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Escarabajo: una historia de expiación

Pergeñado como parte de la estratagema nazi para seducir a las clases proletarias, el escarabajo fue rescatado por los aliados al finalizar la guerra. A fuerza de carisma, confiabilidad y marketing cinematográfico, su pasado oscuro fue eclipsado por el cariño de incontables admiradores. 

Por José Luis Zampa

¿Puede un instrumento político del régimen más sanguinario de la historia moderna convertirse en un símbolo de libertad, capaz de inspirar el afecto mutuo entre miles de personas? Puede. Hablamos del escarabajo, un autito modesto, sin grandes prestaciones pero con un inigualable carisma, surgido de los tableros del genial Ferdinand Porsche, a instancias del líder del Tercer Reich, Adolf Hitler.

La idea inicial era concebir un auto popular que permitiera a las masas proletarias acceder a la motorización propia. Algo parecido a lo que había logrado 30 años antes el industrial norteamericano Henry Ford con su icónico “Model T”, pero con una diferencia: en este caso el vehículo era parte de un plan expansionista que, a fuerza de discriminación, muerte y dominación bélica, intentaría multiplicar por toda Europa el ideal de la superioridad aria.

Entre las herramientas que Hitler elucubró para ganar legitimidad estuvo el bienestar económico del pueblo alemán, que habría de contar con un automóvil destinado a la familia, ya sea para fines laborales o de esparcimiento. Fue con esa propuesta que el canciller nazi contactó a Porsche, por entonces cabeza de una simple oficina de diseño en su Austria natal.

Ferdinand tomó entusiasmo de inmediato y se puso a trazar los primeros bocetos en 1934, mientras Hitler se involucraba con el proyecto al punto de presentar sus intenciones en el Salón del Automóvil de Frankfurt, donde tres años más tarde se mostraría al mundo el prototipo llamado con el estrafalario nombre de “Kraft Durch Freude” (traducido como “Fuerza a través de la alegría”).

Pero su bien fue un instrumento de la demagogia, el Escarabajo (que por ese entonces no llevaba esa denominación) no llegó a ser el auto del pueblo que Hitler soñaba. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, provocado por el nazismo con la invasión a Polonia en septiembre de 1939, detuvo la producción civil del modelo.

En vez del auto con su característica silueta ovalada, en la planta de Wolfsburg se produjo a gran escala su versión militar, el Kubelwagen, un multipropósito con la misma plataforma de la versión civil pero con aptitudes todo terreno. Y no fue una casualidad. Según el historiador Wolfram Pyta, el “hermano” bélico del Escarabajo estuvo pactado de un principio en el acuerdo sellado entre Porsche y Hitler.

Pasaron los años, transcurrió el horror de la guerra y finalmente Hitler fue derrotado. Los aliados se repartieron la administración de Alemania y la planta de Wolfsburg, la ciudad alemana donde se fabricaron los primeros Volkswagen (que traducido literalmente quiere decir “auto del pueblo”) recayó en manos británicas con la finalidad inicial de una liquidación de bienes y posterior demolición de las instalaciones, pues los nazis habían fabricado armas en el lugar.

El encargado de conducir el proceso final fue el ingeniero militar Iván Hirst, de tan solo 28 años. El punto es que al llegar, pese a la ruina circundante causada por los bombardeos, el mayor Hirst observó el potencial de la fábrica y conoció a un puñado de obreros hambrientos que expresaron voluntad de recuperar la finalidad original de la fábrica. Para convencerlo, montaron en pocos días dos unidades de Escarabajo con piezas rescatadas de los escombros.

Al ver el entusiasmo de aquellos sobrevivientes, Hirst convenció a sus superiores de resucitar oficialmente la línea de producción. El costado económico era un argumento sólido, pues se trataba de proporcionar a la Europa de posguerra medios de movilidad económicos y eficaces. Y el Escarabajo se prestaba para tales fines, en especial con su motor refrigerado por aire capaz de superar las peores condiciones en el desierto norafricano (allí el recordado general Rommel se sirvió de ese medio mecánico para cumplir con sus expediciones).

Lo que viene es conocido. El 27 de diciembre de 1945, después de rescatar bombas no detonadas de su línea de montaje, la planta de Wolfsburg comenzó a fabricar el “auto del pueblo”. Es decir, el primer Volkswagen, vocablo que de esa manera pasaba a convertirse en la marca automotriz que produciría el modelo más exitoso de todos los tiempos, con la fabricación de alrededor de 22 millones de unidades hasta 2004.

El Escarabajo, llamado así por su semejanza con un coleóptero, atravesó un proceso de expiación que lo convirtió en un símbolo juvenil en la era del “Flower Power”. Para ello contribuyó el marketing positivo de Hollywood, que creó a Herbie, también conocido como “Cupido Motorizado”. La bondad que caracterizaba a aquel Escarabajo celestino lo convirtió en su momento en el auto más querido de la pantalla grande, con cuatro películas de la saga original y varias remakes más recientes.

El auto concebido por la demagogia nazi para seducir a las clases trabajadoras, atravesó la historia y terminó transformado en símbolo de la cultura popular, enaltecido por celebridades y gobernantes de todo el mundo entre los que se destaca la simbiótica relación del expresidente uruguayo Pepe Mujica con su famoso Escarabajo celeste.

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