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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

¡Con la nuestra no, Javier!

La visita del presidente Milei a Corrientes dejó mucha tela para cortar. En lugar de una conferencia partidaria, pareció un glosario de insultos y descalificaciones. No se reunió con el gobernador Valdés para tratar asuntos de Estado. Usó el avión presidencial para realizar una actividad privada. Un ejemplo vale más que mil palabras.

“Cuando alguien va a la mesa de uno y entra a hablar de honestidad, de moral y de ética, cuando se va hay que contar los cubiertos”

Carlos Saúl Menem

 

Un ejemplo vale más que mil palabras.

Por un día los correntinos fuimos centro de la movida nacional. Javier Milei vino, invitado por una fundación libertaria, a dar una conferencia. No pasó por la Gobernación, ni tan siquiera mantuvo una reunión con el gobernador Valdés para hablar de temas institucionales. Del aeropuerto al lugar de la conferencia, y de ahí, de regreso al aeropuerto.

Apenas tuvo el tiempo para un apresurado apretón de manos con el Gobernador y el Intendente, recibiendo un instrumento formal de bienvenida, y “chau picho”. De gestión gubernamental, cero.

Pero, la hora que le dedicó a la conferencia, más que una conferencia fue una colección de diatribas que hizo mucho ruido. No dejó títeres con cabeza con su verbo psicopático, dedicándole a cada uno calificativos insultantes de su inacabable colección. ¡Qué boquita, la de Milei!

¡Traidor!, ¡basura! para López Murphy; ¡nido de ratas!, ¡soretes! y ¡mierdas! para el Congreso y los legisladores; ¡organización criminal violenta! para el Estado. Lo que se dice, una pinturita digna de figurar en el libro prohibido de la academia de lenguas. Y es el Presidente.

Pero no fueron sólo las diatribas. Nuestro suelo guaraní fue escenario de algo más grave: los correntinos fuimos testigos directos de la careta que se desprende de las orejas de su portador y deja al descubierto su verdadera cara.

Milei construyó su poder aprovechando el hartazgo social contra una clase política sin respuestas. Prometió cambiar todo, no sólo el sistema político, también erradicar de cuajo la corrupción en el manejo de los bienes del Estado.

Pero, lo peor que puede hacer un gobernante con su sociedad es subestimarla, tenerla por ingenua, por poco inteligente, capaz de tragar cualquier anzuelo con tal que esté almibarado con los condimentos especiales.

Entonces, si los que les prometieron algo distinto, terminar con lo viejo, pero sobre todo instalar una ética diferente en los asuntos públicos, comienzan a mostrar las viejas hilachas bajo las flamantes vestiduras, estamos mal: el famoso “doble discurso”, el viejo pero no menos certero dicho: “haz lo que yo digo…”.

Tal cual está demostrado más arriba, la visita de Milei fue privada. No debía, entonces, legalmente, y menos éticamente, utilizar los bienes y el dinero del Estado para ello. No olvidar que apenas hace unos días, el gobierno nacional criticó duramente al gobernador de Córdoba por utilizar el avión de la provincia.

Un preocupado representante de la fundación anfitriona, contó por los medios que “no teníamos para pagarle ni siquiera los pasajes a Milei. Me respondió que él se los pagaba y vino a dar la charla".

Resulta que no fue así. Para una conferencia de su sector político, Milei vino en el avión del Estado, el Tango 11, un Lear Jet 60SE, el último adquirido para la flota presidencial, cuyo viaje tiene un costo aproximado a los veinte mil dólares. El mismo tramo, para Milei y sus tres acompañantes, le hubiera salido 800 dólares ida y vuelta, en vuelo regular por Aerolíneas Argentinas.

El vocero presidencial, Manuel Adorni, para justificar lo injustificable, balbuceó un argumento: “Se aprovechó el viaje para cumplir con las horas de vuelo que debe cumplir el avión”, demostrando una vez más que el silencio es el mejor método cuando no se tiene algo válido para decir.

Días pasados, el periodista piloto Antonio Laje, con motivo de la misma justificación de una legisladora cordobesa respecto al uso del avión provincial cordobés, dejó en claro: “No nos tomen de idiotas. No existe la obligación de un avión de volar determinada cantidad de horas”.

Adorni, ¡escúcheme!: ser provincianos no significa ser tontos. Javier Milei, en su viaje particular a Corrientes, utilizó el avión oficial indebidamente, y punto. Eso le reportó al Estado, es decir a nosotros, más de veinte veces lo que un vuelo de línea, y no fue de la “suya”, como expresión del glosario mileísta, sino de la “nuestra”. Y si no, pregúnteselo a Antonio Laje.

Manuel Adorni, un economista devenido a vocero presidencial, pretende emular al Dibu atajando penales en las conferencias de prensa oficiales. Pero no los ataja, se los mete él solo. Si no, vea el caso correntino o el de la fábrica kirchnerista de dengue. Con estos amigos, para que quiero enemigos. Tal vez Milei esté pensando en poner de vocero a Verbistky.

Chanzas aparte, el presidente está comenzando a mostrar pequeñas corruptelas que desmerecen y desacreditan el mensaje contra la corrupción kirchnerista. Se empieza por lo pequeño. Lo peor es que la gente pierda credibilidad en Milei, porque allí sí que es el comienzo del fin.

“La casta política son los otros”, parece ser el lema mileísta del doble discurso. Su partido político, por poner ejemplos, no rindió en tiempo y forma los fondos estatales de campaña electoral de 2021, utilizó los pasajes gratuitos de la Cámara de Diputados para fines políticos y charlas pagas antes de ser presidente, y es acusado como plagiador serial de libros y artículos ajenos. Pequeñas corruptelas.

Pese a su retórica anti-estado, La Libertad Avanza, de acuerdo con su propia declaración sobre la segunda vuelta presidencial, financió sus gastos electorales con cuatrocientos millones de pesos del Estado y cuarenta millones de aporte privado.

Algunos de mis lectores tal vez piensen que el uso del avión presidencial para un fin privado, es de baja significancia económica en relación a las cuantiosas sumas que se malversaron del erario en épocas recientes.

Es que allí está el asunto. En primer lugar, la moral individual y la ética pública no dependen de la envergadura del hecho. Pequeño o grande, es un reflejo del interior del individuo.

En segundo lugar, un gobierno que hace de la crítica a los demás el puntal casi principal de su gestión, debe cuidarse particularmente de no dejar cabos sueltos que demuestren que su discurso es una farsa, sólo para consumo de una masa acrítica de fanáticos.

A pesar de todo, el sustento principal de la gestión presidencial parece ser el residuo de credibilidad pública que conserva. Con medidas duras en lo económico, “no hay plata”, el sacrificio social sólo podrá mantenerse, a duras penas, con ejemplos que se formulen de arriba hacia abajo.

Si no, aunque se trataran de monedas, del uso de un avioncito de la flota presidencial para fines privados, o de la discordancia entre lo que se dice y se hace, no debe olvidarse que, si duro es mantener el sacrificio sin ver la luz al final del túnel, hacerlo sin ejemplos ni justicia es imposible.

Pero, que quede claro, no le estoy pidiendo al Club de la Libertad que vaya a contar los cubiertos. No.

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