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Autovía: crece el riesgo de paralización por falta de avances en las expropiaciones

La Nación no inició los trámites administrativos y en caso de hacerlo el plazo es incierto y aumentaría el presupuesto. Leves cambios en el  proyecto resolverían las trabas, pero por el momento hay una negativa rotunda por parte de las autoridades.
 

Cambios. La duplicación de la calzada avanzó sólo en los lugares donde no hay que expropiar.
Trabas. En ciertos sectores, la obra no puede avanzar porque el Estado no hizo algunas adecuaciones pluviales.
Ritmo. Sigue la intervención en la zona de la rotonda, uno de los pocos frentes posibles hasta que se resuelvan cuestiones administrativas.

La autovía que unirá Riachuelo con Santa Ana debería estar terminada en abril de este año pero, a pesar de algunos avances, la obra se encuentra demorada y con un serio riesgo de paralización por cuestiones administrativas. Es que, existen varios temas que Nación debe resolver y ante la falta de definiciones, comienza a agotarse el tiempo y los trabajos que pueden ejecutar se por el momento. 
De esta manera, emerge de manera concreta la posibilidad de que los trabajos queden truncos cuando aún no se llegó siquiera al 20% de la intervención, advirtiéndose una casi inminente paralización.
Tal como publicó El Litoral en octubre del año pasado, el principal escollo sigue siendo el proceso de expropiaciones. En un amplio tramo de la autovía, unos ocho kilómetros, el proyecto establece la necesidad de expropiar entre 5 y 7 metros a cada lado de la ruta para instalar desagües. A casi dos años del inicio de las primeras tareas, esta cuestión aún no está resuelta y, en caso de iniciarse el plazo es incierto y aumentaría el presupuesto. Para que las obras avancen tal como establece el proyecto y se puedan construir las calzadas colectoras, es necesaria la liberación de la zona con continuidad.
Por ello, se aguarda una respuesta tras una presentación formal realizada ya en la gestión anterior que plantea la posibilidad de ejecutar las obras sin necesidad de utilizar porciones de terrenos extra que impliquen negociar con los propietarios, con el riesgo además de que la cuestión deba resolverse judicialmente. De esta manera, para acelerar el proceso, existe la opción de que el ancho de la autovía sea en toda su extensión de 70 metros, sin complicar la circulación ni el escurrimiento del agua cuando llueve. Además, implicaría reducir costos al Estado nacional, que debe hacerse cargo de las expropiaciones en un contexto económico complicado e incierto. 
A la situación de incertidumbre y demoras administrativas se sumó el cambio de autoridades a nivel nacional el mes pasado, muchas de las cuales incluso recién asumieron en los últimos días. Ante la falta de definición de las expropiaciones y la negativa rotunda de generar cambios en el proyecto original, surge el temor de que la obra pueda paralizarse, ya que en los últimos meses hubo incluso una disminución en el ritmo de los trabajos a la espera de respuestas oficiales.
Las expropiaciones son la principal dificultad, pero existen también otros escollos que la obra deberá sortear para poder desarrollarse con normalidad y sin contratiempos. Hay adecuaciones menores que deben tenerse en cuenta para darle continuidad a las tareas, sin ignorar los cambios que sufrió la ciudad en los cinco años que tiene ya el proyecto licitado que se está ejecutando.
Entre los ajustes necesarios pueden mencionarse algunas cuestiones pluviales  para avanzar con las colectoras, al menos en algunos tramos específicos. El canal 4  que pasa cerca del campus universitario es uno de ellos, aunque existen también otros que causan complicaciones como ser la zona de Río Chico y de La Pepiniere. 
En la zona del aeropuerto Piragine Niveyro no avanzaron aún con las colectoras también por cuestiones administrativas y técnicas, ya que hay equipamiento específico que se encuentra en cercanías del alambrado. Según las normativas vigentes de la Anac, esto obliga a adecuar el proyecto.
En tanto, frente al ingreso a Santa Ana, hay una sala de atención de la salud que debe ser reubicada. Para ello, tendrán primero que construir una nueva en un lugar a designar por la Provincia, para luego poder demoler la estructura actual que se encuentra en la zona de camino de lo que será la nueva vía de cuatro carriles.

