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Los humedales del Iberá en la visión del New York Times

El regreso de los jaguares a la Argentina y principalmente a Corrientes mereció una amplia cobertura por parte del diario norteamericano, que realizó un relato del desafío encarado por la Fundación Rewilding Argentina. 

The New York Times brindó una amplia cobertura sobre los humedales del Iberá titulada: “Estamos reparando el daño que hemos hecho: el regreso de los jaguares en Argentina”. El informe se centra en la reintroducción de jaguares al ecosistema y cuenta con declaraciones de Sebastián Di Martino, biólogo que supervisa los proyectos de conservación en la Fundación Rewilding Argentina.

“El retorno del principal depredador a los humedales del Iberá podría restaurar la salud de todo un ecosistema.  Pero lograr que cinco felinos, con un pasado problemático, cacen y se apareen no es fácil”, dice en su primera parte el informe que lleva la firma de Ernesto Londoño.

“Tenían un gran trabajo por delante: fueron seleccionados como los primeros jaguares que serían reintroducidos en los humedales de Argentina después de más de siete décadas de ausencia. Pero era un grupo problemático.

Tobuna venía de un zoológico argentino y estaba gorda y letárgica, en el ocaso de su vida reproductiva. Su hija, Tania, estuvo en el mismo zoológico, pero permanecía oculta, porque un tigre mutiló una de sus piernas cuando era una cachorra.

Nahuel requirió un trabajo dental personalizado para aliviar un dolor de muelas exasperante que hacía que siempre estuviera gruñón, y sin humor para aparearse.

También estaba Jatobazinho, quien en 2017 llegó a una escuela rural en el vecino Brasil, severamente deshidratado y hambriento, después de haber perdido la capacidad de valerse por sí mismo en una región donde las tierras de cultivo anualmente devoran cada vez más los territorios de la selva.

“Todos tenían historias un poco traumáticas”, dijo Sebastián Di Martino, biólogo que supervisa los proyectos de conservación en la Fundación Rewilding Argentina, una iniciativa para restaurar la salud de los ecosistemas del país mediante la reintroducción de especies que han sido aniquiladas por la actividad humana.

Pero en el difícil negocio de la cría, donde conseguir animales reproductores a menudo es costoso y fastidioso desde el punto de vista logístico, los mendigos no pueden elegir.

Así que Di Martino estaba emocionado de tener a todos los jaguares para la fase más desafiante de un proyecto de un año que busca crear vastos santuarios de la vida silvestre en Chile y Argentina.

Para estos imperfectos jaguares que, en su mayoría, provenían de zoológicos, el esplendor de su nuevo hogar, el Parque Nacional Iberá, debió parecerles un paraíso lleno de presas.

En una visita reciente, las manadas de monos aulladores parecían acróbatas mientras se balanceaban de un árbol a otro, y gritaban ruidosamente. Los ciervos de los pantanos y los capibaras pastaban plácidamente, mientras las cigüeñas volaban por encima.

Los jaguares no son los únicos carnívoros del parque. Cuando los kayakistas reman por arroyos estrechos, deben navegar alrededor de estoicos caimanes, que absorben los rayos menguantes de la tarde”.

Más adelante, explica que “Di Martino lidera un grupo de docenas de biólogos, veterinarios y voluntarios que en los últimos años han pasado incontables horas persuadiendo a los jaguares para que se apareen, desde una distancia segura y respetuosa.

Antes de ser liberados en la naturaleza, los jaguares se mantienen en corrales grandes y cerrados donde sus habilidades de caza y excitación sexual son monitoreadas por una red de cámaras de seguridad.

Alcanzar el estado de ánimo adecuado para que los jaguares se apareen requiere un cortejo largo y complicado”. Y concluye que “Si les va bien, Iberá podría albergar a una población de unos 100 jaguares en las próximas décadas.

“Estamos reparando el daño que hemos hecho y se siente muy bien empezar a ver resultados”, dijo. “Estamos trabajando para que nuestros trabajos desaparezcan, pero eso es algo bueno”.

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