destituyó a los diputados de la mayoría que se resistieron a sesionar, entre ellos a Mantilla. Al regresar a Corrientes fue apresado y posteriormente desterrado hasta el año 1882. Durante este tiempo de prisión y alejamiento de la vida pública, se dedicó a escribir numerosos ensayos históricos y biográficos. A pesar de estos años de encarcelamiento y proscripción, su ánimo no decayó, lo que se puso de manifiesto cuando siendo ya senador de la Nación, afirmó: “Jamás caminé de rodillas ante los hombres”.

Como historiador e investigador escribió variadas obras, entre las que podemos destacar: “Narraciones”; “La Ciudad de Vera”; “Estudios biográficos sobre patriotas correntinos”; “Páginas históricas” y su obra cumbre “Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes”. Dejó también algunas obras inéditas como “Historia de los Regimientos Argentinos”. También escribió un sinnúmero de artículos, que se hallan esparcidos en revistas, periódicos y diarios. En 1884 fue designado jefe del Archivo General de la Nación, desempeñando ese cargo hasta 1893.

Si bien rechazó los reiterados ofrecimientos que se le hicieron para ser gobernador de su provincia, en el año 1894 aceptó su elección por la legislatura correntina para representar a Corrientes en la Cámara de Diputados de la Nación por un período de cuatro años, luego de la insistente presión de varios de sus amigos más cercanos.

Sobre su formación y estilo discursivo, afirma Ángel Acuña: “Si no era Mantilla un orador de tribuna popular porque la selección de su espíritu y lenguaje lo alejaba de los gustos de la multitud, aunque su palabra se encendía con el calor de la convicción y el sentimiento, es que resultó un perfecto orador parlamentario.”

El dr. Juan Balestra dijo respecto de él: “Mantilla era un constitucionalista formidable, acaso el que mejor exponía la materia en debates parlamentarios.” Con respecto a su gestión como diputado, dijo el dr. Drago: “Lejos del tipo corriente del diputado provinciano que sólo persigue ventajas para su terruño, con miras a la reelección, Mantilla fue realmente un legislador nacional. Según el viejo símil, el árbol no le impidió ver el bosque. Intervino con eficacia en los debates y concretó en proyectos de ley iniciativas de progreso. De su actuación en la Cámara se recuerdan entre otros discursos en que impugnó por ser inconstitucionales las leyes de impuestos internos.”

Su actividad intelectual fue vasta. Organizó el Museo Histórico; se vinculó a la Facultad de Filosofía y Letras desde su fundación en 1896, brindándole su apoyo hasta el día de su muerte; fue miembro fundador de la Junta de Historia y Numismática; miembro del Instituto Geográfico Militar, etc. Finalizado su mandato como diputado en el año 1898, fue nombrado senador nacional el 2 de mayo de ese mismo año por un período de 6 años. 

Ese mismo año, al asumir Julio Argentino Roca por segunda vez la presidencia de la República, le ofreció la cartera de Justicia y Educación, que Mantilla declinó por haber sido en el pasado adversario del flamante presidente y prefirió mantenerse fiel a sí mismo.

En 1901 se fundó la Junta de Historia y Numismática Americana, actual Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, siendo Mantilla uno de los miembros fundadores. Ocupó su cargo en el Senado de la Nación al lado de figuras relevantes como Bartolomé Mitre, Carlos Pellegrini, Bernardo de Irigoyen, Joaquín V. González y Miguel Cané. De su actuación como senador, afirma Drago: “Joven todavía, pues tenía cuarenta y cinco años, habló con autoridad de asuntos que conocía y fue escuchado con atención por un auditorio de hombres ilustres. En el recinto y en el seno de las comisiones ejerció una influencia benéfica en las funciones ejecutivas del Senado y participó en la discusión de las leyes más importantes de su tiempo.”

Sus iniciativas y comisiones fueron muchas, entre las que se puede destacar la ley Nº 3445, de creación de la hoy denominada Prefectura Naval Argentina, su defensa férrea de las autonomías provinciales, su lucha por los derechos inalienables a los que jamás deben renunciar las provincias y muchas otras. Por eso, el socialista Alfredo Palacios, en uno de sus discursos se refirió a Mantilla como “el gran senador federalista”. En 1903 fue designado por la Convención de Notables para ocupar el cargo de vicepresidente del futuro gobierno de Manuel Quintana, pero rechazó el nombramiento debido a sus diferencias con el sistema electoral. “La elección debe ser libre. La autoridad tiene en el acto electoral y antes, la misión de garantir la verdad del sufragio; y todo otro objeto que dé a sus facultades, es criminal. Será destituido todo empleado que directa o indirectamente se mezcle en la elección, ya sea en el trabajo como en el votar. El gobierno no ha sido establecido para provecho de los que mandan, sino para felicidad del pueblo”. 

“El mandatario es un comisionado del pueblo y le es rebelde, le es traidor, cuando en beneficio propio convierte el mando”. Su actuación descollante en el Senado le valió la reelección en 1904 por un período de nueve años, al que puso fin su muerte repentina el 17 de octubre de 1909. En 1905 ocurrió un curioso episodio con su maestro y amigo, el presidente Manuel Quintana, que pone de manifiesto hasta qué punto respetaba sus convicciones y el sentido honor y las virtudes cívicas. En cierta oportunidad el presidente llamó al doctor Mantilla para pedirle que reconsidere su voto en un proyecto de ley, alegando que bastaba su firma al pie de un proyecto, para que sus amigos la respetaran. Ante esta solicitud, Mantilla respondió: “De manera que, según usted, ante su firma ¿debemos inclinarnos siempre, pasando por todo, haciendo caso omiso de nuestras ideas, de nuestra conciencia, de nuestra tradición? Su firma vale mucho, sin duda; pero yo hombre, yo senador, tengo ideas, tengo convicción, tengo voluntad propia, y por ellas me dirijo; puedo declinar de ellas por deferencia al amigo, algunas veces, dentro de un margen de discreta tolerancia; pero no soy ni seré de los que digan a todo amén porque lleve al pie la firma de Manuel Quintana. Y si no fuese así, Usted no me apreciaría de verdad, no me tendría en el concepto de un hombre digno y de autoridad”.

Murió en plena madurez cuando podían esperarse de él nuevos e importantes servicios a la Nación y a su provincia, a la que tanto amó y a la que consagró un libro justamente alabado, la “Crónica Histórica de la Provincia de Corrientes”.

(Soporte genealógico: dr. Guillermo Macloughlin Beard)

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