Alternativa
Para sortear el obstáculo de las expropiaciones sin utilizar terrenos linderos, podría avanzarse en una modificación del proyecto original, que mantendría los puentes, cruces, rotondas y la traza general de la obra, adecuando sólo algunas cuestiones pluviales. De esta manera, en vez de desagües a la vera del camino, podrían construir en todo el tramo una cuneta entre la calzada principal y la colectora por donde escurriría el agua de lluvia, evitando anegamientos. Así, toda la autovía mantendría un ancho de 70 metros.
Sin las expropiaciones, se achica el gasto no sólo por no tener que pagarle a los propietarios, sino también porque se evita el corrimiento de algunas estructuras edilicias como viviendas y de infraestructura existentes de servicios como ser tendidos de energía eléctrica, fibra óptica, redes de agua y alambrados que deberían ser reubicados. 
Estiman que hasta el momento la obra se encuentra en un 20% de ejecución, aunque en realidad se trata de un trabajo discontinuado, algo que encarece la construcción e impide la puesta en servicio de lo que ya se realizó. Sin posibilidades de intervenir en varios kilómetros de la Ruta 12, los trabajadores realizan tareas en los sectores donde pueden y a un ritmo menor que el esperado. Así, en la rotonda de la Virgen de Itatí y cerca del cruce con Maipú hubo ciertos avances, pero en no más de dos meses habrán terminado, sin tener la posibilidad de continuar en otros trayectos por las trabas administrativas mencionadas.
El proyecto de la autovía Travesía Urbana tiene cinco años y, en este tiempo, hubo algunos cambios urbanos que también ameritarían ajustes al proyecto. Entre otras cuestiones puede mencionarse el crecimiento de los barrios cerrados en diferentes zonas cercanas a la ruta, que fueron cambiando la fisonomía de toda la zona de influencia de la obra, sobre todo en los drenajes de las lagunas. Aunque se construyó el túnel liner, especialistas advierten que resulta necesaria una nueva alcantarilla para que el escurrimiento sea óptimo. 
En tanto, en este tiempo se desarrollaron otros proyectos que se llevarían a cabo en el corto o mediano plazo, y que también impactarán en todo el sector rutero. Entre ellos puede mencionarse la duplicación de la calzada de la Ruta 5, la continuación de la avenida Alfonsín y algunas intervenciones pluviales enmarcadas en el plan hídrico. 

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Autovía: crece el riesgo de paralización por falta de avances en las expropiaciones

La Nación no inició los trámites administrativos y en caso de hacerlo el plazo es incierto y aumentaría el presupuesto. Leves cambios en el  proyecto resolverían las trabas, pero por el momento hay una negativa rotunda por parte de las autoridades.
 

