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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Acción y reacción de los primeros días

La moderación en algunas de sus propuestas respecto de las hechas en campaña -especialmente notorias en la enunciación de su política exterior- y las idas y vueltas para definir el staff que lo acompañará cuando asuma el 10 de diciembre, son características salientes de los primeros 10 días de transcurridos los comicios que ungieron presidente de la Nación a Javier Milei. Aunque para algunos se trata de pragmatismo, para otros, es el paso muy vertiginoso por la línea que separa la acción de la improvisación.

El mandatario elegido el 19 de noviembre se dió cuenta que la realidad era diferente de lo imaginado y que, ante un panorama distinto, lo mejor era modificar posturas preconcebidas. Vio que la alianza con Mauricio Macri le había puesto más herramientas en su mano y que la contundencia de su triunfo empujaba aún más en ese sentido. Y se lanzó.

Algunas de estas palabras fueron publicadas ayer en Clarin por el columnista Pablo Vaca, en una interesante estructura de argumentos titulada “Milei y la delgada línea que separa al pragmatismo de la improvisación”.

Y señala: “No dudó en “cambiar” a Emilio Ocampo por Luis Caputo: el gurú de la dolarización, entronado tempranamente por el libertario en el Central, se retiró del puesto por insalvables desavenencias con el exministro macrista apenas circuló el nombre de éste como ministro de Economía.

Además, generó una salida rápida de Carolina Píparo de la ANSeS, donde favoreció la entrada del cordobés Osvaldo Giordano, secretario de Finanzas del gobernador Juan Schiaretti, y claramente un nexo con los votos de los diputados que podría aportar el excandidato peronista.

Hubo más. Carlos Rodríguez, asesor económico de la primera hora de Milei, también se fue por no comulgar con Caputo. Algo similar pasó con Demian Reidel, que tras la partida de Ocampo fue número puesto en el Central durante 48 horas. El ingreso de Patricia Bullrich en Seguridad sumó roces, esta vez con la vice, Victoria Villarruel, quien se sentía dueña de esa área y de Defensa.

Sin embargo, también podría señalarse que tanto zigzagueo se debe a una pobre preparación. Para esta mirada, lo de Milei parece improvisación. Sobre todo en su metier específico, la economía. ¿No tenía un plan armado? ¿Hace tres semanas ya pensaba que la mejor receta para el fin de la bola de Leliqs era la del chef Caputo? Y si ya sabía que Ocampo no comulgaba con esos ingredientes, ¿por qué no evitar el conflicto a priori?

Lo cierto es que pasaron 10 días del balotaje y formalmente todavía no se conocen los nombres del ministro de Economía ni el del presidente del Central. Milei deja la sensación de haber sufrido su primera gran crisis de gabinete sin siquiera haber asumido.

A la vez, es verdad que abrazarse a diagnósticos que se prueban anacrónicos es señal de inútil dogmatismo. Bienvenido el pragmatismo en ese sentido. En especial para una tarea que se verifica complicada: Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa tuvieron casi cuatro meses para armar su gobierno tras su triunfo irreversible en las PASO de 2019 y a la hora de asumir igual formaron una estructura inoperante y de escaso vuelo.

Resultaría precoz un juicio definitivo sobre cuál será el estilo de Milei como presidente. Sus primeros pasos permiten descubrir una dosis de sensatez que no se le conocía previamente, así como una tendencia al desorden que podría resultar sumamente perjudicial si se establece como patrón de su mandato.

Sobre todo, porque hasta el momento sólo debió lidiar con asuntos internos. En breve, en menos de 15 días, deberá salir a la cancha para tratar, como mínimo, de evitar el descenso. Y ahí los rivales serán durísimos y múltiples. Son la inflación y la pobreza, piqueteros, opositores en general y opositores K en particular, diputados y senadores, gremialistas, banqueros, empresarios y una larguísima lista de etcéteras. No queda margen para el error”.

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