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Sabado 24de Agosto de 2019CORRIENTES19°Pronóstico Extendidoclima_sol_noche

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16 de agosto

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Por Juan Carlos Raffo

Corría el año 1869... y regresan “las Cautivas” después de cuatro años, cuatro meses y cinco días de cautiverio. Las cuatro sobrevivientes y los dos niños volvían sanos y salvos. 
En el rústico atracadero de madera, llamado “La Casillita”, para el control de tráfico de cabotaje (hoy la Punta Mitre), desembarcaron en Corrientes. En un gesto verdaderamente religioso y en el más absoluto silencio, oraban a la Virgen de la Merced, cuya protección habían solicitado en todo momento estando en cautiverio. 
El templo de la Merced, patrona de esta ciudad fue la meta hacia donde se dirigieron para agradecer.
Avanzaron descalzas en medio del silencio solemne y homogéneo de sus acompañantes. Cuentan los historiadores que frente al altar de la Virgen cayeron de rodillas y en reverente devoción, y comenzaron a rezar. 
Luego fue el turno de los reencuentros con hijos, esposos, hermanos y amigos. Cristianamente reconfortadas, abandonaron el templo y retornaron al seno de sus hogares, donde se enclaustraron de por vida y jamás salieron de las cuatro paredes de sus casas.

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16 de agosto

Por Juan Carlos Raffo

Corría el año 1869... y regresan “las Cautivas” después de cuatro años, cuatro meses y cinco días de cautiverio. Las cuatro sobrevivientes y los dos niños volvían sanos y salvos. 
En el rústico atracadero de madera, llamado “La Casillita”, para el control de tráfico de cabotaje (hoy la Punta Mitre), desembarcaron en Corrientes. En un gesto verdaderamente religioso y en el más absoluto silencio, oraban a la Virgen de la Merced, cuya protección habían solicitado en todo momento estando en cautiverio. 
El templo de la Merced, patrona de esta ciudad fue la meta hacia donde se dirigieron para agradecer.
Avanzaron descalzas en medio del silencio solemne y homogéneo de sus acompañantes. Cuentan los historiadores que frente al altar de la Virgen cayeron de rodillas y en reverente devoción, y comenzaron a rezar. 
Luego fue el turno de los reencuentros con hijos, esposos, hermanos y amigos. Cristianamente reconfortadas, abandonaron el templo y retornaron al seno de sus hogares, donde se enclaustraron de por vida y jamás salieron de las cuatro paredes de sus casas.