La autovía que unirá Riachuelo con Santa Ana debería estar terminada en abril de este año pero, a pesar de algunos avances, la obra se encuentra demorada y con un serio riesgo de paralización por cuestiones administrativas. Es que, existen varios temas que Nación debe resolver y ante la falta de definiciones, comienza a agotarse el tiempo y los trabajos que pueden ejecutar se por el momento. 
De esta manera, emerge de manera concreta la posibilidad de que los trabajos queden truncos cuando aún no se llegó siquiera al 20% de la intervención, advirtiéndose una casi inminente paralización.
Tal como publicó El Litoral en octubre del año pasado, el principal escollo sigue siendo el proceso de expropiaciones. En un amplio tramo de la autovía, unos ocho kilómetros, el proyecto establece la necesidad de expropiar entre 5 y 7 metros a cada lado de la ruta para instalar desagües. A casi dos años del inicio de las primeras tareas, esta cuestión aún no está resuelta y, en caso de iniciarse el plazo es incierto y aumentaría el presupuesto. Para que las obras avancen tal como establece el proyecto y se puedan construir las calzadas colectoras, es necesaria la liberación de la zona con continuidad.
Por ello, se aguarda una respuesta tras una presentación formal realizada ya en la gestión anterior que plantea la posibilidad de ejecutar las obras sin necesidad de utilizar porciones de terrenos extra que impliquen negociar con los propietarios, con el riesgo además de que la cuestión deba resolverse judicialmente. De esta manera, para acelerar el proceso, existe la opción de que el ancho de la autovía sea en toda su extensión de 70 metros, sin complicar la circulación ni el escurrimiento del agua cuando llueve. Además, implicaría reducir costos al Estado nacional, que debe hacerse cargo de las expropiaciones en un contexto económico complicado e incierto. 
A la situación de incertidumbre y demoras administrativas se sumó el cambio de autoridades a nivel nacional el mes pasado, muchas de las cuales incluso recién asumieron en los últimos días. Ante la falta de definición de las expropiaciones y la negativa rotunda de generar cambios en el proyecto original, surge el temor de que la obra pueda paralizarse, ya que en los últimos meses hubo incluso una disminución en el ritmo de los trabajos a la espera de respuestas oficiales.
Las expropiaciones son la principal dificultad, pero existen también otros escollos que la obra deberá sortear para poder desarrollarse con normalidad y sin contratiempos. Hay adecuaciones menores que deben tenerse en cuenta para darle continuidad a las tareas, sin ignorar los cambios que sufrió la ciudad en los cinco años que tiene ya el proyecto licitado que se está ejecutando.
Entre los ajustes necesarios pueden mencionarse algunas cuestiones pluviales  para avanzar con las colectoras, al menos en algunos tramos específicos. El canal 4  que pasa cerca del campus universitario es uno de ellos, aunque existen también otros que causan complicaciones como ser la zona de Río Chico y de La Pepiniere. 
En la zona del aeropuerto Piragine Niveyro no avanzaron aún con las colectoras también por cuestiones administrativas y técnicas, ya que hay equipamiento específico que se encuentra en cercanías del alambrado. Según las normativas vigentes de la Anac, esto obliga a adecuar el proyecto.
En tanto, frente al ingreso a Santa Ana, hay una sala de atención de la salud que debe ser reubicada. Para ello, tendrán primero que construir una nueva en un lugar a designar por la Provincia, para luego poder demoler la estructura actual que se encuentra en la zona de camino de lo que será la nueva vía de cuatro carriles.

Alternativa
Para sortear el obstáculo de las expropiaciones sin utilizar terrenos linderos, podría avanzarse en una modificación del proyecto original, que mantendría los puentes, cruces, rotondas y la traza general de la obra, adecuando sólo algunas cuestiones pluviales. De esta manera, en vez de desagües a la vera del camino, podrían construir en todo el tramo una cuneta entre la calzada principal y la colectora por donde escurriría el agua de lluvia, evitando anegamientos. Así, toda la autovía mantendría un ancho de 70 metros.
Sin las expropiaciones, se achica el gasto no sólo por no tener que pagarle a los propietarios, sino también porque se evita el corrimiento de algunas estructuras edilicias como viviendas y de infraestructura existentes de servicios como ser tendidos de energía eléctrica, fibra óptica, redes de agua y alambrados que deberían ser reubicados. 
Estiman que hasta el momento la obra se encuentra en un 20% de ejecución, aunque en realidad se trata de un trabajo discontinuado, algo que encarece la construcción e impide la puesta en servicio de lo que ya se realizó. Sin posibilidades de intervenir en varios kilómetros de la Ruta 12, los trabajadores realizan tareas en los sectores donde pueden y a un ritmo menor que el esperado. Así, en la rotonda de la Virgen de Itatí y cerca del cruce con Maipú hubo ciertos avances, pero en no más de dos meses habrán terminado, sin tener la posibilidad de continuar en otros trayectos por las trabas administrativas mencionadas.
El proyecto de la autovía Travesía Urbana tiene cinco años y, en este tiempo, hubo algunos cambios urbanos que también ameritarían ajustes al proyecto. Entre otras cuestiones puede mencionarse el crecimiento de los barrios cerrados en diferentes zonas cercanas a la ruta, que fueron cambiando la fisonomía de toda la zona de influencia de la obra, sobre todo en los drenajes de las lagunas. Aunque se construyó el túnel liner, especialistas advierten que resulta necesaria una nueva alcantarilla para que el escurrimiento sea óptimo. 
En tanto, en este tiempo se desarrollaron otros proyectos que se llevarían a cabo en el corto o mediano plazo, y que también impactarán en todo el sector rutero. Entre ellos puede mencionarse la duplicación de la calzada de la Ruta 5, la continuación de la avenida Alfonsín y algunas intervenciones pluviales enmarcadas en el plan hídrico.