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Juan Col y la impronta italiana en la ciudad de Corrientes

Sabado, 22 de julio de 2023 a las 20:56

n La ciudad de Corrientes manifestó cambios en su fisonomía edilicia a finales del siglo XIX donde la figura de Juan Col fue central en la consolidación de las nuevas formas y también en la utilización de mejores tecnologías de construcción de casas y edificios dentro del ejido urbano. En la entrevista el arquitecto Miguel Riera analiza la impronta del constructor italiano en edificios públicos, pero también privados.
Miguel Riera es arquitecto egresado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional del Nordeste. Magister en Historia de la Arquitectura y Urbanismo Latinoamericano, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de Tucumán. 
Es profesor adjunto a cargo de la asignatura Historia del Diseño Gráfico I de la carrera de Diseño Gráfico, jefe de Trabajos Prácticos de la asignatura Historia y Crítica III de la carrera de Arquitectura, ambas de la facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Unne.

—¿Quién era Juan Col? 
—Juan Col fue un ingeniero que nació en Turín, en el Piamonte, en el norte de Italia, en 1847, estudió según las fuentes que pudimos recabar en la Real Escuela de Artes Aplicadas para Ingenieros y también tenía un doctorado en Ciencias Matemáticas. Fue un profesional que trabajó en la extensión de las líneas férreas en el sur de Italia y que llega a la Argentina contratado por una empresa a la que le asignaron la construcción del tramo Santa Fe-Resistencia.
—Por lo tanto, llega a Resistencia primero.
—Si y trabajó como auxiliar del agrimensor Dillon, fue el agrimensor que dio la traza final de lo que actualmente es la ciudad de Resistencia, tengamos en cuenta que esta ciudad ya tuvo un trazado preliminar de Arturo Seelstrang y Enrique Foster.
—¿Cómo llega a Corrientes y qué comienza a hacer? 
—Hacia 1881 se traslada a la ciudad de Corrientes porque las autoridades del gobierno provincial lo convocan para trabajar en el área del departamento topográfico donde queda afectado a las obras públicas, caminos, puentes y trazado de ferrocarriles.
El ingeniero Juan Col va a llevar adelante una serie de obras que tienen que ver con la edilicia pública pero también va a trabajar y bastante en lo que es la faz privada teniendo a su cargo viviendas en el centro de la ciudad de Corrientes.
Entendamos que era un momento especial para la República Argentina, porque se estaba consolidando desde lo institucional y político. Corrientes formaba parte de esa realidad nacional y hasta ese momento la ciudad no tenía edificios adecuados para distintas funciones.
—¿Y cuáles fueron las primeras obras que construye en Corrientes? 
—La más significativa fue la Casa de Gobierno, donde se pone de manifiesto cuál va a ser el estilo que lleva adelante, que es lo entendido como academicismo de vertiente italiana o neoclásico tardío pero en esencia es lo mismo, en donde se plasma sobre todo esa arquitectura de fachada en donde se ven elementos reconocibles italianizantes como columnas, pilastras, capiteles, basamentos, remates. Es sumamente rico y profuso. Esa es la primera gran obra pública que concreta, que se inaugura alrededor de 1887. También se va a concretar la escuela Sarmiento, la escuela Belgrano y también lleva adelante escuelas en el interior de la provincia como la Escuela Normal de Saladas. 
Otros trabajos realizados fueron algunos templos como la fachada y la nave de la actual iglesia de la Merced, la iglesia de la Cruz de los Milagros, la iglesia de Santa Rita y la unidad carcelaria por la avenida 3 de abril que ya está desafectada para ese fin.
El conocido como chalet Robert, que está ubicado en pasaje Santa Julia  a metros de la avenida Ferré y también algunas residencias privadas como por ejemplo la casa de la familia Cabral en la esquina de Quintana y Salta, actual Ministerio de Seguridad, la casa de la familia Gómez, que actualmente es la Intendencia Municipal, la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos y otras propiedades como la sede del Partido Autonomista, ex casa Serrano, la casa Ageret, la casa de Juan Bautista de Desimoni por calle Buenos Aires, entre Quintana y Plácido Martínez, que actualmente contiene dependencias del Poder Judicial.


