La máxima propuesta que puede hacer Corrientes para promover el turismo piscatorio, es la pesca deportiva del dorado. Sin embargo, el pez sigue siendo víctima de feroz depredación en los pesqueros correntinos, aunque la mayor depredación siempre ha sido la nefasta influencia de los burócratas sobre la “administración” del grandioso tesoro que significa para la Provincia la pesca deportiva de dicho pez.
Toda administración faunica debe ser solvente por medios propios. Imitar lo ajeno no siempre es bueno. En una provincia argentina, no recuerdo cuál, estalló un método de pesca deportiva al que se llamó “pesca y devolución”. Por efecto mediático, también se aplicó en Corrientes, sin saber a ciencia cierta, si era apropiado para nuestros pesqueros, en función de la variedad y calidad de especies. Parece que es aplicable solamente para la pesca deportiva, porque, digo, los malloneros no hacen “pesca y devolución” con el dorado.
Desde la vigencia de “pesca y devolución”, los torneos piscatorios del dorado, pacú, surubí, etc. se realizan todos sin fijar ninguna medida para la extracción de los peces. Lo mis-mo da pescar un pez de 10 centímetros de longitud que otro de 70 centímetros. Todo se computa; no hay límites de longitud mínima ni máxima.
Si bien a un pez chiquito o chiquitito se lo devuelve al río, antes fue computado como pieza válida lo que la ley no convalida. Está prohibido por ley y por ética capturar peces que no tengan la longitud mínima reglamentaria. Por respeto a su propia honra, un real cultor de la pesca deportiva no de-bería sumar puntos en torneos pescando, amparado en la de-volución, pececitos bebés, habida cuenta que para ello no ne-cesita de arte ni de pericia.
Hacer pesca y devolución de pececitos es violación a la ley, falta de ética y es conducta aberrante. No es lo mismo pescar un doradito de 100 gramos que otro de 5 kilos (tamaño lícito). Para pescar al primero se necesita un mojarrero. Para el segundo se necesita, además del elemento de pesca idóneo, arte y destreza, la misma con la cual el de 5 kilos puede salvar su vida o librarse del anzuelo. En lo expuesto está la esencia que debe primar en toda pesca deportiva. ¿Por qué ignorarla en los torneos que se realizan en “homenaje” al dorado, surubí, pacú, etc.? “Pesca y devolución” de un pececito válido para el pesaje es vergonzoso y criminal, porque es desver-güenza para el pescador y peligro de muerte para el pececito.
La característica más sobresaliente del dorado es su bravura para zafarse del anzuelo; para el pescador es una lucha ética que pone a prueba su hidalguía para vencer o perder dignamente.
Toda “festividad en homenaje” a un pez de nuestra fauna hídrica, debería exaltar la grandiosidad del legado que la Naturaleza dejó en Corrientes en grado superlativo, en diversidad, calidad y cantidad de especies.
Entre éstas, el dorado, pez que con su brillantez maravilló al mundo de la pesca deportiva, menos al pueblo y a sus gobiernos.