Sabado 13de Abril de 2024CORRIENTES24°Pronóstico Extendido

Dolar Compra:$845,5

Dolar Venta:$885,5

Sabado 13de Abril de 2024CORRIENTES24°Pronóstico Extendido

Dolar Compra:$845,5

Dolar Venta:$885,5

/Ellitoral.com.ar/ Opinión

La vida en tiempos de Milei

     

            Si hay un término que define de modo más abarcativo la gestión libertaria, ese término es "sinceramiento".

            Es lo que está logrando el método de Milei, al desregular todo el funcionamiento social, especialmente el económico, correr el velo de las apariencias, desnudarnos en nuestra verdadera condición.

           Nos ha colocado frente al espejo, donde nos podemos ver sin los filtros que distorsionaron nuestra propia percepción durante tanto tiempo. Somos nosotros mismos, sin maquillaje, con la crudeza de ver en carne viva aquello que somos y no lo que nos quisieron hacer creer que somos.

            El kirchnerismo nos dejó una foto:  un puñado de ricos, una clase media cada vez más raleada y una pobreza espantosa fruto de muchos años de reparto hambreador.

           El espejo libertario nos devuelve la imagen de una sociedad, la nuestra   cada vez más deteriorada. Podemos ver a cada chancho en su estaca. El pobre en la  de los que apenas comen, los de clase media con ínfulas de ricos, en la  de los que luchan para impedir su propia proletarización, los ricos, eso sí,   siempre en la de la abundancia.

           Nos muestra que no somos iguales, que la dádiva solo profundiza las diferencias, que cada uno debe arreglárselas solo, labrar su propio destino y que no habrá de aquí en adelante un papá estado que se preocupe por esas minucias de la justicia social, porque la solidaridad es un cliché de los zurdos. Lo es?

           La verdad, Milei vino a gritarnos que somos una sociedad pobre, o empobrecida que al final es lo mismo. Vino a colocarnos a cada uno en el lugar que debemos estar, que la ilusión de creernos más de lo que somos o más de lo que tenemos, es eso, una ilusión, abonada por el colectivismo.

                Que los que nunca tuvieron que escoger su dieta por el costo, hoy tengan que hacerlo. El pollo es más barato que la carne. Que los que solo podían optar por los alimentos más baratos (fideos o polenta todo el año), hoy estén mirando hacia los comedores comunitarios. Que los que ya comían en comedores, hoy no sepan si los mismos seguirán funcionando.

                 Que los que tomaban los productos de la góndola sin mirar el precio, hoy estén haciendo un curso acelerado de economía comparativa, y los que sí miraban  los precios, hoy ya ni siquiera miren las góndolas.

                       Que gran parte de la clase media que se quejaba por el costo de la vida, hoy batan el parche festejando el "no hay plata", los despidos de empleados públicos y la licuación en los haberes de los jubilados.

                       Que los que se movilizan en Mercedes, Land Rover o Audi, hoy estén pensando en actualizar el modelo. Distinto a los que se mueven en más modestos Renault, Volkswagen o Chevrolet, que hoy piensen en dejarlos aparcados y tomar el transporte público o caminar (que es salud, dicho sea de paso).

                       Que los que se manejaban en colectivo o motocicletas,  hoy estén calculando la distancia a pie de sus trabajos o de la escuela de sus hijos.

                      Que los que careteaban todo el mes en Punta del Este, hoy les baste una semanita en Mardel y los que se mojaban los pies en los arroyitos de Carlos Paz, hoy estén bajo la sombrilla en el patio de su casa.

                      Que los que se adueñaron de la calle durante tanto tiempo, condenando a los ciudadanos comunes a no poder circular, hoy estén encerrados en los corralitos de Bullrrich, quedando la vía pública para llegar al trabajo,  la escuela o la casa.

                       Que es mejor el viento caliente del ventilador que el fresquito del aire acondicionado, y si no lo es, por lo menos  no se transpira tanto para pagar la luz.

                        Que los que nos acostumbramos a la comodidad de los precios regulados, hoy tengamos que gastar las suelas para encontrar las ofertas.

                        Que los habituados a los márgenes exagerados,  hoy empiecen a pensar en bajar precios para poder vender. Aunque todavía haya los que, acuerdo espurio mediante, sigan disfrutando de la gestión monopólica. 

                      Tal vez el mayor mérito de Milei es despertarnos del sueño populista, ese que nos hace vivir por encima de nuestras posibilidades,  que nos hace gastar más de lo que dan nuestros recursos reales,  que nos hace esperar en casa la dádiva populista en lugar de buscar en la calle el trabajo que dignifica.

                        Esto es lo que propone Milei, con sus más y sus menos, conocernos a nosotros mismos a través de la implacable imagen que nos devuelve el espejo libertario.

                         La cuestión es que reconocernos y reconocer nuestra circunstancia, no es un paso al pesimismo conformista,  sino la puerta de entrada hacia el propósito de cambiar y superarnos. 

                        Así como la precondición del conocimiento es reconocernos ignorantes (Sócrates, solo sé que no se nada), saber nuestras debilidades es el primer paso para superarlas.

                     Por ello, la verdad es la del futuro, no la del pasado, es la que vamos a construir hacia adelante.

            “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, dice Serrat. Claro que poco tiene que ver el gran catalán con el abuso de su frase hasta convertirla en un lugar común que, más que abrir caminos, los clausura con el peso de lo inmodificable, casi como una sugerencia de rendirse antes de luchar.

            Nunca es sólo triste la verdad. Puede ser triste, tristísima, desoladora. Pero también venturosa, esperanzadora, inquietante, indignante, reveladora.

           Que la vida en los tiempos de Milei no sea sólo la foto de este presente dramático sino la película que muestra el tránsito hacia un futuro prometedor. Será?

¿Te gustó la nota?

Ocurrió un error

Comentarios