¿En qué contexto se da esto?
Es un momento importante para la transformación edilicia de la ciudad, además que se daban las posibilidades económicas para que se puedan concretar este tipo de obras, también hay que entender de que él diseñó el pedestal inicial de la escultura de Juan Bautista Cabral en la plaza homónima. 
Obviamente que lo que tenemos hoy en día no es aquél pedestal, no responde al estilo Col porque sabemos que en 1971 se hizo una intervención general a la plaza y destruyeron lo que anteriormente se había construido.
—¿La ciudad empieza una impronta diferente? ¿De dónde veníamos y hacia dónde fuimos? 
—Col llevo adelante una obra que está en concordancia con la que llevaron adelante otros arquitectos, ingenieros, en el espacio nacional a partir de 1850 aproximadamente, cuando políticamente la Argentina se define en una confederación por un lado y la provincia de Buenos Aires por el otro, es cuando se empiezan a contratar técnicos extranjeros, particularmente italianos. 
—¿Por qué italianos? 
—Porque tenían una alta calificación técnica y porque estilísticamente las autoridades del gobierno querían desterrar todo vestigio colonial hispanista. Entonces se lleva adelante la eliminación de esas técnicas y se adopta al academicismo italianizante como una imagen acorde a las naciones desarrolladas de mediados y de la última parte del siglo XIX y del mismo modo se adoptó el francés con la misma idea. De hecho, el intendente Ramayón, hacia 1890 aproximadamente aquí en la ciudad de Corrientes ordenó la destrucción de las galerías externas porque quería quitarle, decían, el aspecto campesino que tenía la ciudad en ese momento y es por eso que después paulatinamente fueron adoptando una imagen italianizante porque se entendía que era en ese momento moderna, avanzada y acorde con el perfil que queríamos tener no sólo Corrientes como ciudad sino el país en general. 
—¿Qué sabemos de los métodos constructivos, de los obreros que trabajaban? Vemos un trabajo de herrería, de carpintería, molduras, balaustradas, ornatos muy importantes. ¿Qué se sabe de esta parte constructiva? 
—En el momento en que trabaja Col, las mamposterías, por ejemplo, de ladrillo de barro cocido ya estaban siendo utilizadas en el sistema portante de las obras de las viviendas. Me refiero a las obras ubicadas en áreas centrales y que pertenecían tanto a la esfera del gobierno como a un estrato social medio elevado que tenía recursos económicos. En gran medida ya se dejó de lado lo que era el adobe, no es que se elimina totalmente, sino que se va a utilizar en áreas más alejadas del centro de la ciudad o en el espacio rural. 
Pero en lo que era la zona céntrica era el ladrillo de barro cocido con cemento. Hay que tener en cuenta que ya desde fines del siglo dieciocho empezaron a trabajar los primeros hornos ladrilleros a orillas del río Paraná en la ciudad, también los talleres de herrería en ese tiempo de Col ya estaban trabajando y él se relacionó con una serie de constructores que llevaron adelante sus obras. Entre esos constructores estaban Juan Bautista Buzzi, Félix Porta, Vito Samela, Juan Andrés Grosso que si bien no tenían una calificación técnica o estilística como sí lo tenía el ingeniero Col, trabajaron asociados en varias obras y se hacían cargo del control de las mismas como de convocar a personal que fuera calificado. 
—¿Alguna obra de Samela, de Buzzi o de Porta? 
—De Juan Bautista Buzzi podemos ver lo que es el actual Palacio Municipal (por 25 de Mayo) donde trabajó Félix Porta y donde está el Consejo Deliberante, que ese edificio anteriormente era la Escuela Normal. Vito Samela colaboró en el templo de la Merced, una de las últimas obras del ingeniero Col y trabajó a la par junto con él. Su hijo, el ingeniero Antonio Samela terminó el camarín de la Virgen de la Merced en la década del 20. Juan Andrés Grosso trabajó en el templo de la Cruz de los Milagros. 
—Volvamos a la Casa de Gobierno y a los famosos leones, contame esa historia.
—Hay una anécdota que cuenta el señor Leandro Andreau en una publicación de un matutino local, decía que hay dos esculturas de leones al lado del escudo de la provincia, en la parte superior de la fachada donde está el asta de la bandera en Casa de Gobierno frente a la plaza. Tiene toda una simbología del poder, de la fuerza. En realidad, se compraron cuatro leones, dos fueron ubicados en Casa de Gobierno, pero dos sobraron. El señor Juan Bautista Buzzi, a cargo de la obra de la casa de familia de los Fernández Andreau por San Juan al 500 (actualmente Instituto de Cultura de la Provincia de Corrientes) les ofrece los dos leones restantes y los puso en la parte superior de la puerta de acceso de la casa. 
—¿Estas obras tenían buenas fundaciones? ¿Cómo eran esos muros? 
——Sí. En ese momento, tengamos en cuenta de que era sistema murario, no era sistema de columnas estructurales como conocemos hoy en día. Sino que eran muros portantes de 45 centímetros aproximadamente porque el peso de la carga estaba prácticamente sobre los muros. Lo que tenían en cuenta como una losa era un sistema de perfilería o de piezas de madera en donde se contenían ladrillones, también le decían bovedillas, que era similar a una losa de vigueta o de hormigón armado, apoyados sobre los muros, tenían una estabilidad importante. Vemos que, por su antigüedad, obviamente que la mayoría de estos edificios ya pasaron de un siglo, pero al menos externamente, en general, están en una condición aceptable, necesitan mantenimiento, solamente se dio un caso conocido que es el de la iglesia de la Cruz de los Milagros que, como sabemos, las torres y la cúpula fueron demolidas porque ese templo tenía dos torres campanarios y una cúpula en el crucero. Ese templo se habilitó hacia 1897 aproximadamente, eran los últimos años Juan Col, después se va a Buenos Aires y muere allí en 1902, también fue una de sus últimas obras. 
—¿Y qué ocurre? 
—En 1912 se detectaron asentamientos en el templo, producto de las sobrecargas, se entendía en ese momento, que las torres campanarios y la cúpula generaron un asentamiento que ponía en peligro la estabilidad del templo, por lo cual en 1912 fueron demolidas las dos torres campanarios y la cúpula. De esa manera se evitó que colapsara el edificio. Por supuesto que hoy en día lo que nosotros conocemos como templo de la Cruz es una iglesia que aparentemente, algunos dirán, no fue terminada, es como que está inconclusa, es lo que comúnmente se piensa. Pero en realidad tenía dos torres campanarios y una cúpula, creo personalmente que eso se puede reconstruir haciendo previamente un estudio de estabilidad de lo que actualmente es el templo, pero hoy en día eso es factible técnicamente de reconstruir, tanto los campanarios como la cúpula. Pensemos en la catedral de La Plata, si a esa obra monumental y neogótica de Benoit se le construyeron finalmente las torres campanarios que son mucho más elevadas y se lo pudo hacer, aquí sería también factible. O sea, aquí la cuestión está en que se haga un buen estudio técnico y, sobre todo creo yo, que haya una decisión política por parte del Estado provincial y de la Iglesia para que eso se pueda concretar. 
—¿Cómo trataban en ese momento la humedad de nuestra zona? 
—No tengo un dato preciso, pero sí hay que entender que había recursos técnicos propios, que obviamente no con lo que tenemos hoy en día como los aislantes hidrófugos. En cuanto a los detalles de interiores, se trabajaba en galerías o pasillos con mosaicos decorados o lisos, en las viviendas particularmente. En el caso de los templos de las iglesias eran todos en mosaico decorado, pero bueno, seguramente utilizaban algún tipo de recurso de aquel momento que daba la posibilidad de que eso se mantuviera en buenas condiciones. De hecho, no en las obras de Col particularmente, pero en otras obras de la ciudad se han detectado problemas de asentamiento y de humedad, por el tipo de terreno en el que están emplazados. Que realmente por ahí no se asentaban en un suelo firme sino que era un terreno de relleno sobre una laguna que generaba después movimientos de asentamiento de suelo, similar a lo que hoy también podría ocurrir y creo que hoy en día, si bien no tengo un conocimiento presente del estado general de todos los edificios de Col, en líneas generales han sido, como sabemos, bien recuperados, con los elementos que hoy en día disponemos para generar aislación hidráulica y para tener en cuenta esos problemas que tienen que ver también con los asentamientos en el terreno y demás han resultado positivos en líneas generales. Todo lleva un costo, por supuesto, pero me refiero que son edificios que un siglo después pudieron ser plenamente recuperados y actualmente están en uso.  


—¿Col hizo la Sociedad Italiana? 
—Sí, sabemos que eran Asociaciones Italianas de Socorros Mutuos porque eran de ayuda mutua, inicialmente empezaban con esa finalidad teniendo en cuenta que se originaron hacia 1880 en adelante para estar al servicio de la ayuda y el apoyo de los inmigrantes del país de origen, en este caso los italianos que después devinieron también en asociaciones culturales, porque más allá de la ayuda mutua también empezaron a difundir la cultura propia de los países de origen. La Sociedad Italiana es un edificio muy significativo, único por el tratamiento de fachada, por esa galería anterior con los arcos, porque tiene una inspiración renacentista. Un edificio no igual pero similar que pudo haber sido la inspiración de Col es el Hospicio de los Inocentes de Filippo Brunelleschi, que está en Florencia, del año 1450 aproximadamente, sumando en el caso de la Sociedad Italiana elementos ornamentales en la parte superior de los arcos de la galería, con distintos elementos representativos de la cultura italiana.

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